Date Night
Resumen:
One-Shot. Alumi entró a la universidad y ahora no tiene suficiente tiempo para pasar con Hana; o al menos eso es lo que él opina al respecto. Así que decide tomar la situación en sus manos y organizar un tiempo a solas del único modo en que nunca lo ha hecho: planeando una cita. Un plan perfecto en el que la única variable que no tomó en cuenta fue Alumi.
¡Hola!
Les dejo aquí una historia que es un One-shot, pero, debido a la longitud que tomó la historia, lo termine dividiendo en dos capítulos para facilitar su lectura.
La clasificación real de este Fic es M, por su alto contenido cítrico.
¡Espero lo disfruten!
Date Night.
Parte 1.
Una cita planeada.
Hana odiaba esperar. Era una de esas cosas a las que nunca se pudo acostumbrar del todo. Detestaba esperar por su turno en la línea del supermercado, le fastidiaba tener que esperar una eternidad para que la comida estuviera preparada, pero, más que nada, odiaba cuando tenía que esperarla a ella.
Tal y como estaba haciendo precisamente en ese momento; esperando por ella en el estacionamiento de la universidad, a la que Alumi había conseguido entrar siendo la séptima en la lista de aceptados. Hana estaba apoyado en la motocicleta de Alumi, con los brazos cruzados y el cabello alborotado cayendo sobre sus hombros. Estaba rumiando para sí mismo la rabia de tener que estar esperando desde hace quince minutos en ese lugar, preguntándose cómo diablos es que Alumi siempre tardaba tanto en llegar. Claro que, se hacía de la vista gorda, ignorando por completo que él era quien había llegado 10 minutos antes de la hora pactada.
Se sentía estúpido y nervioso, ansioso y con las palmas de la mano sudándole. Molesto por su propio nerviosismo, se cuestionaba ¿Por qué era que, aun después de 4 años juntos, seguía sintiéndose tan nervioso al salir en una cita con ella?
Se maldijo a sí mismo por sentirse como un chiquillo otra vez. No había mucha diferencia entre cómo se había sentido la primera vez que estuvo con Alumi a solas y ese preciso momento. Al verse en el reflejo de un auto que estaba enseguida, se maldijo nuevamente por ser tan obvio y fallar tan miserablemente en esconder la emoción que tenía por salir con ella. La ropa que se había tomado el tiempo en escoger, el cabello limpio y la loción que se le había ocurrido usar lo delataban por completo. Se cuestionó seriamente por qué había tenido que seguir el ejemplo de Ryu y sus malas enseñanzas sobre dar una buena impresión. Alumi no necesitaba eso, ella conocía todo de él, incluso lo más atemorizante.
Estaba en medio del arrepentimiento más grande de la historia, hasta que alcanzó a escuchar unas pisadas que reconocería en cualquier parte del mundo. Volvió su rostro hacia la puerta del edificio frente a él y vio a la chica que podía llamar prometida caminando con paso rápido hacia él. Lucía encantadora, con sus botas blancas que llegaban hasta los muslos, una falda negra diminuta de tablas y una camiseta que dejaba expuesto su abdomen y ombligo. Ella le saludaba desde la distancia, moviendo la mano y mostrando una gran sonrisa. Hana sintió como dentro de su pecho, su corazón se alborotaba latiendo con más fuerza, un nudo se le formó en la garganta y en lugar de saludo le salió un:
- ¿Por qué te tardaste tanto? - que sonó más como un gruñido mientras trataba de ignorar la exaltación que sentía.
Deteniéndose frente a él, la sonrisa de la muchacha se desvaneció. Se cruzó de brazos observándolo con un aura mortal redondeándola.
- Hola para ti también, imbécil – Le dijo mordazmente.
Lo miraba directo a los ojos con el gesto adusto endureciéndose más con cada segundo que pasaba. El shaman tragó saliva, sabiendo perfectamente que es lo que vendría si no corregía sus palabras.
- Hola Alumi, gusto en verte – farfulló.
Satisfecha con el nuevo saludo, ella sonrió, radiante, para después acortar la distancia entre ambos, colocó sus manos en el pecho del muchacho y poniéndose de puntillas, le besó en los labios. Fue un beso fugaz y casto, apto para todo tipo de audiencias. Alumi no parecía disgustada en absoluto. Con ese simple gesto Hana supo que ella había descifrado por qué había terminado ladrándole en lugar de saludarla cuando la vio. Como era esperable de ella, no lo dejó pasar un segundo más.
- ¿Me extrañaste? – Le preguntó con sorna, abrazándolo del cuello sin preocuparse por nada.
Hana observó sus ojos azules, pensando en qué responder, decidiéndose al final por no decir nada. No tenía caso hacerlo; ella ya lo sabía. Así que evadió la pregunta rodeando su cintura con firmeza y levantándola del piso ligeramente para poder besarla, sosteniéndola así entre sus brazos. Ella se separó ligeramente, y le dedicó una mirada dulce.
- Bien – se soltó de su cuello y dio unos golpecitos en sus hombros para que la soltara – Así que, una cita, ¿eh? – Hana la depositó en el suelo y fingió no estarla escuchando, odiaba que ella lo tratara de molestar con todos los pequeños detalles que encontraba. – Entonces… ¿A dónde te llevo?
- ¿Qué? ¿Llevarme? ¿Tú a mí? – le cuestionó.
- Bueno, sí – la rubia se encogió de hombros – Es mi motocicleta ¿no?
- Pero… Pero … - tartamudeó el shaman – ¡Si yo te invité!
- Y no tendría que preguntarte a dónde te llevo si tan sólo me hubieras dicho el nombre del cine al que vamos.
- ¡Claro que no! ¡Yo dije que te invitaba a salir!
- Y yo dije que yo manejo – dijo subiendo a la motocicleta y colocándose el casco. Le extendió el otro, y sin agregar nada tomó el manubrio, esperando a que su prometido tomara su lugar detrás de ella.
- Pero.. Pero.. – volvió a tartamudear Hana, confundido.
Diez minutos después, él estaba abrazado a la cintura de Alumi, quien conducía la motocicleta a gran velocidad, esquivando automóviles y tomando callejones para acortar la distancia. La función del cine comenzaba a las 7:25 de la tarde, y ya eran las 7:10, aún se encontraban un tanto lejos. Sin embargo, Hana no estaba pensando en eso. Estaba concentrado en rumiar incoherencias sobre lo mucho que le molestaba no estar conduciendo en esa cita, protestas que tenían sin cuidado a la joven conductora. El shaman renegaba de ser el pasajero y la forma de manejar de Alumi. En especial, porque no era "su" forma de conducir, sino la de un espíritu de un soldado que se mantenía atascado en esa vieja motocicleta. Desde que la conocía, la itako jamás se había molestado por aprender a conducir la motocicleta que cuidaba con esmero, se limitaba a realizar la posesión de almas con Hans cada maldita vez que ella tenía la necesidad de trasladarse de un lugar a otro. Hana era comprensivo hasta donde podía, ya que entendía que cuando ella tenía 14 años no era ni siquiera legal que estuviera encima de ese vehículo motorizado, ¿pero ahora? A sus casi 20 años seguía recurriendo a la misma técnica de siempre, y por tanto Hans seguía conduciendo. Era simple flojera, en su opinión. Incluso se llegó a enterar que la americana había tenido el descaro de ir a obtener su licencia de conducir y tomar la prueba de manejo, con Hans incluido. ¿No era eso hacer trampas? En su opinión, así era, y le parecía bastante injusto, incluso hipócrita. ¿Cuántas veces no lo había reprendido Alumi por sus dudosos métodos de estudio durante los años de preparatoria? ¿Cuántos golpes mortales le había propinado la chica solo por saber que no había estudiado para un examen? ¿Y ella? Alumi severamente por todas sus triquiñuelas, pero ella había hecho exactamente lo mismo. Y eso lo hacia enfadar.
No obstante en ese mismo momento, lo que más lo sacaba de sus casillas era que, si Alumi conducía con Hans como copiloto, entonces él no estaba precisamente a solas con ella. Y eso era lo que más le fastidiaba de todo el asunto. Había estado planeando esa cita por tres semanas, tres largas semanas en las que no se había atrevido a interrumpir sus estudios porque se encontraba en temporada de exámenes y donde, en contra de lo que le dictaba su instinto de querer estar con ella, la dejaba lidiar con sus problemas por sí misma. Su Alumi siempre había sido una chica fuerte e independiente. Y él estaba tratando de ser un buen novio, o al menos ese consejo le había dado Yohane. Aun así, estar abrazado a la cintura de Alumi/Hans, no era para nada lo que estaba esperando. Siguió refunfuñando el resto del camino, hasta que su novia lo codeó y le reprendió por su mala actitud.
Llegaron a tiempo al cine, justo con algunos minutos extra para no tener prisa de comprar los boletos ni las palomitas. Caminaron, lado a lado, hasta la taquilla, en donde Hana se adelantó. Esto sí formaba parte de su plan. Con antelación había escogido ese cine pues estaba proyectando una película de terror que estaba haciendo furor con las críticas, con bastantes escenas de sustos inesperados para espantar al más valiente. Era la película perfecta, justo lo que estaba buscando, pues se imaginaba que con tantas escenas de ese tipo Alumi se espantaría y saltaría a sus brazos en busca de protección, que temblaría en sus y se sentaría en su regazo, que él podría demostrarle que podía confiar en él y ese sería el momento ideal para abrazarla y besarla en la oscuridad del cine; asegurarle que estaba ahí para ella. Después podría invitarla a algún lugar lindo, de preferencia una habitación de hotel, el como finalizaría la velada era algo que ansiaba después de tres semanas sin acariciarla.
El muchacho sacó su billetera, dispuesto a ordenar dos entradas para la sala 3, en los asientos más alejados de la pantalla donde nadie los molestaría. Sin embargo, Alumi tenía otros planes; sin tomarse un sólo momento para pensarlo, solicitó dos entradas para la sala 8, en donde proyectaban una película de comedia romántica. Esas películas que tienen una premisa tonta, en la que los dos protagonistas (que son absurdamente atractivos), se conocen y se odian al instante y que, por razones del destino (o mejor dicho del guionista), terminan conviviendo sólo para enamorarse. Un pretexto de trama.
- ¡Oi! Espera! – Le dijo a Alumi, haciendo una seña con la mano para que la señorita no moviera nada en su pantalla de ventas. – ¡Esa no es la película que escogí!
- Esa es la que quiero ver. Me gustan esas películas, son divertidas
- Pero… ¡No! – dijo Hana, irritado, dividiendo su atención entre la empleada que vendía las entradas y su novia que estaba ahí, desafiante. - ¡No queremos ver esa película! ¡Queremos la de la sala 3!
- Debes estar bromeando – respondió la chica – Odio esas películas, y lo sabes.
- ¿Miedosita, eh? – la molestó Hana.
En su cabeza, molestarla era lo mismo que coquetear.
Alumi no compartía esa idea, ese día por lo menos. Le regresó una mirada elocuente, cruzándose de brazos y estirando su cuello para parecer más alta, aunque era inútil, Hana le sacaba una cabeza de altura por lo menos.
- Sabes muy bien que detesto el cine de terror –le dijo cortante – Además, si no mal recuerdo, tú me invitaste a una cita… y de donde vengo, en una cita lo correcto es que la chica escoja la película.
La señorita, con su uniforme azul del cine, los miraba aburrida. Seguramente le pasaba más seguido de lo que uno creería; ver parejas que van a divertirse y que terminan peleando desde el segundo en que llegan al lugar.
- ¡Ese no es el plan que yo había hecho para esta noche! –se quejó escandalosamente Hana. Estaba rabioso, como siempre, Alumi lograba sacarlo de sus casillas fácilmente– Yo no quiero ver una tonta película para chicas.
- Y yo no voy a ver ninguna película de terror –afirmó de forma contundente. Luego miró a la encargada y repitió la orden– Dos entradas para la función de las 5:30 en la sala 3, por favor.
La encargada, notando el aire amenazador de la chica, vendió rápidamente las entradas para indicarles el precio a pagar. Alumi le dedicó una sonrisa traviesa a Hana, quien sacó su billetera resignado y pagó.
Enseguida se dirigieron hacia la dulcería y compraron varias cosas. Alumi, una vez más, hizo lo que quiso y ordenó un hot-dog, un helado, un refresco y otras tantas cosas. Sin duda, ahora Hana estaba en bancarrota, era como si su prometida hubiera buscado comprar golosinas hasta dejar su cartera con poco más que pelusas.
Entraron a la sala justo a tiempo y se acomodaron en las butacas. La itako se acomodó, cruzando las piernas y tomando una de las golosinas, así mismo depositó el bote de palomitas en las piernas de Hana para que él las cuidara. Ella parecía encantada con todo el asunto, pero Hana solamente la miraba con un puchero en los labios, con un pensamiento intruso diciéndole que, en su regazo, debería estar Alumi, no esas estúpidas palomitas. Las tiraría, pero ahí se había ido el ahorro de las últimas dos semanas.
La película comenzó y tenía toda la pinta de ser esas películas que él odiaba tanto, con una historia predecible, donde las situaciones en que se encontraban los actores parecían muy forzadas y el romance era de lo más cursi. Estaba sentado, con las palomitas en su regazo, y apoyando el codo en el descansabrazos, buscando así soporte para su cabeza. Esto no era nada de lo que tenía planeado, pero al menos su novia parecía entretenida. Su rostro tenuemente iluminado por la pantalla le dejaba ver la gran sonrisa que tenía y cómo estaba disfrutando de todas las cosas que había comprado para ella. Volvió la vista a la pantalla, resignándose.
Sólo en ese momento notó que el tono de la película había cambiado. Los actores estaban en pantalla, mirándose intensamente, en una habitación iluminada por velas. Hana tragó saliva, sabía bien a donde iba esto, extrañamente incómodo ante la situación, se removió en su asiento buscando separar la mirada de la pantalla. Golpeó el bote del refresco con el codo y lo detuvo gracias a sus reflejos, pero… hubiera deseado no haberlo hecho…
Así al menos, no hubiera notado las acciones de su novia.
A su lado, la muchacha había decido comer el cono de nieve de vainilla que había elegido. Le quitó lentamente el papel envoltorio y con la punta de la lengua lo probo. Después, Alumi dirigió sus espectaculares ojos azules hacía el rostro del shaman, mientras que daba una leve mordida al postre. Sonrió mostrando sus dientes parcialmente. Hana supo en ese momento que estaba perdido, no habría salvación ni escapatoria para lo que sea que esa mujer diabólica a la que llamaba prometida pretendía hacer en ese preciso momento.
Congelado en su posición, Hana observo como ella, complacida con haber obtenido la atención total del joven, volvió a dirigir su atención hacia la pantalla y continuó con la forma sugestiva en que disfrutaba de la golosina helada; ignorándolo deliberadamente a su novio que seguía cada uno de sus movimientos con la boca ligeramente abierta. Tratando de recuperar la poca compostura que le quedaba, Hana pensó en volver a poner atención a la película, pero fue capaz: era hipnótica la forma en que Alumi disfrutaba del helado de vainilla, como la dulce crema blanca le manchaba los labios, como lamía con la punta de su lengua, saboreando gustosa su postre; de un modo que él solamente podía nombrar como seductor. Tragó saliva y apretó los ojos, obligándose a dirigir la atención a la película, pero esta tampoco ayudaba. En la pantalla estaba esa escena llena de miel en que la pareja por fin cede a sus sentimientos, besándose, acariciándose y desnudándose. Estaba atrapado. Y algo en su entrepierna concordó.
De manera automática, su rostro se dirigió hacia la rubia que continuaba entretenida con su golosina y continúo mirándola, incapaz de ver esa acción como algo rutinario. Era sugestivo en todos los sentidos y su imaginación hizo de las suyas, pues ideas y fantasías locas brotaron en su mente, todas ellas involucrando a Alumi y su lengua experta. Su corazón se había comenzado a acelerar, y podía sentir como latía en su pecho, dejándole la garganta seca. Trató de separar sus ojos de la visión de su novia, pero no podía hacerlo, y el que ella le dirigiera miradas cargadas de complicidad solamente lo volvía más difícil de manejar. Sus ojos azules lo miraban anhelantes con cada mordida que daba al helado.
Finalmente, la escena de la película cambió, pero la actitud de su novia permaneció. Acomodándose cerca de él, acercó el helado hasta la boca de él boca y le preguntó:
- ¿Quieres una lamida?
Los pantalones de Hana se sintieron inmediatamente ajustados y la sequedad de su boca solamente empeoró. Estaba seguro de que Alumi estaba jugando con él al haber seleccionado previamente esas palabras, a pesar de que el rostro de la chica se mostraba inocente y dulce.
- ¿Ahora? –su voz sonaba grave y rasposa.
- Sí, ahora –susurró en su oído. La muchacha se acomodó cerca de él, para acercar sus labios a la oreja del shaman, un acto con el cual él podía sentir sus pechos presionados en su brazo – Si no, se va a derretir.
- ¿Derretir? ¿Qué? –dijo Hana y volvió su rostro para verla mejor. Se aclaró la garganta, preguntándose si la había escuchado bien.
- El helado… -lo levantó nuevamente para que quedara frente a él– Se va a derretir.
La entrepierna del muchacho no le dejaba concentrarse por completo en lo que su novia acababa de decir, su miembro pulsaba dentro de sus pantalones, impidiéndole pensar con claridad. Ella rio brevemente y se inclinó para morderle el lóbulo de la oreja, mandando un escalofrío a lo largo de su espina dorsal. Ella estaba haciendo esto a propósito dedujo Hana. Mirándola enfadado, sostuvo la mano de la muchacha y dio una gran mordida al helado. Ella se rio burlonamente ocultando su voz con la mano libre. Una vez hecho esto, se sentó apropiadamente y dedicó toda su concentración en los diálogos de la película.
Si bien a Hana no le interesaba la película desde un principio, ahora la dureza dentro de sus pantalones le impedía siquiera pretender que estaba poniendo atención. Cada vez que aparecía un beso en pantalla, solamente pensaba en los labios de Alumi. Cerca del final de la película, cuando la protagonista huía llorando en la lluvia, Alumi se reclinó sobre su pecho, rodeándolo con el brazo derecho.
El shaman tomó su oportunidad, acomodó su rostro en el cuello de Alumi, y olfateó su perfume floral, sólo para comenzar una serie de besos delicados que trazaban una línea desde su hombro hasta su oreja, donde mordisqueó el lóbulo de la chica. Ella se removió en su lugar e inconscientemente ajustó su postura para darle espacio al muchacho; él continuó besándola, dirigiendo besos rápidos en sus mejillas hasta que llegó a sus labios, los cuales aún tenían el dulce sabor de vainilla que el helado le había dejado. Le correspondió distraídamente. En cierto modo, esto es lo que había estado esperando el joven, y sin desperdiciar un solo segundo acercó su mano derecha al muslo de ella, recorriendo con la punta de sus dedos la suave piel de sus piernas torneadas, buscando llegar al lugar más íntimo. Ella separó ligeramente las rodillas, mientras mordisqueaba los labios de su novio. Él se apartó ligeramente, retomando un poco de aire y calmando su corazón que latía acelerado, casi lo podía escuchar en sus propios oídos. Con la mano libre rodeó por la espalda a la rubia en tanto que, lentamente, emprendía el camino con su otra mano para llegar a su centro. Ella súbitamente le empujó, terminando así el beso y cruzó las piernas, rehusándose a ceder un centímetro más.
Hana se detuvo en seco, aunque su cuerpo le decía que siguiera y sus manos cosquilleaban por continuar las caricias en esa piel que anhelaba. Buscó el rostro de su prometida en medio de la oscuridad, solo para encontrarlo con una expresión furiosa..
- Ahora no, Hana –lo regañó Alumi en voz baja.
- ¿Qué? –le dijo con la voz un poco ronca, observándola confundido.
- Yo sí quiero ver la película –lo reprendió nuevamente.
Dicho esto, se acomodó en su lugar con las piernas cruzadas y los ojos fijos en la pantalla. Algo dentro de Hana, muy probablemente su poca paciencia, comenzó a hacer las maletas. No entendía nada de lo que estaba pasando. Se ponía esa ropa que sabía que él no podía resistir, lo seducía, jugaba con él, lo tenta y le besaba, ¡¿Y luego nada?!. Como pudo guardó la poca compostura que podía, arrellanándose en su butaca, preguntándose qué estaba haciendo mal y por qué Alumi se comportaba como si no tuviera ganas de estar con él. ¿Por qué diablos una película cursi era mas interesante que él?
Lo peor de todo no eran sus dudas, sino la maldita rigidez dentro de sus pantalones que demandaba atención y que solamente le hacía sentirse incómodo e incapaz de encontrar una postura confortable. Por dentro ardía en deseos de que la cita hubiera tomado lugar en un Love-Ho, pero tenía que ser un estúpido (un romántico de closet le había llamado Yohane en una ocasión), al que en secreto le gustaba hacer feliz a su novia. Y es que aunque podía pasar a visitarla con frecuencia la cercanía física no había sido la misma; desde que Alumi se había mudado, los encuentros habían ido menguando en frecuencia, y dentro del departamento las caricias nunca llegaban a algo más, dejando a Hana con un hábito de autocomplacencia después de cada visita
De forma imprevista para Hana, que no había puesto la más mínima atención a la función, las luces se encendieron. Alumi se puso en pie y extendió su mano para sacar de la sala al enojón de su prometido. Ella parloteaba sobre la película alegremente, con una sonrisa radiante como el sol, pero Hana no podía concentrase en ninguna de las palabras que pronunciaba. Se sentía inquieto. La tomó de la cintura, justo antes de dar la vuelta en uno de los pasillos del cine y sin previo aviso la sujetó firmemente contra la pared, reduciendo al máximo la distancia entre ambos. Pensó en decirle cómo había estado esperando ese día para estar juntos, y cómo se estaba volviendo loco por quitarle la ropa en cuanto estuvieran lo suficientemente solos, pero las palabras se le atoraron en la garganta. Hana no era una persona que tuviera el don de la expresión. Ella simplemente lo besó en la punta de la nariz y se deshizo de su agarre, burlándose de él y su indecisión.
Alumi tomó su mano, para indicar el camino, anduvieron por el centro comercial pero Hana no puso mucha atención a lo que había a su alrededor. Malhumorado, estaba sumido en sus pensamientos. Se cuestionaba la extraña actitud de la muchacha, por qué había hecho todas esas cosas ese día. Actuando en contra de su naturaleza, dedicó mucho tiempo a esto. Él había tomado todo en cuenta, delineado el plan a la medida e incluso lo había conversado con ella para asegurarse de que todo fuera placentero para los dos. Ella concordó e incluso dio sugerencias.
Pensó en todo con antelación, arregló el medio de transporte y habían estado de acuerdo en que él manejaría, le comentó sobre la película que elegirían y qué harían en lugar de verla, incluso sobre el dinero extra que llevaría si consideraban que era necesario alquilar una habitación en algún love-ho. Pero ¿Ahora? Ahora había todo salido al revés, ahora estaban caminando por el estacionamiento, sin haber logrado nada de lo que planeaba y sin dinero por comprar tantas golosinas en el cine.
La rabia, su vieja amiga, se comenzó a aglomerar en su sangre, causándole un incipiente dolor de cabeza. Se recriminó a sí mismo una vez más: Él había tomado todo en consideración.
Él había… considerado… todo ¿o no?
Una campana imaginaria sonó dentro de su cabeza, como un gong que le llamaba a abrir los ojos y darse cuenta de lo que ocurría a su alrededor. El joven dirigió su mirada a la belleza que caminaba a su lado, mirando distraídamente el entorno.
Hana había considerado todo, excepto por una sola cosa.
Una sola variable que no contempló en su plan original y que había dado por sentado.
Un pequeño y único detalle que tenía la apariencia de una rubia de figura seductora y actitud maliciosa.
"¡Eso es!" pensó mientras llegaban cerca de la motocicleta y ella soltaba su mano "esa maldita chiquilla hizo todo esto para arruinarme la noche"
Y tenía lógica si lo pensaba con cuidado. En su emoción, había olvidado por completo que una de las cosas que Alumi tenía por hobby era irritarlo siempre que podía; le divertía torcer las cosas para salirse con la suya y siempre que tenía la oportunidad al alcance de sus dedos, la tomaba si era para su propia diversión. La maldita embustera había acordado a todos sus planes maravillada, había comentado sobre la película de terror con buenas críticas, le insinuó que debían comprar únicamente las entradas para así darse un tiempo en una habitación temática, le había sugerido el regresar a la pensión para dormir juntos y desayunar tranquilamente, le había sugerido incluso que él podía conducir para ella abrazarle durante el trayecto. ¡Ese demonio tramposo! ¡Esa maldita farsante! ¡Todo este tiempo, ella trazó su propio plan a sus espaldas!
Mientras ella abría el pequeño maletero de la motocicleta para sacar los cascos, una luz nueva iluminó a su prometida; una de tono maquiavélico. Todas las piezas del rompecabezas habían embonado. Seguramente, Alumi lo había visto tan animado que ella no pudo resistirse a meter el pie en el plan sólo para exasperarlo
"Te descubrí" pensó Hana mientras apretaba los puños.
- Oye, Hana –le dijo con una voz dulce- ¿Todo bien? Te ves un poco enfadado.
La dulzura de su sonrisa conjugado con su voz sarcástica fue toda la confirmación que necesitaba para sus sospechas.
"Eres un demonio con minifalda" rabió para sus adentros el shaman.
- Estoy bien –refunfuñó– Fue una película odiosa
- Por un momento parecía que estabas disfrutando la película –su voz era taimada, con un dejo de condescendencia– Incluso llegué a pensar que te habías excitado un poco por ella, ¿sabes? Eso parecía.
"Vas a arrepentirte de esto, Alumi Niumbirch" afirmó para sí mismo.
- Si pensaste eso, entonces, por qué ignorarlo, ¿eh? –masculló el joven.
- Estaba disfrutando de lo que veía –respondió inocentemente Alumi, le guiñó un ojo rápidamente – Quería esperar para ver que tal estaba, ya sabes… si la película valía la pena.
Alumi era una experta en presionar todos sus botones en el orden apropiado para que perdiera el control de sí mismo, y con esa voz melosa lo había conseguido. La paciencia de Hana se puso el sombrero, cerró la maleta y se fue por la puerta principal. Y en su lugar, entrando con fanfarrias llegó la ira, que sintiéndose cómoda y bienvenida, que se alojó poco a poco. ¡Esa rubia se las pagaría caro! ¡Todo había sido para su diversión personal a sus expensas!.
Sintió cómo se formaba un nudo en su garganta rogándole por desahogar la frustración a gritos, recriminándole, desesperada por vociferar como había descubierto el plan que ella había urdido; impaciente por acabar con la diversión que había planeado para sí misma. Pero él sabía mejor que nadie que era mejor tragarse esa rabia, después de todo, eso era lo que su bella prometida estaba esperando solo para poder carcajearse a sus anchas y en su cara. No, no valía la pena terminar de perder los dos gramos de autocontrol que todavía le quedaban, ya que, tarde o temprano, él tendría su revancha.
- Además –continuó la muchacha, dejando el casco en un lado– Puedo compensártelo
- Sí, claro –bufó Hana, mirándola por el rabillo del ojo, cruzando los brazos para contenerse lo mejor que podía– Como si pudieras
Alumi se sentó en la motocicleta, ambas piernas en el mismo costado, apoyando la punta de los pies para mantener el equilibrio. Estiró el brazo y lo jaló de la playera para acortar la distancia. Acto seguido, acarició la mejilla de su prometido, mientras acercaba el rostro al de él.
- Te diré mi sucio secretito –musitó, mientras la sonrisa traviesa volvía a dibujarse en su rostro. Él cedió (muy a su pesar), extendió los brazos a los costados de ella y se acercó a la chica un poco más, permitiendo que ella pudiera decir lo siguiente junto a su oído– No estoy usando ropa interior.
La ira retrocedió un poco, para abrir paso a la curiosidad a la excitación.
Hana se sonrojó e intentó de encontrar en su semblante algún rastro de que estaba jugando con su cabeza de nuevo, pero ella no se retractó ni ruborizó, sus ojos le devolvieron la mirada. Tuvo entonces la certeza de que Alumi estaba diciendo la verdad. Tragó saliva e inspiró hondamente mientras colocaba su mano derecha entre ambas rodillas de la itako, atreviéndose a deslizarla cuidadosamente por la parte interna de los muslos de la chica, perdiéndose debajo del bordecillo de la minifalda y encontrando que, efectivamente, debajo de esta prenda no había nada que no fuera su piel suave y tersa, su sexo cálido, expectante.
El muchacho sonrió, complacido, al tiempo que en su mente se formaba una idea un tanto difusa sobre lo que debería hacer ahora. Intentó besarla nuevamente, pero ella le rechazó girando su cabeza y removiendo los dedos intrusos bajo su ropa. Un destello de lucidez titilo dentro de la mente de Hana.
… Tenía un nuevo plan…
