Resumen: La historia de Cástor y Pólux forma parte de una grandilocuente tragedia griega convertida en leyenda, y en las estrellas todavía están entrelazados los destinos de estos hermanos, que fueron reencarnados en los Uchiha en la época del Japón feudal. SasuIno / ItaIno.
Nota de la autora: Los personajes de Naruto no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto. Está terminantemente prohibido cualquier intento de plagio de esta historia o de cualquiera de las que están bajo mi autoría. Las imágenes de portada no me pertenecen, reconozco los créditos a sus respectivos autores, si sabéis quienes son los artistas hacédmelo saber en un comentario para darles reconocimiento, pero la composición ha sido una elaboración mía.
Los hijos de las estrellas.
Canto III – Itachi y Sasuke.
Las leyendas han dejado de ser cuentos orales y populares transmitidos de generación en generación para convertirse en historias reales. ¿Todavía no lo creéis? Aguardad atentos a las palabras del sabio maestro que medita en el templo a la espera de sus alumnos. Estos héroes griegos cuyas proezas antes he narrado, se reencarnaron siglos más tarde en hombres de carne y hueso, en dos hermanos descendientes de un largo linaje militar, cuya divina sangre corría por sus venas cubiertas por pesadas armaduras y cascos. La célebre historia que os voy a narrar guarda similitud con la de los tindáridas y todavía se encuentra atesorado en el corazón de las gentes que habitan en el lugar, al igual que el recuerdo de Oda Nobunaga. Esta leyenda se sitúa en la época del Japón feudal, donde los guerreros y samuráis servían a los señores que controlaban las regiones con injusticia y egoísmo, y ofrecían a los vasallos el trabajo de la tierra a cambio de la protección militar. Estos humildes campesinos con sombreros de paja cultivaban silenciosos los campos de cereales, marcados por su condición social, alzando la mirada con misericordia al ver desfilar a los guerreros camino a la muerte, y se reverenciaban en señal de profundo respecto por el sacrificio al que se ofrecían. Hubo un clan entre los muchos que se disputaban el territorio que destacó por sus habilidades y por sus extraordinarios guerreros, clan que nació en el seno de este ambiente hostil donde lo natural era que los varones fueran a morir a la batalla. Allí continuamente las guerras cobraban vidas humanas sin importancia ni valor para los déspotas señores.
Los dioses y espíritus de la naturaleza que habitaban dormidos en los bosques y ríos quisieron detener esa injusta tragedia, pues no comprendían las desmedidas ambiciones humanas. Las deidades primigenias, Izanagi y su esposa Inazami habían creado el cielo, diferenciándolo de la basta tierra que habitan los hombres y conforman las ocho islas de Japón. Izanagi había conseguido escapar de Yomi, la tenebrosa tierra de los muertos en un intento de recuperar a su esposa fallecida tras el nacimiento de su hijo Kagutsuchi, dios del fuego, pero fue en vano porque Inazami no pudo regresar al mundo de los vivos. Así Izanagi se purificó en el mar, donde al lavarse la cara engendró a numerosos vástagos como Tsukuyomi, dios de la luna o Amaterasu, diosa del sol que gobernaba el cielo como obsequio concedido, lo que causó una gran rivalidad con su infame hermano Susanoo, dios del mar y la tempestad al que se le concedió el océano, provocando una enfrenta que hizo que su hermana dejara a la tierra sin luz unos días, sumiéndola en una profunda oscuridad. Susanoo era un ardiente y temible guerrero, había luchado contra demonios y criaturas como una serpiente de ocho cabezas y colas, de la que extrajo una espada que regaló a Amaterasu, arma legendaria sobre la que se han escrito numerosos cuentos populares. Susanoo era una deidad de naturaleza caprichosa y temperamental pero también salvó de la muerte a muchos hombres, y fue él quien engendró al primer emperador que mantiene su ascendencia divina.
Fueron dos hermanos aunque no gemelos, pertenecientes al clan Uchiha, los guerreros más famosos del territorio del sol naciente, que dieron su vida innumerables veces y ofrecieron su sangre al emperador, rindiéndole obediencia ya que su familia lo servía desde hace dinastías. Uno de los hermanos era hábil en el dominio estratégico de las batallas, llevando siempre a sus subordinados a la victoria mientras que el otro era imbatible en el arte de la katana, lo que les llevaba a complementarse. El poder de uno era desmesurado pero padecía de un gran dolor físico y debilidad emocional mientras que el otro hermano buscaba seguir sus pasos con ingenuidad para tratar de superarlo. Eran las dos caras de una misma moneda, el bien y el mal unificados, el ying y el yang. El parecido físico de estos hermanos era innegable, lo que les llevó a ser reconocibles en cualquier lugar por sus rostros pálidos, labios finos, narices rectas, orbes oscuros y el largo cabello del color de la noche, con una sempiterna mueca que recubría sus serios semblantes. Los Uchiha tenían la severidad, disciplina y rectitud adquirida de su padre Fugaku así como la gentileza, justicia y belleza aprendida de Mikoto, y ambos progenitores sentían un amor incondicional por sus hijos que habían tratado de inculcarles el uno por el otro. Mientras que Fugaku tenía una predilección especial por Itachi, el hijo mayor, a quien consideraba un prodigio, Mikoto sentía más devoción por el menor, lo que llevó a suscitar recelo en Sasuke en un continuo intento de superación a su hermano. Este siempre había crecido a su sombra y fue opacado por sus logros, por lo que Sasuke trató de ser mejor que él.
Durante décadas los hermanos combatieron a muerte por las ambiciones políticas del déspota emperador sin cuestionar sus órdenes y buscando honrar al clan Uchiha. Incontables poemas épicos se cantaron en su nombre, sabiendo que su deber era dar la vida por su región sin importar las consecuencias, para así alcanzar el más alto honor al que un hombre podía aspirar. Debían proteger el territorio feudal por el que murieron sus antepasados, Izuna y Madara Uchiha con duras heridas en el duelo e incontables vidas inocentes. Itachi y Sasuke sentían un desmedido y apasionado amor por la patria, lo que les llevó a una nueva guerra contra los abusos y vejaciones de los rebeldes señores feudales, dispuestos una vez más a morir si era necesario. Ambos detestaban profundamente la guerra pero sabían que para obtener la paz debían luchar primero por ella, pues para que existiera la paz se debía hacer la guerra. Aquellos eran tiempos convulsos de conspiraciones militares ya que el clan Senju aspiraba a posicionarse sobre el poder del emperador para fundar una nueva nación pero sabían que primero debía eliminar a sus mejores hombres. Otros clanes poderosos como Hyuga, Uzumaki o Akimichi amenazaban con expandir sus territorios y provocar una guerra civil. La situación era demasiado inestable, pues samuráis, ninjas y guerreros estaban en continuo enfrentamiento y todos ardían por el poder que corrompe a los hombres.
Al igual que los Dioscuros, no había nadie capaz de amedrentar a los invencibles hermanos pues ellos solos hicieron caer a un ejército de cincuenta hombres sin apenas recibir una herida. La filosofía sintoísta corría por las venas de Itachi, manteniendo el sosiego y calma, consciente de su debilidad mientras que el ardiente chakra de Sasuke terminó por ensangrentar el filo de su katana cobrando más vidas. Eran dos jinetes que traían la muerte a su paso, cabalgando en los audaces caballos al ritmo de los tambores que anunciaban muerte y destrucción. Los guerreros lucharon con valentía pero el más osado de los dos fue Sasuke, pues luchaba con el espíritu ardiente de Susanoo, enfrentándose con los enemigos más feroces, demonios y bestias infames que uno puede imaginar. Sasuke empezó a volverse tan despiadado y sanguinario como aquel dios, advertido por su hermano mayor quien no quería que cayese en desagracia, pero una vez más ignoró sus palabras con desdén. La guerra había consumido su corazón convirtiéndolo en otro hombre autoritario y egoísta, aunque en los sentimientos de Itachi solo había lugar para el perdón y arrepentimiento. Aquello no hizo más que distanciar a los hermanos, conscientes de sus diferencias, tan distintos como el día y la noche, pero solo juntos eran capaces de impartir justicia y crear armonía. Sasuke fue nombrado general del ejército y alcanzó los méritos más excelsos, lo que le llevaron a ganar la mano de la princesa Yamanaka, única hija del emperador, que inmediatamente fue concedida por él. La belleza del rostro de la joven era lo único que calmaba su feroz corazón y le devolvía la humanidad. El emperador confiaba ciegamente en su mejor guerrero y auspiciado por su consejero, le confió a su propia hija para establecer una alianza política. En aquella época el deber de una mujer era estar supeditada al hombre, por lo que Yamanaka había sido educada para casarse y engendrar descendientes. El emperador consideró que era una sabia elección, la princesa sería una buena esposa y madre, recatada y obediente, que estaría segura al lado del guerrero más famoso de la tierra, y con el que mantendría vivos los valores tradicionales.
Pero el mayor error que cometieron los hermanos Uchiha fue el de enamorarse de la misma mujer, lo que provocó que el vínculo de ambos se rompiera para siempre. La semilla del odio había sido sembrada en sus corazones para dar sus amargos frutos. La joven los cautivó con su extraordinaria belleza pues ninguno había visto una mujer tan hermosa y ambos se prendaron inmediatamente de ella, buscando competir por su corazón, a pesar de estar comprometida con el hermano menor. La exótica muchacha vestía impecablemente con un largo kimono, numerosos adornos en el cabello como símbolo de riqueza y poder, y un sutil maquillaje blanco con los ojos delineados que resaltaba la delicadeza y feminidad de sus rasgos orientales. Yamanaka desde lejos observaba a los hermanos combatir en su entrenamiento con una tenue sonrisa en su rostro para admirar la gallardía de su prometido. Sasuke estaba a punto de desposar a la princesa, pero fue su hermano mayor quien tuvo el atrevimiento de mancillar el pacto matrimonial deshonrando a la familia del emperador y el código de honor que un hombre debía acatar. La pasión por aquella hermosa mujer de pálida tez y cabello dorado lo había llevado al borde de la locura, llevándolo a cometer un delito penado con la vida, pues secretamente estaba enamorado de ella y mantuvo su amor en silencio para no traicionar a su hermano. La princesa había sido ultrajada debido a un engaño urdido por unos malhechores servidores del clan Senju, que consiguieron embriagar al hermano mayor con sake para así romper el vínculo de los hermanos guerreros, aprovechándose de la atracción que sentía Itachi por la prometida de Sasuke.
El hermano menor profundamente airado con el mayor, lo retó a combatir en un duelo a muerte y este aceptó sabiendo el funesto desenlace. Sasuke quiso romper todos los vínculos fraternales que antaño los unieron. La tierra templó estrepitosamente aquel día y los vientos enfurecidos empezaron a soplar con fuerza, desatando una gran tormenta en el mar. Sus ojos rojos del color de la sangre ardían con ira y odio, sus chakras estallaron como si de una disputa entre los dioses de la naturaleza se tratase y como si el espíritu de Susanoo tomara posesión del hermano menor. Si Sasuke conseguía dar muerte a Itachi recuperaría el orgullo perdido y la afrenta habría sido vengada. Así los hermanos se convirtieron en rivales, y eran dos guerreros con un único destino donde solo uno de ellos podía acabar con vida. La joven princesa trató de impedirlo pero fue en vano pues ninguno de ellos veía más allá del odio, y la muchacha desesperada clamó a los venerables ancestros para que escucharan sus ruegos. Los hermanos lucharon incansablemente durante horas a la luz de la luna pero ninguno fue capaz de vencer al otro hasta que un movimiento fatal de la hoja de la afilada katana de Sasuke, atravesó el costado de su hermano mayor, del cual empezó a brotar sangre carmesí. A medida que Itachi luchaba contra su hermano menor, su dolor y sufrimiento era más insoportable, y consciente de la gravedad de su estado quiso dejarse asesinar por él. Itachi casi sin aliento, esbozó la más grande de las sonrisas, sabiendo que iba a morir en manos de la persona que más amaba en el mundo y se resignó a su amargo final con felicidad. Morir era su deber como guerrero y significaba recuperar el código de honor en combate. En un último movimiento Sasuke, todavía cegado por la ira, cortó el largo cabello oscuro de su hermano que caía por su espada, al igual que Dalila lo había hecho con Sansón, en una pérdida de virilidad y victoria sobre el hombre humillado.
¡Oh, mortales, reconfortad vuestras nobles almas! El hermano mayor deshonró al menor por amor. Como Cástor y Pólux, ambos cayeron en desgracia por el amor de una mujer. La historia de los Uchiha me apena tanto que me recuerda a la de los amantes Francesca Polenta y Paolo Malatesta, una noble muchacha de Rávena se enamoró del joven hermano de su marido con el que cometió adulterio. Ambos se encuentran ahora condenados a vagar juntos por la eternidad en el Infierno en una violenta tormenta de salvajes vientos, tras haber sido apuñalados por Gianciotto Malatesta, el esposo y hermano de los amantes en vida. En el mismo lugar se encuentran otros condenados incontinentes por lujuria y adulterio, que fueron vistos por el gentil Alighieri en su descenso al Hades. Allí están Semíramis, Dido, Cleopatra, Tristán e Iseo, Lanzarote y Ginebra, arrastrados por la pasión amorosa. Así como los nombro allí perecen en compañía de infinitas almas condenadas. ¿No escucháis su doloroso llanto? ¿No os conmueve su dolor? ¡Ay de vosotros, tened compasión! Su dulce historia, aun cargada de infamia y violencia me conmueve tanto como la de Cástor y Pólux y compunge mi rostro. En ese mismo lugar también vi a Salomé perdida por la lujuria, a Betsabé castigada por su adulterio con el rey David, cuyo pecado inicial Eva originó y dio a luz a sus hijos con dolor, Caín y Abel, el primer fratricida, quien sintió tanta envidia de su hermano mayor que decidió asesinarlo, al igual que el romano Rómulo dio muerte a Remo. ¡Oh, amables lectores, compadeceros de todos ellos!
Cuando comprendió lo que había hecho, Sasuke asustado y profundamente arrepentido por la inconsciencia de sus actos, soltó el arma homicida con la que había asesinado a su hermano mayor. Arrodillado, pidió clemencia y misericordia a los ancestros y espíritus de la naturaleza para que no se llevaran a Itachi de la tierra de los vivos, como anteriormente Pólux había rogado al olímpico padre. El odio había corrido por su cuerpo como un veneno inyectado por una serpiente que lo había consumido hasta acabar con la vida de la persona que más amaba. Ninguno de los hermanos Uchiha tenía la condición de divinidad por lo que ambos eran mortales, gozaban de un breve tiempo de vida y la herida que le había asestado era demasiado profunda para ser curada. Sasuke, rezó desesperado como nunca antes lo había hecho por su difunto hermano, y así los dioses de la naturaleza compadecidos y apenados por la tragedia, lo escucharon. Pidió que le devolvieran a la vida a su lado pues su insensatez lo había llevado a cometer un acto impuro. ¡Honorables ancestros, os ruego que lo escuchéis, devolved al hermano mayor a las manos del menor, oíd mis súplicas!
En su doloroso llanto juró que si no lo escuchaban proclamaría una guerra que acabaría con todas las regiones, capaz de consumir su vida y pagar aquel dolor con más sangre inocente. Fueron Amaterasu y Susanoo los dioses más apenados por la tragedia, los que le decidieron darle una nueva oportunidad para volver a comenzar, pues sabían lo terrible que eran los enfrentamientos entre hermanos y no deseaban verlos enemistados. Así, las súplicas de Sasuke fueron escuchadas y su deseo fue concedido por los espíritus a fin de evitar más muertes, con la condición de que el menor debía sacrificar la pasión avivada por las llamas del deseo de la princesa Yamanaka, a cambio del intenso amor fraternal que sentía por su hermano. Sasuke aceptó el sacrificio profundamente dolido por las palabras de los dioses, pero reconoció que el amor por Itachi era más fuerte que el de la joven princesa y cargó con aquella pesada imposición. Reconozco que aquel dolor fue peor que el que soportó Ixión, castigado a dar vueltas sin cesar atado a una rueda, el del titán Atlas sosteniendo el peso de la esfera celeste con sus manos o el de los amantes adúlteros, Paolo y Francesca, que el altísimo poeta ilustre vio. Ese amanecer los vientos volvieron a soplar como antaño, el temblor de la tierra cesó, la tormenta del mar se calmó y los dioses de la naturaleza empezaron a regenerar lentamente el cuerpo de Itachi. Una luz blanca lo envolvió, Sasuke asombrado y atónito por presenciar aquello, se reverenció ante ellos como muestra de gratitud. Finalmente los espíritus abandonaron el cuerpo del difunto, descendieron al fondo del río y regresaron a lo más profundo de la montaña, ascendiendo impulsados por el viento. Así el hermano mayor volvió a la vida, se reconcilió con Sasuke y regresaron a casa.
Los Uchiha fueron condecorados por el emperador con el mayor honor por haber restaurado los vínculos familiares y por el heroico acto de salvar a un grave herido en batalla de las garras de la muerte. Sasuke fue capaz de perdonar a su hermano y reconoció que su vida sin él estaba carente de sentido y felicidad, pues le debía todo lo que era y lo que había llegado a conseguir. Finalmente Itachi contrajo matrimonio con la princesa Yamanaka con la que su hermano menor se había prometido, tal y como habían impuesto los dioses, quien se desterró el resto de su vida para olvidarse de tan horrible tragedia y de su pasado. Sabía que la princesa estaría mejor en brazos de su hermano, e incapaz de sostener la mirada el día de la sagrada unión de Itachi con la mujer que amaba, se marchó y jamás volvió. Con el tiempo sus caminos se habían separado a pesar de que su amor fraternal seguía intacto. La leyenda cuenta que este guerrero abandonó sus armas y se dedicó a la oración en un remoto monasterio budista perdido entre las altas montañas y brumosas nubes, donde vivió en paz hasta el resto de sus días. El hermano menor trató de llevar la más humilde vida en soledad cumpliendo voto de pobreza, renunciando a los placeres terrenales en su anterior alarde de arrogancia entre humildes paredes de piedra y adobe, donde se escuchaba el murmullo del viento y los cánticos de los monjes. Buscó la luz y redención de su alma, con las impertérritas estatuas como única compañía, con el perpetuo sonido de la constante cascada y la danza enigmática de los árboles. Fue así donde comprendió que la guerra no era la solución y que primero debía estar en paz con uno mismo.
El hermano mayor fue el siguiente emperador de la nación de la flor de cerezo por ser el heredero directo en la línea sucesoria y engendró varios hijos con la princesa Yamanaka, a cuyo primogénito llamó Sasuke, en honor a su hermano. Gobernó durante años con justicia y con convicción de que la paz sembraría una cosecha más productiva que el odio al que habían estado sometidos, dando estabilidad y riqueza a los habitantes y territorio. Cuenta la leyenda popular que el hermano menor cada noche se transformaba en un ave rapaz para visitar a la princesa, ya desposada por su marido con el que yacía en el lecho del palacio imperial. La princesa encandilada por los colores y belleza del animal, observaba silenciosamente al pájaro que cantaba en su ventana, desconociendo que en verdad se trataba de su antiguo amor. El hermoso canto del pájaro le insuflaba templanza y el valor necesario, misteriosamente atraída por él, y aunque ardió en deseos de acariciar su plumaje nunca lo hizo, por lo que nunca reveló su verdadera forma. Así la muchacha mantuvo la fidelidad a su esposo el resto de su vida, como Penélope a Ulises durante los largos años de espera tras la Guerra de Troya. Cada día Sasuke regresaba al templo al amanecer para dedicarse junto a los demás monjes a la más humilde oración, donde rogaba por su alma y por la de su amada, dando gracias a los espíritus de la naturaleza por devolver la vida a su hermano y redimiéndose por sus pecados. Hoy ya solo quedan viejas ruinas y piedras erguidas de ese lugar sagrado que antaño tanta gente visitó. Así esta historia de los hermanos guerreros de la familia Uchiha fue convertida en leyenda que aún perdura en Japón en la memoria de niños y ancianos. Y es tanta la aflicción que no puedo seguir narrando su historia, la maldad había envenenado mi corazón, separándome del recto camino que he vuelto a hallar gracias al sacrificio de Cástor y Sasuke. Ahora el sabio maestro ha llegado, reverenciándose ante sus alumnos antes de iluminar sus caminos con sus enigmáticas palabras, dispuesto a enseñarles la senda trazada hacia el cielo y la tierra, ya unificados y en paz donde se encuentran los hermanos Amaterasu y Susanoo.
Fin.
Nota de la autora: Hola. Perdón por el retraso. Me hubiera gustado subir la tercera y última parte antes pero por problemas personales me resultó imposible. Espero que os haya gustado mi trabajo y lo apoyéis con un comentario, voto o favorito. Nos vemos en la próxima historia.
