¡Buenísimas a todos! Aquí con otra historia a pesar de que tengo varias sin terminar ¯\_()_/¯

La buena noticia es que este fic está completamente terminado y editado, así que no habrá retrasos al actualizar, y solo son unos pocos capítulos, es una historia corta realmente, pero como ya la tenía pensada en capítulos, aquí está.

No soy tan fan de Fuerza Danger como lo fui (y soy) de Henry Danger, así que no sé que tan bien me salió escribir a los chicos, pero hice mí mejor esfuerzo, espero que les guste.

Here We Go...

/

—¿Quienes son ustedes?

Esas fueron las primeras palabras que salieron de la boca de Henry apenas abrir los ojos y mirar a su alrededor. Las que le siguieron no hicieron más que preocupar aún más al cuarteto de jóvenes superhéroes, que intercambiaron miradas desconcertadas entre ellos.

—¿Por qué visten así? —observó sus atuendos y sus máscaras—. ¿Por qué llevan antifaces? —miró a su alrededor—. ¿Donde estoy? ¿Quién soy?

—No te preocupes, a veces yo también olvido quién soy —comentó Cerebro tratando de tranquilizarlo—. Pero se me pasa cuando uso mí poder de lanzar rayos y recuerdo que soy Chapa.

—Eres Bose —lo corrigió Miles, luego señaló a una de las chicas—. Ella es Chapa.

El rostro de Bose se contorcionó en desconcierto.

—¿Desde cuándo?

—Desde siempre —contestó Chapa.

—Creo que tenemos algo más importante que discutir ahora —intervino Mika, señalando con la cabeza a Henry.

El joven estaba observándolos con recelo y sospecha, extrañado por sus trajes.

Notando su incomodidad e imaginándose cual podía ser el problema, Mika suavizó su expresión y se arrodilló junto a él.

—¿Qué es lo último que recuerdas? —preguntó con suavidad.

Henry frunció el ceño, desviando la mirada pensativo. Se estrujó el cerebro, tratando de recordar algo, cualquier cosa, pero no encontró nada. Sus cejas se juntaron con confusión y negó con la cabeza, su piel palideció de súbito.

—Nada —susurró desconcertado y aterrado.

Entonces alzó la mirada hacia los jovencitos a su alrededor en esas raras ropas y antifaces. No podía recordar de quienes se trataba pero si podía sentir algo. Era como si en el fondo supiera que debía saber quiénes eran, sentía afecto por ellos, como el cariño que se le tiene a unos hermanos pequeños, pero no sabía el porque o como había sucedido. Ellos definitivamente no eran sus hermanos.

—¿Quién soy? —repitió, mirando a cada uno de los adolescentes por una respuesta—. ¿Quiénes son? ¿Qué hacemos...—miró a su alrededor dándose cuenta de que estaban en la cima de un edificio en alguna ciudad— aquí arriba de noche?

Ellos se miraron inseguros de que hacer o como responderle, así que Miles decidió tomar cartas en el asunto.

—Relájate, amigo. Soy Miles, mejor conocido como Ausente —explicó, haciendo un gesto para sí mismo, y luego agitó una mano hacia los chicos a su alrededor, que lo miraban con interés y preocupación—. Y esos son Bose, Cerebro, Chapa, Rayo y mi hermana Mika, Grito, somos superhéroes como tú y el Capitán Man. Fuiste golpeado por una onda de choque. No tuviste tiempo de usar tu escudo de fuerza porque estaba debilitado y terminaste siendo empujado aquí, y...

Trató de seguir el hilo de lo que el chico, Miles, estaba explicándole amablemente, y algunas palabras hicieron más eco que otras en su mente, como "superhéroes" y "Capitán Man" juntas en la misma oración, sabía que era algo que debería ser capaz de entender y aceptar, y sintió una momentánea punzada en medio de los ojos mientras se esforzaba por hacer sentido a lo que estaban diciéndole.

—Miles, detente, lo estás abrumando —la jovencita, Mika si no había entendido mal, interrumpió a Miles antes de que pudiera seguir explicando.

El chico se detuvo y una mirada al joven le dejó saber que ya no le estaba prestando atención. Henry estaba sentado pero encorvado hacia adelante, con las manos en la cabeza y mirando al suelo, ojos cerrados fuertemente y una mueca como si tuviera dolor de cabeza.

Mika posó una mano sobre su espalda, con suavidad y cautela para no asustarlo o sobresaltarlo en su estado ya errático, y le habló despacio.

—No trates de forzar tu memoria, solo te provocara más dolor —aconsejó.

Henry exhaló temblorosamente pero hizo caso a la jovencita y ya no trató de obligar a su cerebro a traerle recuerdos que contuvieran las palabras que más resonaban en su mente. Eso solo agudizaba su ya insoportable dolor de cabeza.

Bajó las manos y alzó la vista, dándole a la chica una sonrisa débil y agradecida, y la miró a los ojos. Tenían un brillo de inteligencia que le hacían sentir como si ella le recordara a alguien que debía recordar.

—Oigan, mejor esperemos a Schwoz y a Ray, que ellos se encarguen de averiguar que sucede con Henry —sugirió Chapa.

—El golpe que sufrió le provocó amnesia —aclaró Mika.

—¿Henry?

Los niños volvieron a fijar su atención en él.

—¿Así me llamo?

—Mika está en lo correcto —comentó Chapa, dándole al más grande una mirada de lástima.

—Sí, te llamas Henry Hart —explicó Mika.

El asintió. Pero por su expresión estaba claro que seguía sin recordar eso tampoco.

—Miles, contacta a Ray y Schwoz a ver dónde están y advierteles sobre la situación —decidió Grito—. Yo intentaré atender la herida que tienes en la cabeza ¿De acuerdo?

Eso último lo dijo dirigiéndose a él, Henry. Este se llevó una mano a la zona en la cabeza donde sentía más dolor y al retraer los dedos, los encontró manchados de sangre. Se asustó un poco por eso pero la amable muchacha le colocó las manos en los hombros, impidiendole sacudirlos de la impresión.

—Tranquilo, me ocuparé de limpiar y vendar —le aseguró con una sonrisa amable.

Por razones desconocidas para él, no sintió que confiar en ella fuera un error así que no se opuso. Su forma de ser, diligente, amable y competente le recordaba a alguien más. Quisiera saber a quien.

Cómo lo prometió, Mika sacó de su cinturón vendas y desinfectante y con delicadeza y precisión limpió la herida. No era un corte muy profundo y ya había dejado de sangrar. Solo le vendó la cabeza por precaución.

Henry trató de averiguar más sobre su vida pero la chica solo pudo responderle un par de preguntas simples sin que el dolor de cabeza lo asaltara, averiguando que era un superhéroe también capaz de crear un escudo de fuerza a su alrededor, que se encontraba en Swellview porque habían requerido su ayuda pero que él vivía en otra ciudad. Así que se mantuvo en silencio, pensativo, observando interactuar al grupo de jovencitos. Superhéroes, eso explicaba sus atuendos, y aunque la idea de que existieran era extraña, no sintió que fuera completamente descabellada. Lo aceptó como la verdad después de comprobar que, si bien no tenía memorias, lo que sentía y sus emociones le bastaban para saber si le mentían o no, era como si solo con ver rostros y oír voces aunque no las reconociera le bastara para saber que sentía por esas personas y tratarlos de acuerdo a sus percepciones.

El silencio de la noche fue roto por el sonido de hélices acercándose, y cuando alzó la mirada al cielo para buscar la fuente, notó un helicóptero acercándose al edificio en el que se encontraban.

—No te preocupes, son amigos —mencionó la jovencita, Mika, se recordó.

Miles había querido transportarlo con su poder, pero ella no había creído que eso fuera recomendable, podría bien empeorar su situación, además de que ya estaba bastante alterado como para agregarle estrés.

Lo ayudó a ponerse de pie porque temía que el golpe pudiera provocarle mareos u otros inconvenientes pero él le aseguró que se encontraba bien, solo aturdido y desconcertado.

El helicóptero aterrizó en la azotea del edificio y de este bajó un hombre adulto, vistiendo un traje azul y rojo con botas y un antifaz. Otro superhéroe, su mente aportó.

El hombre se acercó a paso rápido hacia ellos y pasó entre los jovencitos, ignorándolos, en dirección suya, tomándolo por sorpresa cuando colocó sus manos sobre sus hombros y lo sacudió desesperado al ver la venda en la cabeza.

—¡Henry! ¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes?

Henry parpadeó desconcertado, incapaz de responder a las preguntas del extraño porque las hacía una trás otra.

No sabía quién era, ni su nombre de superhéroe ni su identidad real. Pero aunque estaba siendo un poco dramático y molesto, sentía respeto por ese hombre y cierto afecto familiar. Era como si se tratara de un tío un poco loco e inmaduro.

—¡Ray, Henry sufrió un golpe en la cabeza, no lo alteres! —lo retó la jovencita.

—Además de que tiene amnesia, debe estar preguntándose porque un sujeto loco en pijama lo está sacudiendo —comentó Chapa.

Ray ensanchó los ojos, más preocupado si era posible.

—¡¿Amnesia?! —exclamó.

—Te lo dijimos por teléfono —mencionó Miles.

—No lo recuerdo.

Bose jadeó de súbito,

—¡Oh no! ¡La amnesia se está volviendo contagiosa! ¡Rápido, todos pónganse máscaras de gas! —chilló desesperado.

—No tenemos máscaras de gas —dijo Chapa.

—¡Estamos perdidos! —exclamó alzando los brazos al cielo.

—¡Ya dejen de perder el tiempo! —intervino Mika—. Schwoz, Henry no recuerda nada de él ni de su vida, puede que se trate de una amnesia temporal pero deberíamos llevarlo al Nido para revisar que no sea nada grave.

—Oigan, yo soy el jefe, así que yo doy las órdenes —protestó Ray, luego se dirigió a Schwoz—. Schwoz, llevemos a Henry al Capi Nido para revisar que no tenga nada grave.

—¡Eso es lo mismo que yo dije! —se quejó Mika.

Pero nadie salió en su apoyo y la niña bufó ofendida y molesta mientras el inventor solo asintió a las palabras del otro adulto. Ray por su parte volvió su atención a Henry, que lo miraba aprensivo.

—¿De verdad no me recuerdas a mí? ¿A tu mejor amigo? —preguntó entristecido—. ¿Después de todas las aventuras que tuvimos juntos?

Henry hizo una mueca de culpa, sintiéndose triste por él.

—Lo siento, quisiera recordar, de verdad, pero ni siquiera puedo traer a flote los nombres de mis propios padres, ni siquiera imágenes de ellos —se lamentó.

—Puedo ayudarte con eso —ofreció Ray—, tengo muchas fotos de tu madre.

Henry frunció el ceño. Sentía que debía estar molesto pero a la vez como si eso no debiera sorprenderlo ya.

—¿Por qué guardas fotos de mí madre?

Ray lo soltó y dio un paso atrás, mirando hacia otro lado distraído.

Mika suspiró cansada.

—Ya mejor vámonos ¿Sí?

Como pudieron, el equipo entero subió al helicóptero e hicieron el viaje hacia el Capi Nido, todo el viaje Henry estuvo silencioso, observando el paisaje que podía verse desde allí. La imagen de aquella ciudad vista desde arriba le traía sentimientos de nostalgia.

El resto estuvo hablando todo el viaje, Mika tratando de hacer razonar a Bose que la amnesia no era contagiosa y que no iba a olvidar respirar por estar en el mismo espacio que Henry, y Ray evitando hacer contacto visual con su ex pupilo porque Henry le había vuelto a cuestionar por las fotos de su madre.

Una vez que llegaron al famoso Capi Nido, el cuartel de operaciones del equipo, Henry entró con el resto al lugar, caminando despacio y mirando con curiosidad a su alrededor, admirando todo. Tenía la sensación de haber estado, no solo en ese lugar, sino también en uno muy parecido pero que de solo pensar en ello comenzaba a temblar como si se tratara de un recuerdo doloroso y aterrador.

Sacudió la cabeza y decidió dejar eso de lado.

Schwoz –un hombre extranjero y bajito de acento raro pero muy inteligente– lo llevó a una sala apartada para hacerle unos estudios rápidos, explicándole que era para estar seguros de que no había ninguna otra complicación más que su amnesia. Él accedió a ir, pero acompañado de Mika, la jovencita dulce y competente que le daba más confianza hasta ese momento.

Se mantuvo en silencio, dejando a Schwoz trabajar en tranquilidad, incluso le hicieron estudios rápidos a su cerebro pero todo salió normal. No había otras heridas más que el golpe en su cabeza y unos cuantos moretones por la caída que se irían desvaneciendo con el pasar de los días.

Cuando estaban en medio de eso, Ray entró a la sala, ya fuera de su traje colorido, y ni aún así su amigo lo reconoció. Ray suspiró frustrado y molesto pero se compuso rápido.

—Intenté llamar a su hermana pero no hubo respuesta, sus padres no están en la ciudad y no lo estarán en unas semanas, sí pude ponerme en contacto con Jasper —Ray hizo una mueca de desagrado ante ese nombre pero Henry supo que no era algo que debía molestarle realmente— y le dije que le dijera a Charlotte que viniera de inmediato, ya está en camino.

—Charlotte —Henry susurró para si mismo.

Ese nombre le provocó algo en su interior, como un cosquilleo agradable que no pudo identificar. Era un nombre de mujer, una mujer muy importante para él, de eso podía estar seguro. ¿Sería su novia? No podía ser una familiar porque por lo que había oído, habían descartado a su familia, así que debía ser eso. Pero estaba amnésico, no podía asegurar nada.

—¿Por qué no le dijiste que viniera también? —inquirió Mika.

—Porque Jasper no me agrada.

—¿Quién es Jasper? —preguntó, recordando el otro nombre oído.

—Es tu mejor amigo —respondió Mika.

Henry asintió. Pensar en Jasper le traía sentimientos de camaradería y cariño fraternal. Así que si Jasper era su mejor amigo y sentía eso pero por Charlotte sentía cosas diferentes... Charlotte tenía que ser algo más...

Schwoz terminó las pruebas y decidió que Henry estaba físicamente bien, solo estaba el problema de su pérdida de memoria, pero les había dicho que seguramente recuperaría recuerdos conforme pasara el tiempo. Ray no lo dudó y lo dejó quedarse en un cuarto en el Nido, lo que Henry aceptó porque ni siquiera sabía cómo demonios iba a regresar a casa si no sabía dónde rayos estaba ese lugar para empezar.

Así que pasó el resto de la noche allí, en una de las camas, mirando hacia el techo oscuro, tratando de recordar algo, por pequeño o inútil que fuera, pero no pudo obtener ningún resultado.

Era frustrante que todos supieran cosas sobre él excepto él, se sentía como si tuviera su vida expuesta a extraños. Todo lo que consiguió tratando de forzar su memoria fue un terrible dolor de cabeza que empeoró su estado de ánimo.

Después de varias horas, decidió seguir las instrucciones de Mika y dejar de forzar su mente, optando por intentar dormir, necesitaba descansar aunque no lo deseaba.


Esten atentos para el siguiente capítulo.

See ya!

H. C.