– ¿Llegaste? – Preguntó Tenya a media voz, aspirando intensamente mientras se estiraba un poco en la cama para despertarse un poco– ¿Cómo te fue?
Sin embargo, solo escuchó pasos y el movimiento de tela en respuesta, imaginando que Shoto quería cambiarse de ropa primero. Volteó hacia la mesita de noche para encender la lámpara y tomar sus lentes, sobresaltándose de inmediato ante la vista cuando pudo enfocar bien.
– Lo siento, ¿te desperté?
Tenya pestañeó un par de veces, quitándose las lagañas de los ojos con los puños y sacudió su cabeza un par de veces, pero nada de eso borraba lo que tenía frente a él.
La cara de Shoto estaba llena de marcas de besos, eso era lo primero. Su usual camisa blanca que llevaba debajo del pesado uniforme, estaba mojada, dejándole ver su piel transparentándose bajo la tela, en segundo lugar; y lo que más lo preocupó, en tercer lugar, era su expresión de vergüenza.
– Puedo explicarlo.
– Estoy seguro que sí. –Tenya se incorporó un poco, retirando las sábanas de encima suyo y dudó antes de bajar los pies al suelo, quedándose así, sin saber si levantarse.
– ¿Está bien si tomo una ducha primero? –continuó sacándose la ropa, y luego tomando algo limpio del armario.
Tenya solo suspiró, poniéndose de pie ahora sí, en camino a la cocina para preparar té. Prefirió utilizar estos minutos en los que su mente recién despierta se resistía a pensar para no armar conjeturas, y esperar lo que su pareja tenía que decir.
Unos momentos después, Shoto atravesó el lumbral de la puerta en pijama, secándose el cabello con la toalla que traía sobre los hombros. Estaba descalzo, y si no fuera porque Tenya estaba en la luna, habría encontrado este momento lindo.
Shoto lo miraba fijamente mientras se acercaba, pero Tenya no quiso mantener la mirada, enfocando su vista en la esquina de la habitación, por lo tanto, los brazos que le rodearon en un abrazo apretado le sorprendieron, sin poder hacer nada para detener el momento.
– Te extrañé muchísimo. –susurró Shoto– Perdóname por llegar tarde.
– No pasa nada –soltó sin pensar, al asumir que se refería a que planearon esta velada en un hotel y que ya era poco más de medianoche– ¿Está todo bien?
– Me pasó algo en el trabajo –dijo en voz baja mientras soltaba su agarre y se alejaba un poco para tomar una taza de té.
– Lo noté –bromeó, dándose cuenta que se relajó del todo con ese abrazo–. ¿Vamos al sillón para hablarlo?
Shoto volteó a verlo con una mirada indescifrable antes de asentir, tomando ambas tazas de té y dirigiéndose hacia la sala.
Se acomodaron ambos en el sillón de tres plazas, a cada esquina, pero con el cuerpo ladeado para verse de frente en cierto sentido, y con sus bebidas en la mesa frente a ellos.
– No sé cómo empezar –se aclaró la garganta Shoto, llevándose el puño cerrado a la boca, para luego apoyar su codo en el respaldar del asiento, deseando por dentro estar más cerca de su pareja.
– Me hablaste después del trabajo para que me adelantara a venir porque había surgido algo –recordó Tenya práctico, informando lo último que supo de él–.
– Habría deseado irme entonces –suspiró–. Recibimos una llamada de la policía para respaldar una alerta emitida por una denuncia anónima de un festejo ilegal no muy lejos de la estación, me imagino que nos lo pidieron porque se iban a tardar un rato en llegar debido a que las unidades no estaban por la zona –estiró la mano que tenía sobre el respaldar, apenas rozando con la punta de los dedos el hombro de Tenya–. Acércate.
Tenya negó, aunque dejó la rigidez en su postura habitual para descansar su cabeza en el respaldar, dejando que la mano de Shoto alcanzara apenas a rozar su mejilla, esta vez ahora sí viéndolo fijamente.
– Te quiero. –soltó de manera natural el heterocromático.
– Si sigues así de sincero, empezaré a sospechar –sonrió sin contestar.
– Lo que pasó en resumidas cuentas fue que, al llegar, monitoreamos con atención el lugar mientras llegaba la policía, pero las personas se percataron que estábamos ahí y salieron del local –casparreó sin saber de qué forma decir lo que seguía–- nos gritaron que había un incendio que apagar y cuando entramos...
Tenya espero a que continuara, levantando de nuevo su cabeza y atrapando la mano de Shoto entre las suyas.
– Era una fiesta ¿sexual? –dijo con incertidumbre.
– ¿Huh? –se quedó congelado.
– Realmente no supe qué estaba sucediendo, era un lugar con luces estrambóticas y las personas portaban accesorios extravagantes, pero ninguna llevaba dos piezas de ropa encima, olía muy fuerte, como a perfume y sudor –se rascó la cabeza con la mano libre, tratando de recordar–. Nos llevaron al centro y empezaron a animar para que nos quitáramos la ropa y bailáramos.
– ¿Los confundieron con strippers? –Tenya no pudo más, moviendo sus manos con sorpresa.
Shoto asintió– Al tratar de irnos, se metían en nuestro camino y nos daban besos, no pudimos con todas esas personas sin lastimarlos, hicimos lo mejor que pudimos.
– Oh –consternado, volvió a tomar la mano de su pareja y le indicó para que pudiera recostar su cuerpo encima de él–. ¿Estás bien?
– Sí –hundió la nariz aún más en el pecho de Tenya si eso era posible– Vine directo acá, no quise volver a pasar a la estación.
– Pudiste enfermarte, estabas mojado.
– El jefe roció a todos con la manguera cuando pudo salir para que nos dejaran en paz.
– Te voy a dar algo para la gripe antes de dormir –Shoto asintió–. ¿Volvemos a la cama?
– Estás cómodo.
– Los dos podemos están cómodos allá.
Shoto levantó la cabeza, deslizándose para alcanzar los labios del otro– Supongo –y le besó, tan despacio y tan profundo como alguien que hubiese esperado todo el día por este momento y alguien que quería alargar cada segundo como fuese posible.
– Así que viniste directamente, ¿huh? –comentó Tenya quitándose los lentes para dejarlos en la mesa, sin separarse mucho y volviendo al beso sin mucha demora.
– La caja de sugerencias está en la oficina –habló entre respiraciones, colando su mano debajo de la camisa de su pareja y midiendo con sus manos cada centímetro de su abdomen.
– Me preguntó si podré quitarte todas esas marcas... –afianzó sus manos en las caderas de Shoto, para moverse un poco con el fin de alcanzar su cuello, depositando lánguidos besos por toda la piel.
– ¿Siguen ahí? –Suspiró, aguantando la respiración mientras anticipaba cada movimiento.
– Vamos a la cama.
Nota de la autora: Gracias por leer! Los comentarios siempre son apreciados jeje.
