Nota: Este capítulo es continuación directa del anterior, sucede en la misma tarde en que fueron al cine.
Date Night
Parte 2
Una Cita Improvisada.
- Vamos, te llevaré a casa –dijo ella, con una voz resplandeciente.
Se volvió para buscar en el asiento las llaves que estaba segura de que había dejado ahí hace tan sólo unos segundos solo para no encontrarlas. Se asomó por el costado del vehículo, revisó por el otro lado, con la mirada escaneó el asfalto del estacionamiento, pero no estaban en ninguna parte. En su rostro apareció un dejo de angustia ante la idea de haberlas perdido en un descuido. Luego tomó su bolso, segura de que probablemente las había devuelto ahí en un acto reflejo a causa de la costumbre. Revolvió el contenido, maldiciéndose en voz baja por tener tantas cosas inútiles en él, desde tickets de compra hasta labiales que realmente no le gustaban mucho. Justo cuando decidió que la única solución que quedaba era vaciar el contenido del bolso en el aparcamiento, fue cuando escuchó la risa de su prometido a sus espaldas. Alumi giró su rostro para encontrarse con un Hana que agitaba el llavero ante su rostro.
- ¡TÚ!
- Sí, ¡yo!–con aire de autosuficiencia plagando su semblante – Y no estoy dispuesto a que me den un aventón esta noche. Yo voy a ser el que maneje ahora.
- ¡Claro que no! ¡No puedes manejar, ni siquiera tienes una licencia!
- Pero, a diferencia de ti… yo sí se conducir –le dijo, y le alborotó el cabello mientras se subía a la motocicleta y colocaba la llave en la ignición– Así que ¿Quieres que te lleve a tu apartamento o a mi casa, dulzura?
Alumi puso los ojos en blanco, con las manos en los costados. Miró al cielo como rogando a Dios por que algo sucediera, pero como nada pasó, terminó por rendirse. Se puso el casco que le ofrecía Hana y se apeó detrás del joven, rodeándolo con sus brazos.
- A mi casa, por favor –rezongó.
El cielo se había tornado de suaves colores naranjas y rosados, la noche no estaba lejos. Hana volvía su rostro de cuando en cuando para ver a Alumi, quien se asomaba por encima de su hombro, pegándose a su espalda. Parecía molesta por no salirse con la suya, pero Hana se encontraba en el otro extremo, sin ninguna clase de remordimiento y luciendo una sonrisa socarrona. De cuando en cuando su prometida se replegaba aún más a su espalda, sobre todo cuando pasaban por un borde irregular; con lo que Hana era cada vez más consciente de cómo sus pechos terminaban cada vez más contra su torso, casi podía reconocer la forma de ellos. Estaba casi seguro de que no llevaba un sostén, aunque, dejo divagar su mente en ese pequeño debate. El familiar cosquilleo en su entrepierna se hizo presente de nueva cuenta, y aunque trató de ignorarlo era difícil de lograrlo. La rubia, descendiente de los Parche, había conseguido hacer un buen trabajo despertando sus instintos a lo largo del día, alborotando cada fibra de su cuerpo y causando agitación a sus desbocadas hormonas; sin darle más que besos tiernos que no bastaban para calmar la fiebre. Provocando que la palpitación que sentía fuera más que un cosquilleo, sino que era más bien una ligera punzada un tanto dolorosa.
Teniendo esto en mente, había trasado ese plan improvisado con el que Alumi no podría contar.
Sin previo aviso, dio vuelta a la izquierda en una calle que estaba cercana al apartamento de Alumi, y siguió el camino que unos días antes había conocido mientras caminaba sin rumbo, haciendo tiempo para que Alumi llegará a su casa y le abriera la puerta. Era unas cuantas calles pero debido a la similitud entre todas ellas, sería fácil despistar a la muchacha. Sonreía para sus adentros, imaginando la cara de sorpresa que debió haber puesto al dar la vuelta sin dar ninguna explicación previa, lo podía deducir por la forma en que le apretaba sus costillas.
- ¡Oi! ¿A dónde me llevas?
- A un lugar bonito –le contestó sin dudar.
- Pero… –su voz dejaba entre ver que estaba insegura. Aunque sabía que estaban cerca del departamento, era incapaz de nombrar las calles por las que transitaban– No dijiste nada de esto
- Ah, ¿no? -preguntó Hana, encogiéndose de hombros– Debí haberlo olvidado.
Aunque moría por ver la cara de Alumi para poder burlarse de ella a sus anchas se abstuvo. Este giro en su plan original era todo lo que necesitaba para borrar la sonrisa tramposa de su prometida. Y para que la cita le resultara más divertida a él mismo. A veces, encontraba entretenido sacarla de su zona de confort, ponerla nerviosa por un rato, al menos era un buen cambio de roles de vez en cuando.
- Claro que no, esto lo estás improvisando. Te conozco mejor de lo que piensas –le reprendió mientras le pellizcaba el abdomen.
"Eres una maldita sabelotodo" la maldijo Hana en su mente.
- Claro que no –gritoneó Hana– Si insistes pensar eso, es tu decisión.
- Espero que sepas lo que estás haciendo.
- Oh, nena ¡Sí lo sé!
No tardaron mucho en llegar a un pequeño parque, lleno de árboles, pasto verde y arbustos decorando el camino empedrado que circundaba el terreno. En el centro, se encontraba un pequeño estanque artificial, que estaba rodeado en algunos segmentos por largos juncos. Estaba iluminado por lámparas altas que acompañaban el pequeño sendero. Hana se estacionó y la invitó a dar una caminata por el parque, fingiendo indiferencia. El sol estaba despidiendo los últimos rayos del día, mientras que las farolas se encendían una a una.
Caminaron tomados de la mano, sin decir nada. Alumi miraba fascinada el pequeño parque y los arbustos que lucían unas florecillas azules de aroma encantador, sonrió al notar el destello tenue de unas pocas luciérnagas. Por su lado, Hana buscaba con la mirada el pequeño rincón que tenía en mente cuando iba conduciendo. Estaba seguro de que lo había visto en ese parque y que era perfecto para lo que su plan maquiavélico le dictaba. Era un espacio con flores y pasto suave, rodeado de arbustos de hortensias, un lugar que Alumi encontraría encantador y él lo suficientemente privado. Cuando por fin lo divisó en la distancia, un poco oculto debido a que la luz de las farolas lo alcanzaban a medias, decidió que era el momento perfecto. La miró con detenimiento, saboreando la vista que le daba el escote que había decidido utilizar ese día.
- Eres la tentación encarnada –le dijo.
La rubia se rio ante su comentario. Por su expresión, podía saber que la rubia había estado esperando toda la tarde por ese comentario, haciendo todo lo que podía para molestarlo, frustrarlo e incitarlo. Era un pasatiempo que ella había practicado con frecuencia desde el momento en que se conocieron.
- ¿Lo notaste? –le contestó.
- Es difícil no darse cuenta –Hana se encogió de hombros– Sobre todo cuando me excitas sólo estando a mi lado.
Su sonrisa fue perversa. Dio una mirada rápida al resto del parque y soltó la mano de la muchacha, sólo para dirigirla hacia el trasero de ella y darle un buen apretón, sintiéndose encantado por la forma y firmeza que estaba en su mano. Ella se sobresaltó un poco, sorprendida por la acción, miró rápidamente a su alrededor para confirmar que nadie los había visto y le dedicó una mirada mortal a su prometido, él cual actuó de lo más normal, como si no hubiera hecho nada. El shaman se encogió de hombros para después rodearla de la cintura con su brazo. La itako entrecerró los ojos un poco, dudado sobre si matarlo en ese mismo momento o esperar a llegar a casa.
- Aquí no, Hana –le espetó en un murmullo para evitar que cualquier otro transeúnte se diera cuenta. Una pareja paso a su lado pero no reparó en ellos.
- ¡Ah! Así que tú puedes hacer esas cosas en el cine, pero yo no – le reprochó Hana- ¡No es justo!
- Disculpa, pero yo no hice nada así en el cine –trató de sonar seria y ofendida, pero la risa le ganó.
Se veía realmente divertida, disfrutando de causar estragos en la mente de su prometido. Hana pensó, que esa parte de vivir bajo el mismo techo no era precisamente algo que extrañara. Ella que iba a andar entendiendo sobre las penas que le había causado, de la incomodidad de una erección atrapada en unos pantalones ajustados, de la dificultad para esconderla, la vergüenza de que alguien notará el bulto entre sus piernas, o el dolorcillo que se quedaba si la erección no recibía la atención adecuada. Y tampoco podría imaginar el autocontrol del que hizo acopio para manejar, sintiendo sus senos en su espalda y sabiendo que no estaba utilizando panties.
Respiró hondo para calmarse, para después tomarla de la mano, la dirigió hasta el lugar que había encontrado hacía unos minutos. Era un pequeño rincón en el que la luz de las lámparas llegaba difícilmente, con un árbol de ramas bajas y copa ancha, rodeado de una muralla de arbustos de hortensia cuyas flores azulosas y purpúreas le daban un aspecto muy bonito al lugar, aunado con el pasto verde y bien recortado, ese pequeño pedacito se le antojaba acogedor e íntimo. Justo lo que Hana estaba buscando.
Se acercó al tronco, y se reclinó en él, jaló a la chica para que se acercara y en un sólo movimiento, la atrapó entre sus brazos y la besó con premura. Era suficiente para él, suficientes tentaciones y se había cansado del estira y afloja, o de ver quién podía acabar con la paciencia del otro primero; solamente quería besarla y saborear la dulzura que esos labios tenían para ofrecer. Ella le correspondió, mordisqueando levente del modo en que él lo disfrutaba más. Hana colocó su mano izquierda en la nuca de su amante, y con la otra reafirmó el agarre de su cintura, atrayendo de este modo la delgada figura de Alumi hacia su pecho. Al principio, sorprendida por el movimiento, se mantuvo un tanto tensa, pero luego se relajó y abrazó por el cuello a Hana, cediendo al suave roce de los dedos del shaman.
Esto era lo que estaba esperando, y ágilmente, se giró sin soltar a Alumi, y la posicionó contra el tronco del árbol, resguardándola con su cuerpo, alargando el beso; negándose a aflojar siquiera un ápice la cintura de la mujer que ocupaba toda su mente desde hacía ya varios años. Pasó su lengua por los labios de ella, pidiendo permiso para profundizar el contacto y ella lo aceptó. sintiéndose confiado, quizás un poco de más, llevó la mano izquierda por un paseo por la figura de la itako, recorriendo con la punta de los dedos la forma de su cuello, lo turgentes de sus pechos, su abdomen plano hasta llegar a las amplias caderas y suaves muslos que le enloquecían; dejó que su mano llegará a la parte posterior de la pierna y la levantó. Notó, con bastante júbilo, que ella lo permitía y que incluso correspondía colocando el pie en el tronco.
- Así que –le dijo entre besos Hana, con la voz rasposa y sintiendo cómo su corazón latía de forma ensordecedora– Si recuerdo correctamente, hace rato dijiste que no tenías panties, ¿verdad?
- Sip.
Gruñó complacido contra los labios de la itako y la beso de lleno, estimulado por la sola idea de tenerla así y ver que por primera vez en la noche, ella se dejaba llevar por completo.
Hana agradeció a los dioses la dicha de tener a Alumi en su vida. Y se regañó a sí mismo (como en otras ocasiones) por haber sido un bruto cuando la conoció, en ese tiempo en que apenas tenían 15 años y se atrevió a llamarla pecho plano. Ahora, con la poca madurez que había logrado alcanzar con el tiempo y con todas las experiencias compartidas, podía ver cuan hermosa era realmente; podía verla más allá de la rubia cabellera y de la piel dorada, ella era más que eso. Podía ver que era mujer tan fuerte como bella, con un carácter que podía intimidar al más rudo de los pandilleros y poner en orden la vida de un régimen entero con su simple voluntad, incluyendo al más desafiante de los imbéciles (como él), mientras que al mismo tiempo podía ser dulce y tierna, sensible y delicada, con una naturaleza protectora y cariñosa que podía iluminar al mundo en los días más oscuros; y además, siempre olía a flores.
Se detuvo para contemplar la maravillosa combinación que eran los colores y formas que su rostro lucían, desde el pálido cabello rubio a lo rosado de sus labios, pasando por el bello tono de su piel y el tranquilizador azul de sus ojos. Toda ella era como una obra de arte, llena de contrastes que él no se cansaba de admirar. Nunca lo diría en voz alta, jamás lo admitiría con testigos alrededor, pero era imposible negar para sí mismo, en la intimidad de su mente, que realmente estaba enamorado de Alumi Niumbirch.
Se había quedado perdido en el cielo de sus ojos, sintiendo su corazón latir arrebatadamente, cuando se dio cuenta de que Alumi, por su parte lucía unas mejillas encendidas de color carmesí, cohibida por lo intenso de su mirada.
- Realmente eres un lobo con piel de cordero – suspiró, mientras que su boca se ocupaba en desperdigar besos por todo su cuello y hombros - ¿Qué debería hacer contigo?
Hana deslizó ambas manos para llegar a sus caderas, apretando y disfrutando de sus formas, dibujando con las puntas de sus dedos líneas ondulantes, mientras las dirigía astutamente hasta parte más íntima de ella; tocándola de forma delicada, encontrando el punto exacto que hace que le tiemblen las rodillas, acariciándolo con su dedo medio delicadamente. Se regocijó al notar como la chica entre sus brazos se mordía el labio inferior.
- Deberías llevarme a mi apartamento –ronroneó la rubia– y entonces podrías comprobar que tan salvaje puedo ser.
- Pero está demasiado lejos –se quejó el muchacho, aumentando el ritmo del movimiento de sus dedos, distinguiendo ese sonido de humedad que era música para sus oídos – Y no creo poder esperar tanto tiempo.
Ella se rio de su respuesta, una risa temblorosa que casi podía contar como un gemido.
- No deben ser más de 10 minutos –giró su cadera, intentando dificultar el acceso a Hana, pero él permanecía firme en su toque - Estoy segura
Alumi cerró los ojos fuertemente, suspiró y después lo empujó un poco y se reacomodó la falda. Con la respiración entrecortada, guardo la compostura y recato que se le habían perdido unos minutos antes, luego se pasó las manos por el cabello tratando de alisarlo.
Hana por su parte, solamente podía sentirse ansioso por tenerla, justo ahí y justo en ese momento. Manejar había sido una tortura en la que recurrió a respiraciones profundas para calmarse a sí mismo y la erección que demandaba atención; también había fantasiado por tres malditas semanas con el cuerpo y las caricias de su novia; y lo que es peor, había tenido que tolerar (sin hacerle ningún reproche) que Alumi pasara el tiempo libre estudiando con otros chicos, y él no era una persona a la que le gustara compartir, en primer lugar.
- Pero… -mantuvo el tono de voz bajo, aprovechando lo grave de su voz – Hay muchas cosas que te quiero hacer en este momento.
Levantando la mano, se llevó el dedo medio a la boca y saboreo la humedad que lo recubría. Los ojos de la chica brillaron.
- Ah, ¿sí? –preguntó. Alzó la mano derecha y con su dedo índice repasó las facciones del muchacho hasta que se detuvo en sus labios- ¿Entonces, te quieres poner atrevido en un lugar así?
- Si no te importa, a mí tampoco.
La besó rápidamente y la jaló para que quedará cerca de él. Ella se retorció en sus brazos, con un gesto que daba entender que estaba considerando su propuesta, dirigía rápidos vistazos a su alrededor. El joven no pensó mucho en lo que ella estaba haciendo, en tanto permaneciera aprisionada entre sus brazos, estaba más concentrado en su piel dorada y en la posibilidad de poder escuchar sus gemidos, el sabor salado y dulce que le había quedado en la boca le nublaba el pensamiento.
- Entonces –dijo Alumi– Si realmente me quieres ¡dilo!
Colocó ambas palmas de las manos en el pecho del muchacho y empujaba con un poco de fuerza. Hana sintió cómo perdía el balance. Había trastabillado con uno de los pies de Alumi, que ella había colocado para hacerlo tropezar. Y Hana cayó de espaldas en el pasto, en un área que estaba poco iluminada debido a las ramas y arbustos del lugar. Él quedó perplejo de haber caído en la pequeña trampa de la chica, y dirigió una mirada enfadada hacia la chica que estaba de pie frente a él, con aire de suficiencia, con ambas manos en la cadera y una sonrisa petulante dibujada en su faz.
Exasperado por su expresión, Hana perdió un poco la compostura que con mucho esfuerzo había conseguido mantener intacta hasta el momento.
- ¡Eres insoportable! –ladró- Te deseo, ¡pero no voy a rogarte!
Se apoyó en los codos para levantarse, cuando sintió que volvía a caer de espaldas en el césped, empujado por el pie izquierdo de Alumi. En esa postura podía observar debajo de su falda con lujo de detalles.
Acto seguido, ella se sentó a horcajadas sobre su cadera y se inclinó sobre él, acomodando ambas manos sobre los hombros del muchacho para evitar que volviera a enderezarse. El joven inspeccionó el rostro de la rubia, mientras que el dulce calor de su cuerpo y el perfume que usaba lo envolvía; la resequedad de la boca volvió junto con su pulso acelerado. Adoraba cuando ella estaba arriba.
- No seas tonto –le contestó en un susurro seductor– No me refería a eso y lo sabes – se mordisqueó el labio inferior y Hana deseo que ese gesto hubiera sido en su propia boca – Así que… ¡dilo!
Hana tragó saliva, tenía la boca seca y el palpitar de su propio corazón parecía que lo ensordecería en cualquier momento, de algún modo estaba seguro de que Alumi podía escucharlo. Se sentía atrapado, sin posibilidad de moverse o salir de esa. De nuevo, ella había tomado las riendas en sus manos.
"¡Maldición! ¡Siempre saliéndose con la suya! ¡Cómo la detesto!" pensó Hana, evitando verla a la cara. "¿Por qué diablos quiere que le diga eso? No lo haré, me niego"
Pero, ahí estaba ella, la última descendiente de los Parche, la poderosa itako, su prometida, mirándolo divertida y expectante de las palabras que él podría emitir en cualquier momento, sentada sobre su pelvis, girando su cadera levemente para recordarle que no tenía ropa interior puesta y que estaba esperándolo. La tenue luz de la lampará más próxima, proyectaba sombras que delineaban su rostro y que otorgaban un brillo especial al suave cabello que contorneaba sus bonitas facciones.
- Te extraño ¿De acuerdo? ¡¿Contenta?! –soltó Hana con un tono de voz áspero y rudo, determinado a no separar la vista de las pequeñas florecillas azules y púrpuras que les rodeaban, protegiéndolos de las miradas indiscretas de cualquier transeúnte que por casualidad pasara por el lugar– ¡Pero ya sabes eso! ¡No tengo que decirlo! ¡Cielos!
- ¡Dilo! –reclamó nuevamente la rubia, endureciendo su expresión.
El shaman, indignado, se liberó de las manos que lo sostenían en el suelo y sosteniendo a la mujer que estaba sobre él, invirtió los papeles. Ahora era ella quien estaba en recostada en el pasto, inmovilizada mientras que él estaba sobre ella, sosteniendo sus muñecas. La mirada impaciente clavada en ella le hizo saber que no era el momento de hablar, sino de escuchar. Él se aclaró la voz.
- Te extraño –su voz sonó áspera, era difícil decirlo en voz alta– Todo el día, todos los días ¡Diablos! ¡Eres un dolor de cabeza! ¡Me vuelves loco y siempre encuentras cómo hacer que pierda los estribos! –tragó saliva, buscando la mirada de Alumi- Pero… realmente te extraño… Me gustas… Me gusta tu risa, tu cara… ¡Maldición! ¡Incluso me gusta cuando tengo que correr por mi vida porque me vas a desollar vivo! –suspiró, el nudo en su garganta deshaciéndose lentamente. Reclinó su frente contra la de ella y cerró los ojos, buscando las palabras que necesitaba para no sonar como un completo imbécil– Detesto que vivas en otra casa, y no poder verte, odio que…
Le interrumpió el beso que ella le dio en los labios, fugaz y gentil.
- Yo también te amo –musitó Alumi– y también te he extrañado.
Él le devolvió el beso, que era tierno y suave al principio, pero que rápidamente se convirtió en uno apasionado y ardiente, lleno de necesidad y deseo. El lugar y el momento no importaban, ya no más. Sin miramientos, él decidió que era el momento de darle el trato adecuado y llevó su mano hacia el sexo de ella, palpando con la yema de sus dedos la humedad que había probado unos momentos antes, para luego proporcionar un masaje hasta que sintió como ella comenzaba a temblar ligeramente y trataba de contener algunos gemidos. Hana tomó esto como una señal para continuar, así que, deliberadamente lento, insertó un dedo dentro para complacerla, sintiendo el calor que emanaba de ella. Alumi mordió su labio inferior, cerrando los ojos, dejándose llevar por la sensación. Al ver esto, introdujo un segundo dedo y estimulándola de forma rítmica, disfrutando de la calidad humedad que envolvía sus dedos. Con el dedo medio y anular realizó ese movimiento que la enloquecía, deleitándose por la forma en que se mordía el labio y como había dejado sus piernas abiertas para facilitar el acceso. De forma involuntaria, la chica dejó escapar unos cuantos gemidos, los cuales fueron música para los oídos de su amante.
- Sssh, trata de no hacer ruido, amor –le sonrió malévolamente– estamos en un parque, sabes.
- Si alguien nos atrapa aquí, puedes estar seguro de que te voy a culpar de to… ¡Ah!
Tramposamente, Hana había acelerado el ritmo de su toque para hacerla callar. Él realmente estaba disfrutando de esto, tal vez más de lo que esperaba. Se sentía temblar, excitado y anhelante, inmerso por completo en el momento; la adrenalina de la situación era solamente un bonus que hacía del momento una experiencia aún más intensa. La expresión de Alumi cambió por completo, apretando los labios para no hacer ningún ruido, mientras que un rubor encantador subía por sus mejillas. Tiró de la camisa de Hana para poder besarle con intensidad. Sintió como ella comenzaba a temblar en sus adentros, un pulso alrededor de sus dedos, sus rodillas flaqueando y gimiendo contra sus labios. Él mismo sentía que no podía esperar un segundo más, estimulado por la forma en que su chica respiraba entrecortadamente, haciendo lo mejor que podía por no hacer ruido.
Se hincó entre sus piernas y tiro de la blusa que usaba, quitándosela, para descubrir deslumbrado que no estaba usando sostén, como siempre, (ese adorable hábito que secretamente rogaba a Dios que nunca abandonara). Ella no se cubrió, la confianza entre ellos dos iba más allá de cualquier tipo de vergüenza o inseguridad sobre su propia apariencia, sencillamente dejó ambos brazos a los lados de su cabeza, observándolo atenta. El shaman acarició su vientre y senos, solamente para inclinarse y comenzar un río de besos que comenzaban en su frente, continuaban por su cuello y hombros, dirigiéndose con adoración hacia sus pechos y abdomen, dedicándose con premura a recorrer la piel que había tardado tanto tiempo en acariciar otra vez.
Enderezándose discretamente, echó un vistazo a su alrededor, vigilando que el parque continuara desierto como hasta ahora había sido, para asegurarse de que nadie los interrumpiría. Para su suerte, el parque estaba desolado. Enseguida, procedió a desabrocharse el cinturón, pero los expertos dedos de Alumi lo interrumpieron, terminado el trabajo por él, desabotonando y bajando la cremallera, para ayudarle a deslizar el pantalón y bóxer los suficiente para que no estorbaran. De pronto, le pareció que ella tenía la misma imperiosa necesidad que él, que ardía en deseo y que estaba lejos de estar satisfecha. Su prometida acarició brevemente la erección que había liberado para guiarla hasta su entrada, colocando la punta en posición. Movía la cadera de un modo erótico, invitándole a continuar, a que la penetrara de una buena vez.
Complacido, con el ego inflado y orgulloso de tenerla así, decidió alargar el momento. Él se mantuvo sobre su cuerpo, apoyándose en los antebrazos, reprimiendo el movimiento de su cadera solo unos instantes más. Ansioso, besó la sien de la muchacha y luego le susurró en el oído:
- Debemos de ser muy silenciosos -mordisqueó el lóbulo de su oreja.
Ella giró su cabeza para besarle con renovada intensidad, la sentía temblar bajo su peso. Podía sentir cómo lidiaba con la necesidad de reprenderle, o peor, con la necesidad de pedirle que continuara. Era tan orgullosa como obstinada, aunque en ese momento su rostro reflejaba únicamente deseo. La expresión sonrojada, con los labios entreabiertos y los ojos resguardados por esas pestañas largas era adorable. Le encantaba cuando lo miraba con esa expresión.
Y se movió. Lento al principio, penetrándola poco a poco, centímetro, hasta que sintió que estaba por completo dentro de ella. Alumi le abrazó por el cuello, escondiendo su rostro en su hombro, enroscando sus piernas alrededor de su cadera, acallando su propia voz que luchaba por salir cada vez que él se movía. Con cada embestida, ella reforzaba su agarre, correspondiendo el movimiento con sus caderas. Un vaivén delicioso que ninguno de los dos se atrevería a detener.
Teniéndola así, entre sus brazos, podía saber cuánto estaba disfrutando del momento, saboreando las placenteras sensaciones que él le provocaba. No podía evitar sentir satisfacción y orgullo de saber que solamente él era quien podía darle ese tipo de placer. Un placer que surgía de la urgencia y que anidaba en la intimidad.
El joven acomodó sus manos para sostenerse de la cintura que hace pocos momentos había recorrido con sus labios, solamente para aumentar el ritmo, justo del modo correcto para complacerla. Observó como cerraba los ojos, perdiéndose en el placer que la recorría, sintió como una mano se había aferrado a su cabello, tirando levemente de los mechones, gimió al ver que se tapaba la boca para evitar gritar. Sentía como ella estaba cerca del final, se tensaba bajo su peso, aumentando el ritmo de sus caderas, su respiración se entrecortaba y había echado la cabeza hacia atrás, perdida en las sensaciones que recorrían como electricidad todo su cuerpo. Hechizado por el estremecimiento del cuerpo de la rubia, gozó al sentir una vibración que la recorría y manaba de su sexo. Le besó el cuello, los hombros, encantado de tenerla así entre sus brazos, maravillado con su belleza y soltura.
Alumi cubrió su boca para acallar los gemidos, mientras que el dulce orgasmo recorría su cuerpo como oleadas. Hana disfrutó del espectáculo que era solo para él, mientras el sudor perlaba su frente. Sin poder contenerse más, se dejó ir, hundiendo su rostro entre el cuello y dorados cabellos de su novia, aspirando el aroma de flores que manaba de su piel, con su corazón ensordeciéndolo.
Inspiró hondamente, buscando calmar su corazón que sentía que estallaría dentro de su pecho en cualquier momento. Continuaban abrazados fuertemente.
- Te amo –le dijo con voz rasposa, sorprendiéndose a sí mismo por decirlo en voz alta, rozó sus labios contra el cuello de ella- …Tú me haces sentir…
- Completo –la tenue voz de Alumi terminó la frase por él.
Encontrando un poco de fuerza, se apoyó en su antebrazo izquierdo, y con la mano derecha libre, sostuvo el rostro de la itako, acariciando su mejilla con el dedo pulgar. Asintió silenciosamente, dejándole saber que esa era exactamente la palabra que había estado buscando, perdiéndose en la mirada de brillantes ojos azules.
El sonido de una rama de árbol rompiéndose los sacó de la ensoñación. Hana buscó rápidamente de dónde había provenido el sonido, sólo para encontrar un gato caminando despreocupadamente a su lado. El embrujo del momento se perdió, resignándose a acomodarse los pantalones. Alumi, por su parte se levantó, acomodándose la falda y extendiendo la mano para localizar la camisa. Cuando la encontró, estiró los brazos para ponérsela, pero Hana se le abrazó por la espalda, con aire juguetón, sosteniendo sus pechos entre sus manos.
- Idiota, suéltame.
- ¡No! –le contestó, suprimiendo una sonrisa– Todavía no termino contigo.
Ella se rio, pero aun así se puso de pie para liberarse y se terminó de vestir. Él la siguió, y asomándose por encima de las hortensias, como un par de ladrones, buscaron que no hubiera nadie. Continuaba completamente solo, a excepción de las luciérnagas que titilaban alrededor del estanque. Saliendo de su escondite entre risitas tontas, se tomaron de las manos y dejaron la seguridad del rincón en que se habían refugiado.
- Así que ¿No te gusta que viva sola? –le dijo socarronamente Alumi.
- ¡Yo nunca dije eso! –contestó, tratando de sonar indiferente, pero saliéndole la voz más bien molesta.
- Crees que debería vivir contigo, ¿no? –se rio de él.
- ¡No lo hago! –farfulló atropelladamente- ¡Es tu decisión! No mía. Tú sabes que es lo más. Yo no te voy a decir qué puedes hacer o no.
- Pero… preferirías que viviera en la misma casa que tú.
- ¡Aaarg! ¡No! ¡Bueno, sí! ¡Pero no! –desvió la mirada, sonrojado y tratando de mantener la compostura- ¡Quiero que seas feliz!
-Y estar conmigo –concluyó, con una sonrisa pícara en el rostro.
A Hana no le quedo otra opción más que suspirar y asentir con la cabeza. Ella era la única con la que se permitía ser honesto en sus sentimientos. Continuaron la caminata en silencio, hasta llegar al lugar donde aparcaron. Era bastante tarde, la luna en cuarto menguante estaba sobre ellos. El chico frunció el ceño y dejó que una mueca adornara su cara, mientras pensaba en cómo la noche había pasado fugazmente.
El shaman soltó la mano que sostenía y buscó en sus bolsillos las llaves de la motocicleta, mascullando algo para sí mismo, rehusándose a ver el rostro de su novia. Internamente, se lamentaba de que la magia que las hortensias hubiera acabado y que ahora el nudo en la garganta y el orgullo en su carácter habían vuelto con intensidad, impidiéndole hablar honestamente y abrir su corazón. Recordando sus propias palabras, se sentía como un imbécil, incrédulo de la cursilería que había desplegado hacía unos momentos, del sonrojo en sus propias mejillas y de cómo había dicho cosas que a veces eran inútiles. Siempre había creído que las palabras salían sobrando si las acciones lo respaldaban.
¿Por qué diablos le dijo que la quería y la extrañaba, si él ya se lo había hecho saber con sus acciones?...
No podía reprochárselo por siempre, ella causaba ese efecto en él. Lo hacía sentirse extraño, con causando estragos en su pecho y en su estómago; algo que en ocasiones le incomodaba tanto como lo apreciaba. Era una sensación que nunca terminaba de comprender. Secretamente, le gustaba sentir la electricidad que corría por sus manos siempre que la tocaba, disfrutaba del pequeño sobresalto cuando lo besaba sin importarle si alguien los veía, agradecía por el vuelco en el corazón que sentía siempre que se refugiaban en la intimidad de la alcoba, y gozaba de la apacibilidad que se instalaba en la habitación siempre que ella se sentaba a su lado. Y había aprendido que aquello era amor, aunque había jurado que jamás lo diría en voz alta.
- ¿Qué? –preguntó Alumi, tratando de leer su rostro, buscando averiguar qué tanto pensaba.
Él le dio las llaves.
- Nada –gruñó- Vamos, hay que llevarte a tu apartamento. Maneja tú, yo te digo el camino.
La rubia lo miró confundida, pero no dijo nada. Se subió a la motocicleta y tomó el casco entre sus manos antes de dirigir su atención al muchacho que parecía indignado y ¿triste? Bufó ligeramente mientras ponía los ojos en blanco, sopesando si su novio era así de idiota o si fingía serlo.
- Oi, idiota –le llamó, y puso una expresión en su rostro que sabía que él no podría resistir- ¿Quieres pasar la noche en mi casa?
Hana salió de su ensimismamiento y la miró confundido. Nunca se había quedado en el departamento de Alumi. Él jamás se lo había pedido. Algo en la mente de Hana comenzó a andar.
-¿Qué?
- ¡Si! Ya sabes… -dijo Alumi, encogiéndose de hombros– Tú eres un niño grande y yo una niña mala… Así que… ¿Por qué no te quedas a dormir?
Fue como si el reflector de un escenario se hubiera encendido sobre la cabeza de Alumi, y él la pudo ver completamente diferente. Se maldijo a sí mismo, agregando otra cosa a la lista de cosas por las cuales él era un completo imbécil. Desde que Alumi se había mudado, jamás había cruzado la idea en su cabeza de que podía quedarse a dormir con ella, incluso pasar el fin de semana. Se maldijo a sí mismo por el tiempo perdido. "¿Por qué no se me ocurrió antes?" pensó.
Le dedicó una sonrisa coqueta al tiempo que tomaba el casco que le ofrecían, aceptando la invitación.
- ¿Segura que nada más quieres dormir?
¡HOLA!
Aquí esta la continuación y final de mi "one-shot" XD
Espero que les haya resultado entretenido. Es la primera vez que escribo algo con este tipo de contenido explicito, así que cualquier tipo de comentario, queja o recomendación será bienvenido y apreciado.
Hana-Alumi es de mis parejas favoritas, me resultan muy divertidos; y por ende, tengo algunas ideas que escribir sobre ellos :P
** Quiero agradecer especialmente a Chabe y Allie que me ayudaron con las correcciones y con sus comentarios ** ¡Muchas gracias!
