Reclinado en una silla en Industrias Parker, Peter todavía pensaba en sus propias palabras. Le había prometido a Gwen que la ayudaría, pero lo cierto es que no tenía idea de por donde comenzar a investigar. Su mente estaba bloqueada.
Después de unos instantes, se decidió a actuar. El tiempo avanzaba velozmente y, tal vez, a cada instante, el perjuicio que causaba el simbionte en Gwen sería irremediable. Hojeó y leyó algunos informes sobre el simbionte. Pasaba las páginas con velocidad y sus ojos se deslizaban sobre el papel escaneando datos.
De pronto, su vista se desvió hacia la muestra y comenzó a acercarse a ella. Al instante, el simbionte reaccionó mostrando sus fibras dispuestas hacia él. ¿Cómo pudo haber seleccionado a Gwen de entre tantas opciones? Estaba seguro de que quería hacerle daño donde más le dolía. Con su pasado. Con Gwen.
Sostuvo con fuerza la muestra en su mano. Todas las fibras se habían dispuesto en forma de un pequeño ovillo serpenteando alrededor del recipiente. Cerró sus ojos y emitió un suspiro mientras la depositaba sobre la mesa. Necesitaba despejarse un poco.
Salió de su oficina y vagó por los pasillos con sus manos en los bolsillos de la chaqueta. Cuando se encontró con Anna Maria, esta le miró y le preguntó:
—¿Y esa cara?
—Es, es… el simbionte. Sé quien está detrás de él —dijo con la voz quebrada.
—¿Por qué no vamos a por un vaso de agua y me lo cuentas todo? ¿Quieres? —preguntó Anna viendo la angustia que lo recorría.
—Sí —accedió Peter finalmente asintiendo.
Después de que se relajó un poco y le contó todo a Anna, esta se interesó mucho por su historia y estaba dispuesta a solidarizarse.
—¿Ella se encuentra bien?
—Presiente que el simbionte ya está afectando su salud en general.
—Entonces tenemos que actuar cuanto antes.
—¿Nos ayudarás aun sabiendo que ella estuvo detrás del simbionte todo este tiempo?
—Si bien fue capaz de realizar malas acciones, lo importante es que ahora se arrepiente y creo que eso vale mucho. Además, lleva esa pesada carga sobre sus espaldas y la frustración de todos esos seres corruptos.
—Gracias, Anna. Esto es muy importante para mí.
—Tranquilo. Estoy segura que el simbionte tiene debilidades y lo que hace es esconderlas muy bien. Ojalá logremos salvarla. Por cierto, ¿has revisado su sangre en el laboratorio número tres?
Peter había olvidado por completo ese detalle.
—No.
—¿A qué estamos esperando?
Momentos después, en el laboratorio número tres, Peter miraba con atención los valores que arrojaba la sangre de Gwen. Repetía una y otra vez los cálculos pensando que se trataría de un error. Cuando por fin se rindió, la realidad le dejó boquiabierto.
—Esto es más malo de lo que imaginé —indicó Anna.
—Temo que su estado esté mucho más complicado ahora mismo. Tal vez ya no haya ninguna forma de ayudarla, tal como ella misma había previsto.
—Yo creo que sí puede haber una —dijo ganándose la atención de Peter—. Siempre he observado con curiosidad cómo las fibras del simbionte se ven atraídas por ti. Sin embargo, tú posees muchos anticuerpos y tu regeneración es muy rápida. Tal vez se pueda detener el daño incluyendo parte de tu sangre fortalecida en un suero para Gwen.
—Me agrada esa idea. Adelante, procedamos ahora mismo.
Más tarde, Peter reposaba sobre una camilla mientras se llevaba a cabo una extracción de su sangre, la suficiente como para desarrollar un suero. Tal vez aún quedaba algo de tiempo y no estaba todo perdido.
Despertó de repente luego de que haya caído en un profundo agotamiento en el laboratorio tres. Se hallaba solo en la gran y fría habitación rodeado de azulejos blancos. Parecía que Anna se había marchado hacía mucho tiempo. Todo parecía indicar que él se quedaría desvelado allí toda la noche.
No obstante, la causa que lo retenía allí, valía la pena. Había perdido a Gwen una vez y no podría volver a hacerlo.
Una especie de silbido, similar a una alarma, se accionó emitiendo una luz parpadeante. Peter se acercó hasta la máquina y leyó la nota que estaba junto a ella.
«Peter, probablemente para cuando leas esto, el suero estará listo. Es preciso que de inmediato se lo entregues a Gwen ya que no resistirá demasiado a la temperatura ambiente. Que tengas mucha suerte. No pierdas la fe, Anna»
Sonrió al leer el mensaje ya que depositaba todas sus esperanzas en Anna y en sí mismo. Luego, se acercó a la máquina, pulsó el botón y retiró el suero. Lo examinó detenidamente ya que esta podría ser la única oportunidad.
Varios minutos después, Peter se balanceó hacia la torre del reloj confiado de que quizás allí la encontraría. Su corazón casi dio un brinco cuando la encontró sentada sobre el tejado con el rocío fresco de la madrugada cayendo sobre ella.
—Peter.
—El suero está listo. Su composición no resistirá por mucho tiempo.
Gwen tomó el suero en sus manos. Dio una profunda respiración y de inmediato se lo bebió.
—La verdad es… que creo en ti, Peter. Si no funciona, sé que hiciste lo que estuvo al alcance de tus manos.
Peter no se esperó esa declaración y mucho menos que lo abrazara. Con temblor, también la rodeó con sus brazos. La cabeza de Gwen estaba apoyada en el centro de su pecho y podía oler el aroma de su cabello. Su calidez le reconfortó como nunca antes había creído. Aun abrazándola, miró hacia el horizonte y deseó que la pesadilla terminara pronto.
