CAPÍTULO IV

ACUERDO MUTUO

Wanda Maximoff vio alejarse a Stephen Strange por las inmensas escaleras interiores del recibidor del Sanctum Sanctorum. Presuroso, como siempre.

El recién nombrado Naruto centró su atención en ella.

—Así que… ¿tenemos un trato?

Ahí estaba de nuevo. El jodido pervertido que conoció hacía media hora. ¿Por quién coño la tomaba ese rubio fornido y joven? ¿Por una pervertida? ¡Dios! De no haber sido por esa cara de encanto que se cargaba, ella no habría caído tan fácilmente en sus redes. De no haber sido por su propia y mutua soledad, ambos se verían como dos bichejos mezquinos y no como dos posibles amantes.

—Lo tenemos. No me decepciones.

Bien, que pasara lo que tuviera que pasar.