Nota: Este escrito es enteramente Maki x Mai, si no te gusta, amablemente te invito a abandonar si no te gusta. Gracias.
Y también, soy consciente de lo que pasó en el manga y está pasando. Sólo decidí ser feliz.
Hay silencio perpetuo en el cuarto con olor a asépticos, y no hay nadie más, sólo ellas dos.
En ese espacio, en ese tiempo, sólo existen Maki y Mai. Y Mai y Maki.
No hay cabida para terceros, este momento frágil, etéreo y efímero es de ellas. Es de Maki y Mai.
Y el simple hecho de saber eso, llena de silenciosa felicidad a Mai. No es necesario externarlo o decirlo; ya se sabe, y se lee en el mutismo plácido que hay y existe en este lapso.
Sólo son ellas, nadie más.
Sólo es Maki y Mai, y Mai y Maki.
Sólo es ese tiempo perdido que está siendo recobrado, aunque sea un poco.
(Porque siempre habrán espacios que nunca serán llenados en su totalidad y está bien, nada puede ser completamente perfecto).
Todavía le resiente un poco el haberla dejado atrás, el no permanecer con ella. Todavía le duele un poco eso. Todavía.
Pero, Mai está exhausta. Mai quiere dejar de pensar en ello y rememorar el pasado, está enferma de eso.
Todavía no hay, no existe un perdón como tal.
Pero.
Mai sólo quiere a su hermana, sólo quiere a Maki. Y es ese deseo semi infantil lo que la hace abrazarla con un poco más de fuerza, con temor a que Maki la abandone de nuevo, la deje atrás y en el olvido.
Y Mai siempre ha sido una niña egoísta con Maki.
Una niña triste y que le lastima la soledad, que se contenta con tenerla aquí. Con estar entre sus brazos, en la quietud de la habitación, sentir su calor.
Sentir que ella sigue aquí.
Recuesta su cabeza en su hombro y cierra los ojos un instante, mientras Maki la sostiene cerca y le acaricia con lentitud el cabello.
Y Mai desea en su interior que, los días nunca pasen y este momento, se mantenga intacto en la eternidad.
(Aunque sólo se trate de un insulso deseo infantil que jamás será escuchado).
