CAPÍTULO V
MONSTRUOS
—¿Aún vive ese pedazo de chatarra humanoide? —preguntó Naruto, mientras se calzaba las botas, la última pieza de su impoluta armadura asgardiana.
Wanda se encogió de hombros.
—Ah, está más vivo que nunca —respondió Stephen—, y mientras nosotros tres estamos hablando, ese engendro arremete contra los nuestros en Atlantis.
—Entonces…, ¿a qué esperamos? —El chico rubio ladeó la cabeza.
—No podemos enfrentarlo solos, me temo. —La voz de Strange tembló—. Es muy fuerte. Nos matará. Para enfrentarlo necesitamos a todos los que estén dispuestos a luchar contra ese maldito monstruo, Naruto.
—Además, Stephen está muy débil —añadió Wanda—. Y tú, chico rubio, acabas de recuperar tu cuerpo y tu fuerza. Hay que esperar. Hacernos de un plan. Ya he enfrentado a Ultrón en el pasado; ir contra él no es un juego.
Al oírlos, Naruto endureció su gesto y se elevó unos cuantos centímetros del suelo, en una clara señal de autoridad celestial, y sus ojos brillaron eléctricos cuando le dijo a Doctor Strange lo siguiente:
—He vivido seis años de mi vida en la clandestinidad, gracias a ti, mago. ¿Y ahora vienes a decirme lo que es mejor o peor? ¿A decidir por mí? Ni lo pienses. —Miró a la mujer—. Apenas te conozco, pero sé que te preocupas por mi bienestar, Wanda. No tienes por qué. No soy ningún niño, ni ningún debilucho: soy Naruto Odinson. Y ese monstruo no ha conocido a un monstruo como yo.
No había tiempo que perder. Cuanto más rápido se deshiciera de ese tipo, pensó el rubio, en realidad, más rápido Wanda cumpliría su promesa. ¡Dios, sí!
