Caricias egoístas.

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Bueno y aquí con una nueva historia, inspirado en el estreno de la segunda temporada de Helluva Boss, especial mente en Stella, no justifico su accionar y forma de ser, pero hasta donde sabemos, ella ha sido leal como esposa, enojada más que nada por ser reemplazada por un Imp, siendo ella de una familia noble, esto sería más que un insulto.

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Su matrimonio estaba perdido desde el principio, era algo obvio por todos, incluso para ellos, desde el principio, fue interés por un lado y obligación por el otro.

Pero a veces, muy extrañamente, tenían pequeños momentos juntos.

Tal cual podía recordar uno de esos momentos, fue su noche de boda…

Stolas se despojó de su traje de gala y se cubrió con una simple bata negra de seda, un fuego se había iniciado en la chimenea, manteniendo por los momentos, su mente ocupada con el crepitar del fuego, pero rápidamente este se vio opacado cuando el agua de la ducha comenzó a correr, escuchando el como ahora su "esposa" Stella se preparaba para su noche de bodas.

Aún recuerda como le temblaban las manos esa noche, se levantó de su lugar y fue hasta el mini bar, la absenta siempre fue lo mejor para su niervos, no quería estar muy borracho y arruinar la noche, pero joder necesitaba calmar sus nervios.

Se levantó y se sirvió un vaso, que rápidamente bebió, los nervios impidieron que siquiera sintiera el clásico ardor quemando su garganta.

Debía permanecer sobrio, pero podía sentir las plumas de su cuello temblar de… ¿Miedo? ¿Emoción? ¿Excitación?

Un segundo baso fue servido y rápidamente un tercero, intentando calmarse pero fracasando en vano…

-Stolas…-, La suave voz de Stella llamándolo lo tomo por sorpresa, haciendo que se ahogara con su quinta copa, ya que en ningún momento se percató de la ducha se había detenido.

Inhalo aire antes de darse la vuelta para encontrarse con su esposa.

Delante de el a pocos pasos, estaba Stella, envuelta en una toalla rosa que cubría vagamente sus pechos, dejando expuesta sus piernas y zona intima, Stolas se percató gracias al fuego, que no estaba completamente seca, sus plumas aun empapadas, resaltaban gracias al fuego.

Stolas armado de valor y licor se acercó a Stella, la cual en un principio retrocedió, a lo que Stolas detuvo su andar, él no quería asustarla y ella no quería hacerlo sentir despreciado, entonces fue ella la que corto el trayecto hasta quedar frente a él.

En un vano intento de no actuar nervioso, trato de calmar su pesada respiración y el temblar de sus plumas traicionándolo, Stella lo miraba fijamente, atenta a cualquiera de sus movimientos.

Stolas se percató de esto, de la mirada fija de esos ojos grandes de color rojo, entonces decidido se armó de valor y extendió la mano izquierda para poder tocarla, la cual fue atrapada por la mano izquierda de ella, Stella le dio una suave caricia a su mano, un toque tranquilizante, una señal de bienvenida, una invitación a continuar, tal vez una… ¿señal de amor?

La mano fue guiada al amarre de su toalla, invitando a quitarla, al mismo tiempo que Stella tomaba los lazos de la bata y empezaba a quitarlos.

Cuando la toalla cayo, la bata fue desatada.

A Stolas lo recibieron un par de pechos blancos adornados con pezones de color rosa pálido, en cambio Stella fue recibida por un miembro erguido y duro.

Stella sonrió con satisfacción, eso era lo que quería ver, emoción y excitación, sabía que iba por buen camino, pero no se esperaba el siguiente movimiento Stolas, cuando su mano derecha se deslizo a su sexo, no fue un toque vulgar, como pensarían algunos… fue un suave toque de curiosidad.

Tres dedos que se deslizaron de manera dulce, tocando suavemente los labios y rozando el botón rosa, para luego ascender por su vientre, fascinando a Stolas con esa extraña calidez, cuando llego a la separación de sus pechos, coloco su palma, antes de dirigirlo al ceno derecho, estaba frio al principio y se maravilló cuando su agarre lo calentó.

Sintiendo como el pezón poco a poco se endurecía bajo su agarre, fascinado realizo el mismo proceso con el otro seno, solo que con la diferencia de que el pezón ya estaba duro.

Stella miro con detención los movimientos que realizaba su… "esposo", en caso de que quisiera sobrepasarse con ella, le rompería una de las tantas botellas en la mesa, pero miro con fascinación como esa mano acaricio su zona intima… con mucho cuidado, antes de subir por su vientre suavemente hasta sus pechos, la debilidad de muchos, lo dejo jugar con ellos, fascinada de sus suaves movimientos.

Pero, no queriendo quedar atrás, Stella lo sorprendió cuando extendió su mano libre, agarrando el pene de Stoles, el cual se sorprendió con un sobre salto.

Stella dio una suave caricia a la cabeza, ganando un gesto, luego a lo largo, produciendo un gemido, seguido a las bolas, para luego repetirlo uno y otra vez, ganando ahora una andanada de gemidos de placer por parte del príncipe.

En medio de la emoción, Stolas agarro de las piernas a Stella y la levanto en aire, ganando un grito de sorpresa por parte de ella, dándole vueltas en el aire, aprovechando el momento para rozar su pene con la intimidad de Stella, lubricándolo con la acción.

A día de hoy no se sabe cómo empezó pero de repente uno de ellos se rio, seguido por el otro, risas como si fueran adolescentes jugando a ser adultos, Stolas llevándola de aquí a ya, entre risas y vueltas, entre besos castos y lujuriosas, una escena que verías en una comedia romántica…

Cuando de repente y sin aviso alguno… un movimiento de agarre, una mano en una nalga separándola más, un desliz y por ultimo una penetración.

Se quedaron quietos y en shock, no es que fueran ajenos al sexo, ni mucho menos, solo que fue repentino, diferente, pronto, Stolas para ser exacto, comenzó el movimiento vaivén, empezó lento, pero poco a poco el movimiento se volvió rápido y frenético.

Stella le sonrió y lo beso, sentir la longitud entrando y saliendo de ella la condujo al éxtasis, Stolas reía y se dedicaba a chupar y besar los senos, Stela.

Era pura lujuria, tal vez podrían ser felices juntos, tal vez esto era el inicio de algo bueno, la oportunidad de tener una familia feliz.

Con un súbito y último movimiento de cadera Stolas libero su semilla dentro de Stela quien en respuesta y con un súbito grito se vino.

Sin más fuerzas Stolas se rindió y callo en la cama con Stela encima de él.

Con una sonrisa en su rostro, creyendo que había encontrado el amor de su vida sin darse de lo que le esperaba.

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