Nameless Memory
La había encontrado. Después de años de búsqueda, de miles de kilómetros recorridos, de un sin fin de falsas esperanzas y de muchas veces que intentó rendirse por fin había dado con ella. Estaba completamente seguro de que se trataba de la persona a quién tanto había buscado, no había duda alguna ya que su corazón y su alma se lo decían, era ella.
Muchas veces había creído dar con ella en alguna mujer que era físicamente parecida, pero al verla de frente ese anhelo que consumía su corazón no mitigaba y de esa manera sabía que no era ella. Muchas veces sus amigos intentaron hacerle ver lo absurda que era su autoimpuesta odisea, dar con una persona a la que literalmente nunca había visto en su existencia, al menos en esta, solo porque creía tener recuerdos de ellos juntos en otra vida. Y muchas veces hizo caso omiso de los razonables cuestionamientos y volvía a emprender la búsqueda. Desde que tenía uso de razón supo que debía buscarla, al principio todos atribuyeron su comportamiento extraño a que tenía una imaginación muy activa, algo propio de los infantes, sin embargo con el pasar de los años se hizo más evidente que esos recuerdos no eran producto de su imaginación, recordaba su vida pasada.
Sus amigos le aconsejaron visitar a un psicólogo para descartar algún trastorno mental. Se negó, ya que cuándo aún era pequeño lo habían llevado a consulta y aún recordaba el rostro aterrado de su mamá cuándo el diagnóstico previo fue esquizofrenia infantil. El terapeuta insistió en que debían someterlo a más análisis para poder determinar de forma correcta, o de lo contrario esperar un tiempo considerable para ver si las alucinaciones desaparecían o continuaban manifestándose. Para tranquilidad de sus padres fingió que lo segundo había sucedido, nunca más volvió a mencionarles el asunto y continúo viviendo cómo cualquier niño, guardándose la angustia que le producía cada recuerdo nuevo.
Poco a poco supo que había sido miembro de un ejército en una época muy lejana, que había combatido contra enormes humanoides que devoraban a las personas, que había formado parte de las primeras líneas de defensas en diferentes batallas, que había casi muerto durante una explosión y que se había salvado gracias a ella. Aún recordaba el dolor de aquellas heridas que laceraban su piel, una le atravesaba el rostro y le había reventado el ojo derecho, otra le había arrancado varios dos dedos de la mano. Pero también podía sentir el suave toque de sus manos al curarlo, la calidez de su cuerpo cuándo lo sostuvo junto a su pecho, su dulce aroma cuándo lo llevó en brazos. Recordaba el tono de su voz, e incluso el brillo que iluminaba sus ojos achocolatados cuándo hablaba de sus experimentos, evocaba a la perfección todo eso y sin embargo no podía rememorar su nombre. Todas estas memorias tenían rostro pero no nombre y eso le provocaba demasiada ansiedad, sentía que una parte de su alma estaba incompleta al no saber el nombre de ella.
Por eso la buscó tan desesperadamente durante tanto tiempo. En lo más profundo de su corazón estaba oculto el temor de que si no era capaz de saber su nombre, esos recuerdos se irían desvaneciendo poco a poco.
Y ahora estaba aquí, sentado en una cafetería local, mirándola mesas más adelante rodeada de quiénes supuso eran sus amigas. Intentó agudizar el oído al máximo para escuchar la conversación y ver si podía saber su nombre, pero por más que se esforzó no logró captar nada. De pronto ella notó su insistente mirada y al levantar la cabeza su gesto sonriente se transformó en uno de terror puro. La chica rubia que estaba a su lado notó su rostro pálido y se acercó a ella sacándola de su ensimismamiento, intercambiaron un par de palabras y se marchó rápidamente. Levi colocó un billete sobre la mesa y la comenzó a seguir, primeramente a una distancia considerable y después a grandes pasos.
Justo cuándo ingresó en una pequeña plaza cruzarla y llegar a la calle siguiente logró darle alcance. Le sujetó la mano haciéndola girar. Un grito escapó de sus labios al momento en el que se vieron de frente.
-¡No, no! ¡Tú no eres real! ¡No eres real! -Bajó la cabeza en un intento de apartarse de su vista.
La paz que sintió al verla se esfumó rápidamente ante el pánico del que ella era presa.
-Mírame, por favor mírame. -Con una ternura de la que no sabía que era capaz, tomó su rostro y lo levantó de a poco.
Se permitió perderse en cada uno se sus rasgos, los conocía de memoria pero poder verlos finalmente frente a sí era algo completamente fascinante. Al momento una palabra se formó en su mente, y supo al fin que era la respuesta que había buscado por años.
-Hange. -Pronunció su nombre en un susurró. -Por fin te encuentro.
-Levi. Eres real, no te estoy imaginando. -Un poco menos aterrada, levantó una mano y la colocó en la mejilla del joven. -Pero los doctores dijeron…
-Shhh, no importa lo que hayan dicho. Ahora estamos juntos por fin.
Ambos se abrazaron, con todo el anhelo que habían acumulado estos años.
Momentos más tarde, se encontraban sentados en una banca del parque, mientras conversaban tranquilamente.
-¿Desde cuándo recuerdas… eso? -Ella aún estaba un poco cohibida.
-Desde que tengo uso de razón. ¿Y tú?
-Igual desde que era una niña. Recuerdo la Legión de Exploración, el equipo de maniobras tridimensionales, a Sawney y Bean -Una risa escapó de sus labios.
-Maniática anormal.
-Gruñon. -Suspiró. -Era capaz de recordar todo excepto tu nombre. Sin embargo en el momento en que te vi fue cómo si lo supiese de toda la vida.
-Me pasaba igual. Por eso te busqué, porque sentía que si no sabía cómo te llamabas un día todos los recuerdos desaparecerían.
-Yo nunca lo hice. -Su voz sonaba llena de culpabilidad. -Es más, me obligué a convercerme de que todo era un productor de mi imaginación, los médicos me dijeron que eso debía hacer.
-Lo sé, no es fácil para los demás aceptar lo que no pueden comprender. No te culpes por ello.
-Gracias. -Hizo una breve pausa. -Levi, recuerdas esa vez, cuándo Eren hizo el retumbar. Perdóname por haberte dejado.
-No, perdóname tú por no haberte detenido. Debí hacerlo, tú más que nadie merecías vivir libre de todo eso.
-Fue mi decisión, y aunque en ese momento deseé tanto que tú y yo nos hubiésemos quedado en el bosque, sabía que era la única manera de lograr nuestro objetivo. ¿Sobrevíviste al ataque?
-Sí. También Armin, Mikasa, Jean, Connie…
-Eren no.
-No, Mikasa tuvo que matarlo para detener todo.
-Pobre, eso seguro la destruyó.
-Sí, al principio estaba en shock pero después de unas horas fue consciente de lo que había sucedido y estuvo semanas llorando. Después desapareció llevándose los restos de Eren, regreso un año más tarde y se casó con Jean.
-¿Y tú? ¿Cómo viviste una vez que todo terminó?
-Perdí una pierna así que estuve atado a una maldita silla de ruedas. La gente comenzó a atosigarme constantemente, querían ver lo que quedaba del que había sido el soldado más fuerte de la humanidad, afortunadamente Gabi y Falco se hicieron cargo de eso y pude vivir tranquilo.
-¿Fuiste feliz?
-No, no hubo un sólo día en el que no te extrañará.
-Al menos pudiste vivir, con eso me conformo. -Recargó su cabeza en el hombro del joven.
-Hange, la vida nos dió una nueva oportunidad. ¿Aún estás dispuesta a permanecer a mi lado?
-Por siempre y para siempre.
-Ven conmigo. -Levantándose la tomó de la mano.
-¿A dónde?
-Hay alguien a quien debes ver.
-¿Quién? -Un ligero estremecimiento de temor la invadió.
-¿Recuerdas lo que siempre me preguntabas sobre mi apellido? -Un asentimiento lonhizo continuar. -Sí, Mikasa y yo si éramos parientes cercanos, primos para ser exactos.
-¿Ella también…?
-No estoy seguro, pero creo que sí.
Caminaron un par de cuadras hasta llegar a una casa de té.
-¿La pusiste? -Preguntó con una sonrisa.
-Sí, ahora soy un sommelier.
Entraron en el establecimiento y una joven de cabellos negros salió rápidamente sosteniendo varios papeles en la mano.
-Levi, las hojas de… -No pudo continuar hablando ya que vio a la castaña.
-Mikasa, ¿en verdad eres tú? -Efusivamente se acercó a ella, mientras la aludida retrocedía un par de pasos.
-¿Hange? ¿Cómo es posible? -Miró a su primo en busca de respuestas. -¿Tú también tienes esas…?
-Sí, y no son alucinaciones cómo puedes ver. -Se acercó a ella y la tomó de la mano. -Sin memorias de una vida pasada.
-Entonces… -Las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas.
-Sí Mika, él es real. Y estoy seguro que debe estar anhelando volver a verte. Ve con tu más querido.
-Pero, ¿dónde, cómo?
-Tú corazón te guiará. Confía y lo encontrarás, así cómo Levi me encontró a mi.
La joven asintió y salió corriendo de la tienda.
-¿Creés que haya más cómo nosotros? -La castaña preguntó.
-Es probable, si sus deseos de volverse a ver fueron tan fuertes cómo los nuestros.
-Gracias Levi. Gracias por no haberte rendido, gracias por encontrarme. -Lo abrazo fuertemente.
Ambos estaban más que felices, por fin sus recuerdos tenían un nombre y ahora podían construir nuevas memorias juntos.
Sommelier: Persona encargada de la cata y maridaje de algunas bebidas cómo el vino o, en éste caso, el té.
