Se encontraban en una de las tantas oficinas desocupadas de la clínica familiar Iida. Y por oficina desocupada, se referían a la que estaba reservada para Tenya cuando completara definitivamente sus estudios. La gigantesca caja de almuerzo ya vacía, estaba en una esquina del escritorio envuelta tal y como vino, en su respectivo pañuelo, mientras ambos hombres hablaban un poco después de la comida.
Shōto permanecía sentado en la silla que correspondía al paciente frente al escritorio, veía a Tenya intensamente y sin pudor, quien aprovechaba el tiempo revisando varias carpetas de archivos y sobrescribiendo en los post-its de los márgenes en las páginas. Debía hablar de un tema en específico, pero no encontraba la manera de abordarlo "sutilmente" así que se levantó y fue hasta el oasis para beber un poco de agua fría, se paró frente al escritorio cruzándose de brazos e hizo lo que todo hombre haría: preguntar directamente.
– ¿Dónde estabas ayer? Pensé que salías tarde del trabajo…
– Ah, –ni se inmutó– traté de contactarte; olvidé que Uraraka me pidió que la acompañara a un restaurante, pero no conectó la llamada –ademán con la mano.
– ¿Ustedes dos… solos? –cambió el peso del pie, siguiendo el movimiento de la pluma al escribir–.
– Al parecer era el único restaurante del mundo con un menú de flores comestibles.
Shōto respiro profundo, su parte razonable le decía que era evidente Tenya no era la clase de hombre que podría engañarle y aparte decirlo de manera tan cínica en su propia cara. Pese a las diversas imágenes que el mismo Tenya mandó vía texto de sí mismo, la castaña y el pintoresco local de comida.
– ¿Y después?
– Insistí en pagar, pero ella dijo que tenía un cupón por una cena gratis –Shōto encarnó una ceja, pero Tenya no levantó la mirada de los papeles que seguía leyendo ávidamente.
– Ya.
– Luego paseamos por una plaza y comimos una crêpe, ¿recuerdas que la última vez que fuimos no pude decidir entre limón o fresa? –sonrío mirándole de reojo– me dejaron combinarlos esta vez, pero no sabía tan bien como pensé que lo haría…
– Palomitas con limón –No pudo evitar rememorar los extraños platillos que Tenya solía degustar y éste ante el recuerdo sonrió más ampliamente– ¿y después?
– La llevé a casa –por fin detuvo su mano, frunciendo el ceño en concentración antes de levantar la mirada hacia el heterocromático– Recuérdame que debo llevar mi traje a la tintorería.
– ¿Se manchó con la… ensalada de flores?
– No, es solo que –se ajustó los lentes– Uraraka me quitó una pelusa de la solapa, y quiero asegurarme que esté limpio, porque cuando revisé el traje en el auto no había ninguna otra.
Shōto apretó sus manos en puños, no estaba enojado con su pareja, ni con la chica, después de todo no le habían dicho a nadie que estaban saliendo; más bien, estaba enojado consigo mismo porque a pesar que sabía que no estaba pasando nada, no podía evitar sentir como si envolvieran su corazón en papel de lija y que cada vez que latía sentía dolor por el roce.
–Tengo que irme –sin decir más se volteó, comenzando a caminar a la puerta.
–¿Shōto?
Desde la visión de Iida, no pudo dejar pasar los tensos hombros y la respiración irregular de Todoroki, no era raro que lo abandonara a mitad del almuerzo debido al trabajo, pero no le dejaría ir así, tan de repente. Se levantó en menos de un segundo de su silla giratoria y rodeó el escritorio para trotar un poco y que su mano alcanzara el hombro del bombero.
El choque fue menos suave de lo que quería, terminó estampando la espalda de Shōto contra la puerta y del impulso, Tenya quedó pegado a él en el tropiezo.
–Perdón. –se alejó un poco, sus mejillas en un fuerte rojo– ¿Estás bien?
Y por el trabajo de Shōto, que le obligaba a mantener sus emociones controladas, no hubo cambio alguno de su usual cara de póker y nadie aparte de Tenya adivinaría el diminuto centímetro que sus cejas se curvaban hacia arriba cuando estaba preocupado, o el cristalizado al fondo de sus lagrimales a punto de desbordar sin hacerlo nunca.
A la vista de cualquiera, estaría en total calma. A vista del interno de lentes, estaba en pánico absoluto.
– ¿Qué pasa? –le abrazó como pudo, sin cortar el contacto visual, apenas a diez centímetros de su cara– ¿Te duele el estómago?
Shōto se inclinó sobre él, usando su cabello para ocultar su rostro y apoyó mejilla con mejilla sin mover sus brazos, que caían a la par de su cuerpo– ¿Dejarías la próxima vez un mensaje explicando la situación? –susurró plano.
Las manos de Tenya se deslizaron por la espalda de Shōto, soltando un suave "Oh" en un suspiro al entender la situación– No preví las implicaciones de enviar una sola imagen sin más contexto, debí explicártelo. Lo lamento –hundió su mentón entre el cuello y el hombro de Shōto, estrechando su agarre– ¿Qué puedo hacer para que aceptes mis disculpas?
Los labios del contrario casi dejan escapar que no hacía falta la disculpa, porque no estaba pasando nada grave y ya estaba todo resuelto. Sin embargo, no soltó ni un sonido, alejándose lo suficiente para mantener contacto visual con los orbes índigo de Tenya.
Inclinó un poco la cabeza, dejando escapar media sonrisa inconsciente.
Ambos sabían que estaban pensando lo mismo.
– No sería apropiado, menos aún en horario laboral –vaciló Tenya, colando su mano derecha sobre la mejilla de Shōto y palpando el labio inferior con su pulgar.
– ¿A qué te refieres? –susurró. Sus párpados caían a media asta sin apartar la mirada.
– Quiero besarte… –se acercó hasta que sus frentes se tocaron, así como las puntas de sus narices, cerrando los párpados, tan fuerte que las arrugas se formaron alrededor.
– No sería apropiado –reafirmó Shōto, pensando en qué tanto podría estirar la ética de Tenya– ¿Podrás esperar hasta después del trabajo?
– Trataré… –negó con la cabeza, enfrentándole con la mirada– Me esforzaré.
– Lo dejo en tus manos –se rindió con los pensamientos sádicos en su mente, dejando un suave beso en la mandíbula contraria– Ahora, ¿me dejas salir? Debo irme antes que termine mi hora de descanso…
Iida, quien se quedó sujetándose la barbilla con la ensoñación pintada en sus ojos, se asustó volviendo al mundo real y se dio la vuelta antes de que sus mejillas se tiñeran de rojo, para que Shōto no se diera cuenta. Cosa que no funcionaba nunca porque su nuca y orejas adquirían el mismo color.
– Ah, cierto –volteó antes de salir por la puerta–. ¿qué debería preparar para la cena?
Un escalofrío le recorrió por la espina dorsal al interno, que sin darse la vuelta acunaba su cara entre las manos, por poco contagiándolas del sonrojo. Más aún al pensar situaciones indebidas que no diría en voz alta sobre la cena. Murmuró un "cualquier cosa que estará bien" que sonó a balbuceo al abandonar sus labios.
–Bien. –asumió sin haber entendido ni una palabra– Te veo más tarde.
Para Shōto, poner a Tenya al borde no era venganza, era su pasatiempo favorito.
Un hombre no podía ser tan puro y serio como lo era el de gafas y esperar que a su pareja no le picara a todas horas el constante deseo por molestarlo.
