Nota: No estaba escuchando como tal "Apocalypse" pero, me es inevitable escucharla en mi cabeza al escribir esto-; Y es que, cuando Enzo o Isuke estén solos, el otro lo alcanzará. Sí, sí.


Si había algo que, no se imaginó hacer, era caminar en la playa por la noche de la mano con su esposo.

En primera, por el ascetismo autoimpuesto por el trauma en su niñez; en segundo, porque en la noche era cuando los demonios acechaban y atacaban. Siendo el primer inconveniente arreglado por un matrimonio por conveniencia que se tornó en uno real y el segundo, porque su cuñada había adoptado al dragón (llamándolo "Rubí", siendo este aceptado probablemente a regañadientes por su marido) que la había raptado y cuidado.

Definitivamente, su simple y aburrida vida cambió y tomó giros bruscos cuando los hermanos Borgia llegaron a Britania. Y la frase que decía "La vida está llena de sorpresas" tomó más significado para él.

Pero ¿Quién lo hubiese imaginado? Él, enamorándose. De un hombre, de Enzo de Borgia, y él, siendo capaz de todo con tal de que este sonría, se sienta a gusto y pueda ser feliz.

Isuke nunca imaginó amar tanto a alguien, pero ahora ya lo estaba haciendo.

Se estaba enamorando un poco más de este sureño con ojos de océano.

(Era abrumador y encantador, era algo nuevo y probablemente, peligroso también).

–… Si me miras mucho me voy a desgastar – su voz lo sacó del trance, y el simple hecho de toparse con esos ojos océano que en ocasiones brillaban en violeta, le pusieron ligeramente nervioso. Discretamente, pasó saliva para aclarar su garganta y ocultar el nerviosismo. Enzo arqueó una ceja al mismo tiempo que sonreía con picardía al notar las puntas de sus orejas rojizas –. ¿En qué estabas pensando, eh?

Ojalá supiera mentir, pensó por un momento.

Pero era imposible mentir, se sentía incapaz de hacerlo con Enzo. Pero todavía, era un poco complicado poner las cosas en palabras.

Así que decidió ponerlo en acciones, inclinándose y robándole un beso. Dejando estático y sin palabras al gonfaloniero, al menos por unos cinco minutos, cuando se cubrió la boca dramáticamente con el rojo vivo por todo el rostro.

Sacándole una pequeña sonrisa al paladín por lo lindo que se veía en ese instante.

– ¡…T-T-Tú, bastardo! ¡…Idiota, avisa primero!

Podría acostumbrarse a esto todos los días.

– ¿Tenía que avisar?

Y podría amarlo todos los días, sin falta.