Resumen: Cuando crees que nada puede salir mal, descubres que siempre puede ir peor.O no. [02x05]
Declaraciones: "Gundam Wing" pertenece a Estudios Sunrise, yo solo me beneficio de los atractivos personajes y lo shippeables que son.
Este capítulo está basado en el prompt "Descubrimiento" y que fue propuesto durante una videollamada con Aelilim, Neutral y Enigmatek :D.
La entrega, por mi parte, está bien atrasada, pero les prometí a estas grandiosas personas que me esforzaría para continuar cultivando este precioso fandom junto a ellas, espero les guste esta pequeña locura jajaa!
Capítulo 1
La habitación en el cuarto piso de esa hostería es pequeña e impersonal, lo más barato y apartado que lograron encontrar en esa inhóspita ciudad, aunque ahora Duo Maxwell se arrepiente de haberla escogido, pues no resulta práctica cuando su compañero de trabajo se emborracha como lo ha hecho esta noche.
Luego de una misión que había salido terriblemente mal, Duo invita a cierto chino a pasar las rabias porque… vamos, era muy molesto fracasar en un encargo tan jodidamente fácil, tan fácil que hasta era ridículo de mencionar. Bebieron y despotricaron a diestra y siniestra, más Duo que Wufei, pero todo lo que hablaba el primero lo bebía el segundo y así fue como acabaron en esa situación…
―Puedo caminar solo…
―Sí, sí, Wufers, lo que digas.
―Estoy bien, bájame.
Duo no lo hace. Afianza más el agarre que tiene alrededor de las piernas del oriental y siente sobre su hombro el peso de él removiéndose y quejándose, medio golpeando su espalda, pero sin fuerza alguna.
―Vaya, vaya, quién te viera pensaría que tienes alucinaciones ―ríe Duo cuando termina de subir los peldaños hasta el cuarto piso, jadeando un poco. Le escucha gruñir entonces y ríe aún más, pero no se atreve a bajarlo hasta que puede abrir la puerta de la alcoba e ingresar completamente.
Apenas pone los pies en el piso alfombrado, Wufei se vuelve y le da la espalda, indignado por el trato tan poco honroso con que su colega ―y ya que estamos, amigo― lo ha traído. Y no, no está ebrio, en el pleno sentido de la palabra. Se siente lúcido y aún con la furia bullendo en su estómago y en sus puños, que no lograron golpear como se debía a un imbécil que le había tocado el culo en el bar. ¡El culo! El bar, en su muy humilde opinión, era un asco, la cerveza estuvo horrible y detestó toda la plática sin sentido que Maxwell hizo, pero el alcohol surtió efecto hasta que ese idiota se había atrevido a tocarle el trasero. Solo logró darle un puñetazo en la cara antes de que Duo lo tomara de las piernas y lo alzara sobre el hombro.
―No tienes que enfadarte conmigo, yo solo evité que nos pusieras en evidencia.
―Como si me importara ―gruñe con los brazos cruzados, acercándose a la ventana para observar entre las desgastadas cortinas.
―Eres la discreción en persona, Wu, me sorprende que digas eso tan a la ligera ―pero no se siente tan sorprendido la verdad. Se divierte un montón, sobre todo porque las mejillas de Wufei están coloreadas y le parece de lo más atractivo verlo de esa manera.
Se apoya al costado de la ventana, con una media sonrisa pintada en la cara, y busca su mirada. Aunque también está algo influenciado por el alcohol, Duo se siente con la paciencia suficiente para esperar… cualquier cosa.
―¿Qué? ―gruñe Wufei.
―¿Qué de qué?
―Tú dime, eres el que me mira como un idiota.
―Wow, el licor te vuelve soez… debería haberlo sabido mucho antes ―la mirada cargada de molestia hace que Duo alce las manos en señal de disculpa, sin dejar de sonreír―. Te vuelve muy sexy…
¿Sexy? ¿Maxwell ha dicho sexy?
Wufei va a protestar, por supuesto que va a hacerlo porque nadie puede decirle esas cosas. Es acoso, al igual que el manotazo en el culo que se había llevado esa noche.
Pero calla y observa fijamente el rostro del trenzado que, sin duda, se sabe atractivo, y lo resalta con esas sonrisas marca Maxwell que distraen a las señoritas por la calle y con ese largo cabello que se amolda perfectamente a su espalda. Es la definición de sensualidad cuando esos ojos violáceos miran fijamente, o cuando guiña.
―¿Qué haces? ―murmura de pronto, habiéndole visto guiñar un ojo con esa travesura tan propia de él.
―Nada.
―Sí, sí que lo haces…
―No. Estás borracho, alucinas.
Y ahí está otra vez el guiño acompañado perfectamente con esa sonrisa encantadora.
―El que está borracho es otro. ¿Por qué estás… coqueteándome?
―¿Te parece que lo hago? ―Duo se yergue y acorta la distancia que tiene con Wufei; le ve tragar saliva y tiene que relamerse los labios un poco cuando él se queda en su lugar, sin amedrentarse. Será toda una sorpresa si alguna vez lo hace―. ¿Resulta efectivo?
Ciertamente sí lo hace, pero Wufei jamás va a confesárselo en voz alta. Y quizás sí es culpa del alcohol, que le hace sentir la lengua perezosa, la cabeza un poco más pesada de lo normal y el cuerpo más inquieto.
Todo en el día había salido mal y lo que debió ser una noche tranquila, siendo cuidadosos para evitar que el resto de la misión se fuese a la mierda, la echó a perder cuando inició una pelea que capturó la atención de mucha gente en ese antro infernal.
Eleva un par de centímetros la mirada, pues Duo es un tanto más alto que él, y le enfrenta con la misma voz seca y molesta―. Deberías averiguarlo por ti mismo… si te atreves ―y levanta la ceja izquierda, retador.
Duo sonríe incrédulo, captando aquello como una invitación. La invitación que solo un hombre como Wufei Chang haría.
Y al diablo si está mal lo que va a hacer, porque ya no se aguanta las ganas, porque necesita sacar del cuerpo todas las frustraciones y deseos reprimidos. Porque el chino jamás le ha sido indiferente —a nadie podría parecerle indiferente porque él era un sujeto increíble— y bueno… justo ahora éste no hace nada por sacarle del error.
Se inclina rápido y sin dudar, atrapando los labios de Wufei en un beso demandante del cual no puede escapar, habiéndole encerrado entre sus brazos y el marco de la ventana.
Wufei duda por un segundo si corresponder el beso, porque… joder, se lo está dando uno de sus colegas, uno de sus amigos, uno de los pocos que considera como tal… y no besa nada mal el muy desgraciado.
Duo libera sus labios al darse cuenta de que Chang no se mueve y mira directo a sus ojos, sin perder la sonrisa burlona, esperando—. Mmm… ya veo, no te gustó de esta manera —desvía la mirada a los labios de Wufei y sonríe aún más, atraído por la sensación de peligro implícito. Sabe perfectamente que meterse con alguien como Wufei Chang puede ser contraproducente.
Aunque Duo, literalmente, siempre se ríe del peligro.
Está acercándose nuevamente a sus labios cuando el chino hace un amague, escapando por debajo de su brazo extendido y dejándole con la trompa estirada.
―El problema no es cómo besas, sino por qué ―dice Wufei, mirándolo fijamente. Duo no puede evitar la consternación cruzar su cara, sus labios se entreabren en una mueca difícil de copiar y que, en esta circunstancia, le parece graciosa a Wufei―. Me refiero al por qué estás coqueteándome en primer lugar…
―¿Significa que no te gustó?
―¿Quieres que lo admita?
―¿Quieres dejar de responder una pregunta con otra pregunta?
Ambos guardan silencio sin dejar de mirarse, pensando que el alcohol realmente debió afectarles porque no suelen ser tan incoherentes… al menos no Wufei, quien es el primero en suspirar y encaminarse hacia una de las camas, sentándose y rascándose la frente.
―De acuerdo… ahm, explícame, ¿tienes problemas con Yuy?
―¿Con Heero? ―la mueca en el rostro de Duo parece acentuarse, incrédulo―. ¿Por qué debes involucrarlo a él?
―¿Y por qué no?
―¿Vas a seguir, en serio?
―¡Me vale, Maxwell, sólo responde!
El turno de suspirar es del aludido, incómodo―. No entiendo a dónde quieres llegar. Creí que estábamos teniendo algo aquí… ―susurra coqueto mientras hace un gesto con los dedos entre él y Wufei.
―Maxwell, todos saben que existe algo entre Yuy y tú…
―Pues eso… ―la pausa que sigue es muy embarazosa, obliga a Duo a sentarse en la cama gemela que está frente a la de Wufei―. Nunca fue nada serio ―se encoge de hombros, restándole importancia―. No vale la pena recordar el pasado…
―Que yo sepa, no ha pasado ni una semana.
Duo chasquea la lengua y hace un gesto desdeñoso con la mano―. Detalles, Wufers ―éste rueda los ojos y Duo no puede evitar que una sonrisita traviesa se le escape―. Sólo era sexo casual. Un día sí, al otro también…
Una carcajada es rápidamente escondida tras un resoplido, que hace al castaño alzar una ceja. Wufei ahora está escondiendo los labios fuertemente apretados tras el puño de su mano derecha, como si con ello se pudiese ignorar la hilarante situación.
De alguna forma, saber que puede hacer reír a Wufei Chang, aunque sea en estado de ebriedad, le permite a Duo inflar el pecho de orgullo y fascinación, porque son contadísimas las ocasiones ―por no decir nulas― que le ha visto así.
―¿Y entonces? ―cuestiona el chino luego de un rato, enfocando la mirada en él―. ¿Por qué de repente estás tan interesado en esto?
Ahora Duo alza ambas cejas, en principio desconcertado, pero luego esboza su más clásica sonrisa de galán mientras cruza los brazos, prestando toda su atención a esos ojos rasgados y facciones firmes.
―No es de repente. Sólo no te has dado cuenta de lo mucho que atraes a los demás.
El turno para sorprenderse es de Wufei. Claramente, el licor ha desinhibido expresiones que, en condiciones normales, no demostraría, pero ha boqueado un par de veces… y a Duo se le hace de lo más interesante.
―¿Por qué? ―es lo que se le ocurre decir.
―¿Y por qué no? ―contrataca el trenzado, poniéndose de pie y acercándose al filo de la cama contraria―. Digo… ¿te has mirado en el espejo? Estás en buena… muy buena forma: tienes un abdomen imposible de ignorar y un trasero de infarto. ¡Eso te lo hizo notar el tipo del bar hoy! ―Wufei bufa, rodando los ojos; Duo se traga la risa―. Y, aunque no lo creas, tu personalidad es de lo más sugerente…
―Sugerente ―repite, parpadeando lento, saboreando la palabra en la lengua mientras se relame los labios en un gesto concentrado. Ciertamente, Wufei nunca se esperó descubrir tal cosa ese día, no después de toda la mierda que ya había tenido que soportar, pero lo tendría en consideración sin duda.
Duo, por su parte, no evita seguir el sinuoso camino rosado de una comisura a la contra con los ojos; debe reconocerse que siente sed de probar nuevamente esa parte y saborearla mejor. Si tan sólo…
―Así es, amigo mío ―le asegura y lo siguiente que hace, llevado por la tentación, es agacharse frente a Wufei y apoyar sus palmas en los muslos ajenos, atrayendo consigo la mirada inquisidora e intimidante de un guerrero oriental corto de genio―, por eso no debería sorprenderte que alguien como yo quiera meterse en tus pantalones.
El silencio que sigue se extiende por más minutos de los que a Duo le hubiera gustado. Tanto que llega a ser incómodo y amenazante, porque con Chang todo puede torcerse en un abrir y cerrar de ojos, especialmente ahora que el alcohol en el sistema ―o lo que quede en él― supone un elemento nuevo en la ecuación. Jamás se habían emborrachado juntos, y jamás habían compartido una situación tan intima, en que le había robado un beso sin siquiera una negativa por su parte.
¿Tiene oportunidad, entonces? Tal vez sí. No cree posible que la noche empeore todavía más.
Acepta el silencio y la falta de movimiento por parte de Wufei como la dichosa oportunidad, así que se inclina hacia adelante, sus manos deslizándose suavemente por los muslos del chino mientras hace coincidir su aliento sobre el exhalado por él.
Duo siente un retorcijón en el abdomen al notar de refilón los labios entreabiertos de su compañero. Casi siente ganas de devorarle la boca con desespero, pero se obliga a mantener la calma porque el primer beso, ―precipitado y ansioso, se admite― no pareció ser del gusto del otro antes. Quizás si ahora lo direcciona de otro modo…
No.
No, no, no… por favor….
―¡E-espera Wuu! ―exclama, intentando detener lo que sabe que pasará, pero no le es posible frenarlo a tiempo.
Duo lo supo apenas sintió las manos de Wufei atrapar sus muñecas y presionar lo suficiente para desequilibrarlo y casi girarlo sobre su eje en 180°.
Ahora está tirado en el piso gruñendo de dolor por la llave de defensa personal que le está aplicando: las poderosas piernas alrededor de su torso por debajo de sus axilas, quitándole el aire mientras sostiene sus manos por sobre su cabeza en una posición por demás dolorosa.
―¡Ok, vale! ¡Lo siento, Wu, me rindoooo! ―gimotea, medio pataleando aunque sabe que no sirve para nada―. ¡Vas a dislocarme los brazos, no es justo!
―Es para enseñarte a no tomarte atribuciones que no te corresponden…
―¡Sí, sí, ya entendí, ya entendí!
Tienen que discutir por otro minuto más para que Wufei por fin se digne a soltarlo, permitiendo que Duo se recueste en el suelo para recuperar el aire antes de siquiera preocuparse por el estado de sus hombros. Wufei aprovecha la instancia para acudir al baño para prepararse a dormir, sin mostrar mayor intranquilidad por su compañero.
Definitivamente debe cuidar cómo trata a Wufei Chang de ahora en adelante, reflexiona Duo, aunque la sonrisa bobalicona no desaparece de su cara pensando que tiene todo el tiempo por delante para, con un poco de suerte, descubrir cómo seducirlo y no morir en el intento.
