5x22 INTERNET ES PARA SIEMPRE

"Señora Prentiss"

"Agente Prentiss"

(Sospechoso y Emily)

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— No estoy segura de que sea el mejor momento para esto, Morgan… Resulta frívolo…— Se lamentó Emily. Acababan de llegar de Idaho y tan pronto había surgido la oportunidad, Morgan la había arrastrado al albergue de animales— No puedo sacarme de la cabeza la imagen de esas mujeres congeladas..

— Precisamente por eso, Emily— Insistió Morgan prácticamente empujándola a la zona donde decenas de gatos abandonados esperaban su turno para ser acogidos— Este es el momento adecuado. Querías un gato y vas a tener un gato.

Morgan lo sabía por experiencia. Era exactamente lo mismo que cuando Gideon les ponía viejas películas de Charles Chaplin, o que cuando García llenaba su escritorio de peluches y otros objetos divertidos y coloridos.

Emily se rindió, aunque de pronto la idea de cuidar de una mascota, de "adquirir ese compromiso", comenzaba a aterrarla.

— Está bien… — Miró a su alrededor. Todo estaba repleto de jaulas. Ni siquiera sabía por dónde empezar. Hasta que no visitabas lugares como aquel, uno no se daba cuenta de cuántos animales necesitaban a alguien que los cuidara y los mimara— Morgan… ¿Cómo voy a elegir uno?

Le parecía una tarea imposible. Elegir a uno solo implicaba despreciar al resto. No contaba con ese sentimiento de culpa.

— Simplemente date una vuelta… Y déjate guiar por tu instinto.

Ella lo miró de reojo.

— Por culpa de mi instinto salí con un tipo que creía que Rafael era una tortuga Ninja.

Morgan se echó a reír. Jamás había conocido a nadie que tuviera tan poca habilidad para elegir pareja. Hasta donde él conocía - que no era demasiado- su vida amorosa no había sido más que un cúmulo de errores a cada cual peor que el anterior.

Esperaba que con él acabara la mala racha. Al menos él lo intentaría.

— Bueno… En realidad también lo es…. — Precisó Morgan mientras la observaba caminar por el recinto deteniéndose de vez en cuando en alguna de las jaulas.

— Sí, claro, y también el autor de la "Escuela de Atenas"

No es que Derek fuera un experto en los grandes clásicos, pero le gustaba el arte, y al menos conservaba los conceptos básicos, más por interés personal que por la oportunidad de formarse en la materia.

— ¿También te gusta la pintura?

Música, literatura, pintura... ¿Había algo que Emily Prentiss no conociera?

— Sí, bastante… Especialmente la etapa del renacimiento italiano— Contuvo la respiración un instante— Por favor, dime que sabes de lo que te hablo…

Por un momento el pánico la invadió.

— Tranquila, Prentiss… No soy un experto, pero al menos sé de donde vienen los nombres de las Tortugas Ninja— Bromeó, y luego la miró con curiosidad— Tal vez podrías enseñarme… ¿Por qué no vamos a un museo? Dos compañeros de trabajo pueden ir a un museo, igual que pueden ir al campo de tiro juntos o a un albergue de animales.

Para Emily eso tenía sentido.

— Bueno… Conozco un par de galerías que están bien, aunque es arte contemporáneo— Reflexionó, sin detener su recorrido por las jaulas— Por supuesto tienes museos como el Metropolitano de Nueva York que son magníficos, pero algún día tendrías que vivir la experiencia de viajar por Europa… Y visitar los clásicos en sus lugares de origen…— Centró su atención entonces en el felino que tenía ante ella. Era de color negro y tan pronto como introdujo un dedo por los barrotes de la jaula, el gatito alzó una pata para jugar con ella— Sei davvero bello, lo sai?— Dijo dirigiéndose al animalito.

No notó que Morgan se había acercado hasta que sintió sus brazos alrededor de su cuerpo.

— Podríamos ir juntos. Siempre he querido ir a Francia… Me enseñarías el Louvre, Los Campos Elíseos, La Torre Eiffel… Dicen que París es la ciudad del amor, ¿no?

Justo lo que Emily necesitaba escuchar.

Se volvió hacia él, tomó su rostro entre sus manos y lo besó con dulzura.

— Sí, eso dicen… Pero siempre es conveniente comprobar las teorías…— Rodeó su cuello con sus manos— Creo que ya hemos terminado aquí.

Morgan miró por encima del hombro de Emily y vio el felino que había llamado su atención. Derek definitivamente era una persona más de perros que de gatos, pero si Emily se había decidido por aquel, era porque había visto en él algo especial.

— ¿Quieres ese?

Emily se giró en sus brazos y ambos se quedaron frente a su futura mascota, contemplándolo.

— Exactamente ese. ¿Qué opinas?

A Morgan le habría parecido bien cualquier elección que Emily hubiera hecho, pero lo cierto era que precisamente un gato que por su color en épocas pasadas había sido vinculado a mujeres tachadas de brujas por no seguir las normas establecidas, era el indicado para ella.

— Opino que voy a avisar a la encargada para el papeleo.

Emily lo esperó mientras Morgan salía del pequeño recinto. Unos minutos después regresaba junto a una mujer de mediana edad y rostro agradable.

— Así que Sergio por fin ha conseguido un hogar— Dijo la mujer.

Morgan y Emily se miraron, preguntándose quién llamaría así a un gato.

— ¿Sergio?— Curioseó Emily.

La mujer, que llevaba una etiqueta identificativa en su ropa que ponía "Betsy", se acercó a la jaula, la abrió y tomó en brazos al pequeño felino, que inmediatamente comenzó a ronronear.

— Lo encontré en la calle hace un par de meses, rebuscando en los cubos de basura del restaurante italiano que está junto al parque…

Emily conocía el sitio, había ido en alguna ocasión por recomendación de Rossi. En realidad, era una pizzería que llevaba abierta desde hacía poco más de un año.

— La "Pizzería Da Sergio"— Recordó— Justamente hemos estado hablando de pintores italianos— Añadió sorprendida.

— Bueno, entonces definitivamente estaba destinado a vosotros— Declaró Betsy, con emoción contenida— Seguro que le daréis un hogar hermoso, sois una pareja encantadora.

Morgan, que aún estaba procesando qué posibilidades había de que el gato tuviera un nombre italiano, vivió un momento embarazoso ante la deducción que tan certeramente había hecho la mujer. Carraspeó con sus ojos clavados en Emily, mientras ésta apartaba la vista, avergonzada.

Era la primera vez que alguien se refería a ellos como pareja, y no había sido precisamente una criminóloga. De pronto su relación de "mucho más que amigos" se sentía muy real. ¿Cuánto tiempo más podrían ocultárselo al equipo?

Sin embargo, ninguno de los dos fue capaz de desmentir a Betsy.

— ¿Puedo cogerlo?— Preguntó Emily tratando de cambiar de tema.

Betsy, le entregó el gatito que no tardó en acomodarse en los brazos de Emily como si le hubiera pertenecido toda su vida.

— Sergio— Le dijo dulcemente mientras lo acariciaba— Mi prenderò cura di te, vedrai… No volverás a estar solo.

A Morgan siempre lo impresionaba escucharla pasar de un idioma a otro con aquella facilidad. Dudaba que ni siquiera Emily se percatara de que lo hacía. Para ella era algo natural y muchas veces inconsciente.

— Oh… Hablas italiano— Se sorprendió Betsy— Es el destino.

— No suelo creer en esas cosas— Declaró Morgan, al tiempo que rascaba con su dedo índice la cabeza al felino— Pero debo admitir que ha sido providencial.

— Pueden estar seguros… Cada mascota está destinada a una persona, al igual que para cada persona hay otra destinada a acompañarla durante su vida…— Declaró Betsy con convencimiento— No siempre tenemos la suerte de encontrárnosla en nuestro camino, así que si eso sucede, no se puede dejar pasar la oportunidad. Es algo que simplemente se nota, una conexión, como la tiene ese pequeño contigo— Continuó señalando a Sergio, y luego señaló hacia Morgan y Emily— O la que tenéis vosotros dos… Vuestras energías fluyen como si fuera una sola… Transmitís calidez.

Los dos implicados se miraron con complicidad. La teoría de la buena mujer era absurda, sin fundamente científico alguno, pero lo cierto era que en el fondo ambos desearon creer que algo así podría ser posible. La conexión de la que hablaba Betsy, era algo de lo que ellos mismos habían hablado en alguna ocasión, especialmente Morgan, no relacionándolo con lo que habitualmente se conocía como "alma gemela", que al fin y al cabo era de lo que hablaba Betsy, pero definitivamente el sentimiento de vinculación, de encajar el uno con el otro, había estado ahí desde un principio.

Después de terminar el papeleo burocrático, Emily y Morgan salieron del albergue llevando a Sergio en un trasporte para mascotas. Habían ido hasta allí en la camioneta de Morgan, así que éste condujo hasta el edificio de apartamentos de Emily y aparcó frente a la entrada.

Aquel día no podía acompañarla, estaba en plena reforma de una de sus propiedades, y aún tenía que sacar a pasear a su propio perro. Se despidieron con un beso en los labios. Justo cuando Emily abrió la puerta del vehículo para apearse, Morgan la detuvo.

— Oye, ¿Crees que es cierto?— Le preguntó con curiosidad. No habían hablado del tema desde que habían salido del albergue— Lo que dijo la encargada, sobre lo del destino...

— ¿Me estás preguntando si creo que estábamos predestinados a encontrarnos?— Bromeó, incrédula. Emily no era una persona que se habría definido a sí misma como espiritual, y a su juicio, Morgan tampoco lo era, así que ¿a qué venía aquel comentario?

Él se encogió de hombros, un poco avergonzado de haber planteado algo así, pero lo cierto era que no era la primera vez que pensaba en ello. Ahora tenía curiosidad por saber qué opinaba Emily al respecto.

— Vaya, vaya… Parece que a alguien le da miedo admitirlo - La desafió, decidido a obtener una respuesta.

Ella se mordió el labio inferior, en actitud reflexiva. Siempre había considerado que el destino no era más que la suma de nuestras elecciones, a pesar de que en los momentos en que se sentía deprimida, su parte menos lógica, se lamentaba de su mala suerte. Pero lo cierto era que ella en sí misma era un cúmulo de malas decisiones, así que ¿qué podía esperar del futuro? ¿Y qué podía esperar de su futuro con Morgan?

— ¿Admitir el qué? ¿Que estamos destinados o que estamos condenados? — Reflexionó ella arqueando las cejas — Piensa en ello, Morgan.

Emily cerró la puerta tras de sí, y con una sonrisa en los labios, muy consciente de que Morgan le estaría dando vueltas a su afirmación durante horas, entró en el bloque de apartamentos llevando consigo a su nuevo compañero de piso.

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