Hola! Aquí Saori-nee con una nueva historia para la New Generation, esta vez protagonizada por las gemelas amorosas de esta saga, Aya y Ai c:

Espero que les guste y sin más que decir de momento, comencemos!


Idénticas Genéticamente

Casa de Aya y Ai – Después de Clases

Las clases han terminado, o bueno, no exactamente. Se supone que mi salón todavía se encuentra en su última hora de estudio, pero el día de hoy ya he llegado a mi límite y necesito un descanso de la persona que más amo y a la vez más me saca de quicio en este mundo, mi hermana gemela, Ai.

Tras huir de la escuela, finalmente llego a mi casa y al entrar, suspiro frustrada al tiempo que me quito los zapatos y dejo la mochila.

Si no me equivoco tengo como una hora antes de que terminen las clases. Eso me da una hora para relajarme y disfrutar de un momento a solas.

– Que alivio – sonrío.

Ya más calmada, tomo mis cosas y subo corriendo las escaleras.

Al entrar a nuestra habitación, me encierro en el armario y preparo mis cosas para mi momento de relajación y tranquilidad sin Ai.

Saco el futón, pongo el té a calentar, abro una bolsa de papas fritas y me tumbo sobre mis cojines, estirándome en ellos y disfrutando de las papas fritas que ahora tengo en mis manos.

– Que a gusto – sonrío.

Mientras me relajo y disfruto de mi almuerzo improvisado a solas, me pregunto por qué es que Ai siempre tiene que ser así. A pesar de que la amo y deseo pasar el resto de mi vida con ella, no soporto que sea tan dependiente de mí ¿Por qué no lo puede entender?


Flashback – Biblioteca de Saint Michael's

Todo comenzó el día de hoy desde que Ai y yo llegamos a la escuela. Como siempre no se quiso despegar de mí en ningún momento y amenazaba a cualquiera que se acercara a saludarme.

Incluso se mantuvo pegada a mí durante mi almuerzo con Hazuki, que antes de nuestra relación, era el único momento que tenía a solas para estar con ella (aunque de todas maneras ya es difícil que tengamos un momento a solas desde que empezó a salir con Manami).

Pero bueno, a pesar de todo, hasta entonces todo seguía normal, podía soportar eso, pero al final cuando Ai comenzó a ponerse de caprichosa que quería que nos fuéramos a algún lugar solas, ya no pude soportar más y huí de ella.

Se suponía que nos veríamos nuevamente en la biblioteca para la hora de estudio a la última hora, pero al llegar, le pedí a Hazuki que me cubriera, diciéndole a Ai que había ido al baño o algo así y escapé de la escuela.


Closet de Aya y Ai – De vuelta al presente

Se que quizá estuvo mal haber huido así y enjaretarle a Hazuki la responsabilidad de tener que lidiar con Ai, pero en verdad no habría soportado otra hora de tener que escucharla quejarse de que quería estar a solas conmigo y también, es difícil sentirse mal cuando estás tan cómoda como lo estoy ahora.

A pesar de todo, sí me siento un poco mal por lo que hice.

Si ya arreglamos nuestros problemas y ahora estamos en una relación amorosa ¿Por qué me sigo escondiendo en el armario a comer mis golosinas? ¿Acaso será por la vergüenza? A pesar de lo mucho que la amo, aún no puedo ser completamente honesta con ella – suspiro.

Y aunque no quiero decirlo, eso me pone triste.

– Quiero creer que si le explicara como me siento, sería un poco más razonable, e incluso me podría dejar unos momentos a solas para calmarme o estar con Hazuki, pero si lo tomara a mal…

Decido dejar de pensar en eso y disculparme con ella una vez que regrese a casa.

Por lo pronto aún me quedan unos 30 minutos de descanso y no los pienso desperdiciar.

Me tumbo sobre el futón dentro del armario y cierro los ojos para descansar un rato, pero en el momento que lo hago…

– Aya.

– ¡Wuaaaaaahhh!

Los abro y encuentro a Ai mirándome frente a frente desde arriba.

Al levantarme tan rápido, chocamos las frentes.

– ¡Auch, Ai! pero ¿Qué haces aquí?

– ¿De qué estás hablando? Esta es nuestra habitación ¿no?

– No… no estoy hablando de eso. Me refiero a ¿Qué haces aquí a esta hora? ¿No deberías estar en la escuela?

– ¿No te podría preguntar lo mismo?

– Mmhh…

A pesar de que quería disculparme, el que me este interrogando de esta manera hace que me moleste más. Pero más que eso, hace que sienta culpa.

– ¿Cómo me encontraste?

– Era obvio que estarías aquí ¿Acaso estabas escondiéndote?

– Yo… no exactamente – si hubiera querido ocultarme de ella, habría elegido un lugar mucho mejor – Me refiero a ¿Cómo supiste que estaba aquí?

– ¿No es obvio? Somos hermanas gemelas, mi instinto me dijo que huirías a casa y te encerrarías aquí a comer esa comida chatarra que tanto te gusta.

– Mmhh…

– Además, Manami-san me lo dijo.

– Esa chica.

Hace que me moleste aún más, pero a decir verdad no puedo culparla. Seguramente cuando me fui, se la pasó hostigando una y otra vez a Hazuki (quien estoy segura jamás le habría dicho a donde fui) hasta que hartó a Manami y para quitársela de encima le dijo la verdad.

Ai me mira como esperando mi explicación o una disculpa, y para evitar una pelea, le doy lo que desea.

– Esta bien, lo lamento ¿Okay? no se volverá a repetir. Ahora ¿podemos dejar el tema en paz?

Preparándome para salir del closet, cuando Ai me toma del brazo.

– ¡Ai!

– ¡No tan rápido! ¿Crees que no reconozco tus falsas disculpas? Se cuando estás mintiendo y también sé cuándo estás harta de mí.

Consigo soltarme y aparto su brazo.

– ¡No me conoces en lo absoluto! ¿Cómo podrías saber si te estoy mintiendo?

– Ya te lo dije, somos hermanas gemelas.

Y dale con eso. Cuando dice eso, a veces hace que me pregunte si en verdad me gusta tener una gemela.

– No hay manera en que puedas saberlo solo por eso.

– Pero claro que puedo, aunque te niegues a reconocerlo, te conozco. Sé perfectamente cuando estás mintiendo, cuando estás molesta, cuando estás sintiendo hambre o miedo, puedo ver cuando sientes tristeza, cuando tienes arrepentimiento o soledad y lo puedo saber porque soy exactamente igual. Alguna vez fuimos una misma célula ¿no lo recuerdas?

Me toma de la cintura, posando ambas manos sobre mis caderas y posando su frente contra la mía.

– Ai… yo… ¡Kyaaaa! ¡Ai!

Me descuido un segundo y Ai aprovecha para tomar mi camisa y pasarla por encima de mi cabeza, bajar mi falda, mis panties, desabrochar mi sostén y tumbarme sobre el futón para tomarme mis piernas y quitarme las medias.

– ¡Ai! ¿Qué te pasa? ¿En serio crees que vamos a hacerlo en este momento?

– No seas tonta, Aya, solo quiero probar un punto.

– Ai…

Me calmo cuando la veo repetir en ella los mismos movimientos que hizo conmigo, quedando desnuda al igual que yo. Tira su ropa al suelo y la hace a un lado con un simple movimiento de su pie.

Me excito demasiado al verla, ahí de pie, con su piel tan clara y sus brazos cubriendo un poco sus partes íntimas, aunque no lo suficiente para que las vea.

– ¿Lo ves? – algo tímida – somos idénticas genéticamente.

– Ai…

Se sonroja.

Para acabar con su timidez, se destapa tomándome del brazo y me levanta llevándome con ella afuera del armario, hacia el espejo que tenemos en nuestra habitación.

– Dime ¿Qué es lo que ves?

Me siento algo tímida, avergonzada al verme en esta posición junto a mi hermana, pero intento mantener la calma.

Levanto la mirada mirándonos al espejo y aunque al principio cubro un poco mi cuerpo, poco a poco dejo de hacerlo.

– Nos veo a nosotras.

– ¿Notas alguna diferencia?

– Bueno…

Se coloca a un lado mío, las dos de pie, juntas, mirándonos al espejo y sin nada más sobre nosotras, únicamente con nuestros peinados para diferenciarnos.

Al ver que no respondo, me voltea con ella y sonríe.

– Exacto, podremos ser idénticas en el exterior, pero en el interior, hay pequeños detalles que revelan como nos sentimos y eso es lo que yo veo. Ve, te enseñaré.

Me vuelve a voltear hacia el espejo.

– Esta es tu mirada cuando estás avergonzada – me sonrojo – esa es tu mirada cuando te sonrojas, y esa es tu mirada cuando intentas no mostrar tus sentimientos.

– Ai…

– Así que sí, sí puedo saber lo que sientes en base tu mirada, porque esas miradas que haces… son exactamente las que yo hago.

– Ai…

Creo que quizás ve que aún no estoy muy convencida, ya que me vuelve a tomar del brazo y dice.

– Ven conmigo.

– ¡¿Eh?


En la Bañera

Entramos a la habitación del baño donde Ai abre la regadera y llena la bañera de agua.

– Entra.

– ¡¿Eh?!

– Entra a la bañera, ahora.

– Cielos ¿Cuándo te volviste tan asertiva?

– ¿Qué tiene de malo? Soy tu hermana mayor ¿lo recuerdas?

– Solo por unos segundos.

Hago lo que me dice, sentándome y ella también entra, poniéndose de pie detrás de mí.

– Lavaré tu cabello.

– Hmm… esta bien.

Toma shampoo en sus manos y tras deshacer mis coletas, empieza a lavarme.

Se siente muy bien cuando pasa sus dedos por mi cabello, relajante y estimulante, me hace muy feliz cuando lo hace aunque en este momento, también me hace sentir culpable y avergonzada.

– Ai, yo…

– Lo sé Aya, se que a veces puedo parecerte una molestia, y que muchas veces estarías mucho mejor sin mí.

– Ai, eso no es cierto, yo no…

– Lo sé por que lo puedo ver en tu mirada – continúa lavando mi cabello – sé que hemos pasado gran parte de nuestras vidas separadas, y que quizás, a veces podemos parecer como una completa desconocida a la otra, pero aún así, yo siento que hemos estado juntas toda la vida.

– Ai.

– Tenemos una conexión muy grande Aya, no solamente por ser gemelas, sino también por ser amantes. Es cierto que no hemos pasado mucho tiempo juntas y que a veces uso la excusa de ser gemelas para estar contigo, pero la verdad es que te amo muchísimo y… si me fuera posible, me encantaría pasar cada segundo del resto de mi vida contigo a mi lado.

Deja de frotar mi cabello y toma la manguera para enjuagarlo.

– Pero también sé, que disfrutas de tu privacidad, que hay momentos en los que prefieres no estar conmigo, así que si eso te hace feliz – le cuesta trabajo decirlo – procuraré alejarme de ti un poco más, pero solo… por favor no me vayas a dejar – se pone a llorar.

– Ai.

Me volteo con ella y la bajo conmigo, sentándola y abrazándome a ella.

– ¡No quiero volver a estar sin ti! – le digo – Por favor no vuelvas a pensar lo contrario.

– Aya…

– Soy una tonta y muchas veces prefiero estar sola, eso es cierto, te agradecería si por favor, de vez en cuando pudieras dejarme estar a solas con mis amigas o dejarme tranquila de vez en cuando en clases, pero por favor, no pienses ni por un segundo que te deseo alejar de mí. Eres la persona más importante para mí en este mundo ¡Eres mi gemela! ¡Te amo!

– Aya…

Al abrazarme a ella empiezo a sentir lo que siente Ai, esa necesidad de estar con la otra y ver que la otra deseé estar contigo, y además ese sentimiento de saber que es lo que la otra persona esta pensando, lo que esta sintiendo, esa habilidad única que quizás solamente las personas que tienen un gemelo entienden.

Pero en nuestro caso, creo que es algo un tanto diferente, no solamente nos une la sangre, no solamente somos gemelas, somos amantes, unidas por el amor y puedo decir con todo el orgullo de mi corazón que ella es mi novia, que la amo, y deseo estar toda mi vida con ella.

– Aya…

– Ai…

Nos besamos y sonreímos, abrazándonos ahí en la bañera.

Al terminar de bañarnos, salimos de ella pero antes de secarnos, nos acercamos al espejo y una vez ahí, posamos juntas, desnudas frente al espejo y vemos nuestro cuerpo con el de la persona que más amamos.

Así como estamos ahora, mojadas y con el cabello suelto, parecemos una copia exacta de la otra.

Miramos nuestro cabello mojado y color zafiro, nuestros ojos celestes, nuestros labios rosas, nuestras manos pequeñas y delicadas tomadas de la otra, nuestros pies a un lado del otro, nuestras caderas juntas y pegándose.

Volteamos a vernos frente a frente aún junto al espejo. Nos miramos a los ojos y es como si aún nos estuviéramos mirando al espejo.

Nos tomamos de la cintura y sentimos la piel desnuda de la otra. Sonreímos y nos movemos casi bailando en aquella habitación de baño, chocando nuestras frentes, nuestras narices y finalmente, compartimos un pequeño y muy húmedo beso en los labios.

– Aya…

– Ai…

Nos besamos, entrelazando nuestras lenguas y acariciando nuestras espaldas, abrazándonos y acercándonos más con la otra, deseando saborear todo de ella y probar cada rincón de su cuerpo.

Al separarnos una fina línea de saliva aún une nuestros labios y tomándola por la nuca, entrelazo mis dedos en su cabello y le pregunto.

– ¿Quieres continuar esto en la habitación?

– Seguro, Aya.


Bonus Short Story – Habitación de Aya y Ai

Unos minutos después tras salir del baño, decidimos seguir mostrándonos nuestro amor de la manera que mejor sabemos hacerlo.

Salimos, nos acostamos, nos acomodamos en la cama juntas y nos empezamos a besar al tiempo que sentimos nuestros cuerpos y deseamos todo de la otra.

Fue un momento realmente maravilloso, nos besamos y tocamos tanto como podíamos y al final terminamos haciendo un 69 sobre la cama de Ai durante el cual ambas nos terminamos viniendo en la cara de la otra.

Tras descansar un rato, nos limpiamos y pensamos en arreglarnos para bajar a la cocina y preparar algo de comer, pero todavía faltan unas horas para que nuestros papás regresen de trabajar y la verdad estábamos tan cómodas y no teníamos deseo de vestirnos.

Así que mejor, decidimos sacar lo que tenía en el closet y ahora, disfrutamos de un bocadillo a base de sopa instantánea, té y unas bolsas de papas fritas, desnudas y recargadas en el hombro de la otra, sentadas sobre la cama contra la pared.

– Ah, esto esta delicioso.

Disfruto de mi té caliente con Ai a mi lado.

Muerdo una papa frita, mientras Ai me ve con cierto desagrado.

– ¿Qué sucede, Ai?

– ¿De verdad te gustan tanto esas cosas? ¿Cómo es que puedes vivir comiendo esto? ¿No sabes que son veneno?

Lo dice mientras toma una papa de la bolsa y la lleva a su boca.

– No son veneno, son deliciosas – muerdo otra papa – además dirás lo que quieras, pero ahora tú también estás encantada con ellas ¿no es así?

– De ninguna manera – toma otra papa – solo pienso que si sigues consumiendo esto y te mueres, no quiero quedarme aquí sin ti – consume otra papa.

El modo en que hace su berrinche tsundere es tan linda, me hace querer abrazarla, pero antes de eso, me divertiré un poco más con ella.

– Seguro lo dices porque ambas somos idénticas genéticamente ¿verdad?

– Así es – toma otra papa, sin voltearme a ver.

– Aunque sabes, en realidad si tenemos una clara diferencia que se puede deber precisamente a que he consumido este 'veneno' como tú le dices desde que era niña.

– ¿Eh? ¿Y cuál es? – sonrío.

– Pues veras…

Apunto mi dedo índice hacia ella y toco su pecho derecho, por debajo del pezón.

– Tus tetas no crecieron como las mías.

– ¡¿Aaaaaaaahhh?! ¡¿Pero qué clase de cumplido es ese?! ¡¿Sí sabes que jamás le puedes decir eso a una mujer y mucho menos si es tu novia?!

– Vamos, vamos, cálmate – riendo – también puede ser que tu cuerpo no le haya avisado a tu pecho que se desarrollara como a mí.

– Que por cierto, tú tampoco las tienes tan grandes – tapándose sus pechos.

– Pero por si las dudas…

Tomo una papa con mis labios y la dirijo hacia el rostro de ella.

– ¡¿Ah?!

– Vamos Ai, di Aaaah – aún sosteniendo la papa con mis labios – vamos a hacer que te crezcan esas tetas para cuando seamos grandes.

– Geez ¿Cuándo te volviste tan molesta?

– ¿De qué hablas? Después de todo soy la hermana menor.

– Solo por unos segundos.

Sin mayor protesta abre sus labios y ambas mordemos la papa desde lados opuestos con nuestros labios.

Sentimos el sabor de los labios de la otra en nosotras y los saboreamos.

– Tan deliciosa ¿Quieres otra?

– Como quieras, Aya – sonrojada.

Sonrío.

Tomo otra papa y la dirijo a sus labios para partirla con otro beso, pero en el momento que lo hago, la papa se divide mal y parte de la sal y la fritura caen regándose sobre el cuerpo de Ai.

– Que molesto.

Justo cuando se la va a limpiar, sonrío y tengo una idea.

– ¿Aya? ¿Qué estás pensando? ¡Aaaah! Aya.

Tumbo a Ai contra la cama, tomándola de ambas muñecas y entrelazando mis piernas con las suyas para que no escape.

– Esa no es la manera correcta de limpiarte, pero descuida, tu hermanita menor esta aquí para ayudarte y dejarte libre de sal.

– Aya – sonrojada, pero a la vez feliz.

– Pero antes…

– ¿Uh?

Me dirijo a sus labios y le doy un suave y cálido beso reafirmándole mi amor eterno y haciéndole saber que sin importar las circunstancias, los problemas o en nuestro caso, el parentesco, estaríamos juntas toda la vida y jamás dejaría de amarla, mi alma gemela, mi novia.

– Te amo, Ai.

– Aya… también te amo, Aya.

Me alegra oírlo – volteo a verla hacia abajo, hacia su ombligo – bueno, ahora sí me disculpas.

Suelto sus muñecas y me dirijo a agarrarla de los muslos, abriendo bien sus piernas y acercándola.

– Buen provecho.

– Aya… ¡Aaaaahh!

Continuamos haciéndolo todo ese día hasta que llegaron nuestros padres y entonces tuvimos una apropiada cena con ellos.

Nos tomamos de las manos por debajo de la mesa y me pongo a pensar en lo tonta que fui al querer estar lejos de Ai.

Al estar con ella, es el mejor día de mi vida.


Hasta esta historia de gemelas! Espero les haya gustado y las próximas, serán la última pareja de la New Gen, Nagisa y Rina :D

Mil gracias por leer esta historia y hasta la próxima, nos seguiremos leyendo c: