DISCLAIMER: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, son propiedad intelectual de Rumiko Takahashi. La obra es mía, escrita sólo con el fin de entretener – a ustedes y a mí. Sin fines de lucro. Regalo (un poco atrasado) de cumpleaños para Dulce. Situado en el universo de mi fic Open 24/7


One-Shot —

Inmoral —


El cielo estrellado sobre ella era una imagen que solía admirar, aún más en noches de luna llena como esa. Por alguna extraña razón, le recordaba tiempos en los que la vida parecía menos complicada, cuando no había tanto dando vueltas en su cabeza. Sonrió levemente con algo de ironía, pese a todas las apariencias, solía sentir que nunca más en su vida podría volver a disfrutar de esa libertad.

Escuchó pasos acercándose y su gesto se acentuó, reconociendo el andar sin esforzarse. Pronto tuvo compañía, el andar de su visitante se detuvo al llegar a su lado, adoptando la misma posición apoyado en la barandilla del pequeño puente ubicado en el jardín zen de la mansión.

—Sabía que te encontraría aquí.

La voz masculina no logró que dejara de observar el cielo, pero su atención definitivamente ya no estaba en los cuerpos celestes lejanos.

—No es un horario prudente para hacer visitas —le respondió, sin mirarlo —. Deberías estar en tu departamento.

Una sonrisa perspicaz cruzó los labios del varón, su vista pasó de estar observando fijamente a la dueña de casa, a desviarse hacia el cielo.

—Creí que no me considerabas alguien prudente, Irasue.

El tono fue relajado, parecía casi una broma; sin embargo, no le causó gracia a la mujer.

—Saber cómo eres no significa que acepte tu comportamiento, Tōga —le respondió, esta vez mirándolo de frente —. Menos después de todos los problemas que ha causado.

—De acuerdo, lo siento. No pude venir más temprano, como aún no tengo asistente… —Se explicó, sintiéndose mal por el recordatorio de sus errores.

—Ése no es mi problema, pero ya que estás aquí… —Irasue soltó un suspiro, molesta por no poder simplemente pedirle que se fuera y la dejara en paz. —¿A qué debo el honor de tu visita?

Tōga la observó con cuidado antes de hablar, consciente de que no podía esperar que ella lo recibiera con los brazos abiertos, a pesar del tiempo que había transcurrido desde su traición, sabía que el daño era irreparable. Y eso no era algo que sólo le causara dolor a su exesposa.

—No quise incomodarte ni interrumpir nada, sólo… supongo que no puedo evitar volver.

Irasue lo observó con la indiferencia ocultando sus verdaderos sentimientos, porque en lo profundo de su ser lo extrañaba y el deseo de ignorar todas las voces en su cabeza que le decían las miles de razones por las que debía mantener su distancia, era algo que había aprendido a ocultar bastante bien.

—Lástima que este ya no sea tu hogar. Ni siquiera sé si lo fue alguna vez —ella volvió a mirar el cielo, evitando perderse en los ojos dorados que estaban fijos en su figura —. Pero eso ya no importa, después de todo, ha pasado mucho tiempo y no seguiré recriminándote tus errores.

—Sabes muy bien que me arrepiento de no haber sido sincero contigo —Tōga manifestó su aflicción, aunque su compañera se mostró indiferente a su sentir —. Por eso quiero que sepas que este sí fue mi hogar. Todo lo que vivimos aquí, desde que nos conocimos hasta que lo arruiné por completo…

Irasue hizo una mueca, recordando los momentos que había compartido con quien le había prometido seguir a su lado sin importar lo que pasara, y reprimiendo el nudo que se estaba formando en su garganta. Estaba segura de que el ambarino era sincero ahora, porque desde que todo se había derrumbado y él había comenzado a dimensionar las consecuencias de sus actos, no volvió a mentirle. Y eso le dolía, porque si hubiese decidido tener esa honestidad y confianza con ella desde el principio, probablemente no habrían llegado a ese punto.

—Es un alivio saberlo, porque son lindos recuerdos —dijo al fin, manteniendo el semblante imperturbable que solía tener casi siempre —. Ahora, no sé si tienes algo más que decir, pero creo que será mejor que te vayas. Y la próxima vez que no puedas evitar volver, por lo menos trata de hacerlo en un horario más acorde a nuestra situación. Después de todo, aún hay muchas cosas que debemos hablar sobre la boda de Sesshōmaru.

Tōga sonrió a las palabras de Irasue, porque la conocía lo suficiente como para saber que ésa era su forma de permitirle acercarse, aunque no lo quisiera admitir. Se atrevió a tomarle la mano, causando que ella lo observara con duda.

—Muchas gracias. Nos vemos en otro momento, entonces —le sonrió antes de arriesgarse a besar el dorso de su mano, causando que ella lo observara con seriedad —. Adiós.

No le dio tiempo de responderle, alejándose rápidamente por el jardín, consciente de que ese gesto no era esperado y, probablemente, ella debía pensar que era un idiota inmoral por aventurarse de esa forma después de todo lo ocurrido.

Por su lado, Irasue observó cómo su repentino visitante desaparecía por el camino y luego negó sutilmente con un gesto, sin lograr comprender por qué no podía simplemente sacarlo de su vida de forma definitiva. Tras unos minutos, decidió que era momento de ir a descansar, por lo que comenzó a alistarse para dormir mientras sus pensamientos volvían a dar vueltas en todas las cosas que era incapaz de dejar salir.

Su historia con Tōga había comenzado en su juventud, cuando ella tenía 15 años y sus padres acordaron realizar un omiai con el heredero de los Taishō, quien en esos momentos acababa de cumplir 17 años. Irasue había sido criada de forma tradicional y conservadora y, a pesar de su carácter sagaz, indiferente e incluso a veces algo despectivo, había asumido desde pequeña que su matrimonio sería algo de lo que se ocuparía su familia. Por eso no le dio mayor importancia a ese primer encuentro, pensando que era mejor ahorrarse todo lo que significaba conocer y enamorarse de alguien y, en su lugar, comprometerse de forma directa y clara desde un principio.

Sonrió de medio lado en la oscuridad de su cuarto, recordando lo diferente que fueron las cosas. A pesar de que durante la cena los padres de ambos fueron quienes hablaron, haciendo y respondiendo preguntas que a ella no le interesaban, y se dio cuenta que al otro joven tampoco. Cuando fue momento de que ambos diesen su paseo a solas, comprobó sus sospechas iniciales, porque el único hijo de esa importante familia era todo lo contrario a lo que ella había imaginado siempre. Parecía que sólo el apellido era tradicional, y pronto dejó que la intriga y curiosidad le ganaran, permitiéndole a Tōga acercarse más de lo que pretendía en un principio. Él pudo hacerla reír e incluso fue capaz de ver más allá de su imagen desinteresada. Finalmente, el omiai fue un éxito y pronto celebraron el miai kekkon, con lo que ambos unieron sus vidas en matrimonio poco más de un año después de conocerse.

Irasue soltó un suspiro cargado de nostalgia, ambos se habían enamorado a pesar de lo diferentes que eran. O quizá esa fue la razón, ninguno de los dos lo sabía y tampoco les importó, lo mismo a sus familias que estuvieron encantadas cuando notaron lo bien que se llevaban y que finalmente la unión se llevaría a cabo como estaba planeado. Aún con lo jóvenes que eran, su relación se fortaleció a medida que el tiempo transcurría y fueron felices por muchos años. La llegada de su único hijo ocurrió tras cumplir dos años de matrimonio, siendo planeado y recibido con amor y anhelo por parte tanto de Tōga como de ella misma. Durante 10 años fueron una familia, conociéndose, amándose y construyendo una historia juntos.

Sin embargo, el ingenuo e inmoral de su esposo cometió el error de mentirle. Ni siquiera le dolía tanto que hubiese comenzado a amar a otra, ella podía entenderlo, aún más después de haber conocido a la mujer que había cautivado a Tōga. Cuando lo pensaba en retrospectiva, incluso creía que las cosas podrían haber resultado diferentes si tan sólo él le hubiese dicho la verdad. Pero fue demasiado cobarde y al parecer había olvidado la confianza que tenían. Sabía que él no había dejado de amarla, la verdad era que su esposo había dividido su corazón en dos, amándolas a ambas con sinceridad pese al engaño que había de por medio. Pero le aterraba perder a cualquiera de las dos, entonces les mintió tanto a ella como a su amante. La pobre muchacha ni siquiera imaginaba que él estaba casado y tenía un hijo.

Toda la situación le explotó en la cara cuando fue demasiado estúpido, dejando a Izayoi embarazada. Sin poder sostener más la farsa, tuvo que decirles la verdad y, desde ese preciso instante en el que abrió la boca para disculparse e inventar excusas ridículas intentando justificar no haber sido honesto con ella, Irasue supo que todo había terminado. No por la infidelidad en sí o la decepción, ni siquiera porque ya no se amaran, porque el sentimiento no había cambiado. Lo que terminó matando su matrimonio y la relación que tenía con Tōga fue la falta de confianza y comunicación, que él fuese capaz de mentirle de esa forma.

Se dio vuelta en su futón, reprimiendo la lágrima que quería escaparse al recordar todo eso. En ese momento, ella tenía claro que debía actuar como se esperaba de una mujer de su condición social y, con el corazón destrozado por la falta de confianza, aceptó seguir siendo la esposa de Tōga para evitar una vergüenza mayor, aunque ni la familia Taishō ni los Tokugawa -su propio clan- pudieron convencer a Tōga de no reconocer a su bastardo. Irasue nunca lo dijo, pero se sentía aliviada y hasta algo orgullosa de la decisión de su esposo, porque esa pobre criatura no tenía la culpa de la insensatez y sería aún más inmoral que no asumiera su responsabilidad.

Entonces el matrimonio continuó, pero no volvió a ser lo mismo. Ella no pudo perdonar la deslealtad y fue cerrándose y alejándose cada vez más, simplemente aparentando para que la sociedad no hablara sobre lo ocurrido, hasta que sus suegros fallecieron y, tras guardar apariencias por demasiado tiempo, decidieron divorciarse para dejar de herirse.

Cerró los ojos nuevamente, una mueca de ironía cruzó su rostro al tiempo que negaba con un gesto. La verdad era que nunca había dejado de guardar apariencias. La habían educado para ser una mujer de clase, sabía lo que merecía y los privilegios que tenía eran parte de ello, por esto le exigió a su exesposo todo lo que le correspondía por derecho, incluyendo la mansión familiar de los Taishō, su actual hogar. Pero, al mismo tiempo, eso tenía un precio y debía comportarse como lo dictaban las costumbres tradicionales y conservadoras con las que se había criado. Por lo tanto, incluso si la herida ya había sanado y ahora era capaz de comprender a Tōga y él era completamente sincero con ella; incluso si era demasiado evidente para los dos que seguían amándose, aún con la admiración que sabía que sentía por ella y con el anhelo carcomiéndola por dentro… No podían volver a estar juntos. Tōga había avergonzado a ambas familias y lo único que les quedaba por delante era, quizá, ser amigos.

—Fuiste demasiado estúpido, Tōga.

Decidió dejar de pensar en la situación, porque cada vez que recordaba la verdadera razón por la que se encontraba en ese dilema, sentía que esa nueva herida se hacía más profunda y que la próxima vez que el inmoral de su ex volviera a visitarla, no podría reprimir los deseos que tenía de abofetearlo con fuerza para evitar admitir que ella también lo amaba.


Llegó a su departamento desganado, dejándose caer en uno de los sofás de la sala y sin siquiera molestarse en encender las luces, ya que la luna llena iluminaba lo suficiente el interior para permitirle ver. Negó con un gesto, buscando en el minibar que tenía junto a él una botella de whisky de 18 años y se sirvió en un vaso, tomando un sorbo para luego recostarse hacia atrás y cerrar los ojos.

Qué estúpido había sido.

Cuánto había dañado a sus seres queridos.

Y cómo amaba a esa mujer.

Tōga abrió los ojos para perderse en el monótono techo sobre él, haciendo una mueca. Irasue no había sido su primer amor, tenía que admitirlo. Antes de conocerla, había tenido un par de novias y había sentido que podía luchar por ellas, pero finalmente sólo fueron amoríos de adolescente que terminaron en poco tiempo. Sin embargo, con la inevitabilidad de su matrimonio, no tuvo el mismo comportamiento coqueto o galán con ella cuando la conoció. Se permitió ser él mismo, y descubrió un tesoro. Se enamoró perdidamente de ella a medida que la iba conociendo y nunca dejó de admirarla. Aún era incapaz de precisar bien qué fue lo que realmente lo cautivó, sólo sabía que con el tiempo iba sintiendo más fascinación y el amor se hacía más profundo. Fueron cómplices, eran un contraste perfecto y, después de haber buscado por años una forma de distraerse del tedioso mundo conservador que lo asfixiaba, finalmente la había encontrado en quien su familia había elegido como su esposa.

Tomó otro sorbo de su trago, volviendo a regañarse mentalmente por todos los errores que había cometido. Se habían casado muy jóvenes e incluso decidieron ser padres antes de lo que todos esperaban. Su vida podía envidiarse, era feliz sin necesidad de mentir sobre sus sentimientos o fingiendo un matrimonio falto de amor. Pero era demasiado inmaduro, algo ingenuo y muy impulsivo.

Se puso de pie y caminó hasta uno de sus muebles, buscando un viejo álbum de fotografías que tenía resguardado. Hojeó las páginas, que tenían recuerdos de momentos en los que la vida era menos complicada y él aún no había cometido tantos errores. Se detuvo para mirar con nostalgia la fotografía de su boda, sonriendo con melancolía ante la imagen que podía pasar fácilmente como alguna propaganda de los centros organizadores de eventos que actualmente eran tan populares. Él había arruinado esa perfección.

Con el paso de los años, se había dado cuenta de la verdadera razón por la que Irasue estaba tan herida. No era por el engaño en sí, sino por la mentira y falta de confianza. Después de muchos años, se dio cuenta de que la única persona que realmente lo comprendía, incluso sin necesidad de palabras, era ella. Se lo había dicho, jamás dejó de amarla, pero comenzó a amar a alguien más. ¿Por qué el temor lo había empujado a mentirle? Quizá podría haber encontrado una solución distinta si hubiese confiado en ella, mas no lo hizo. Le mintió descaradamente hasta que la situación no pudo seguir ocultándose y todo colapsó.

—Qué estúpido fui.

El silencio de su departamento pareció apoyar su afirmación, como su la vida no le hubiera restregado en la cara bastantes veces ya que eso era verdad. Y, como si todo fuese una comedia trágica, la única persona que lo entendía y que probablemente pudiese vivir con sus errores, era quien no podía estar con él. Lo sabía al mirarla a los ojos en cada visita inesperada que le hacía, cuando admitía que sentía la necesidad de volver… buscaba la oportunidad porque veía en sus ojos que ella también lo seguía amando. Sin embargo, ahora era consciente de que eso sólo la hería más. Ella no podía darle otra oportunidad y cada vez que lo intentaba, simplemente lograba profundizar una herida nueva.

Terminó de beberse lo que le quedaba de whisky de un sorbo y se dirigió a su cuarto, tirándose en la cama y cubriéndose el rostro con el antebrazo, sintiendo ahora con mayor intensidad la impotencia en su pecho. Irasue ya lo había perdonado por sus errores pasados. Dejó de culparlo, le permitió a su corazón sanar y decidió que no iba a esforzarse en odiarlo o mostrarle desprecio. Pero tampoco iba a permitirle acercarse de nuevo, no le daría otra oportunidad pese a que ahora él era completamente sincero con ella. Y lo entendía, después de todo sabía todo lo que arrastraba ser parte de ese círculo social tan opresivo, no podía pedirle que se esforzara nuevamente después de haberla defraudado tanto, porque el amor que sentían no era suficiente para justificar una reconciliación.

Resopló con frustración, resignándose a lo que esa verdad significaba. Si bien siempre iban a estar en contacto porque tenían un hijo y podía ser la excusa perfecta para mantenerse cerca; jamás podrían volver a esos tiempos en los que todo era más sencillo. Sonrió de medio lado, ya no podía hacer más.

—Sólo puedo aspirar a ser tu amigo… ¿podrías aceptarme de esa forma?

Soltó un suspiro, seguro de que su exesposa lo miraría con dureza antes de decirle lo que él sabía desde el momento en el que se dio cuenta de su error.

»Fuiste demasiado estúpido, Tōga.«

Cerró los ojos, decidiendo que era mejor dormir. La próxima vez que visitara a Irasue, lo haría en un horario más decente e intentaría no seguir cometiendo el mismo error, para que ella entendiera que él ya no seguiría siendo el inmoral que le había destrozado el corazón tantos años atrás.


Momento cultural.-

Omiai: Es la costumbre japonesa en la que dos personas desconocidas se encuentran con la finalidad del matrimonio. Antiguamente, lo realizaban mucho las familias importantes como matrimonios arreglados; sin embargo, la decisión de seguir adelante con el compromiso recae completamente en la pareja. Comúnmente todo se da a través de un tercero, el nakōdo, que actúa como intermediario entre ambas partes acordando el lugar y, actualmente, proveyendo información (incluso fotografías) de ambos candidatos. En el caso de familias conocidas, como lo son la de nuestros protagonistas, son los padres los que acuerdan el encuentro. El omiai se lleva a cabo en dos partes, la primera consiste en una comida en donde las dos partes hacen y responden preguntas; luego, la pareja va a dar un paseo a solas para conocerse. En este momento, ellos deciden si seguirán con el compromiso en caso de llevarse bien y tener visiones similares; o si se rechaza la boda (lo que se conoce como kotowari).

Miai kekkon: Es la boda que resulta de un omiai exitoso.


Hola de nuevo! Hoy vengo con este pequeño one-shot situado en el universo del fic del Oxxo. Es un regalo de cumpleaños hecho con todo mi amor y desde el fondo de mi corazón para Dulce: preciosa, no sabes cuánto agradezco tu infinita amistad, las palabras no me alcanzan para decirte cuánto te amo y lo feliz que me hace poder contar contigo aunque sea a la distancia. Espero que esto logre su cometido y, a pesar del drama, lo disfrutes porque ya hemos hablado demasiado sobre estos dos y su situación dolorosa. Te mando un abrazo enorme, eres un sol.

Si llegaste hasta aquí, lo agradezco y me haría feliz saber tu opinión a través de un review~

Por ahora, es todo cuando puedo decir. Espero nos leamos pronto.

Con amor~

Yumi~