Love So Sweet.

La campanilla de la puerta tintineó anunciando que un cliente entraba en el local. Levi miró atentamente al par de señoras que miraban curiosamente cada uno de los estantes. Tras elegir un par de chucherías, pagaron y se marcharon, no sin antes llevarse un flyer sobre los nuevos productos. La tienda era un curioso establecimiento de artículos mágicos, dónde había desde amuletos para la suerte hasta complicados hechizos para deseos específicos, todos elaborados cuidadosamente por la familia Ackerman.

Hace muchos años habían sido poderosos hechiceros que lucharon bajo las órdenes del rey, debido a que poseían sangre de Leviathan el maná fluía en ellos de forma especial y podían manipularlo a voluntad propia. Sin embargo con la llegada de la paz, los tiempos cambiaron y ahora sus artes bélicas mágicas ya no eran necesarias, por lo que decidieron establecer un negocio para vender hechizos cotidianos. Levi atendía el local después de la escuela y por las noches ayudaba a su mamá a elaborar los postres que ofrecían al día siguiente, Kuchel había descubierto que la repostería combinada con la magia era algo que gustaba mucho a los clientes. Cosas cómo pastelitos con encantamientos de amor, felicidad, nostalgia y más, o por un módico costo extra era posible personalizar el sortilegio para transmitir los sentimientos de una persona a otra.

A Levi le incomodaba un poco el atender a los clientes, algunos de ellos eran personas que acudían meramente por algún hechizo, pero muchos otros iban movidos por la curiosidad y el morbo de verlos a ellos, los mestizos cómo eran conocidos. Las indiscretas miradas siempre reparaban en sus rasgos físicos, cabello negro y ojos de un azul tan oscuro que parecían metálicos, características que heredaron de su mítico ancestro. Sin embargo no todas las visitas eran desagradables ya por la tarde solían acudir algunos compañeros de la escuela, y aunque no hablaba con prácticamente nadie le complacía verlos ahí conversando animadamente.

Pero había cierto cliente que le había comenzado a intrigar, se trataba de Hange, una joven que siempre traía su cabello castaño atado en un desordenado moño y lentes bajo sus ojos achocolatados, la ubicaba de algunas clases que tenían en común pero nunca había conversado con ella. Siempre venía y curioseaba entre todas las cosas para al final llevarse algún pastelito, está misma rutina la repetía a diario y a la misma hora, a veces iba acompañada de algunos tipos cómo Erwin el capitán del equipo de fútbol, Mike el de atletismo o Moblit el vicepresidente del club de ciencias, que ella misma presidía, y muchas otras acudía sola. El joven se sorprendió cuándo se dió cuenta de que comenzaba a esperar la llegada del momento exacto en el que la castaña cruzaría la puerta.

Justo en ese momento la campañilla resonó anunciando la llegada de un nuevo cliente, ante los ojos azules no pasó desapercibido el descuidado moño castaño que cruzó rápidamente entre los estantes, está vez no la acompañaba nadie. Se demoró más de lo acostumbrado entre los anaqueles de hechizos y en ésta ocasión ni siquiera se fijó en la vitrina se postres, una mueca de disgusto se asomó a los labios del pelinegro, se había pasado la noche anterior decorando cuidadosamente los chocolates que sabía tanto le gustaban a la joven. Se acercó apresuradamente al mostrador y un sonrojo de pena cubrió su rostro.

-Disculpa, ¿qué tan efectivo es este encantamiento?

Un vistazo rápido a la caja que ella había colocado sobre la mesa y sintió un golpe en su interior, era un hechizo de amor.

-Tsk, todas estas baratijas son de tiempo limitado.

-¿Y no hay una manera de hacerlo para siempre?

-La magia no funciona así, Cuatro Ojos. -Su voz sonó más agresiva de lo que pretendía.

-Ey, ey. ¿Qué pasa aquí? -Un hombre alto salió de la trastienda al oír la voz exaltada del más jóven. -¿Qué sucede Levi?

-No pasa nada Kenny…

-Señorita, ¿mi sobrino ha sido grosero con usted?

-No, no para nada. Solo le preguntaba si era posible el hacer que este hechizo no tuviera fecha de vencimiento.

-Veamos, un sortilegio de amor. Hmm, hay una manera señorita, pero es algo complicado. Venga conmigo y le diré lo que necesita.

Hange siguió al mayor por los estantes de la tienda hasta que ambos salieron con diferentes ingredientes, Levi se dió cuenta de lo que planeaba Kenny, se trataba de un hechizo poderoso y muy complicado de elaborar, tras una mirada furtiva a su tío decidió guardar silencio y cobrar las cosas con normalidad.

Una vez que ella se marchó, el hombre empezó a darle la reprimenda de siempre sobre el trato para los clientes y todo eso, el joven lo escuchó en silencio mientras pensaba sobre lo que Hange planeaba hacer. Un mal presentimiento asaltó su mente y tomando sus cosas salió de la tienda dejando a Kenny hablando solo.

Caminó durante varios minutos hasta que logró divisarla sentada junto al río, cautelosamente se acercó a ella y la observó en silencio. Había dispuesto las cosas que compró en el determinado orden que Kenny le dijo y se concentraba en el ritual que iba a realizar. Levi se mantenía atento a la mínima alteración del maná vital de la joven, un hechizo de alto grado cómo el que pretendía realizar requería de una gran cantidad del elemento mágico algo que un humano normal no poseía, lo que podría poner en riesgo su vida. También se encontraba inquieto ante el objetivo de la magia, ¿sería Erwin, Mike, Moblit o algún otro tipo?

Inconscientemente se removió en su sitio provocando un leve sonido, que alertó a la joven. Girándose se encontró con el par de ojos azules mirándola.

-Hola de nuevo Levi. ¿Qué haces aquí?

-¿Por qué haces esto? ¿Sabes lo peligroso que puede ser?

-El señor Kenny me lo advirtió, pero supongo que no tengo alternativa así que…

-Deja de decir tonterías. ¿Piensas a arriesgar tu vida para conseguir el amor de alguien, aún sabiendo que no será de voluntad propia?

-Es horrible, lo sé.

-Entonces, por qué lo quieres hacer.

-Me mudaré terminando la escuela, y no quiero irme sin que… él sepa lo que siento.

-Puedes decírselo. Y si te rechaza es que no es lo suficientemente listo y no te merece.

La joven se sonrojó ligeramente al oír lo que le decía.

-Gracias.

Ambos permanecieron en silencio al tiempo que miraban el agua del río fluir.

-Levi, -Interrumpió repentinamente. -¿Te consideras una persona inteligente?

-¿Qué dem…?

-Me gustas.

Esa tarde, bajo el despejado cielo azul, Levi descubrió una magia muy diferente a la que conocía, una que surgía desde el fondo de su corazón y que fluía en completa armonía con Hange. Y también aprendió que el amor podía ser mucho más dulce que los postres de su mamá.