Mi bebé Souichi esta de cumpleañero Q_Q te amuuuuu

DISFRUTEN LA LECTURA

OXOXO

La alarma sonó como siempre, un ligero sonido que fue incrementando en segundos.

Souichi se talló los ojos de manera perezosa y maldijo por el ruido, había olvido desactivar la alarma. Canceló la alarma, dejó el celular a un costado de la almohada y continuó con su sueño por media hora más, aquel sueño extra lo levantó de buen humor. Se estiró lo más que pudo, aquella deliciosa sensación de tensar y relajar los músculos era tan placentera…

Inhaló y exhaló de gusto.

¿Por qué estaba tan relajado?

Era su cumpleaños y la universidad le dio el día libre, aunque no le hubiese molestado en trabajar.

Morinaga se encontraba en Hamamatsu, su hermanita estudiando, la tía Matsuda disfrutaba su viaje en alguna parte de Europa, su hermano y cuñado "favorito" viviendo su vida en Canadá y el chicle de Isogai no lo había molestado en un mes. Pasaría su cumpleaños solo.

Y vaya que lo disfrutaría.

Se levantó con energía de la cama, se cambió por un par de shorts y una camisa holgada, abrió las pocas ventanas de su departamento, una agradable brisa le golpeo la cara. Se amarró el cabello en un moño alto para aliviar el calor, hoy sería un gran día.

El sonido de un mensaje entrando sonó, el mensaje era de Morinaga deseándole feliz cumpleaños y lamentándose por no poder visitarlo por un viaje de negocios; le escribió de vuelta para que dejara de preocuparse por tonterías.

De desayuno se preparó un buen café chai, acompañado por un par de huevos revueltos y pan tostado. Sencillo, pero llenador. Lavó la losa y comenzó con la limpieza del departamento.

Son pocas las veces en la que una persona realmente disfruta de limpiar a conciencia su hogar; quitó el polvo de los muebles, acomodó el desorden de su habitación y de la sala, separó la ropa por colores y metió la primera tanda a lavar, aspiró la casa, barrió la poca basura y terminó por trapear. La primera tanda salió, un agradable olor a ropa limpia inundó sus fosas nasales, sacó y mintió la última tanda, con tranquilidad sacudió la ropa para evitar arrugas en la tela y las colgó al exterior, olió nuevamente el aroma de la ropa, disfrutando del calor del día junto a la brisa fresca; se acomodó un mechón rebelde, pero al momento de tocarlo sintió un poco seco su cabello.

¿Hacía cuanto no se ponía una mascarilla para el cabello?

Porque si, él, el tirano más tenebroso del laboratorio de agricultura, cuidaba a conciencia su cabello. Su hermanita le ayudaba eligiendo el shampoo, pero el investigó como mantener su cabellera siempre sana y con brillo; bendito sea el foro de mujeres y sus recetas caseras.

Primero terminaría de lavar la ropa y después se ocuparía de su cabello.

Finalizó la limpieza a inicios de la tarde, ahora tocaba su cabello.

OXOXO

Tenía los ingredientes necesarios: plátanos, miel cruda, aceite de almendra y leche.

Machacó un par de plátanos en un mortero hasta hacerla papilla y añadió paulatinamente el resto de ingredientes hasta formar una pasta ligera pero cremosa; se soltó el cabello y de poco en poco se fue untando con la mascarilla todo el cabello, desde la raíz hasta las puntas, el olor del plátano y miel era dulce, hasta ganas de probarlo le daba, pero no lo volvería a hacer. Tardó un poco por el largo de su cabello, pero masajeó perfectamente todo. Volvió a amarrarse en cabello en un bollo alto y se colocó una gorra de baño desechable, debía de dejarse la mezcla al menos una hora. Se lavó las manos cuando alguien tocó a su puerta, estaba tan ensimismado que olvidó su apariencia. Caminó hacia la entrada y al abrir encontró a una chica.

- ¿Usted es Tatsumi, Souichi? - preguntó la chica con apariencia extranjera, en su espalda tenía una mochila con el logo de una empresa de repartidores. No notó que la chica le miraba con curiosidad.

- Ehh, sí. ¿Qué necesita? - preguntó.

La chica asintió, acomodó su mochila en una barandilla y la abrió. Sacó dos bolsas blancas, presumiblemente con comida y se las extendió a Souichi.

- Su pedido está listo. - sonrió.

- Ahh… no ordené nada… - evitó agarrar las bolsas.

- Es porque es un regalo, la clienta dijo que le enviaría un mensaje por celular. - contestó, pues en los comentarios del comprador explicaba que era un regalo para su sobrino. - ¡Feliz cumpleaños señor Tatsumi! - volvió a extender la comida, con una gran sonrisa nada característica a la seriedad nipona.

Un poco más confiado, agarro las bolsas.

- Vaya… gracias. -

- ¿Puedo hacerle una pregunta? - Souichi asintió. - ¿Por qué huele a plátano y miel? -

Souichi se sonrojó en segundos, había olvidado su look desaliñado.

- ¡Ah! Este… es una, una… mascarilla. Tengo el cabello largo y debo de mantenerlo decente, no es algo que haga todos los días, pero mi cabello está rese-... - estaba comenzando a balbucear por la pena.

- Tranquilo, no hay nada malo en que los hombres también cuiden de su cabello. ¿Funciona? - le pareció adorable su reacción, ojalá los chicos con los que salía fuesen así de seguros como el chico que tenía de frente.

Souichi asintió, aun apenado.

- ¿Podría pasarme la receta? - rogó la chica.

Así fue donde Souichi explicó los ingredientes y la elaboración de la mascarilla, también le sugirió donde conseguir la miel cruda. Al igual la repartidora le sugirió cremas para mantener hidratado y fuerte su cabello. Se despidieron con un apretón de manos, algo raro para Souichi, pero no desagradable, y continuaron con su día.

Dejó la comida en la mesa del comedor y agarró su celular para verificar las notificaciones. Habia un mensaje de Matsuda.

"Mi niño, ¡feliz cumpleaños! Vaya que el tiempo vuela, fue un descuido mío no checar que mis vacaciones fueran durante tu cumpleaños, te pido perdón por no poder cocinarte. Por favor, disfruta de mi regalo, no sabes cuánto me costó entender esta "aplicación", aprécialo mi niño, que ya estoy vieja para esta tecnología. Te envió muchos besos,"

Le contestó de manera breve pero igual de dulce.

La comida consistía en gyozas con salsa de soya, sopa miso, arroz blanco y una orden de alitas de pollo de su local favorito. De beber era su cerveza favorita, aún fría, y un vaso pequeño de té.

"No sabes cuánto te amo, tía." pensaba, todo se le hacía agua a la boca.

Llevó todo a la mesita de la sala y lo extendió lo mejor que pudo, tomó asiento en el sofá, encendió la televisión y entró en la famosa plataforma de streaming con logo de "N" roja. Decidió ver una película de "comedia".

Agarró el plato de gyozas y comenzó a comer.

OXOXO

Un hombre fornido agarró con fuerza a una chica y la arrojó a un pozo lleno de jeringas. La chica se retorció de dolor y gritaba en agonía, pues decenas de jeringas usadas se incrustaron en la piel, se tragó el dolor y escarbó en búsqueda de una llave.

- ¡Ja,ja! Pero que mala actriz… - Souichi había terminado su comida y ahora disfrutaba de su "cómica" película de suspenso, que de suspenso tenía nada, todo era predecible.

Agarró su celular para verificar la hora, eran casi las 5 de la tarde; apagó la televisión, tiró todos los desechables y se dirigió al baño, donde se desnudó con intención de tomar una ducha.

Abrió la llave y reguló el agua a ligeramente caliente. Se quitó el gorro de baño y deshizo su bollo; metió únicamente la cabeza y dejó que el agua empapara por completo su cabello, con suavidad fue retirando todo el exceso de la mascarilla hasta dejar su cabello limpio; se metió bajo el chorro de agua, disfrutando de lo caliente del agua.

Tomó el tallador y el jabón y se restregó con poca fuerza, limpiando cualquier impureza de su cuerpo.

Cuando terminó su ducha no se sentía satisfecho, así que limpió el fondo de la bañera y la llenó con agua caliente, tomó las sales de baño que escondía bajo el lavabo y echó un pequeño puño. El olor a sal impregnó el aire, se aseguró que las sales se disolvieran por completo, una vez el agua se enfrió lo suficiente sumergió su cuerpo a las cálidas aguas, puso una toalla echo rollo en su cuello y dormitó en las aguas, relajando su cuerpo.

- Me hacía falta esto… - dijo.

Estuvo media hora disfrutando de su pequeño spa, salió de la bañera y dejó ir el agua, se secó el excedente de agua y caminó directo a su habitación. Como tenía pereza en colocarse su aburrido pijama decidió sacar una prenda que casi nunca utilizaba.

Este era un camisón, cortesía de Isogai a manera de broma en su cumpleaños anterior. Este camisón era para una mujer, obviamente, de color caoba rojizo con un estampado, un bolsillo falso con un panda dentro mientras el otro panda colgaba. En un principio iba a tirarlo, pero una vez olvidó hacer la lavandería y era la única prenda limpia que tenía, y se dio cuenta que el camisón era muy cómodo, aun siendo de mujer le quedaba holgado y el largo le llegaba a las rodillas.

Llevaba únicamente el camisón.

- Libertad. - exclamó Souichi. Se tiró en su cama, relajándose, parecía una estrellita.

Se estaba aburriendo, así que tomó una toalla y terminó por secarse el cabello, tomó un peine y se desenredó su larga cabellera. Aún olía a plátano y miel, y era suavecito al tacto.

El timbre de la puerta sonó, Souichi dejó salir un sonido de irritación, se levantó y caminó hacia la puerta, abrió un poco y dejo ver únicamente su cara; aunque el camisón era lo suficientemente holgado y disimulaba su falta de boxes aún tenía pudor.

- ¿Tatsumi, Souichi? - esta vez era un joven

- ¿Si? -

El chico le entregó un portapapeles y una pluma.

- Necesito su firma aquí y aquí. -esta vez Souichi firmó sin más. Abrió un poco más la puerta y recibió dos paquetes, uno más grande que el otro.

- Linda noche. - y se marchó.

Confundido, los llevó uno por uno a la sala.

El sonido de su celular le llamó la atención, era una video llamada de Kanako, contestó.

Del otro lado de la línea estaba su hermanita, al fondo se podía ver su dormitorio y a una de sus compañeras estudiando.

- ¡Souichi! Feliz cumpleaños, ¿ya te llegó mi paquete? - preguntó con una sonrisa.

- ¿Qué me mandaste niña? - preguntó, su hermana no recibía mucha mesada, y no quería que gastara mucho en él.

- ¡Ábrelo, ábrelo, ábrelo! - parecía muy emocionada. Caminó hacia un cajón y sacó una navaja, abrió como pudo la caja con una sola mano y sacó una almohada.

Una almohada algo peculiar…. tenía forma de pierna de pollo asado, algo realista la verdad.

Se oyó la risa del otro lado de la línea.

- ¡Tu cara! Ja, ja, ja. ¿A que está bonito? Y es tan suave. - y no lo negaba, era muy suave y esponjosa. - ¿Ya viste la manta? -

La maldita tenía forma de hoja de lechuga; no pudo evitar reír por lo absurdo.

- ¿Cuánto gastaste Kanako? Estas cosas no son baratas… -

- Son hechas a mano, créelo o no. Mis amigas me ayudaron mucho… ¿te gustaron? - sus ojos brillaban expectantes, se veía más de cerca podía ver las costuras irregulares, y que el coloreado era con brocha en la almohada, la manta tenía dos tipos de telas, y de la parte blanca se veía el degradado entre el blanco y el verde, sin duda eran hechas a mano.

- Muchas gracias, no son de mi estilo, pero sin duda están geniales. Que sepas que las usarás cuando vengas de visita. - le sonrió dulcemente a su hermana.

- No lo dudes, te dejo descansar Souichi, ¡te quiero mucho! Nos veremos en las vacaciones. - se despidió Kanako.

- Agradéceles de mi parte a tus amigas, cuídate Kanako. - Kanako le mandó un beso y colgó.

Un poco infantil para su gusto, pero era un bonito e inesperado detalle, los llevó a su cuarto y los dejó en su cama.

Encontró un mensaje sin abrir del chat de su padre, este le había enviado felicitaciones por su cumpleaños y una imagen con varios libros sobre plantas, insectos, hongos y musgo. Según su padre eran traducciones al japonés de diferentes libros no muy conocidos, prometiendo enviárselos a la brevedad; le agradeció muy contento por nueva información

Momentos después su hermano Tomoe le llamó, mandándole felicitaciones por su cumpleaños y preguntando si su paquete había llegado, charlaron un rato sobre sus vidas, oyó la voz de su cuñado favorito y lo amenazó como siempre, siendo reprendido por su hermanito.

- ¿Cuándo dejarás de atormentarlo? - preguntó.

- Nunca, me causa gracia. -

Su hermano iba a contestar cuando la llamada se cortó, entonces el número del demonio apareció. Sabiendo de lo que era capaz, contestó la video llamada de Isogai.

- ¿Cómo está el cumpleañero más gruñón de todos? - preguntó con burla.

- De perlas hasta que apareciste. -

- No seas tan malo, Souichi. - logró ver a su hermanito, que estaba en pijama.

- Da igual, ¿qué hace tan temprano Isogai en tu casa? -

- Lo invitamos a desayunar, coincidimos en el descanso. - logró oír a Kurokawa al fondo.

- ¿Te hiciste algo en el cabello, hermano? - preguntó Tomoe, pues el cabello de su hermano mayor se veía brilloso. Esto hizo que los demás se acercaran a la cámara, logrando ver al terrorífico demonio con el cabello suelto y con algunas ondulaciones, sin gafas y con una expresión de tranquilidad.

¿Cómo es posible que un hombre tan guapo tenga un carácter de mierda?! pensaron dos personas.

- Me lo lavé. - se pasó una mano por el cabello, alborotándolo por completo.

- Como que no te creo, hermano. En fin, te enviamos Kurokawa y yo ropa, esperemos sea de tu agrado. - comentó Tomoe.

- Yo colé un regalito en ese paquete, Sou-kun. Una sorpresa. - una sonrisa pícara se vio en la pantalla.

- Ojalá haya disfrutado su cumpleaños, Souichi-san. - comentó Kurokawa.

- Kanako me dijo que te hizo una almohada y una manta, ¿podemos verla? -

Souichi se levantó de la sala y caminó hasta su habitación, volteó la dirección de la cámara, delantera a trasera, apuntando a la cama.

- ¡No inventes! Le quedó genial… - rio Tomoe.

- Esa lechuga seguramente me hará sentir fresco en la mañana. - comentó Kurokawa.

- Tiene talento la niña. - Souichi sonrió.

Seguían comentando sobre la almohada pierna de pollo, pero en la pantalla se veía a Isogai entrecerrando los ojos, como analizando.

- Souichi-kun… -

- ¿Qué? -

- ¿Podrías mover un poco a la derecha la cámara? Por favor. - solicitó.

Extrañado, movió la cámara a la derecha. Fue entonces que el trío abrió los ojos en incredulidad.

- Este… - Kurokawa trató de disimular un sonrojo, tosiendo incómodo.

- Hermano… - Tomoe estaba muy sorprendido, Souichi no entendía el repentino silencio.

- Joder, señorito. Te voy a regalar otro, te la tenías bien escondido. - exclamó Isogai, silbó de manera coqueta. - ¡Pero que piernas, que cintura! -

Solo así notó que la cámara apuntaba hacia el espejo de cuerpo completo de su habitación, exhibiendo su vestuario; que, por azares del destino, estaba ceñido a su fina cintura, pero suelta de la entrepierna, además que se le había subido el largo del camisón, mostrando sus piernas esbeltas y blancas

Con ese vestuario, su cabello suelto y alborotado le deba un aire de recién folla-

- ¡AAAHH! - gritó de terror, con una mano bajó por completo el camisón, mientras trataba de voltear nuevamente la cámara.

- ¡Nooooo! Voltéala de nuevo. - se oyó a Isogai gritar. Kurokawa le dio la razón, mentalmente.

- ¡No vieron nada!, es más, estoy perdiendo la señal, adiós. - y colgó. Arrojó el celular por ahí, se arrojó a la cama y se cubrió con la manta-lechuga.

"¡No podré verlos de nuevo a los ojos!" pensó Souichi muerto de vergüenza.

OXOXO

Mientras tanto en Canadá, el trío de amigos no sabía que decir.

Kurokawa sufría una erección confusa, que rápidamente cubrió debajo de la mesa.

Tomoe estaba en shock por el look de su hermano mayor, no se veía nada mal… allí conoció la envidia de la buena, su hermano se cargaba un buen cuerpo.

Isogai, bueno, estaba satisfecho por el caos que había creado.

- Tomoe, ¿me dejarías tirarme a tu hermano? - preguntó Isogai, ya estaba buscando más camisones en su celular. El matrimonio le observó, pensativos.

- Si se deja, tienes mi bendición - murmuró Tomoe, pensando en alguna rutina para ganar más músculo y no ser un palillo andante.

Isogai asintió, si Souichi había conservado ese camisón habría la posibilidad que su regalito también lo usara, su mente cochina imaginó mil escenarios.

Tomaron sus tazas con café y continuaron con su desayuno.

OXOXO

El sonido del timbre se oyó.

Souichi se levantó con pesadez, su cumpleaños había ido tan bien ese día, ya lo único que quería hacer era dormir… y de preferencia morir. Empezaron a tocar un poco más fuerte la puerta, caminó rápidamente y abrió.

Antes de si quiera preguntar, Morinaga se estrelló con brusquedad y lo abrazó.

- ¡Senpai! ¡Feliz, feliz, feliz cumpleaños! - exclamaba feliz.

- Mori… necesito, respirar… - ¿acaso su deseo de muerte se haría realidad?

Morinaga lo soltó, haciendo que Souichi inhalara de alivio.

- ¿Qué haces…? - fue interrumpido por Morinaga, quien le puso en brazos un ramo de girasoles.

- ¡Lo siento senpai, pero tengo prisa! Tomé una desviación a Nagoya, y si no me apuro el último tren directo a Wakayama me deja, seré rápido. -

Sacó de su bolsillo un gorro de fiesta, que le colocó rápidamente a Souichi, como por arte de magia tenía en sus manos un pedazo de tiramisú con una única vela en medio, Morinaga la encendió con un encendedor.

- No te canto, pero pide un deseo. - Souichi sopló la vela, estaba confundido por la rapidez del asunto. El sonido de una cámara de oyó, Morinaga les había tomado una selfie.

- Perdón por la brusquedad, senpai. Te amo, te amo, te amo. No podría no festejarte. Tomó las cosas de las manos del Souichi y las dejó en la mesa del comedor. Volvió y lo abrazó con fuerza.

Esta ves Souichi le regresó el abrazo, sintiéndose cálido por la exagerada atención de su ex kohai. Se quitó el ridículo sombrero y lo tiró a un lado.

- ¡Ya debo irme! Tengo tiempo de sobra para llegar a tiempo a la estación, si consigo un taxi… - fue interrumpido por un beso.

Souichi se sentía estúpidamente feliz, que lo besó para que el idiota se calmara; Morinaga no dudó en aumentar la intensidad del beso, un brazo lo abrazó de la cintura, mientras la mano libre acariciaba su cabello, enredándose, apretando su nuca para que abriera más la boca. Las manos de Souichi se aventuraron a las caderas de Morinaga, palpando la firmeza de estas.

Sintiendo la necesidad de respirar rompieron el beso, Morinaga tomó del mentón a su senpai y repartió por toda su cara una serie de besos cortos, Souichi se dejó mimar. Por último, la nariz de Moringa inhaló la cabeza de su senpai.

- Tu cabello huele delicioso, como a plátano y miel. - también la textura era deliciosa, le daban ganas de jalarle en cabello, preferentemente en la cama. Volvieron a besarse, esta vez de manera amorosa.

- Te va a dejar el tren. - comentó Souichi.

- ¡Demonios, es verdad! - tomó su maletín que dejó botado. - Por cierto, no creas que no noté ese camisón, se te ve de infarto. Pero tengo prisa, dejé tu regalo a un lado del ramo, adiós Souichi. -

Y se fue como alma que se lo lleva el diablo.

Souichi cerró la puerta, caminó hacia el sofá y se dejó caer. Sonrió como idiota, fue sin duda uno de sus mejores cumpleaños, notó que no había abierto el paquete de su hermano.

Cuando lo abrió notó la ropa, era decente y seguramente la usaría. Unos cuantos pantalones de mezclilla, un par de tenis… una caja un poco más pequeña con papel de regalo rojo y cinta blanca; supuso que ese era el regalo de Isogai, se sentía ligeramente pesada. Lo abrió con curiosidad.

Por algo se dice que la curiosidad mató al gato; tenía en manos un juguete.

Un juguete sexual.

Un puto estimulador de próstata

- ¡Isogai, hijo de perra! -

OXOXO

¿Cómo supo que quería uno? Nah, no es cierto jajajajaja, fin UWU.