Stranger Things y sus personajes son propiedad de los hermanos Duffer y de Netflix. No me pertenecen, y esta historia fue escrita solo con el fin de entretener.
Luz. Una luz cálida lo embargó y lo hizo sentirse acogido, bien recibido donde quiera que estuviera. Aquella era una sensación rarísima que lo embargaba de la cabeza a los pies, algo a lo que nunca había estado habituado en su vida, excepto dos veces...
Se levantó sin saber dónde estaba, puesto que la luz no permitía ver del todo, pero, curiosamente, esto no le resultaba molesto. Cual acto reflejo, se llevó ambas manos a casi todo su cuerpo, especialmente a la zona de su vientre en la que había cicatrices de mordidas, pero, para su sorpresa, la sangre ya se había detenido, e incluso su ropa estaba limpia.
— Pero ¿cómo? — se preguntó un tanto confundido.
Comenzó a caminar sin rumbo al tiempo que sentía la superficie terrosa bajo sus pies y un aroma inconfundible a árboles tales como eucalipto y roble, y con cada paso que daba, se dio cuenta de dos cosas: primero, estaba solo, y segundo, la luz se difuminaba gradualmente hasta dar paso a un sitio en el que, en definitiva, no esperaba estar: un bosque. Y no se trataba de un bosque cualquiera, sino que del mismo al que solía acudir cuando quería estar solo, o cuando llevaba a cabo sus transacciones de dudosa reputación. Se restregó los ojos pensando que a lo mejor se trataba de una alucinación, pero el bosque seguía ahí mismo, con sus árboles, su banca e incluso el Lago de los Amantes, y a pesar de que tuvo la sensación de que el terreno era muchísimo más amplio que como lo recordaba, definitivamente se trataba del mismo bosque en el que había estado una y otra vez a lo largo de su vida. Era el bosque de Hawkins.
— No entiendo… ¿Cómo llegué aquí? — se preguntó. — ¿Será que realmente lo logré… y estoy vivo?
La única respuesta que obtuvo fue el armonioso canto de las aves que le arrancó una sonrisa.
A pesar de no tener respuestas verbales, había una cosa de la que estaba seguro en ese momento: se sentía en paz. No recordaba cuándo fue la última vez que se sintió así, si es que aquello alguna vez ocurrió, solo sabía que le gustaba la sensación y pretendía aferrarse a ella cono fuera.
Sin darse cuenta, se sentó en la banca del bosque y elevó la vista hacia los árboles, que nunca le habían parecido tan verdes y hermosos como en ese preciso instante. Si tenía algo que hacer, no lo recordaba y no le importaba, solo quería disfrutar ese momento, tan simple y especial a la vez. Después, volvió su atención hacia el cielo, percatándose de su tono naranja que le dio una sensación de estar en verano, pese a que no hacía ni frío ni calor. Levantó una de sus manos, queriendo tocar ese cielo del atardecer, lo que lo hizo sonreír como un niño.
De pronto, una idea se instaló en su mente. Una sola imagen. Una persona en particular: una linda chica con quien había compartido apenas un par de veces en la vida, pero que se las había arreglado para dejar una huella en su corazón y en su alma. Una linda chica que lo iluminaba todo con su sonrisa, una linda chica que encarnaba la perfección, una linda chica que, sin importar las circunstancias de la vida, nunca se hubiera fijado en alguien como él.
Recordaba que, cuando coincidieron por primera vez en un concurso de talentos hace muchos años, su "interacción" se limitó a un breve cruce de miradas, pero fue suficiente para que el muchacho, rapado en ese momento, experimentara una sensación hasta entonces desconocida, de un dulzor que recorría todo su cuerpo, y que se asentó con especial intensidad en su pecho, y que hizo que todo lo demás desapareciera. En su radar solo estuvo ella, y nada más importó. Los caminos de ambos permanecieron separados durante los siguientes años, y en ese período, apenas cruzaron alguna que otra mirada a lo lejos, pero el siempre caprichoso destino se encargó de reunirlos en el bosque, en donde intercambiaron más que solo miradas: hablaron de aquel primer encuentro, y, tal como pasó aquella vez, él volvió a sentir ese dulzor que solo aparecía cuando estaba con ella, cuando tenía la idea de que los únicos habitantes de la Tierra eran ellos dos, sensación que fue en aumento cuando, sin planificación mediante, se quedaron en el bosque durante horas, hablando de todo, hablando de nada, disfrutando también de algunos silencios intermedios, y si él debía ser completamente honesto consigo mismo, incluso sintió eso que la gente suele llamar mariposas en el estómago, puesto que, en ese momento, cuando ella le mostró una parte más bien frágil de sí misma que él estaba seguro de que no compartía con nadie más, fantaseó con la idea de abrazarla y hacerle cariño en su cabeza y en su espalda, de que ella apoyara su cabeza en su pecho al tiempo que él le aseguraría que todo saldría bien, que no estaba sola y que, pese a no poder eliminar a los demonios internos que la acechaban, ella siempre podría contar con él. En muy poco tiempo, sintió cosas demasiado intensas, y nada presagiaba que, poco después, tendría que lidiar con la angustia, la pena y la culpa de haberla visto morir y no haber hecho otra cosa sino huir.
Fueron precisamente esos pensamientos lúgubres los que nublaron su alegría, y eso lo llevó a preguntarse en voz alta:
— ¿Y si es una trampa loca de mi mente? ¿Si se trata de un espejismo que tarde o temprano se romperá? ¿Si es un castigo por mi cobardía? ¿Es real… o una especie de sueño extraño?
— No es un sueño. Todo lo que ves es totalmente real. — le respondió desde atrás una voz dulce de mujer. Una voz inconfundible que lo dejó pasmado.
Manos finas y delicadas se posaron en sus brazos para hacerlo voltearse, y lo que vio lo dejó anonadado: era una chica rubia, de piel blanca y de ojos claros que vestía un atuendo de porrista blanco y verde y que llevaba su brillante cabello recogido en una impecable cola de caballo. La chica le dedicó una sonrisa que iluminó su rostro.
Cuando por fin se recobró, solo pudo decir una palabra... o más bien, un nombre. Su nombre:
— Chrissy.
— Eddie. — respondió ella.
Se restregó los ojos, acción que le sacó una risita a la chica, y para cuando se dio cuenta, también estaba boquiabierto. La observó de pies a cabeza y, para su sorpresa y alegría, estaba entera, tal cual la recordaba antes de aquella fatídica noche.
— Como puedes ver, todo en mí está donde tiene que estar. — dijo Chrissy.
— ¿Cómo? — se preguntó Eddie perplejo. — Tiene que ser un sueño, o si no, un espejismo.
— ¿Por qué? — quiso saber Chrissy.
— ¿Cómo que por qué? — contra preguntó Eddie, dando paso a las sombras en su expresión. — ¡Estás muerta, Chrissy!. Te vi morir, y sé que no fue un sueño porque fue espantosamente real. Vi… vi cómo quedaste en trance, del que intenté despertarte en vano, vi cómo te elevaste hacia el techo de mi caravana, vi cómo tus huesos se rompieron… vi cómo tus ojos se fueron hacia dentro, como si alguien te los hubiera tirado con fuerza. Vi cómo caíste convertida en una versión retorcida de ti misma… Y recuerdo cómo salí corriendo sin saber qué hacer… Te perdí sin siquiera tenerte…
Lágrimas tímidas cayeron por el rostro de Eddie, quien sacudió la cabeza en un intento de eliminar aquel recuerdo horripilante de su memoria. Chrissy se acercó y secó esas lágrimas con sus manos suaves, más pequeñas y delicadas que las suyas, por supuesto. El tacto de esas manos en su rostro se sintió como una caricia que espanta todos los males del mundo.
— Todo lo que acabas de describir fue real, Eddie. Yo morí esa noche en tu caravana… y sigo estando muerta. — respondió Chrissy seria. —Este es mi nuevo hogar, y desde hoy, también es el tuyo.
Chrissy volvió a sonreír con suavidad, pero en sus ojos se reflejaba una serenidad que no recordaba haberle visto nunca. Aquel destello de certeza bastó para que Eddie concluyera:
— Entonces, no lo logré… Realmente estoy muerto.
Ella asintió con la cabeza. Él bajó la suya. Si aquel sitio era el cielo, no era como se lo había imaginado. Volvió a subir la cabeza para decir:
— Perdóname, Chrissy.
— ¿Por qué?
— Por todo… por no haber podido ayudarte, por haber huido y haberte dejado ahí, abandonada a tu suerte… por favor.
Ahora, las lágrimas se dejaron caer con fuerza en el rostro de Eddie, quien se tapó con ambas manos, genuinamente avergonzado. Todo lo que acababa de decirle a Chrissy era verdad, y que se le haya presentado la posibilidad de decírselo en su cara afloró la angustia que había sentido durante sus últimos días de vida.
De pronto, sintió que Chrissy lo abrazaba con dulzura.
— No hay nada que perdonar, Eddie. Tú no me hiciste nada.
— Pero… pero… — alcanzó a decir Eddie entre sollozos.
— Pero nada. No podías evitarlo, no estaba en tus manos, así que no te culpes más. — le dijo Chrissy con una ternura que hizo que Eddie se sintiera desarmado.
Eddie se sacó las manos de la cara para responder al abrazo de Chrissy, quien acarició su nuca con una mano. Nunca supo por cuánto tiempo estuvieron así, y la verdad es que no importaba. Lo que sí importaba era la calidez en su pecho, una que no sentía desde aquel día que ambos se encontraron en el bosque, cuando recordaron aquel lejano concurso de talentos, cuando ambos se dieron cuenta de que lo que cada uno pensaba del otro estaba errado, y que creyó que no volvería a sentir nunca más.
El abrazo se disolvió. Chrissy volvió a secar lágrimas del rostro de Eddie y luego le extendió una mano al tiempo que le preguntó:
— ¿Me acompañas?
Eddie respondió dándole la mano, experimentando con ello una dulce sensación que lo estremeció. Llegaron a la orilla del Lago de los Amantes y se sentaron a contemplar el atardecer en silencio. Igual que aquella vez, este silencio fue todo menos incómodo, y de cuando en cuando, intercambiaban miradas de soslayo, acompañadas de sonrisitas tímidas. En medio de su concentración, a Eddie se le ocurrió algo:
— Chrissy… ¿por qué viniste a buscarme?
La pregunta la tomó por sorpresa, por lo que respondió con una sonrisa nerviosa:
— Porque alguien tenía que darte la bienvenida… y yo quise hacerlo.
— ¿Ah sí? ¿Y por qué querías darme la bienvenida?
— Porque me gustas, Eddie.
Para cuando se dio cuenta, Chrissy ya había soltado la frase. Eddie la miró con ojos desmesuradamente abiertos, y ella se frotó las manos, pero prosiguió:
— Sé que puede parecer extraño, pero es verdad. Esa vez que nos encontramos en el bosque, poco antes de morir, sentí algo que en ese momento no supe cómo describir, pero fue algo que no había sentido nunca con nadie, ni siquiera con Jason. Sé que para ese entonces habíamos compartido muy poco, pero tuve la sensación de que te conocía de toda la vida, y créeme que lo disfruté de principio a fin. Por primera vez, sentí que alguien se interesaba en mí por quien soy en realidad, y no por la imagen que todos tienen de mí en la escuela, y eso me gustó, pero también me confundió, porque yo estaba con Jason, y nunca hubiera sido capaz de engañarlo. Sea como sea, lo que sentí estando contigo fue algo muy dulce, y ahora que estamos hablando, lo siento otra vez…
Eddie no pudo evitar sonreír. Ver a Chrissy tan nerviosa le causó ternura, y más aun confesando que, después de todo, sí sentía algo por él. Sin previo aviso, le dio un beso en los labios. Fue más bien breve, pero duró lo suficiente para que cada uno sintiera la dulzura del otro. Cuando se separaron, fue Chrissy quien quedó con los ojos desmesuradamente abiertos.
— Vaya, quién lo diría. Chrissy Cunningham, la reina de la secundaria Hawkins, siente algo por el rarito de la escuela. — dijo Eddie intentando sonar casual, sin éxito.
Chrissy se rio. Eddie adoptó una postura más seria y le dijo:
— Tú también me gustas, Chrissy.
— ¿En serio? — preguntó ella sonriente.
La respuesta de Eddie fue otro beso que, a diferencia del anterior, fue más largo; también fue algo suave y lento, ya que él no quería incomodarla, y quería transmitirle todo aquello que se había tenido que guardar tras sus últimos encuentros. Al separarse, ambos sonreían y sus ojos brillaban con especial intensidad. Ella se rio y apoyó su cabeza en el pecho de él, sintiéndose cobijada, mientras que él por fin pudo acariciar su cabello a gusto. Era sedoso al tacto.
Después, Chrissy se sentó delante de Eddie, que la abrazó por la cintura y contemplaron las aguas de la laguna. Ambos sonreían.
— Por cierto, escuché el concierto que me dedicaste antes de que llegaras. — soltó Chrissy de repente.
Eddie, concentrado como estaba, al principio no le entendió, y como no respondió de inmediato, Chrissy le dijo:
— Me refiero a cuando tocaste la guitarra aquella vez. Me encantó.
De ese modo, Eddie se recordó a sí mismo en el Otro Lado, tocando Master of Puppets, de Metallica, en lo que fue el concierto más metalero de la historia, en compañía de su amigo Dustin, evento que dedicó a ella. Tener la certeza de que lo escuchó y que fue de su agrado lo hizo muy feliz.
— Era lo mínimo que podía hacer. — respondió un sonriente Eddie.
— Es lo más genial que alguien ha hecho por mí. — admitió Chrissy con una sonrisa tan amplia, que se le hicieron hoyuelos en su rostro, algo que a Eddie le parecía adorable.
Después de otro instante de silencio, Eddie soltó una pregunta:
— No quiero arruinar este momento, pero ¿qué haremos a partir de ahora?
Chrissy se incorporó y reflexionó brevemente hasta que respondió:
— Estar juntos… y para eso tenemos toda la eternidad.
Toda la eternidad. Esas últimas palabras resonaron con fuerza en la mente de Eddie; llevaba tan poco tiempo en su estado de muerto, que no había pensado en la posibilidad de compartir con Chrissy para siempre. Pero la idea le encantaba. Ya no tenía nada que hacer en el plano de los vivos. Hizo lo que tenia que hacer, y se fue de ahí con la satisfacción de haberse probado a sí mismo que no era un cobarde. Había huido casi toda su vida, y ahora ya no lo haría nunca más, puesto que había alguien con él, alguien cuya compañía le encantaba.
Se dieron la mano, y Eddie dijo:
— Me encanta estar aquí contigo.
— A mí también, Eddie.
Se dieron otro beso delicado y pletórico de amor, luego se dieron la mano y caminaron por el bosque sin prisas, pues para eso tenían toda la eternidad.
Hola, qué tal =)
Dado el estreno de la cuarta temporada de Stranger Things, que me encantó, no pude resistirme a escribir sobre Edissy (no sé si el ship tiene ese nombre, pero me gusta igual). La verdad es que no sé si, en ese universo existan el cielo o el infierno, pero me gusta pensar que Eddie y Chrissy se encontraron en el más allá y se dedicaron a ser felices.
Espero que esto sea de su agrado. Nos vemos.
