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UN INVIERNO EN NUEVA YORK
Tres jóvenes estaban reunidas en una sala, alejadas de la bulla del gran salón de la mansión de los Andley, quienes como cada año habían organizado una fiesta para recibir el nuevo año, 1918.
-Ya casi es hora del conteo regresivo. – dijo una no muy animada Annie.
-Tendremos que volver al salón? – dijo Patty – en realidad no me siento con ánimos de volver.
-No se pongan así chicas, recuerden que es un nuevo año, y éste puede traer grandes sorpresas. – Candy trató de animarlas; pero por dentro sentía lo mismo que sus amigas.
-No soporto verlo con ella. – dijo la morena con lágrimas en los ojos – no debí hacer caso a mi madre, me duele ver lo atento que es Archie con ella.
-Lo siento Annie – Patty la abrazó.
-En realidad, Archie no sabía que Nicole vendría. – dijo Candy – creo que la tía abuela invitó a sus padres y ellos pospusieron su viaje para estar presentes, ella le dio la sorpresa cuando llegó.
-Aun así duele ver cómo la trata, él nunca me trató de esa manera. – dijo dolida.
Hacía casi medio año que Annie y Archie habían terminado su relación. El joven Cornwell, había entrado a la universidad para iniciar sus estudios en administración, para que en un futuro tomara las riendas de la empresa de sus padres, fue ahí donde conoció a Nicole Morrone, hija de un senador de la ciudad de Boston, le había cautivado el espíritu luchador y desafiante de la joven.
-Alégrate Annie, no dejes que eso te eche a perder la noche.
-Patty tiene razón, vi como algunos jóvenes te miraban con interés.
La morena sonrió levemente, pues ella también se dio cuenta del interés de algunos; sin embargo su corazón pedía la atención de uno que estaba próximo a comprometerse con alguien que no era ella.
-Lo sigues amando, cierto? – dijo tristemente Patty. – te entiendo, puedes intentar avanzar… seguir con tu vida, pero tu corazón se reúsa a obedecer, sigue esperando a que su dueño regrese…
-Patty… - Candy bajó la mirada, ella se sentía igual.
-Me duele… no haber sido más importante para Stear… - dejó que las lágrimas que retenía salieran – que para él haya sido más importante su deber que yo…
-Su deber… - murmuró Candy – su deber y honor fue más importante – pensó, pero no se refería a su primo, sino a un joven castaño que estaba en otra ciudad, que seguramente estaba recibiendo este año acompañado de otra rubia.
-Estás bien Candy? – cuestionó Annie.
-Yo… sí – trató de sonreír, pero se dio cuenta que su voz había temblado, y fue hasta que Patty la abrazó que supo que había estado llorando.
-Oh Candy! – lloró también – lo siento… nosotras siempre llorando y lamentando lo que nos pasó… y nunca… nunca te preguntamos a ti como estabas con tu dolor.
-Patty…
-Patty tiene razón – Annie se unió al abrazo – desde que regresaste de Nueva York, trataste de comportarte como si todo estuviera bien, pero ahora me doy cuenta que tú también sufres por su separación.
-Estoy bien chicas… - se alejó de ellas y les sonrió para afirmarlo – fui yo quien lo decidió así.
-Entonces... – Annie la miró seria – por qué lloras? Mírate Candy! – dijo algo molesta – estás sufriendo por una decisión que tú tomaste?
-Tenía que ser así! – explotó – ella le salvó la vida, si no lo hubiera hecho… ahora él estaría… - se cubrió la cara con las manos – no lo hubiera soportado… no sólo lo salvó a él, también a mí…
-No es justo! – levantó la voz Patty – de que sirve salvar a alguien si lo vas encadenar a tu lado sin que te ame – Annie y Candy la vieron fijamente – dime Candy, Terry aceptó de buena gana quedarse con esa chica?
Candy recordó la muda súplica del castaño, cuando él rodeó su cintura y rogó que el tiempo se detuviera; pero lo que le confirmó que él nunca quiso separarse de ella fue cuando supo que estaba llorando, su rebelde había dejado escapar sus lágrimas ante ella.
-N-no… - dijo bajito – yo lo obligué.
-Nosotras perdimos a Stear y a Archie, porque ellos no nos amaban lo suficiente; pero creo que tu caso es muy diferente.
-Chicas…
-Candy, recuerdas ese día que te vi con Archie en el bosque del colegio? – Candy asintió – sé que tú le pediste a Archie que se quedara conmigo…
-Annie…
-No te lo reprocho, más bien te lo agradezco – le mostró una leve sonrisa – me demostraste cuanto me querías; ese día juré hacer todo para conquistarlo; pero como ves no funcionó.
-Tal vez si…
-Candy – la interrumpió – lo que quiero decir es que no puedes forzar a tu corazón a amar a otra persona que no haya sido elegido por él. Ahora lo entiendo, cuando tu corazón no quiere dejar a su dueño, estás condenado al sufrimiento.
-Yo… no podría alejarlo de ella…
-Entonces, prefieres que él sea infeliz toda su vida? – cuestionó Patty.
-Claro que no! – respondió con angustia la rubia – estoy segura que ella podrá conquistarlo.
-Sabes que eso no pasará – Annie desvió la mirada – cuantos años he intentado hacer que Archie me ame; pero desde el principio estábamos destinados a la separación. – la miró con decisión – sé muy bien que él estaba conmigo sólo porque tú se lo pediste, hubo ocasiones en las que vi su tristeza, aunque trataba de compensarlo, nunca lo vi realmente feliz a mi lado, no digo que me odiara, pero sí… me culpaba.
-Archie, él te quiere…
-Lo sé, pero solo como amiga – respondió la morena – ahora te pregunto a ti, porque de todos fue a ti a quien Terry le mostró quien era en realidad – Candy la miró expectante a la pregunta que le haría – se honesta y dime… crees que Terry se enamorará de esa chica? Crees que aceptará el que ella lo haya alejado de ti? - Candy temía dar la respuesta – responde Candy.
-No, Terry la culpará… - recordó el carácter explosivo de Terry cuando le imponían las cosas – "NO ME IMPONGAS EL AGRADECIMIENTO" - le había gritado una vez, luego recordó cuando descubrió la foto de Eleonor, su mirada la había asustado. – Terry… a Terry no le gusta le impongan nada… - sabía que era rencoroso e hiriente, lo vio en Escocia, cuando no mostró compasión por su propia madre, pero también recordó lo amable y atento que era.
-Candy… - Patty tomó sus manos – Annie perdió a Archie, porque él eligió a alguien más – la morena sonrió tristemente – y yo… perdí a Stear; porque él eligió abandonarme para ir a la guerra. Ninguna de nosotras fue suficiente para retenerlos; pero en tu caso… él se quedó con ella porque tú se lo pediste, porque supo que te había perdido, ya que tú no eres capaz de lastimar a quien le salvó la vida, cierto?
-Se lo debemos… - bajó la mirada.
-Ok, entonces, ella merece ser infeliz con hombre que siempre le culpará haberlo alejado de la mujer que ama? – dijo Annie.
-No es así.
-Eres la persona más terca que conozco – dijo Patty cansinamente.
-Tengo miedo de que él me haya olvidado! – aceptó finalmente – que se haya enamorado de ella y que yo sea sólo un recuerdo – cayó de rodillas y se cubrió la cara para parar el llanto.
-Y si no es así? Y si él también está sufriendo? – miró a su amiga – conocimos un lado de Terry, muy superficial, arrogante y rebelde; pero tú lo conociste completamente.
-Yo fui testigo de cuanto te ama. – interrumpió Annie – el día del estreno del Rey Lear… vi lo desesperado que estaba por encontrarte, por saber de ti… incluso le pidió a Archie que le dijera dónde estabas. – Candy la miró sorprendida – dejó a un lado su arrogancia y rivalidad con él, sólo por ti… nunca lo vi así con nadie más… por qué dudas Candy?
-Porque yo lo lastimé… al obligarlo a quedarse con ella sin escuchar su opinión.
-Entonces hazlo. – Candy miró a sus amigas – sí, no seas cobarde y si Terry se enamoró de esa chica, que lo dudo, entonces podrás avanzar.
-Patty tiene razón, es hora de avanzar, nos apoyaremos; pero primero confirmemos si tú también perdiste a la persona que amas.
Candy asintió levemente, por primera vez pensó en buscarlo y decirle lo que sentía, tenía miedo de encontrarse con él y descubrir que lo había perdido; pero sus amigas tenían razón, para avanzar tenía que averiguarlo.
-No quiero ir sola.
-Quien dijo que lo harías? – dijo Patty. – nosotras estaremos ahí, para evitar que huyas.
-Muy bien chicas! – dijo más animada Annie – saldremos en una semana, así tendrás tiempo de avisar en la clínica que vas a ausentarte. – Candy asintió con la cabeza.
Así las amigas recibieron el nuevo año, dos de ellas aceptando la perdida que tuvieron ese 1917, y Candy, ella con la ilusión de ver nuevamente a su rebelde.
Una semana después, tres jóvenes abordaban el tren que las llevaría a la ciudad de Nueva York, milagrosamente fueron sin acompañantes. La madre de Annie, no estuvo de acuerdo en dejarla ir sola; pero su padre apoyó su decisión, le gustaba que ella se mostrara decidida, así como era Candy. En cambio a Patty, fue su abuela quien la motivo a ir sola, pues la joven la había invitado a ir con ellas; la abuela Martha quería que su nieta dejara de ser miedosa e indecisa. Y Candy, sólo le informó a Albert lo que haría, el rubio siempre apoyándola, le dijo que la mansión que los Andley tenían en Nueva York, estaba a su disposición y que se sentiría más tranquilo si se hospedaban ahí. Al ver que la rubia aceptaba su ofrecimiento, se encargó de tener entretenidos a los hermanitos Leagan, no permitiría que ninguno de ellos se interponga en el reencuentro entre su hija y su amigo.
Nueva York, 9 de enero 1918.
Su corazón latía con fuerza, estaba nuevamente en aquella ciudad; recordó cuando abordó el tren una fría noche, con el corazón roto dejando todos sus sueños e ilusiones en las escaleras de aquel hospital.
-Estás bien?
-Sí. – dijo con decisión, ya no escaparía, había tomado una decisión y seguiría hasta el final, pasara lo que pasara.
-Hace mucho frio, es mejor que vayamos a buscar un transporte.
-Sí, vamos. – pero no fue necesario buscar uno, pues Albert se había encargado de que alguien las esperara a su arribo, cuando ya estaban instaladas en sus habitaciones decidieron lo que harían al día siguiente, donde buscarían a Terry, decidieron que fuera en el teatro.
-Que les parece si vamos de compras. – dijo una emocionada Annie.
-Annie, sólo piensas en comprar. – dijo Paty sonriendo.
-Aprovechemos, estoy segura que llegaron nuevos modelos y no sé cuándo sea la próxima vez que volvamos.
-Tienes razón. – aceptó Paty – iré por mi bolso.
-Yo… - ambas miraron a la rubia – prefiero quedarme.
-Candy!
-Chicas, mañana será un día difícil, quiero descansar y reponer fuerzas.
-Tienes razón – dijo Annie – entonces deberíamos quedarnos y…
-No! – la interrumpió – ustedes vayan, no quiero que se aburran aquí, yo estaré bien, además dormiré un poco, quiero verme bien para mañana. – les guiño traviesamente el ojo derecho.
Candy convenció a sus amigas de seguir con sus planes, el chofer las llevaría al centro comercial y regresarían para la hora de la cena.
Era aproximadamente las dos de la tarde y Candy estaba aburrida, entonces pensó que sería buena idea alcanzar a sus amigas en el centro comercial; tomó un taxi y cuando pasaba por Central Park, le pareció una mejor idea quedarse ahí, rodeada de naturaleza, aunque estuviera en pleno invierno, le gustaba los árboles cubiertos de nieve, eso le recordaba al hogar de Pony.
Caminó un poco hacia el lugar más alejado y cuando encontró un gran árbol, pensó en su hogar, sin pensarlo dos veces se apresuró y subió a la rama más alta, ahí pensaría que le diría a Terry cuando lo viera.
-Ah! Hace frío – se cubrió las mejillas con las manos enguantadas - pero es realmente hermoso – dijo mientras veía el panorama – Terry… que voy a decirte mañana? Tengo miedo que me rechaces – dijo preocupada – ya me olvidaste? Pasó casi un año, te enamoraste de ella? Eres feliz, mi querido malcriado? – apoyó su espalda al troco y cerró los ojos – espero que no… yo quiero ser tu felicidad… escógeme a mí Terry… no dejes que regrese a Chicago otra vez...
-Nunca quise que lo hicieras – escuchó que le respondían – por un momento pensó que era su imaginación, pero sintió un leve movimiento en la rama – Candy…
-T-Terry? – se sorprendió al verlo frente a ella, eso causó que casi cayera de la rama, pero Terry fue rápido y la sostuvo en sus brazos.
-Cuidado! – la atrajo a su cuerpo – discúlpame por asustarte.
-Estás aquí… Terry… - las lágrimas salieron sin permiso – estás frente a mí…
Con una sonrisa y una mirada tierna Terry acarició la mejilla de la rubia, ella sonreía también, cerró los ojos para sentir la caricia.
-Te extrañé… - dijo levemente, aun creía estar soñando.
-Dime que no estoy soñando… dime que no morí y que estoy en el cielo, porque si es así, quiero quedarme aquí para siempre.
-No digas eso, yo moriría si algo te pasa.
-Lo que dijiste… es verdad pecosa?
-Lo que dije? – entonces se dio cuenta que Terry la había escuchado, su rostro se puso tan rojo como la granada. – me… me escuchaste?
-Todo, estaba ahí - señaló el suelo – quería ver quien era tan temerario como para trepar un árbol en pleno invierno.
-Oh! – se cubrió el rostro con vergüenza.
-No hagas eso mi amor… no cubras tu rostro, déjame verte, quiero ver tus hermosos ojos, pasé más de un año privado de ellos.
-Terry… yo…
-Te amo Candy – la interrumpió – no sabes cuánto lamente no habértelo dicho antes, tal vez eso hubiera cambiado las cosas.
-Yo también te amo Terry! – lo abrazó con fuerza. – pero…
-No hay peros – la volvió a interrumpir – ya no más, sólo somos nosotros, no debe importarnos nadie más que tú y yo.
-Sí… tienes razón. – sonrió bajando la cabeza a su pecho.
-Iba ir a buscarte – dijo luego de unos minutos, cuando ella lo vio, continuó – no soporto estar lejos de ti pecosa, siento que muero con cada minuto que pasa sabiendo que te perdí.
-Nunca me perdiste… por eso estoy aquí – tomó su rostro entre sus manos – vine para decirte que te amo y que quiero estar contigo sin importar nada ni nadie.
-No hay nadie. – aseguró – nunca pretendí casarme con ella, me haré cargo de su tratamiento si es necesario, aunque eso lo hace la compañía. – aclaró - Candy, si voy a casarme, será con una rubia pecosa, amante de los árboles y las maromas – sonrió al escucharlo – crees que pueda aceptarme?
-Puedes intentar conquistándola.
-Estoy seguro que ya lo hice, la escuché hace un momento. La traigo muerta por mí.
- Presumido… - ya no aguantó más, Terry la acercó a él y cubrió sus labios con los suyos, esta vez Candy lo aceptó gustosa.
-Qué hacías aquí – cuestionó mientras Terry se acomodado detrás de ella y rodeando su cintura hizo que la rubia se apoyara a su pecho.
-Suelo venir aquí y subir a este árbol para despejar la mente – ella giró la cabeza para verlo - una vez escuche a mi novia decir que era un buen método para pensar y encontrar respuestas.
-Novia… murmuró la rubia.
-Sí, desde entonces eras mi novia. – besó su mejilla – eres muy despistada, Tarzán pecosa.
-Tarzán pecosa? – dijo fingiendo disgusto - crees que te aceptaré si sigues llamándome de esa manera?
-Ya lo hiciste, - dijo presumido – incluso me robaste un beso hace un momento.
-Tú fuiste quien me besó.
-Me pareció que te gusto, tanto que no quisiste soltarme - ella se sonrojó – con eso aceptaste quedarte conmigo, y si no, no me importa, te encerraré en mi departamento y nunca dejaré que salgas.
-Sería tu prisionera?
-Hasta que aceptes quedarte por cuenta propia conmigo.
-No tendrás que encerrarme, vine para eso – se giró con cuidado para estar frente a él – vine a luchar por ti.
-No tienes que luchar, tú ganaste desde que te conocí, nunca hubo una rival para ti. – le dio un besito – te pertenezco desde aquella noche de bruma de año nuevo, en aquel barco que se convirtió en mi favorito sólo porque fue ahí donde te conocí.
Candy sonrió ampliamente al escuchar aquella declaración, y sin pensarlo dos veces, rodeó su cuello y lo atrajo a ella para besarlo como él lo había hecho hace minutos atrás.
-Está haciendo frío, no quiero que enfermes – murmuró sobre los labios femeninos.
-Estoy bien… - murmuró algo agitada. – no tengo frío…
-Vamos a otro lado, amor, estás helada – acarició su mejilla y la sintió muy fría.
Con cuidado bajaron del árbol y Terry la llevó a una cafetería que había cerca, ahí, Candy le contó que había llegado con sus amigas, pero que ellas habían ido de compras.
-Se sorprenderán al verte.
-Supongo que sí, o tal vez les dé miedo al verme. – dijo sonriendo.
-No lo creo – dijo riendo al recordar cómo le temían en el colegio – cambiaron mucho, ahora son muy seguras de sí mismas.
-Me alegro – dijo sinceramente – recuerdo que eran muy tímidas. – aún lo eran, pero él no tenía por qué saberlo. – y como están el inventor y el elegante?
Candy bajó la cabeza y su mirada se tornó triste, Terry al verla se preocupó y tomando su mano cuestionó – sucedió algo cariño?
-Es que… Stear… él se fue a la guerra y murió – dejó escapar un par de lágrimas.
-Lo siento mucho… - acarició su mano - no quería traerte recuerdos dolorosos con mi pregunta.
-Está bien, tarde o temprano te lo hubiera contado y el resultado sería el mismo.
-No quiero verte triste.
-Es inevitable cuando recuerdo a mi querido Stear. – la manera cómo había llamado al inventor causó una leve molestia en el castaño. – sabes que a ti te amo, verdad? – añadió al ver el leve enojo del actor.
-Lo sé. – dijo satisfecho, le había gustado oír de sus labios que lo amaba.
Candy le contó cómo estaban Archie y Albert, y cuando terminaron de tomar su café, Terry la invitó a ponerse de pie, así, tomados de la mano, dejaron el local y se fueron rumbo a la mansión de los Andley, donde Patty y Annie esperaban preocupadas a su amiga.
-Candy! Dónde estabas? Nos tenías preocupadas. – reclamó Annie en cuanto vio a su amiga parada en el marco de la puerta.
-Ya llegó? – apareció Patty.
-Chicas…
-A dónde fuiste Candy? – dijo molesta – estábamos…
-Estaba conmigo – apareció Terry detrás de la rubia; al verlo, Annie y Patty, inconscientemente se tomaron las manos, esto causo que Terry sonriera, las amigas de Candy seguían siendo las mismas.
-Ho-hola Terry. – saludó Patty.
-Cómo están? – les sonrió para darles confianza.
-Bien, disculpa que no te hayamos… bueno – dijo nerviosa Annie - que bueno verte.
-Por favor entra Terry - Candy tomó su mano y lo invitó a entrar a la casa.
Cuando estaban en la sala y acompañados por una taza de café, Candy les contó a sus amigas como se había encontrado con Terry, ambos les dijeron que estaban juntos. Más tarde, la rubia les contó a grandes rasgos todo lo que habían hablado.
Al día siguiente, Terry visitó a la rubia y la invitó a almorzar, aunque habían tratado de incluir a sus amigas, éstas declinaron la invitación, sabían que los rebeldes necesitaban tiempo a solas.
-Candy… - tomó su mano, la rubia lo miró con atención – hubiera querido hacer esto más tarde, pero… no puedo esperar más.
-Terry… sucede algo?
-Quiero que te quedes conmigo… aquí en Nueva York… - Candy sonrió con ternura.
-Esos son mis planes…
-No, no como mi novia, sino como mi esposa. – Candy abrió los ojos sorprendida – sé que es pronto; pero…
-Sí… - dijo bajito, y cuando él la vio – sí quiero ser tu esposa.
-Pecosa… - se puso de pie y luego de rodillas frente a ella – este anillo estaba esperando por su dueña desde hace más de un año – abrió una cajita de terciopelo rojo y al abrirlo Candy vio un hermoso anillo bañado en oro blanco, con un diamante en forma de corazón en el centro – lo compré el día que te envié el pasaje de ida, mis intenciones eran que te quedes conmigo, no pensaba dejarte partir nuevamente.
Candy lo miraba con una sonrisa y sus ojos anegados de lágrimas de felicidad, mientras él ponía el anillo en su dedo y después besaba el dorso de su mano.
-Lo sé… y lo sabía entonces – acarició el rostro masculino – no importa este tiempo que estuvimos separados, lo que importa es que nada en nosotros ha cambiado.
Por suerte para el castaño estaban en una mesa alejada de los demás, en el local no había mucha gente, así que pudo acercarse a ella y sellar su compromiso con beso.
-Sé que debo pedir tu mano a Albert y a tu tía; pero quiero que nos casemos antes del fin de semana.
-Qué?
-La gira empieza el lunes; y no pienso partir sin ti.
-Es una locura.
-Y acaso el amor no es loco?
Como lo deseaba Terry, el sábado en la mañana, sólo acompañados de Annie y Patty, juraron amarse ante Dios, luego pasaron a un registro civil donde firmaron el documento que los convertía en marido y mujer ante la sociedad. Por un momento, Candy se había sentido culpable por no tener a su familia con ellos; pero Terry le hubo tranquilizado y convencido de que Albert no se molestaría por lo que habían hecho; y si su tía reclamaba, realizarían otra boda, a él no le importaba, es más, se casaría con ella un millón de veces.
Annie y Patty estaban felices por su amiga, sabían que de todas Candy era quien más merecía ser feliz, ambas jóvenes, por un momento, la envidiaron, ellas querían a alguien así, que las amara de verdad, y lo conseguirían, pero unos meses más tarde.
Fin…
