En su prisa por escapar de la presencia de Henry, no pensó hacia dónde se dirigía, solo se escapó, lejos de su mejor amigo. Había llegado en su auto, así que se subió, lo encendió y se alejó rumbo a la ciudad.
Ella no planeaba regresar a su casa, todavía no, Henry todavía estaba amnésico, todavía necesitaba ayuda para recuperar la memoria, no podía abandonarlo. Solo necesitaba tiempo a solas para pensar.
Condujo sin dirección durante unos veinte minutos, hasta que su respiración se estabilizó de nuevo. No sabía por qué había reaccionado de esa manera, tal vez había sido el shock de escucharlo decir eso, que él... él...
Tragó saliva, ni siquiera podía pensar en sus palabras sin que su respiración se acelerara y la sangre se le subiera a la cabeza. No podía tener un colapso mental en medio del tráfico.
Se desvió para conducir por una calle más tranquila y condujo frente a una cafetería que recordaba de los años que vivió allí. Decidió estacionar y entrar.
Pidió una gran taza de capuchino y se dirigió al parque más cercano, tomando asiento en un banco. Todavía era muy temprano para que hubiera gente, solo un par de personas haciendo ejercicio. Todo estaba tranquilo.
Se recargó contra el respaldo de la banca y bebió su café con la mirada puesta en la nada. Sabía que tenía que abordar el asunto con sí misma en algún momento pero trataba de retrasarlo lo más posible.
Sin embargo, unas voces a lo lejos la hicieron levantar la mirada y ver a un grupo de jovencitos correr hacia ella.
Sonrió al verlos, torciendo su sonrisa cuando vio que uno de los chicos traía una máscara de gas puesta.
—¿Cómo me encontraron? —preguntó cuando llegaron a ella.
—Rastreamos tu teléfono —respondió Miles.
—Rastreamos se me hace un trabajo de muchas personas —dijo Mika.
Miles rodó los ojos pero no discutió con su hermana. Era un trabajo demasiado tedioso a esa hora de la mañana.
La jovencita volvió su atención a la mayor y empezó a explicarse con una expresión de suficiencia.
—Yo busqué tu ubicación mediante un programa de computadora que permite–
—Ya habrá tiempo para explicar eso luego —la interrumpió Chapa—. Vinimos a buscarte porque Schwoz nos dijo lo que pasó.
Charlotte se sobresaltó, sintiendo su rostro aumentar la temperatura.
—¿Qué fue lo que les dijo? —preguntó vacilante y un poco avergonzada.
—Que Henry te confesó que te ama y te asustaste y saliste corriendo —respondió Bose, con la voz amortiguada por la máscara que llevaba puesta.
—¿Por qué llevas eso?
—Aún cree que tendrá amnesia por respirar el mismo aire que Henry —respondió Mika.
—Henry no está aquí —le recordó Charlotte con una suave sonrisa porque el niño se le hacia tierno.
—Pero tú lo besaste, ¿verdad? Tú también podrías ser contagiosa —se justificó.
Su sonrisa desapareció reemplazada por una expresión avergonzada y no pudo mirarlos a los ojos.
—¿Schwoz te dijo todo eso? —cuestionó, con la voz ligeramente aguda.
Ella lo iba a matar.
Mika negó con la cabeza, suavizando la mirada.
—Fue Henry —aclaró.
Charlotte alzó la mirada.
—¿Hablaron con él?
Los cuatro jovencitos asintieron.
Mika tomó asiento junto a la adulta. Para ella, Charlotte era como un modelo a seguir, estaba logrando equilibrar sus estudios con su trabajo sin descuidar su familia y amigos, e iba a llegar muy lejos. Y no podía evitar emocionarse de pensar en que podría ayudar a su heroína. Está era una misión tan importante como salvar la ciudad, reconciliar a esos dos.
—Henry está muy triste —empezó—. Se siente mal por haberte asustado, y Ray habló con él y le dijo cosas de su vida, le hizo entender que ustedes dos son amigos, pero... —la chica hizo una pausa, insegura de cómo decirle aquello.
—Él sigue convencido de que te ama —concluyó Chapa cuando le pareció que Mika estaba tardando mucho.
Mika le envió a su amiga una mirada irritada porque el tono usado por la otra chica había sido muy seco. Luego volvió su atención a Charlotte.
—Entiende que son amigos, pero está seguro que de su parte, lo que siente por ti es amor, y es real, no es solo un cariño amistoso.
Charlotte exhaló, juntando sus manos en su regazo y retorciéndolas nerviosa.
—¿Tú que sientes por él? —se atrevió a preguntar Mika.
La mayor frunció los labios mientras pensaba. ¿qué sentía por él? Obvio lo quería, pero ¿era solo como un amigo? No podía estar segura, había pasado tanto tiempo a su lado que nunca se había puesto a cuestionar el cariño que le tenía. Pero no se comparaba al que había tenido por novios en el pasado, por ejemplo Jack. Lo había querido, pero analizándolo bien, el cariño que le tuvo nunca superó al que le tenía a su mejor amigo.
—No estoy segura —confesó frustrada—. Lo quiero pero... no sé si como él lo hace...
—Pues por como Ray habla de ustedes dos cuando estaban con él, lo hace parecer como que eran más que amigos —señaló Miles.
—¿Ray habla de nosotros?
—Todo el tiempo —confirmó Bose.
—Casi siempre comparándonos con ustedes —continuó Miles.
—Charlotte hacia las cosas así, o Henry no se molestaba cuando yo hacia esto —se quejó Chapa, haciendo su voz diferente para imitar a un Ray fastidiado.
Todos rieron a su imitación, incluso Charlotte aunque muy débilmente.
Debería hablar con él, no era sano para estos niños que los perjudicara comparándolos a otras personas, podía crearles complejos graves. Pero eso vendría luego.
—Charlotte, escucha, —continuó Mika cuando las risas se acabaron— Henry te ama, eso era así antes de su amnesia, y seguro no se atrevía a decir nada, o quizás ni siquiera él se daba cuenta de lo que sentía, quizás ustedes dos deberían juntarse y hablar sobre lo que sienten, despejar sus dudas —sugirió la jovencita.
—Aún si yo aceptara que siento algo más por él, si llega a recuperar la memoria, quizás olvide todo y vuelva a ignorar lo que siente o a ocultarlo —se lamentó Charlotte—. Si lo ocultaba debía ser por alguna razón, y no quiero...no sé, ilusionarme y que al final todo quede en la nada.
—Si está tan seguro de lo que siente, no creo que no lo supiera, y tampoco creo que quiera ocultarlo si averigua que tu también lo sabes —opinó Miles.
Charlotte revivió en su mente el momento de la confesión, recordó vividamente el fuego en los ojos de su amigo y la convicción en sus palabras. Miles estaba en lo cierto, Henry tendría que haberlo sabido de antemano.
Pero aún estaba el asunto de lo que ella sentía. Lo encontraba atractivo, creía que era valiente, fuerte, dulce y encantador. Y ese beso...no podía negarse que lo había disfrutado, había sentido un millón de mariposas revoloteando en su vientre, por un instante se había sentido en las nubes.
—Gracias niños —les sonrió maternalmente, mirando a cada uno de ellos—. Me abrieron más los ojos, pero todavía tengo que pensar bien ¿por qué no regresan al Capi Nido? Les prometo que iré más tarde ¿de acuerdo?
Viendo que no había mucho más por hacer, los jovencitos aceptaron y emprendieron el regreso a la base, diciéndose que al menos habían hecho todo lo que estaba al alcance de sus manos para ayudar. El resto corría por cuenta de los adultos.
