Sus intentos por dormir fueron infructuosos y el amanecer lo encontró levantándose incluso antes de que la luz del sol entrara por la pequeña ventana del cuarto, ya que no tenía caso quedarse acostado sin hacer nada más que pensar en su situación. Desayunó algo ligero y luego decidió sentarse en el suelo frente al gran ventanal solo en pantalones de dormir y calcetines, observando lo que podía verse más allá, la vista de la ciudad desde ese punto era muy bonita y le traía sentimientos de nostalgia que le agradaban.
El ruido de los tubos lo sacó de su ensimismamiento y se levantó para ver quién llegaba, y sintió que se le secaba la boca al ver lo que su cerebro le decía que quien cruzó el umbral debía ser la mujer más hermosa del mundo.
Era una mujer joven, que aparentaba tener su misma edad, de piel oscura, con salvajes rizos morados cayendo sueltos y grandes y hermosos ojos castaños. Llevaba botas negras, jeans ajustados y una camiseta sin mangas roja con un chaleco de camuflaje.
—Charlotte —exhaló sin pensarlo.
Realmente no tuvo que esperar por una afirmación, ya podía decir por la forma en que su corazón se aceleró repentinamente en su pecho ante su presencia, que ella era la Charlotte de la que había oído hablar. La que había sido capaz de encender una chispa de reconocimiento en su mente.
Ella se detuvo y lo miró con atención, se veía preocupada pero cuando lo escuchó decir su nombre, el alivio inundó su hermoso rostro.
—¿Te acuerdas de mí? Me dijeron que no te acordabas de nada —mencionó ella sonriendo.
Su voz era dulce y suave, su sonrisa brillante y decidió que nunca había visto nada más maravilloso.
—No... no realmente —respondió con sinceridad.
Su rostro decayó decepcionado y él se sintió enojado consigo mismo por haber aplastado sus esperanzas así. Sus ojos perdieron el brillo y su sonrisa se desvaneció y de repente lo único en su mente era el abrumador deseo de envolverla en sus brazos y asegurarle que todo estaba bien.
—Tranquila, no hay razón para preocuparse tanto —dijo para consolarla, acercándose a ella con cautela.
Ella no huyó de su cercanía ni tampoco se rehusó a su toque cuando la abrazó y la apretó contra su pecho. Charlotte lo abrazó también, relajándose contra él.
—Schwoz dice que seguramente solo es algo temporal —aseguró.
—¿Y cómo fue que me reconociste? ¿Te dijeron los chicos?
—No —respondió con honestidad.
Después de un minuto de agradable contacto, ella se separó de él suavemente aunque sin soltarlo y lo miró a la cara. Bueno, Charlotte más bien estaba mirando la venda que recorría su cabeza. Levantó una mano y tocó la zona.
—¿Y esto?
—Por la herida que recibí en la cabeza, una de las niñas ¿Mika? Ella me atendió.
—Hizo un buen trabajo —observó la chica.
—Es muy competente, y amable y dulce, y muy lista...me recuerda a ti.
Charlotte dio una risa.
—Si acabas de admitir que no me recuerdas en realidad ¿Cómo puede ella recordarte a mí? ¿Cómo adivinaste mí nombre? —apuntó su amiga.
Henry se encogió de hombros.
—No sé cómo o porque sucede pero... Es como que algunas cosas solo...las sé... —reveló inseguro.
Ella ladeó la cabeza, confundida.
—¿Puedes tratar de explicarlo mejor?
—Es como si no recordara imágenes pero si sentimientos —respondió—. Cuando desperté y vi a los niños, sabía que los quería como a hermanitos, o a ese tipo, Ray, como a un tío o hermano mayor... así supe que podía confiar en ellos... —la miró a los ojos sonriendo —. Así supe que tu tenías que ser Charlotte.
Charlotte se lo quedó mirando, pensando en su explicación. Así que no recordaba pero si sentía. Eso ayudaría a su recuperación. Debería hablar con Schwoz para juntos buscar alguna terapia para ayudarlo, no podían arriesgarse a llevarlo a un hospital y que sin querer expusieran su identidad.
Henry se quedó embobado mirando el rostro de la joven. Estaba pensando profundamente en algo, reconocía esa expresión, aunque se sintiera como la primera vez que la veía. Siguió inspeccionando su rostro a discreción, tratando de detectar más expresiones o rasgos que dispararán algún recuerdo, pero al fijarse en sus labios, fue incapaz de quitar sus ojos de ellos.
Le gustaría poder recordar como se sentían, porque debía de haberla besado, porque no podía percibir otra conclusión más que: Charlotte debía de ser su pareja. Eso explicaba porque se sentía tan atraído hacia ella, porque la encontraba tan atractiva. Porque sentía por ella un amor que no correspondía al que se tiene por una amiga. Porque ansiaba tanto poder probar sus labios.
No lo soportó más y se inclinó para besarla, tomándola por sorpresa si se dejaba guiar por el jadeo que amortiguó con su boca. Fue suave y tierno al principio, pero antes de darse cuenta había colocado una de sus manos tras su nuca y cerrado los dedos y puesto la otra en su espalda baja, apretándola más fuerte contra él.
Charlotte se sintió tan confundida con su repentina acción que por unos momentos después de exclamar de sorpresa, su cerebro hizo cortocircuito y no pudo más que cerrar los ojos, pero al sentirlo tratar de profundizar el beso, soltó sus brazos y colocó sus manos en su pecho con la intención de apartarlo porque esto estaba mal, él no la veía así, nunca lo había hecho, pero él no le dio tiempo porque apretó su agarre y la sensación de su piel desnuda y cálida contra las palmas de sus manos sumada a la mano que se escabulló bajo su camiseta y se posó en su espalda baja envío una corriente a través de su cuerpo que la aturdió.
—¡¿Cómo es que no me dijeron que son novios?!
La voz indignada de Schwoz los obligó a separarse. Henry lo hizo a regañadientes, pero Charlotte con aturdimiento.
Al mirar de dónde provenía la voz, encontraron a Schwoz de pie a unos metros, lo poco que tenía de cabello sujeto en ruleros, en pantuflas, las manos en la cintura y observándolos ofendido.
—¡Soy el primero que se dio cuenta que iban a terminar juntos y no tuvieron la intención de decirme primero!
—¿Qué es todo este alboroto? —preguntó Ray, apareciendo ahí también.
Schwoz detuvo la sarta de maldiciones en su idioma natal para responder.
—¡¿Puedes creer que los encontré besándose?! —los acusó el inventor.
El otro adulto les envió una mirada sorprendida. Y ahí notó que ella seguía con sus manos sobre su pecho desnudo y el aún la sostenía del cuello y la cintura, con una mano escondida bajo su camiseta. Y que ambos lucían agitados. Hizo una mueca.
—Se que debió ser grandioso verse después de tantos días separados pero Henry, pudiste haber esperado a llevarla a tu cuarto al menos.
Antes de que cualquiera de los dos pudiera protestar algo a sus palabras o sentirse avergonzado, a Ray le cayó en cuenta algo.
—Momento... ¿Cómo podías saber que ella es tu novia si no recuerdas a nadie? —de súbito, una sonrisa adornó su rostro—. ¡¿Empezaste a recordar?! ¿Me recuerdas ahora?
Eso espabiló a Charlotte y ella se separó de Henry, dando varios pasos lejos de él, confundida y abrumada.
—Wow, wow, wow, no empecemos a sacar conclusiones —declaró la chica.
—¿De que hablas? —preguntó Henry.
Ella miró a su amigo, cuyo rostro demostraba lo desconcertado que estaba. Y sintió una punzada de dolor y lástima porque ella entendió en ese momento que era lo que había ocurrido. Henry había confundido sentimientos. Claro, ella era su mejor amiga, la quería, todos lo sabían, su relación era especial. Él le había dicho que recordaba lo que sentía por las personas, seguramente sentía un gran cariño por ella y había creído que eran pareja.
Charlotte tomó aire y trató de tranquilizarse. No era culpa de Henry, nadie le había explicado nada sobre su vida, él había estado armando el rompecabezas de sus memorias por su cuenta pero era como si lo estuviera armando con las piezas al revés, impidiendole ver si la imagen coincidía.
—Henry ¿Sabes quién soy? No me refiero a mí nombre, sino a ¿Qué soy para ti?
Henry la observó, analizando lo que sentía por ella, y para él solo podía haber una explicación obvia.
—Eres mí novia ¿No? —contestó con una gran sonrisa.
Charlotte sintió como su cuerpo entero aumentaba la temperatura debido a la vergüenza que sintió por esa declaración, y balbuceó incoherencias antes de detenerse para hablar con claridad y despejar la nube de confusión de su cabeza.
—No... Henry, claro que no.
La decepción que sintió Henry fue momentánea y rápidamente reemplazada por más confusión porque ¿Qué más podía ser está chica? Él sabía perfectamente lo que sentía por ella.
—Pues no traes anillo, y yo tampoco —añadió mirando su mano desnuda—. Así que no puedes ser mí esposa.
Ray soltó una carcajada a las palabras de su amigo, pero la contuvo cuando ella le envió una mirada gélida indicándole que ella no encontraba nada de eso gracioso.
Ella más bien estaba sorprendida por la conclusión a la que había llegado. Seguía empeñado en la idea de que ellos eran más que amigos. Lo aceptaba como un hecho obvio. Debía aclarar las cosas cuanto antes.
—No, Henry —comenzó, despacio y con un tono suave para no herirlo—. Tú y yo solo somos mejores amigos, los mejores mejores amigos.
Ella le ofreció una sonrisa torcida, insegura de cómo iba a reaccionar porque achicó los ojos en confusión y reflexión unos momentos después de oír su respuesta. Entonces endureció sus rasgos en incredulidad.
—Eso no tiene sentido —declaró con seguridad.
—¿De que hablas? ¿Qué es lo que no tiene sentido?
—Que seas mí amiga —respondió Henry.
Ella entornó los ojos, desorientada.
—¿Por qué?
—Por qué estoy muy seguro de lo que siento, y lo que siento por ti cuando te veo a los ojos no es lo que sentiría por una amiga —reveló.
Alguien jadeó en la sala, y un breve vistazo le permitió ver que se trató de Schwoz, que junto a Ray se habían dedicado a observar el asunto desenvolverse como si de una telenovela se tratara.
Sus palabras la congelaron como para enviar una mirada a Schwoz también. Sus rasgos eran serios, mostrándole que estaba siendo honesto. Él no le estaba mintiendo. No estaba bromeando. Realmente pensaba que estaba enamorado de ella. Ella solo pudo mirarlo en un silencio asombroso, boquiabierta como un pez fuera del agua, incapaz de decir nada. Luego sacudió la cabeza y parpadeó como si se hubiera despertado de un sueño y lo miró de nuevo.
—No Henry, eso es imposible, tú no...yo no, nosotros no...—balbuceó, gesticulando torpemente con las manos, entonces exhaló y lo miró bajó sus pestañas—. Tú no me ves así, estás equivocado.
—No lo estoy.
—Sí, lo estás, tú no me ves de esa forma.
—¿Por qué no? —preguntó Henry.
—Porque no, simplemente no —repitió Charlotte, sacudiendo la cabeza frenéticamente.
Esa respuesta no lo satisfizo e insistió.
—No lo entiendo, eres hermosa, inteligente, dulce y competente ¿Por qué crees que sea imposible que estemos juntos? ¿Por qué no puedes aceptar que te amo?
Su intención no fue ser brusco o insensible, no quiso lastimarla, pero se dio cuenta tarde que su tono se había alzado demasiado y que su elección de palabras no había sido la mejor. Decir que la amaba no hizo más que asustarla. Y eso fue extraño ¿Por qué la asustaría el que él le dijera que la amaba? ¿Nunca se lo había dicho acaso? Pensándolo bien, aquella declaración se sintió más como una confesión, y hasta sintió que su pecho se liberaba de un peso opresivo ahora que ya había revelado lo que sentía.
Sin embargo, su confesión, lejos de calmar sus nervios, solo empeoró su estado de agitación. Charlotte sintió que la habitación se cerraba a su alrededor, el aire se volvió demasiado denso para pasar por sus fosas nasales y sintió que se ahogaba con un nudo en la garganta que no permitía que saliera ningún sonido. De repente, demasiado abrumada, sintió que necesitaba salir de ahí de inmediato, por lo que sin proferir palabras se dio la vuelta y se dirigió con pasos rápidos hacia los tubos.
La culpa asaltó de inmediato al joven y quiso ir tras ella, pero Ray lo sujetó del brazo y lo detuvo. Henry forcejeó para liberarse, mientras más tiempo pasaba, más se alejaba la mujer más importante de su vida, pero Ray no se inmutó.
—Dejame ir, tengo que alcanzarla —gruñó Henry.
—Ahora lo que menos te recomendaría es perseguirla —dijo Ray, negándose a soltarlo—. Necesita tiempo a solas para tranquilizarse.
—Pero quiero disculparme por herirla.
—Lo harás cuando regrese —Ray tiró del brazo de su amigo.
Henry dejó de forcejear cuando quedó claro que no podía librarse de Ray tan fácil –aparentemente no recordaba como utilizar su poder, o que lo tenía–. Solo suspiró entristecido y cabizbajo.
—¿Estás seguro que regresará?
Ray suavizó su semblante y soltó su brazo para palmear su espalda en consuelo y darle una sonrisa de ánimo.
—Esta no es la primera pelea que tienen, y estoy seguro que no será la última, pero ella te quiere y no podrá estar molesta contigo para siempre, menos si estás en estas condiciones.
Las palabras de Ray lo tranquilizaron, pero aún así, había un asunto que lo inquietaba todavía.
—Si me quiere... ¿Por qué salió despavorida cuando le dije que la amo? ¿Por qué dice que somos solo amigos cuando lo que siento es otra cosa? —preguntó alzando sus ojos con una mirada confundida y abatida dirigida al hombre.
Ray exhaló apesadumbrado y le pasó a su desanimado amigo un brazo sobre sus hombros.
—Kid, sígueme, tenemos mucho que aclararte y explicarte.
Escribir esta escena fue divertido xD
Hasta la próxima, See Ya!
H. C.
