-A través de tu mirada-

[Astelle Week 2022]

Día 7: 'Sunset' / 'Stargazing'


Se tumbó en la hierba fresca del exterior de la base. Estaba agotada, pero ese lugar siempre hacía que sus energías se renovaran por completo. La noche, completamente estrellada, la acompañaba en su silencio, en su pensamiento, y ella se limitaba a observarla y a sentir una presencia envolvente alrededor.

No sabía por qué, pero cada vez que miraba las estrellas, su pensamiento viajaba de forma instantánea y automática a la figura de su madre. La primera vez que le ocurrió fue dos meses después de unirse a los Toros Negros. Al estar la base alejada del bullicio incesante de la ciudad y de sus luces deslumbrantes, las estrellas brillaban con un fulgor especial que jamás había visto en su anterior casa.

Recordaba que las vio a través de la ventana de su habitación e hipnotizada por el resplandor de los astros, su cuerpo se movió por pura inercia hasta llegar al jardín trasero, donde se sentó. Tras algunos segundos observándolas, notó dos lágrimas gruesas cayendo por sus mejillas. No las apartó. Quería vivir ese momento con plenitud. Sentir de verdad, estar viva y ser vulnerable, porque estaba cansada de fingir que era alguien inalcanzable.

Tras ese suceso, aquel susurro de las estrellas se repitió de forma constante. Y en ese instante, en el que estaba probablemente atravesando el momento más relevante de toda su existencia, le ocurrió de nuevo.

Su cuerpo, su alma, su mente y su corazón le exigieron que fuera allí, a su lugar, a compartir aquello con su madre. No hablaba nunca, pero sabía que ella estaba ahí, escuchándola y observándola, velando por su existencia; si no, no tendría sentido esa atracción tan rara que sentía cada vez que la noche estrellada parecía llamarla.

Su vida en los últimos años había cambiado mucho. Seguía con los Toros Negros, que eran parte de su familia, pero todo en la base era diferente. El capitán de la orden había sido padre de dos niñas junto con Charlotte Roselei y Grey y Gauche también habían tenido un hijo: Gael. Los pequeños le habían dado otra nueva etapa a la orden y eso era realmente gratificante.

Noelle, por su parte, había avanzado mucho también. Su relación con Asta cambió radicalmente desde que decidió confesarle que estaba enamorada de él. Hubo un tiempo raro entre los dos, porque el chico no tenía nada claro, pero finalmente fue Asta quien la buscó de nuevo para decirle lo que sentía.

Su lazo comenzó de forma algo lenta y torpe, pero eran felices juntos, se llevaban bien y se compenetraban. Así que el año anterior habían decidido casarse. Seguirían viviendo en la base como antes, porque Asta todavía estaba acumulando méritos para convertirse en Rey Mago, pero ella lo continuaría apoyando también.

Sabía que el camino era bastante difícil, pero también que era su máximo soporte para los peores días de esa travesía tan ardua, así que se mentalizaba a diario: no podía caer.

Sin embargo, aquello que le estaba ocurriendo la tenía un poco desestabilizada y, por eso, necesitaba un momento en soledad. Suspiró con pesar. Entrelazó sus dedos y posó las manos en su vientre, sin darse cuenta de que Asta se acercaba a buscarla.

Respingó un poco cuando lo vio sentándose a su lado porque no lo esperaba por allí, pero cuando le sonrió, no pudo evitar hacer lo mismo. Sus ojos destilaban tranquilidad y amor y eran, sin duda alguna, la parte de su cuerpo que más le gustaba, porque siempre que se sentía agobiada o sobrepasada, su mirada hacía que se calmara.

—Te estaba buscando. La cena está casi lista.

—¿Ya es tan tarde? Se me ha ido la noción del tiempo esta noche —susurró y después miró hacia el cielo.

Asta, un poco extrañado por su comportamiento, se asomó a su campo de visión, como si fuera un niño curioso que quiere enterarse de algo que nadie más sabe.

—¿Qué te pasa? —preguntó sin rodeos, porque la conocía bien y sabía que ese pesar en su tono de voz no era normal.

No se equivocó. Lo supo en cuanto vio dos lágrimas silenciosas rodando por su rostro, una sonrisa extraña de su parte y sus dedos, que seguían entrelazados sobre su abdomen, temblando.

—Asta, estoy embarazada.

Aquella declaración lo aturdió mucho en un principio. No entendía que esas palabras tan maravillosas fueran acompañadas de un semblante tan desesperanzado. Pero todo debía tener una explicación, así que dejó que continuara hablando.

—Tengo miedo… Yo no tuve madre. ¿Cómo debo actuar? ¿Qué debo hacer en determinadas situaciones? ¿Quién es mi referente? Estoy… perdida y confundida.

Asta acarició el rostro de Noelle, apartándole las lágrimas en el proceso. La entendía. Desde que decidieron que querían ser padres, se sentía de forma parecida. Pero con el tiempo había encontrado sus propios referentes, así que pensó en ellos, en sus enseñanzas y en su apoyo, y fue olvidando esa preocupación.

Noelle se veía en un principio muy contenta con la idea de ser madre, aunque supuso que la realidad le cayó encima cuando la noticia se confirmó. Pero para eso estaba él, porque no dejaría que se sintiera de esa forma.

—Te quiero —comenzó diciendo, provocando que algunas de las lágrimas de su esposa cayeran esta vez sobre sus dedos—. Eres una persona increíble y vas a ser una madre estupenda. Voy a estar contigo, siempre. Lo sabes, ¿verdad?

Ella asintió con energía y por fin sonrió, un poco más tranquila. Asta la besó despacio, transmitiéndole con el gesto que todo iba a estar bien, porque iban a vivir esa experiencia tan grande y maravillosa juntos.

—¿Estás contento? —preguntó Noelle cuando se separaron.

—Muchísimo —afirmó Asta y después le acarició el vientre y sujetó sus manos de forma cálida—. Hoy es sin duda uno de los días más felices de mi vida.


—¿Queréis venir con mamá a un sitio?

Aren y Ayla, de apenas tres años, asintieron con curiosidad. Era de noche, así que era un poco raro que su madre les dijera que iban a salir.

Noelle entonces se dirigió al jardín trasero de la base con sus hijos. Se tumbó sobre la hierba y les dijo que hicieran lo mismo. Se quedaron los tres en silencio durante un buen rato, hasta que Ayla, que era demasiado impaciente, lo quebró.

—¿Qué hacemos aquí, mami?

—Mirar las estrellas. ¿No te gusta?

—Sí, pero me aburro un poco.

Noelle se rio y sus carcajadas resonaron en el cielo ligeramente. Le hacía mucha gracia e ilusión que la niña fuera tan revoltosa, justo como lo era su esposo.

—Y a ti hijo, ¿te gusta?

Aren volteó el rostro hacia su madre, que no lo miraba. Observó cierta tristeza en sus ojos, pero no dijo nada.

—Sí, mamá.

Noelle asintió. Sabía que esa tranquilidad le gustaría a su hijo, porque lo conocía bien y se parecía bastante a ella y a su familia en general.

—Os he contado que mi madre no está conmigo desde hace muchos años, ¿verdad?

—Sí —respondió la pequeña mientras se sentaba y miraba directamente a su madre con sus ojos verdes centelleando—. ¿Dónde está tu mami?

—Allí —musitó, señalando el cielo—, con las estrellas. Y aquí —continuó diciendo, esta vez posando la palma de su mano derecha en su pecho, justo en el lugar donde estaba su corazón.

Ayla abrazó a su madre sin decir nada más y Aren envolvió su pequeña mano contra la suya, dándole una caricia llena de afecto, cuya magnitud no comprendió en ese momento.

Asta, en la lejanía, los observó. Quería unírseles, pero entendía que ese momento era exclusivo de ellos tres, así que no quería entrometerse.

Noelle era una madre increíble y que compartiera esos momentos tan especiales con sus hijos lo hacía muy feliz y lo emocionaba hasta los huesos. La amaba. La amaba tanto que no comprendía como no se había fijado en ella mucho tiempo atrás. Sin embargo, lo hecho, hecho estaba y de nada valía arrepentirse por tiempos que no iban a volver. Solo le quedaba disfrutar de todo lo maravilloso que le quedaba por vivir con Noelle y con sus hijos.

Suspiró y luego sonrió. Echó un último vistazo hacia su familia antes de mirar hacia el cielo, que tenía miles de estrellas iluminándolo.

Tal y como Noelle hacía, solo esperaba que su madre también lo mirara desde allí y que se sintiera orgullosa de todo lo que había conseguido.


FIN


Nota de la autora:

Se acabó la Astelle Week. Espero que hayáis disfrutado mucho leyendo y poder participar el año que viene con todos los prompts. El mes que viene es la Yamichar Week, en la que probablemente sí que haga algo para todos los días, porque tendré más tiempo.

¡Nos estamos leyendo!