La pesadilla del uniforme
Summary: "La camisa era especialmente ajustada, ¿se habrían equivocado de talle? Le marcaba la cintura y dejaba al descubierto una franja de su cadera. La situación empeoró, sin embargo.
Sin voltearse, llevó la mano hacia la cama y tanteó en busca del pantalón. Todo su cuerpo se paralizó al percibir una tela tableada y pequeña.
Le habían enviado un maldito uniforme de mujer".
Agradecimientos: a Xeina Phi, por la primera lectura. A mi compañera de rol, por permitirme tomar de inspiración nuestras conversaciones. Y a Hyakka, gracias a quien descubrí que en el rol trataba temas muy distintos que en mis fics y que… ¡tal vez valga la pena mezclarlos un poco!
Advertencias: NaruSasu – AU Moderno/Escolar – Lime – Consentimiento dudoso – Crossdressing – Acoso - Exhibicionismo
Mientras revisaba su ropero, Sasuke sintió un ligero tirón en el estómago.
—¡Mamá! —llamó, sin salir de su pieza—. ¿Dónde está el uniforme del colegio nuevo? ¡Estoy llegando tarde!
—¡Lo trajo el correo hace unos días, cariño! —respondió su madre con un grito, tras lo cual se asomó a la puerta y le extendió un paquete sin abrir.
Desarmó el envoltorio apurado y cerró la puerta para quitarse el pijama. La camisa era especialmente ajustada, ¿se habrían equivocado de talle? Le marcaba la cintura y dejaba al descubierto una franja de su cadera. La situación empeoró, sin embargo, cuando en lugar de la corbata esperada encontró un moño azul que debió atar en torno al doblez del cuello. Se contempló un momento al espejo, con sus piernas aún desnudas. Sin dudas aquel colegio tenía un uniforme extraño, pero lo cierto era que el moño no le quedaba mal. Acentuaba la palidez de su piel y le daba cierta delicadeza a su cuello.
Sin voltearse, llevó la mano hacia la cama y tanteó en busca del pantalón. Todo su cuerpo se paralizó al percibir una tela tableada y pequeña.
Giró el rostro muy, muy despacio.
Le habían enviado un maldito uniforme de mujer.
Habría pegado un alarido de no haber sido conocido por su autocontrol. ¿Cómo podía haber ocurrido semejante error? No, no, no podía ser. Debía de haber otro uniforme en alguna parte. Esto no podía estar pasándole, simplemente era imposible, ¡este tipo de cosas no pasaban, eso era todo!
Se puso el pantalón de su pijama para no salir en bóxer y recorrió toda la casa, levantando paquetes y abriendo alacenas. Su hermano Itachi, ya listo e impecable en su traje de oficina, se apoyó en una pared junto a él, observándolo levantar cajas y sacar cajones.
—¿Hay alguna razón para que estés destruyendo nuestro hogar tan temprano, hermanito?
Sasuke lo miró con odio contenido.
—Estoy buscando mi uniforme.
—Creía que mamá acababa de dártelo.
—No, ese no es el uniforme correcto.
—Pues es el único que llegó a casa y si no te lo pones en los próximos cinco minutos, te llevaré al colegio en pijama y será mucho peor que usar un uniforme que te quede chico o lo que sea el problema que le encontraste al que te dio mamá.
—Es que no entiendes, Itachi…
—Claro que entiendo, entiendo que tengo una reunión importante y que si no salimos de inmediato tú tendrás que explicarle a mi jefe que me retrasé por los remilgos de mi pequeño hermanito.
Sasuke hervía de furia.
—¿Sabes qué, Itachi? Está bien, me pondré el maldito uniforme. Ya me dirás tú si estoy siendo remilgado cuando veas "el problema que encontré en él".
Pero al contemplarlo con su ínfima minifalda y sus medias altas unos minutos después, Itachi solo sonrió.
—En mi opinión, te queda muy bien, hermanito.
Incapaz de decidir si se estaba burlando de él o si el hombre había por fin terminado de perder su conexión con la realidad, Sasuke se resignó a que así sería como iniciaría su cursada en el nuevo colegio. Fue tratando de estirar lo más posible la pollera durante todo el viaje en auto, pero, cuando quedó solo y de pie frente al gran portal, tomó la decisión de que, si en verdad iba a entrar con aquella ropa, entonces la llevaría con la mayor dignidad posible.
Caminó firme por los pasillos, como si las miradas de asombro de los demás estudiantes resbalaran por su cuerpo. La elegancia de sus movimientos, el modo delicado en que movía sus manos y la dureza de sus facciones masculinas conformaban un hechizo difícil de esquivar para cualquiera.
Cuando entró en su salón, la mayoría de sus compañeros ya estaban allí. Repitió su procedimiento y avanzó con la cabeza en alto y el paso resuelto. Podía ignorar los cuchicheos y los sonrojos. Sí, pudo ignorar a todos con éxito, excepto a una sola persona.
En una esquina, un muchacho rubio que le resultaba extrañamente familiar no le quitó los ojos de encima hasta que la clase terminó. Estaba despatarrado en la silla y su aspecto estaba a medio camino entre el de un delincuente y el del chico popular de turno. Tenía una sonrisa sobradora y en su expresión no solo había sorpresa como en la de los demás —y excitación, como en la de muchos de ellos—, sino también una suerte de sentido posesivo, como si estuviera reclamándolo para él, como si fuera un cazador y con el brillo solo de sus pupilas pudiera marcar a su presa. Sasuke se estremeció pero no le devolvió la mirada ni una sola vez.
Al día siguiente, la situación ya había cambiado. Los otros alumnos esquivaban a Sasuke como si fuera la peste. Las chicas que más habían estado murmurando sobre él —creía que se llamaban Sakura e Ino— ahora estaban repentinamente calladas. Por sus expresiones algo temerosas, se habría dicho que habían recibido algún tipo de amenaza. Aunque inexplicable, esta novedad fue un alivio al principio.
Hasta que lo notó. Había alguien que aún se concentraba en él.
El muchacho rubio —Naruto era su nombre, según había escuchado— reía a carcajadas en la otra punta del salón, rodeado de sus amigotes y actuando como si fuera el rey del lugar. No prestaba ninguna atención a los profesores, que no parecían capaces de amonestarle. En cambio, nunca le faltaba un momento para dedicarle a Sasuke. Desde lejos, le sonreía de lado, como si se jactara de algo —¿de qué?.
Si el primer día los comentarios y silbidos lo habían hecho sentir acosado, ahora casi sentía los ojos del rubio tocando su piel. Subiendo despacio por sus rodillas. Jugando con el borde de su falda. Y luego… se mordió el labio inferior, esforzándose por acomodar sus piernas en el asiento sin separarlas. Su pupitre se ubicaba delante de todo, de manera que podía enfocarse en el pizarrón como si no existiera nada más. Para su consternación, sin embargo, eso no evitó que se le erizara la piel del cuello y le ardieran las orejas.
Su estadía en aquel colegio sería, probablemente… compleja.
Las cosas no tardaron tanto en agravarse. Fue en cierta ocasión en que un docente le solicitó a Sasuke que repartiera los exámenes que acababa de corregir. Cuando recorrió el pasillo en que estaba Naruto, percibió sin género de dudas una caricia en sus piernas. Estuvo a punto de congelarse en su sitio, pero algo en su interior le dijo que una reacción tal era justo lo que el rubio quería. Si se paralizaba, si gritaba, si se espantaba era admitir que le afectaba, era dejarle ganar. Él, no obstante, no era ninguna niñita tímida que temiera por su virginidad. Durante los partidos de fútbol en los que participaba en su colegio anterior, en las clases de karate que tomaba por las tardes y en muchas otras situaciones su cuerpo había chocado con otros cuerpos y eso no tenía por qué significar nada para él. Así es, él estaba por sobre todo eso, él no era débil. Por lo que dejó que la situación se escurriera entre sus dedos como la picadura mínima de un mosquito. Continuó caminando hasta el final del pasillo, entregó el último examen, se volteó y regresó por el mismo lugar por el que había venido. El tacto esta vez fue aún más claro. Más atrevido. No solo lo había sentido en su muslo izquierdo, sino también en el principio de la nalga. No se giró a mirar a Naruto. No le daría ese gusto.
Y así fue como la costumbre de tocarlo cada vez que pasaba cerca se instaló. Si Sasuke no había reaccionado las primeras dos veces, ¿con qué cara reaccionaría a las demás? Seguramente todos allí lo habían visto. Saltar a la tercera o a la cuarta vez, ¿no sería contradictorio? ¿No se vería como un hipócrita? ¿Cómo un histérico? No, no permitiría ningún rumor como ese corriendo sobre él. Se mantuvo estoico. Y se habituó a la sensación de aquella mano en sus muslos, sus rodillas, el borde de su ropa interior.
Cuando el preceptor le encomendó, durante un recreo, llevarle unos cuadernos a Shikamaru, uno de los amigos de Naruto, supo que algo ocurriría. Llegó hasta el círculo de muchachos e interrumpió su bullicio, llamando a Shikamaru. Este se acercó a preguntar qué pasaba. El rubio quedó entre medio de ellos y, mientras Sasuke explicaba lo que le había indicado el preceptor, observaba al uno y al otro con atención, como si la conversación le resultara de sumo interés. Y, a la vez que hacía esto —tan impropio de él, que parecía no estar siquiera al tanto de que le enviaban a la escuela a estudiar—, metía la mano completa debajo de su falda. Sasuke hizo su mayor esfuerzo por enfocarse en Shikamaru y los cuadernos. Solo un leve sonrojo y un ligero temblor en las piernas delataban que era perfectamente consciente de la situación, de aquella palma suave rodeando sus nalgas y del dedo travieso que se introducía apenas por el borde de su bóxer. El intercambio con Shikamaru se alargaba mucho más de lo necesario. ¿Ese tipo lo hacía a propósito, Naruto se lo habría pedido? ¿O era el propio Sasuke quien se estaba explayando demás?
No lo sabía. En verdad, no lo sabía.
Regresó al salón respirando agitado y tuvo que retirarse de la clase dos veces para lavarse la cara en el baño. No importaba. Nada podía calmarlo.
El punto culmine llegó al día siguiente.
En cuanto llegó a la escuela reconoció al estudiante que estaba sentado en su lugar habitual. Se llama Kiba u otro nombre así de perruno y era una de las personas más cercanas a Naruto. Lo había visto en otras ocasiones, copiándose o simulando leer mientras dormía al fondo del salón. No tenía ningún sentido que le hubiera robado su sitio, que lo exponía por completo a la vigilancia del profesor.
Una ojeada rápida al entorno le permitió entender. La única silla vacía en todo el salón estaba junto a Naruto. El idiota se traía algo entre manos, sin dudas.
Avanzó directamente hacia allí, con su rostro inexpresivo de siempre, un gesto que solo se interrumpió brevemente al notar que Naruto había desplegado su palma boca arriba en el asiento libre. Intercambiaron miradas. El otro le sonreía, sin disimular ni un ápice de su picardía. Sasuke tenía que pensar a velocidad, no podía dejar todo en las manos de Naruto —literalmente—. Tenía que demostrar de alguna forma que aquella situación estaba bajo su control, que las cosas se harían a su modo.
Recuperando pronto su fuerza de voluntad, pasó por delante del rubio, sin inmutarse cuando este se inclinó lo suficiente como para rozarlo con la nariz a la altura de la cadera. Se ubicó delante de la silla y, en un movimiento veloz, se levantó apenas la parte de atrás de la falda, de manera tal que al sentarse la mano del rubio quedaba directamente pegada a su ropa interior y a parte de sus piernas, mientras que la tela la cubría y ocultaba en gran medida sus posibles movimientos. Reconoció con satisfacción la sorpresa que atravesó por unos segundos la cara de Naruto, aunque no tuvo mucho tiempo para regocijarse en ello porque de inmediato un dedo que se levantaba acariciándole los testículos y el perineo a través del bóxer lo turbó por completo. Tuvo que recurrir a todas sus energías para sostener su semblante frío… pero lo consiguió.
—Qué bueno que eligieras sentarte aquí, Sasuke-chan —dijo Naruto con un tono alegre que no escondía la intención puesta en la palabra "elegir" ni en el sufijo infantil con que adornó su nombre—. Justamente estaba pensando en pedirte ayuda, no entiendo nada de matemática.
—A ver, idiota, ¿qué necesitas que te explique?
—Esto de la x…
—¡Pero si esto se ve en primaria, tarado!
—Oh… entonces seguramente tú sabrás explicarlo muy bien, ¿verdad?
—…sí. Puedo explicártelo, Naruto.
El rubio sonrió, afable, mientras con absoluta convicción introducía el anular en su ropa interior. Sasuke se acomodó con disimulo para hacerle espacio.
—Más te vale prestar atención, perdedor —agregó, con una expresión socarrona.
—Te juro que no voy a perderme ni un maldito segundo de esto, bastardo.
Hacia la mitad de la clase, Naruto había conseguido meter la punta del dedo en su culo. Sasuke se removía y resoplaba, sonrojado y ya casi sin poder entender nada de lo que el profesor decía al frente del aula. Ante sus gestos cada vez más desordenados, el otro reía.
—¿Es incómoda la silla para la princesa? —se mofaba.
Pero Sasuke tenía lista una respuesta.
—Es demasiado pequeña.
Naruto se relamió.
—Eso tiene solución —dijo, y le guiñó un ojo—. ¿Por qué no te quedas después de clases… a hacerme la tarea de matemática? Podría ofrecerte… un mejor lugar para sentarte.
Sasuke pareció pensárselo.
—Una cosa es quedarme aquí… pero otra muy diferente es hacerte la tarea. ¿Por qué haría algo así? ¿Qué ganaría con eso?
—Pues… si me ayudas con la tarea, Sasuke-chan —empezó Naruto, después de lo cual se acercó a su oído hasta hacerle cosquillas y susurró—: te dejaré chupármela.
La posición ventajosa de la mano del rubio hizo imposible que Sasuke pudiera disimular la reacción que aquella declaración había tenido en su entrepierna. Naruto amplió la sonrisa que parecía estar fija en su cara cada vez que le hablaba.
—Creo que a alguien le interesó mi propuesta…
—Naruto…
—¿…sí?
—Pásame tu estúpida tarea de matemática. La haré ahora.
La risa del rubio debió de escucharse en toda la escuela.
—¡La princesa está ansiosa!
—No me gusta perder el tiempo.
De pronto, Sasuke no podía dejar de pensar en que si Naruto se bajaba la bragueta, alcanzaría que él apartara un poco la ropa interior y se sentara sobre él para poder follárselo allí mismo, con su falda tableada cubriéndolos; pondría todas sus fichas en su habilidad de sostener un rostro indiferente en cualquier circunstancia y sería capaz de llegar al orgasmo en medio del maldito salón de clase, delante del imbécil del profesor que llevaba rato viéndolos sin decir nada, sí, Naruto lo masturbaría también debajo de la falda, sin dejar de metérsela y oh dios sí eso era exactamente lo que iban a hacer cuando…
—¡Oi, Sasuke! ¿No vas a responder?
La voz algo preocupada de Naruto lo sacó de su ensimismamiento. Apretó la lata de cerveza vacía y miró en derredor. El círculo estaba conformado por sus ex compañeros de colegio, más alguna pareja que se había agregado con los años.
—¡Di algo, bastardo! ¿Tuviste una de esas pesadillas de las que hablábamos o no? —insistió Naruto, a su lado.
—Yo no tengo pesadillas —respondió, serio.
—Oh, vamos —intervino Kiba—. Todos hemos tenido de esos sueños en los que volvemos a la escuela y una vez en el aula descubrimos que estábamos desnudos…
—Habla por ti —dijo Shikamaru, pasando un brazo por los hombros de su novia Temari—. Yo solo he soñado que llevaba pijama.
—Es igual —repitió Kiba—. Es algún asunto con el uniforme. Volvemos a la escuela y no llevamos el uniforme correcto y todos se burlan de nosotros. ¡Incluso alguien tan estirado como tú tiene que tener pesadillas, Sasuke!
—Pues no, nunca tuve ninguna pesadilla en torno a nuestro uniforme escolar.
—Oye, Naruto… —murmuró Sakura desde el otro lado del círculo—. ¿Veo mal o tu novio está sonrojado? Tú que estás al lado, fíjate…
—¡Es cierto! ¡Ya sé! ¡No solo has tenido esas pesadillas sino que te dan tanta vergüenza que ni puedes contárnoslas! —exclamó el rubio, soltando una carcajada—. ¿Cómo puedes ser tan orgulloso, Sas?
—Ya te he dicho… no tuve ninguna pesadilla sobre eso, zopenco. Ahora deja de molestarme y sírveme otra cerveza.
—Ehh, ¡mentiroso! ¡En el fondo eres un tímido, Sas! ¡Ya te descubrí!
—Oh, no, Naruto, ahora sabes mi verdadera identidad, ¿qué voy a hacer? —se burló Sasuke, tomando la lata de cerveza que le alcanzaban.
Todos rieron y rápidamente pasaron a otro tema. Excepto Sasuke, cuyo sonrojo solo aumentó en la medida en que seguía recordando su sueño. Se preguntó si Sakura aún guardaría su uniforme… tendría que pedírselo prestado, alguna vez. Le daría a Naruto una buena sorpresa.
