-A través de tu mirada-
[Astelle Week 2022]
Día 4: 'Dance' / 'Modern AU'
Hacía algún tiempo, cuando Asta se imaginaba situaciones relacionadas con el amor, siempre le llegaba a la cabeza la imagen de un rostro suave, delicado, adornado con unos ojos azules como el océano y el cabello negro como la más oscura noche.
Aunque para muchos sus sentimientos habían sido ridiculizados o minimizados, él los había tenido en su corazón durante muchos años y de forma muy intensa. Y puede que fuera su primer amor, y demasiado inocente e imperfecto, pero les guardaba un gran cariño a esas emociones, aunque ya habían quedado en el pasado.
Cuando la Hermana Lily lo rechazó de forma contundente por primera vez en años, se dio cuenta de que no tenía más nada que hacer. Debía dejar sus sentimientos de lado e intentar avanzar para ser feliz. Así que se enfocó en lograr su meta de convertirse en Rey Mago.
Y en esas estaba y había estado durante un año completo desde que ese suceso tan amargo y triste se había producido en su vida, pero había una variable con la que contaba y que se le había aparecido de pronto, sin siquiera esperarla.
Meses después del rechazo, Asta comenzó a preguntarse qué le pasaba a Noelle con él. Los últimos tiempos habían sido muy convulsos, pero recordaba que, tras volver del Reino de la Pica, se pasó más de un año saludándolo con titubeos nerviosos. No habían tenido una conversación plena desde hacía mucho tiempo y eso le dolía bastante, porque, por ese tiempo, Noelle era una gran amiga con la que compartía un vínculo especial y que no quería que se rompiera.
Nunca supo descifrar qué le pasó en esa época, pero al menos ahora actuaba con normalidad alrededor de él. Su problema fue que, en un punto indeterminado y que no sabía cuándo se había producido, fue él mismo quien comenzó a sentirse raro cuando estaba cerca de ella, aunque no lo manifestó externamente.
Y realmente, lo primero que pensó cuando se dio cuenta de que estaba empezando a gustarle su compañera fue que no quería que sucediera. Principalmente, porque no quería arruinar su amistad de años y también porque no quería sufrir.
Lo había pasado realmente mal cuando fue rechazado una vez, así que imaginarse de nuevo en la misma situación le destrozaba el alma. Sin embargo, Asta no era alguien que se rendía fácil.
Conforme las semanas pasaban, y luego los meses, y sentía que aquellas emociones inestables y cálidas se iban intensificando, más ganas le daban de confesarle a Noelle que se estaba enamorando de ella.
Así que, aprovechando que se celebraría un baile en el Palacio Real, decidió invitarla para que fuera con él. Su cara fue un poema cuando recibió la petición, pero Asta no lo interpretó como algo negativo, pues realmente solo había visto sorpresa en su gesto; no repulsión o rechazo, y eso le hizo muy feliz.
Sus expectativas y sus ganas fueron aumentando poco a poco, aunque también sus miedos. Pero le daba igual, ya estaba hecho y seguiría adelante, aun si todo salía mal y Noelle también lo rechazaba.
No quería quedarse con la duda. Porque pensaba en el dolor de la lejanía, pero también en las posibilidades. En darle la mano mientras caminaban despacio por la orilla de la playa, en observar en su compañía una lluvia de estrellas en una madrugada cualquiera o en acariciarle la cintura mientras la besaba.
Tras algunos días llenos de nervios, la noche del baile al fin llegó. Asta se puso un traje que le había conseguido Finral y esperó durante una media hora, de forma bastante impaciente, a Noelle.
Pero la espera valió totalmente la pena, porque, cuando la vio bajando las escaleras, casi se le cayó la mandíbula al suelo. Noelle llevaba el pelo completamente suelto y un vestido de manga larga de color violeta. La parte de la falda brillaba, aunque él no sabía exactamente cómo se llamaba ese tipo de tela. Solo sabía que estaba viendo a la persona más hermosa del universo, que estaba frente a él y que iría al baile acompañándolo. Y esos hechos hicieron que se sintiera increíblemente orgulloso y con suerte, aunque no conocía aún el desenlace de la noche.
—Estás preciosa... —musitó, aunque la joven lo consiguió escuchar.
La vio sonrojándose ligeramente, pero le pareció ver una minúscula mueca en su boca, que le indicaba que había sonreído.
—Gracias —contestó, moviendo con soberbia fingida su rostro hacia un lado—. Tú tampoco… estás nada mal —susurró ella, esta vez con la mirada agachada y el sonrojo cubriéndole las mejillas por completo.
Los Toros Negros se fueron entonces al Palacio Real. Tras una breve presentación, el baile dio comienzo. Asta se posicionó enfrente de Noelle y la miró con decisión. Le ofreció una de sus manos y vio cómo se quedaba mirándolo casi sin pestañear.
—¿Quieres bailar?
Asintió rápidamente y le apretó la mano, y Asta suspiró de felicidad y aliviado porque todo estaba saliendo bien. Cuando posó la mano en su cintura, se le erizó el vello de la nuca. Jamás se había sentido tan nervioso como en ese momento, así que le fue inevitable dar algunos pasos toscos y sin ritmo alguno.
Sin embargo, al contrario de lo que pensaba —porque imaginaba a Noelle regañándolo—, cuando alzó sus ojos verdes la vio aguantándose la risa. Asta torció la boca y frunció el ceño, pero, cuando ella estalló en carcajadas, no puedo evitar contagiarse.
El baile transcurrió con normalidad y tranquilidad. Asta y Noelle bailaron varias canciones, pero también tuvieron tiempo para los demás, Charmy probó todos los platos del menú, Gordon quiso hacerse amigos de todos los presentes y Yami se pasó toda la noche intentando que aunque fuera un solo paso de baile le saliera bien, aunque no lo logró. Sin embargo, no parecía que a su pareja le importara demasiado, porque lo miraba todo el rato rebosante de alegría en sus ojos azules.
Cuando el evento terminó, Asta le preguntó a Noelle si quería que volvieran juntos, andando. Había un camino bastante largo, pero era la ocasión perfecta. Ella aceptó. Se pasaron gran parte del trayecto charlando animadamente, como siempre solían hacer. Que si la base, que si sus compañeros, que si las misiones, que si el futuro... Y con la conversación, casi habían llegado a la base cuando Asta sujetó su antebrazo para detenerla y que lo mirara.
Noelle, algo extrañada, lo hizo. Parecía confundida por su actuar, pero no quería mantenerla mucho rato así, por lo que decidió ser claro y rápido.
—Noelle, no te he pedido que vinieras al baile conmigo por casualidad.
—¿Qué quieres decir? —preguntó ella con algo de recelo.
Asta cerró los ojos, inspiró una gran cantidad de aire y se dispuso a hablar.
—Me gustas. No sé bien desde hace cuánto tiempo, pero me gustas mucho. Tenía miedo de que me rechazaras o de que nuestra amistad se acabara para siempre, pero es que no puedo más. No puedo seguir viéndote en la base a diario sin que sepas cómo me siento o tratarte como una amiga o compañera más. Ya no me sale. Y respetaré que no sientas lo mismo y si quieres me alejaré un tiempo, pero necesitaba decirte que quiero que estemos juntos porque siento que es el destino que la vida me tiene preparado.
Cuando acabó de hablar, Asta abrió los ojos, porque no había sido capaz de mirarla mientras pronunciaba su discurso. Dos lágrimas silenciosas caían de los ojos de Noelle, que lo miraba emocionada, aunque él no supo interpretarlo bien.
—Lo siento, Noelle, yo…
No le dio tiempo a acabar la frase, pues la chica se abalanzó sobre él para abrazarlo, haciendo que se desestabilizaran un poco.
—Sí que has tardado en decírmelo.
Asta abrió levemente los ojos con asombro, pero después sonrió contra su hombro, lo besó tenuemente y apretó su abrazo.
Las malas experiencias del pasado solo le habían servido para mejorar, para progresar y para darse cuenta de que el futuro sería realmente prometedor, porque tenía a la persona más maravillosa del mundo a su lado.
FIN
Nota de la autora:
Por aquí os dejo el día 4. Este propmt me ha gustado mucho porque me encanta imaginarme escenas de bailes, es superbonito. Espero que os haya gustado el resultado, aunque no me estén saliendo los one-shots demasiado largos.
Nos leemos mañana.
