Ya había puesto en su canasta algunas cosas que podría cocinar para la mañana siguiente como desayuno. Ella misma sabía que no era buena cocinando como Gojo, pero al menos quería prepararle algo al otro día. Marín metió un poco de harina para Hot-Cakes ya ideando una forma para que fuera bajo en calorías. Todavía seguía preocupada por el nivel de grasa abdominal que le había salido no hacía mucho, pero hacía lo que podía.

Daba pequeños saltitos mientras no paraba de pensar en que ese momento se asemejaba a vivir juntos, una fantasía que esperaba que se hiciese realidad. Ya había pasado mucho desde que se dio cuenta de su enamoramiento por Gojo, pero su miedo le impidió poder expresarse de la forma correcta. Anhelaba muchas cosas, desde tener citas con él, abrazarlo, ver series y películas, besarlo, y sin vergüenza, también explorar los deseos carnales que la adolescencia traía conseguir. Ella misma se pensó una pervertida, pero nunca lo pensó mucho con Gojo. Lo había visto reaccionar en ocasiones a algunas ocasiones embarazosas, pero siempre fueron situaciones bastante extrañas y sacadas de lugar. Como en la ocasión en que estuvieron el Motel. Siempre había sido muy respetuoso con ella,

Camino contenta entre los pasillos hasta que vio a Gojo revisando en la parte baja de los anaqueles. Se acerco rapidamente con una enorme sonrisa.

—¡Allí estás! ¿Conseguiste todo lo que necesitas, Gojo? — preguntó Marín parándose justo detrás de él—. ¿Qué estás mirando?

Sus ojos se abrieron de sorpresa cuando vio los productos al lado de Gojo. Varias cajas grandes de condones con nombres bastante extraños. «Sexo extremo», «Noche invencible», «Caballo de fuerza», eran algunos de los nombres tan extravagantes de las cajas.

Sintió que su corazón latía más rápido mientras su cara parecía calentarse lentamente. Sus nervios fueron en aumento, y repentinamente sintió su garganta seca, aunque después de un segundo pudo hablar entre tartamudeos.

—Ah, este… ¿Comprarás eso, Gojo? — preguntó nervioso.

—Sí —respondió, aunque le estaba prestando atención a un producto que tenía entre manos.

—¿Por… por qué?

—Porque no pienso dormir esta noche —declaró con un tono serio mientras veía los productos que estaban al frente suyo.

Marín se sintió aún más nerviosa. Sus piernas no le respondían, por lo que se quedó allí parada por unos cuantos segundos.

—Iré a la caja registradora. —dijo Gojo levantándose y yendo tranquilamente entre los pasillos.

Marín siguió en el mismo lugar mientras su mente daba vueltas en lo que había dicho Gojo. «¿¡Qué está pasando!? ¿¡De verdad los comprará!? ¿Por qué? ¡No se supone que esta noche sería así! ¡Oh, Dios me siento tan emocionada…! ¡Espera, esto es muy arrepentido!», pensó al tiempo que llevaba sus manos a su bufanda para cubrir su rostro. «¿¡Enserio vamos a hacerlo esta noche!?»

Sacudió la cabeza y pronto empezó a caminar en la misma dirección en la que fue Gojo. Camino entre dos pasillos antes de encontrarlo parado en el medio girando la cabeza.

—¡Marín, pensé que te había perdido! —dijo Gojo con una sonrisa en su rostro—. Bien, creo que es hora de pagar.

Marín no dijo nada y solo le sonrió mientras asentía. Los dos caminaron hasta las cajas de cobro, y Marín ni siquiera se dio cuenta cuando Gojo pagó. Se sintió muy avergonzada por eso, y rápidamente intentó pagarle a Gojo, pero este se negó rotundamente.

—Así está bien, Marín —dijo en un tono suave—. Me voy a quedar en tu casa, lo mínimo que puedo hacer es comprar lo necesario para mi estadía.

—Está bien —respondió ella sabiendo que no se dejaría.

Caminaron en silencio a través de las calles hasta llegar al edificio en donde vivía Marín. Fue una caminata silenciosa, pero Marín no se dignaba a entablar una conversación. Entraron al edificio y subieron hasta el piso del departamento de Marín. Entraron en este y dejaron las bolsas de compras en la cocina. Aunque Gojo sacó de las bolsas la pijama que había comprado de las bolsas. Marín reaccionó de inmediato.

—Oh, ¿quieres darte un baño antes de… ir a tu habitación? —Preguntó Marín.

—Si no es mucha molestia —respondió Gojo tímidamente.

—¡Por supuesto que no! Vamos, hay champú allí y jabón para que uses. Todo está nuevo para que no tengas que preocuparte por ello.

—Está bien, Kitagawa —dijo con una leve sonrisa—.

Gojo fue guiado hasta el baño y Marín le dio una toalla para que cuando terminese se cara. Ella misma salió del baño y se fue a su habitación bastante nerviosa. Ella misma se aseguró de darse cuenta de un baño cuando saliera Gojo, y con ello fue a buscar algo para ponerse esa noche . Estaba completamente ansiosa de lo que sucedería más al rato. Esperó unos minutos hasta que escuchó la puerta del baño abrirse.

Se asomó por el pasillo para encontrarlo ya vestido, aunque con el pelo aún mojado. Al verlo, solo pudo pensar en lo atractivo que se vio.

—Kitagawa, ¿también te darás una ducha? — preguntó Gojo ladeando la cabeza.

—Esté… ¡sí! Ja, ja, ja —respondió—. Bien, en un momento salgo Gojo. Si quieres esperarme en la sala.

-All Right. Tal vez pueda llamar al abuelo para saber cómo está.

—De acuerdo.

Marín entró al baño y comenzó a desnudarse. Se vio allí completamente desnuda mientras analizaba si debía hacer algo para al rato . Entró en la ducha y abrió la regadera para empezar a lavarse. Cerró sus ojos mientras diversas fantasías pasaban por su cabeza. Mentiría si dijera que ella nunca había pensado en una situación igual. Algunas noches en las que ella misma se imaginó junto a Gojo en su habitación. Simplemente era maravilloso para su mente: imaginarse a Gojo nervioso al igual que ella, ambos en su habitación mientras el calor aumentaba.

Todo eso la llevó a sonrojarse más mientras sus manos vagaban por su cuerpo. Ahogó un gemido al tiempo que sacudía su cabeza. Decidió abandonar esos pensamientos por el momento y mejor tuvo que terminar de ducharse.

Camino hasta la cocina para revisar las bolsas de sus compras. Ya empezaba a tener un poco de sueño, por lo que fue a revisar las distintas bebidas energéticas que había comprado en la tienda. Abrió la primera que encontró y la bebió hasta la mitad. No sentí nada diferente, pero esperaba que surtieran un efecto rápido. Estaba completamente nervioso de quedarme toda la noche en la casa de Marín, pero no había otra opción.

Espero sentado en el sofá para que cuando Marín estuviera vestido le mostrara en donde iba a quedarse. Ya sospechaba en donde, pero era mejor para él esperar a su amiga.

No pasó mucho para que escuchara la puerta del baño abrirse, por lo que esperó a que Marín apareciera bajo el umbral de la puerta de la sala, pero cuando eso ocurrió su garganta se secó. Allí la vio solo usando una bata de baño, y no supo con certeza si había algo debajo de esta. Sintió que sus mejillas se calentaban mientras ella daba una tímida sonrisa.

—Bien, ahora me siento mucho más relajada —dijo Marín acompañado de un suspiro.

—Que… bien —respondió algo cohibido.

—Oye, deberíamos ver una película, aunque no de terror —comentó.

—Suena bien —dijo buscando una forma de distraerse de la vista de Marín, quien se sentó a su lado.

Ella puso nerviosamente algo en Netflix y se acomodó muy cerca de Gojo. Este se tensó cuando sintió el cuerpo de Marín recargado en su costado derecho. Gojo se sorprendió un poco de que Marín no pusiera una película de anime o animada. Reconoció el logo de la película de inmediato, aunque solo la había visto una vez en su vida.

—¿Te gusta Parque Jurásico ? — Preguntó Gojo curioso.

—Bueno, no recuerdo haberla visto, así que pensé que sería divertido ver dinosaurios pelear —comentó alegremente Marín—. ¿Ya la habías visto, Gojo?

—De niño solo. En realidad, no recuerdo mucho —respondió.

Los dos se quedaron viendo la película por algunos minutos, aunque Marín aprovechó para acercarse aún más a Gojo.

Él se puso más nervioso todavía. Volvió su mirada hacia ella, aunque su vista no se detuvo en su rostro, pero si en su pecho. La bata se había abierto lo suficiente para mostrar el sostén rojo de Marín. Su cara se sonrojó mientras su pantalón se sentía bastante incómodo en la parte de la entrepierna. Tragó saliva nerviosa, pero su vista siguió en el mismo punto. Claro, la había visto antes en traje de baño, e inclusive había estado más cerca de ella cuando le ayudó a vestir los trajes, pero en esta ocasión sintió que era diferente.

Ella se puso nerviosa cuando sintió que el cuerpo de Gojo se tensaba. Lo miró hacia su rostro, y de inmediato lo vio girar bruscamente su cabeza. Pudo notar que también estaba sonrojado. Eso hizo agravar sus nervios.

«¿Acaso ya vamos a…? No, no creo que ya lo esté pensando, ¿o sí?», pensó mientras su corazón latía mucho más rápido. Miró hacia abajo para notar que su bata se había abierto. «Por eso me estaba viendo. Oh, Dios creo que yo misma apresuré las cosas. Pero ¿por qué estoy más emocionada aún?»

Gojo deseaba con toda su alma y corazón que Marín no mirara hacía su pantalón. Había una carpa en este, pero Marín parecía no haberlo notado aún. Su mano libre intentó acomodarlo entre el borde de la cintura de su pantalón, pero eso provocó la atención de ella. Estaba haciendo los movimientos lentamente para acomodar su erección, pero para sus desgracias, todo fue en vano. La atención de Marín se desvió a donde Gojo parecía moverse mucho. Se quedó muda cuando lo vio.

—¡No es lo que parece! ¡Yo, yo tengo algo guardado allí! —dijo una mentira bastante estúpida.

—Yo… yo —Marín no sabía que decir.

Los dos estaban completamente sonrojados.

Gojo estaba por levantarse del sofá, pero Marín se lo impidió. Él estaba muy asustado esperando un grito indignado por parte de Marín, pero no escuchó nada. La vio de nuevo, y solo notó que también estaba nerviosa y con un sonrojo lindo en sus mejillas.

—Creo que… vamos a hacer eso, ¿no? — preguntó nerviosamente.

—¿Eh? ¿A qué te refieres? —cuestionó desconcertado Gojo. Su cara se volvió roja cuando llegó al pensamiento pervertido que había estado intentando mantener bajo control—. ¡Espera! ¿Has estado pensando en hacer «eso»?

Marín no dijo nada, solo asintió levemente. Gojo se sintió mucho más nervioso, y extrañamente excitado.

—Pero tú estabas viendo condones en la tienda, y dijiste «No voy a dormir esta noche» —dijo Marín viéndolo a los ojos—. ¿No estabas planeando tener eso?

—Yo no estaba viendo condones. Estaba eligiendo bebidas energéticas para esta noche. No quería sentirme muy nervioso por estar contigo a solas, por lo que pensaba en tomar muchas bebidas de ese tipo para no dormir y sentirme mal. ¿Cómo llegaste a la conclusión que estaba viendo condones?

—En los anaqueles, justo al lado tuyo había varias cajas de condones. Creí que estabas viendo eso porque planeabas hacer… —el rostro de Marín se puso pálido—. ¡Lo siento, yo malpense todo!

—Creo que esto es mi error. Pero ¿enserió estaba dispuesta a hacer…? —dijo muy nervioso.

Marín no respondió por unos segundos.

—Este… perdón por malinterpretarte. Yo creo que… mejor hay que dormirnos ahora —dijo nerviosamente.

Se levantó el sofá, pero no se dio cuenta de la forma brusca en la que lo hizo. La bata se abrió dejando verla en lencería roja. La mirada de Gojo se deleitó nuevamente del cuerpo de Marín. Vio su sostén y tragó saliva. Desvió la mirada rápidamente avergonzado por sus actos. Mientras tanto, Marín se dio cuenta de su error y se cubrió inmediatamente.

—¡Lo siento, yo no quise verte de esa forma! —gritó Gojo con las manos cubriendo sus ojos.

—No, yo lo siento, ¡mejor me voy a poner algo de ropa!

Marín entró a su cuarto rápidamente y cerró la puerta de un azotón. Cuando se calmó después de unos segundos, no pudo evitar soltar una risa. Estaba avergonzada, pero a la vez divertida de la situación que ella misma había malinterpretado. Se sacó la bata y comenzó a quitarse la lencería que había escogido. Se pusieron bragas más cómodas, un short y una camisa algo grande. Salió de su habitación y vio a Gojo tomarse rápidamente una bebida energética.

—Gojo, deja te muestro la habitación de mi padre para que ya puedas estar allí, o si quieres puedes quedarte en la mía —dijo haciendo que Gojo se sonrojase.

—Me quedo en la de tu padre, no me gustaría incomodar más de lo que ya he hecho.

—Bien, entonces vamos.

Cuando Gojo entró a la habitación del padre de Marín, pudo ver lo minimalista que era, un gran contraste de la habitación de Marín. Ella lo guio con una sonrisa y le dijo que podía tomar unas mantas por si necesitaba, aunque aún no estaría segura si aguantaría toda la noche sin dormir.

—Bien, estaré bien con las bebidas —murmuró Gojo.

—No te vaya a pasar como Kaname y llegue un Súcubo a molestarte —comentó divertido Marín.

—Espero que no, je, je —dijo, pero repentinamente grabó la vez que estuvo con Marín en el motel y sucedió lo de su «acercamiento» algo indebido. Se sonrojó mucho ante el recuerdo de ella sobre su cadera.

—¿Qué te puso tan nervioso?, ya estoy usando ropa —le dijo Marín ladeando la cabeza.

—¡Nada!

Marín entrecerró sus ojos, pero luego dio un suspiro y con una sonrisa se acercó más a él.

—Creo que ya sé que recordaste, pequeño pervertido —dijo haciendo que Gojo se pusiera pálido—. Solo bromeo, ja, ja.

—Aunque tuviste razón —dijo sin pensar Gojo. Abrió sus ojos cuando se dio cuenta de su error, y miró a Marín quien nuevamente estaba muy roja.

—Aunque tuviste razón —dijo sin pensar Gojo. Abrió sus ojos cuando se dio cuenta de su error, y miró a Marín quien nuevamente estaba muy roja—. ¡Olvida lo que dije!

—Sabes, yo también hace rato recordé ese momento —dijo quedito Marín sin mirarlo a los ojos.

—¿Kitagawa?

—Fue un día bastante extraño el de esa vez —dijo mientras se dejaba caer en la cama de su padre—. Esas fotos me encantaron, y el cosplay es maravilloso. Realmente me encanta como haces tu trabajo. Y cuando estuvimos en esa posición, creo que debí aprovechar un poco más el tiempo.

—¿De que estás hablando, Kitagawa? —preguntó Gojo con nervios, pero a la vez ansioso de la respuesta.

—Que, talvez, si quisiese hacer «eso» contigo, Gojo —respondió, aunque no quiso verlo al rostro.

Para Gojo, sintió que sus piernas se convertían en gelatina.

—Realmente no estoy diciendo que lo hagamos, solo que…

Marín se quedó en silencio con mucha vergüenza sobre sus hombros. No supo como miraría a Gojo al rostro después de eso. Esperaba que él siguiera queriendo ser su amigo, pero también se preparó para que él saliera de su casa.

—Te mentiría sino dijera que también pensé en eso —susurró Gojo.

—¿Enserio?

Gojo no respondió, pero ese silencio le dio la respuesta a Marín.

—¿Quieres intentarlo? —preguntó.

—¿Eh?

—Sabes, solo experimentar que se siente. Mejor me callo.

Marín cerró los ojos y meditó un poco lo que había dicho. Se dejó llevar por sus hormonas y no supo cómo solucionarlo.

—¿Enserio… quieres hacerlo? —preguntó tímidamente Gojo. Los ojos de Marín se abrieron de golpe y lo miró extrañada.

—Yo… yo… tal vez, si fueses tú.

Ambos se quedaron viéndose por un par de segundos hasta que Gojo interrumpió el contacto visual. Marín llevó una mano al rostro de Gojo y lo hizo mirarla. Este no luchó contra su agarre, pero se sorprendió cuando Marín juntó sus labios con los de él. No supo como responder ante el acto, pero cerró los ojos de cualquier forma. Marín movió sus labios incitándolo a hacer lo mismo, y con ello por fin pudo responderle el beso. Fue una sensación extraña, pero agradable a la vez. Se separaron después de unos cuantos segundos. Ambos se vieron sorprendidos por lo que habían hecho, pero sin ningún arrepentimiento.

—Eso me gustó —dijo Marín suspirando.

—Si, a mí también.

—¿Quieres continuar? —preguntó.

Lo pensó por un segundo, y al final ganó su lado más escondido de su mente. La agarró por la cintura provocando un chillido en Marín y la besó. Fue un poco más desesperado que el anterior, pero a ambos les encantó.

—Bueno, creo que es mejor que vayamos a mi habitación, no quiero hacerlo en la de mi papá —comentó Marín.

—Sí, es mejor que vayamos a tu habitación —dijo Gojo notando en que lugar estaban.

Marín tomo de la mano a Gojo así llevándolo a su habitación lo más rápido que pudo. Entraron, aunque Gojo estaba hecho un manojo de nervios. Marín cerró la puerta y se giró para verlo. Él aún estaba parado allí. Lo giró y nuevamente lo besó, aunque tuvo que pararse de puntillas para alcanzarlo. Poco a poco comenzó a caminar con dirección a su cama, aunque fue difícil debido a que Gojo no le permitía ver por donde iba. Él cayó cuando sus piernas tropezaron con el borde de la cama. Los dos rieron por ello, pero poco después continuaron con lo suyo.

Gojo se sentía tímido de tocarla, por lo que quien mantenía el control de la situación era Marín, pero a él no le disgustaba en absoluto. Marín se separó de él un poco y le dio una gran sonrisa. Agarró una de las manos de él y las puso en su pecho. Él se sobresaltó, pero Marín se acercó a su oído.

—Está bien, creo que al menos quiero que me toques por tu cuenta —le susurró.

—De acuerdo —respondió.

Marín soltó la mano de Gojo, y este empezó a acariciar el seno de Marín a través de la tela de su blusa. Fue muy agradable, y le estaba excitando mucho tener a Marín encima suyo. Ella estaba sentada sobre su cadera como en el hotel, pero con la diferencia que ahora no se sentía incómodo de saberlo. Llevó su otra mano a su cintura y empezó a bajarla hasta llegar a sus muslos. La volvió a subir, pero con la diferencia de que ahora era por debajo de su blusa. A Marín le fascinó el toque de los dedos de Gojo sobre la piel de su cintura. Eran apenas roces, pero se sentía bastante agradable el toque.

No se quiso quedar atrás, por lo que llevó ambas manos por debajo de la camisa de Gojo y se la empezó a quitar. Eso lo estremeció, pero alzó los brazos y dejó que Marín le terminara de quitar su camisa. Cuando vio su pecho desnudo, se sintió aún más emocionada por todo eso. Sus manos tantearon curiosas la piel suave de Gojo. Este se estremeció bajo sus caricias, por lo que sus manos dejaron de jugar con ella. Se acercó más a él y empezó a hacer lo que había leído en distintos foros de Reddit. Sus labios besaron su cuello suavemente haciéndolo jadear de sorpresa.

—Tranquilo, creo que sé lo que hago —murmuró antes de volver a besarlo en el cuello.

Quiso ponerse un poco más apresurada, por lo que empezó a volverse un poco más audaz con sus caricias, tanto que le dejó tres marcas rojas en la piel a Gojo. Sonrió avergonzada, pero no le dijo en ese momento sobre las marcas. Siguió dando besos hasta que llegó a su pecho. Podía sentir su respiración irregular y como luchaba por mantenerse cuerdo. Se llenó de alegría de verlo así bajo ella. Lo sintió como se excitaba más con cada segundo que pasaba. Algo duro estaba debajo de ella justo en su propio sexo. No tuvo que pensar dos veces para adivinar que era. Estaba ansiosa de saber como era un pene en realidad. En sus videojuegos siempre censuraban esa parte, por lo que verlo y tocarlo era algo que anhelaba ver.

Ese pensamiento la llevó a darse cuenta de que seguía con su ropa, por lo que decidió quitarse igualmente la blusa. Desde su punto de vista, Gojo admiró como Marín dejaba al descubierto sus senos. No se pudo resistir, y se sentó haciendo sorprender a Marín un poco.

—¿Está bien si…? —preguntó.

—Si, puedes tocar —concedió Marín.

A tientas, Gojo empezó a acariciar a Marín empezando por su cadera. Lentamente fue subiendo hasta el borde de sus pechos. Ella estaba esperando el momento que los tocara, pero él disfrutaba tomarse su tiempo para acariciar la piel suave de ella. Después de unos tortuosos segundos se dignó a tocarlos de forma suave y cuidadosa. Con sus pulgares tocó el pezón de cada seno. Juntó valor y decidió hacer algo parecido a lo que había hecho ella con él. Llevó su boca al valle entre sus senos y empezó a lamer y besar. Marín soltó un gemido ante ello, y sin darse cuenta, empezó a mover sus caderas contra Gojo. Este gruñó cuando su pene empezó a estimularse bajo el peso de Marín, pero siguió con lo suyo.

Su boca trazó un camino entre ambos pechos. Solo daba roces con sus labios, pero el aliento que escapaba de ellos era suficiente para enloquecer a Marín. Su boca llegó a un pezón y suspiró para escuchar el jadeo de Marín. Le encantaba ese sonido. Con su lengua empezó a jugar con él para hacerla gemir. Ella comenzó a respirar de forma más errática, por lo que decidió llevar sus labios y comenzar a chuparlo. Una de sus manos fue hacia el otro pecho y empezó a amasarlo de forma suave hacia dentro y fuera.

Se sintió en el cielo cuando Gojo seguía chupando y jugando con sus pechos. Ella rodeó con sus brazos la cabeza de Gojo y lo acercó más a ella. Este no pareció molestarse, e incluso se volvió más envalentonado cuando dio un leve mordisco en su pezón. Dio un chillido entre dolor y placer. No pudo definir bien que sintió en realidad, pero quiso que Gojo lo volviera a hacer.

—Si… sigue así, por favor, Gojo —dijo entre respiraciones y gemidos.

A este no le tuvieron que decir dos veces para seguir dando leves mordidas y chupar con un poco más de fuerza. Marín arqueó la espalda, casi perdiendo el equilibrio, pero Gojo puso una mano en su espalda para que esta no se cayera.

Sin poder resistir un poco más, Marín empujó a Gojo a la cama. Este se mostró sorprendido por la acción, pero cuando ella se levantó de él creyó que había hecho algo mal. Rápidamente iba a disculparse, pero las palabras no salieron debido a que Marín se quitó sus shorts. Sintió que su erección crecía, y solo se intensificó cuando ella nuevamente se acercó a él meneando sus caderas con cada paso.

—¿Puedo ayudarte con… quitarte tu…? —preguntó muy nerviosa.

—Este… sí —respondió igual de nervioso.

Marín sonrió triunfante y agarró el borde del pantalón de Gojo y lo retiró. Aún traía su bóxer, aunque este no impedía apreciar la forma del pene de Gojo. Se sintió algo nerviosa, pero puso su palma sobre el miembro. Gojo gruñó y se cubrió los ojos con su antebrazo. Eso hizo emocionar a Marín, quien siguió moviendo su palma por su erección.

«Y sí… tal vez eso haga que se excite más», pensó al tiempo que se subía nuevamente a las caderas. Cuando se sentó sobre su erección. Gojo volvió a soltar otro gruñido. Marín apartó su antebrazo de su rostro y lo miró. Con una sonrisa se acercó a él y le plantó un beso. Gojo lo aceptó, pero cuando sintió la lengua de Marín entre sus labios se agitó un poco. Ante ello, inconscientemente abrió sus labios dejándole paso a Marín para que su lengua entrara y se juntara con la de Gojo. Eso lo tomó mucho por sorpresa, pero admitió que le gustó la sensación.

Comenzó a frotar su pelvis contra la de él haciendo que ambos jadearan por la excitación. Empezó con movimientos suaves, pero lentamente comenzó a acelerar el ritmo hasta el punto en el que ambos dejaban salir los gemidos sin vergüenza.

—No creo… aguantar mucho… más —empezó a decir Marín.

—Yo… tampoco —respondió Gojo igualmente entre jadeos.

Gojo tomó la cintura de Marín y la aferró más a él haciendo que los dos gimieran en el acto. El primero en llegar al éxtasis fue Gojo, aunque no pasó mucho para que Marín lo acompañara en la sensación. Ella cayó sobre Gojo después de eso.

—Eso… fue… ¡genial! —dijo Marín.

—Si, se sintió… muy bien —suspiró Gojo.

—¿Deberíamos llegar hasta el final? —preguntó ella viéndolo a los ojos.

—Si tú quieres, yo también.

Marín sonrió radiante y casi daba un salto, sino se hubiese sentido bastante agotada de las caderas y piernas. De eso se dio cuenta Gojo y sintió algo de culpa de haberle dejado todo el trabajo antes. Con cuidado la apartó de él y le sonrió.

—Es mi turno de hacer el trabajo duro —le dijo a lo que Marín asintió—. Pero, no tenemos condones —dijo nervioso.

—Cierto, tú compraste bebidas —contestó Marín mientras varios planes pasaban por su cabeza.

—Creo que ya…

—¡Espera! Revisa en el cajón de la izquierda de mi armario —dijo Marín rápidamente.

Gojo asintió y fue hacia allí. Realmente no se preguntó por qué tendría condones guardados, y ni siquiera le importó. Pero al abrir el cajón se dio cuenta de algo, esos condones no eran normales.

—¿Pero estos condones no son como una colección? —preguntó mostrándole que en el empaque había un dibujo de Shizuku, del personaje del primer cosplay que le había hecho.

—Creo que sí, pero puedo encargar otros —dijo con una sonrisa.

—¿Estás segura de…?

—Si.

Gojo asintió y abrió con gentileza la caja para sacar un condón. Recordó vagamente como ponérselo, por lo que se quitó el bóxer y se puso el condón. Marín miró expectante esa escena, y se emocionó cuando por fin pudo ver un pene en la vida real. Quería tocarlo, pero resistió el deseo cuando él se acercó nervioso a ella. Se sentó un poco para quitarse sus bragas, y miró con ternura como Gojo desviaba la mirada.

—Ya puedes —tomó un respiro— iniciar.

—Bien —respondió él tragando saliva para que no se secara muy rápido su garganta.

Sus manos fueron a sus piernas y las acariciaron levemente. Las abrió lo suficiente para que cupiera y allí pudo ver el sexo de Marín. Su mano derecha fue hacia allí y rosó sus dedos suavemente sacando un gemido en ella. Rio un poco y volvió a hacer lo mismo. Marín suspiró y con su mano izquierda tomo el pene de Gojo y lo acaricio a través del condón. Este jadeó por la sorpresa y la vio. Solo atinó a sonreírle y este se acercó más. Guio su miembro a su propia entrada, aunque Gojo también puso una mano sobre la suya. Lentamente fue entrando en ella haciéndolos estremecer por la nueva sensación. Marín soltó el miembro de Gojo y se recostó en la cama mientras sus manos se aferraban a las sábanas. Gojo siguió ingresando y cerró los ojos para disfrutar más del momento.

En un principio fue incómodo y algo doloroso para ella, pero realmente esperaba que doliera más. Había leído en foros que la primera vez llegaba a doler, pero el grado de este dependía de cada chica, por lo que agradeció ser una de las que no le dolería tanto.

Siguió entrando, deleitándose de la sensación alrededor de su miembro. Cuando estuvo algo seguro, agarró la cintura de Marín y la miró a los ojos.

—¿Puedo… ah… comenzar?

—Por… favor —contestó mientras su pecho subía y bajaba por su respiración errática.

—Bien —dijo y se aferró un poco más a la cintura de Marín.

Hizo movimientos lentos de fuera hacia dentro. Los dos gimieron en voz alta, aunque la más sonora fue Marín, mientras que a Gojo salían un poco más queditos.

—Un… poco más… ah… rápido —dijo Marín mientras llevaba su mano derecha a su clítoris para empezar a acariciarlo.

Gojo acató lo que dijo y comenzó a mover su caderas más rápido con cada segundo que pasaba.

La habitación se llenó de gemidos provenientes de ambos, pero poco les importó. Ambos sentían que estaban por llegar al cielo. Los movimientos de Gojo fueron muy rápidos, y a Marín le encantaba eso.

«La bebida le está dando… poderes», pensó divertida recordando el diálogo de la primera película de Kun fu panda. No supieron cuanto duró todo, si fueron minutos, horas o solo segundos, pero estuvieron de acuerdo en algo, estaban por llegar a su límite. Las piernas de Marín se estrecharon contra Gojo, quien solo atinó a seguir con su vaivén. Una opresión en su abdomen la hizo pensar en su clímax. Cerró sus ojos y frunció los labios intentando contener su gemido, pero fue en vano.

—¡Gojo, ya estoy en…! —dijo, pero no pudo terminar la oración.

—Yo… también estoy cerca —murmuró y dio unas cuantas embestidas más para terminar.

Agarró las caderas de Marín y se aferró por completo a ella para dejar liberar su semilla en el condón. Jadeó cansado, pero apenas pudo reunir energía para no caer encima de Marín. Sacó su erección de ella y retiró el condón con cuidado de no tirar su contenido. Lo tiró en la papelera y se recostó al lado de Marín. Ambos a duras penas podían respirar bien. El sudor bajaba por sus cuerpos, pero se sentían satisfechos.

—Eso…fue increíble —murmuró Marín.

—Si, eso se sintió… genial.

—Deberíamos volverlo a hacer en otra ocasión —dijo antes de dar un bostezo—. Ya tengo bastante sueño. Creo que me voy a dormir.

—Seguro —respondió levantándose de la cama.

—¿A dónde vas?

—Yo…

—Quédate esta noche, creo que ya no hay que ser muy tímidos al respecto —dijo mientras señalaba su cuerpo desnudo.

—Esta bien.

A pesar de todo, se tuvieron que levantar un segundo para cubrirse con las sábanas. Cuando estuvieron arropados, Marín no dudó en abrazar a Gojo, pero sintió algo raro.

—Este… ahorita vengo —murmuró—. Voy al baño.

—Está bien, Kitagawa.

Marín se levantó y fue rápidamente hacia el baño, aunque en el proceso sintió la mirada de Gojo en su trasero. Sonrió por eso. Le gustaba que él la deseara tanto como ella a él.

Cuando regresó, volvió a abrazar a Gojo por su brazo. Este se giró para verla y le dio un tierno beso en la frente. Eso calentó su pecho y con una sonrisa murmuró en su cuello.

—Te amo.