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Capítulo IV
Levi estaba sorprendido; sin embargo, no podía dejar de admirar la bella silueta que tenía frente a sus ojos. Hange era tan preciosa, y ahora, era una completa humana. Quería tocarla, acunarla contra su pecho y llevarla hasta su lecho para que no saliese de ahí nunca.
Necesita saber cómo era que su transformación fue posible. Su corazón latía con tanta fuerza, como quizá nunca lo había hecho.
—Solo vine a despedirme y a cumplir el deseo que te he prometido —dijo con una sonrisa fingida, ya que por dentro estaba llorando de tristeza—. Luego de eso me marcharé. Tú te casarás y serás muy feliz. Y yo regresaré con los míos a la profundidad del océano.
—Quiero que me cuentes cómo obtuviste las piernas. Nunca creí que una sirena pudiera cambiar su cola —esbozó con serenidad mientras se acercaba a ella, poco a poco—. Jamás creí verte así.
—Esto fue gracias a la luna. Ella es la diosa de mi especie. Yo solo… —bajó un poco su mirada, respirando profundo antes de proseguir— le pedí que me dejara despedirme de ti. Las piernas —vio fijamente sus extremidades—, me acompañaran solamente esta noche, después volveré a tener mi cola. Quedarme con ellas únicamente sería posible si…
—¡¿Cómo sería posible, Hange?! —Para ese momento la desesperación por mantenerla junto a él era más grande que cualquier compromiso arreglado—. ¡¿Qué tienes que hacer para permanecer así?!
—La diosa me dijo que la única forma en la que puedo convertirme en humana es —susurró—: si mi verdadero amor siente lo mismo por mí. Y para saber que es real, se debe consumar la unión en una entrega total de cuerpo y alma.
Levi parpadeó después de escuchar las palabras que salieron de los labios de su adorada sirena. Amarla a plenitud era lo que más deseaba en la vida. Había huido tanto del amor que, esa noche, en la sintió que la perdía, comprendió que no quería pasar ni un minuto más alejado de ella.
Hange era el amor de su vida, el único ser que le había dado calidez a su frío corazón. Ella era con quien deseaba pasar, cada día y cada noche, sin importar que fuese una criatura de las profundidades del mar.
La luna era una diosa muy inteligente, pues no había mejor manera para demostrar el amor que, fundiendo sus almas en una sola. Esa noche sus espíritus se entregarían a las mieles del paraíso.
»—El poder que poseo para cumplir deseos, solo es permisible cuando lo efectuamos en otros. Así que, dime, ¿qué es lo que quieres? —musitó con nerviosismo al sentir que su cuerpo se acercaba cada vez más al de ella—. ¿Levi?
—Hange —susurró acariciando con ternura su mejilla—, no quiero riqueza, ni cosas materiales. Eso nunca me ha interesado —confesó con sinceridad—. Lo único que realmente anhelo es que te quedes conmigo para siempre.
—Le-Levi —balbuceó cuando las yemas de sus dedos pasaban con suavidad por sus labios—. Yo…
—Solo permíteme amarte.
Levi cerró la poca distancia que los separaba y con necesidad se apoderó de sus preciosos labios. Su boca era tan dulce que, perfectamente, podría vivir en ella, deleitándose eternamente.
Hange llevó sus manos al rostro del príncipe y con determinación lo jaló para intensificar el contacto. Nunca imaginó que el besarlo sería tan maravilloso. Abrió sus labios cuando un pequeño gemido se escapó de su garganta. Estaba tan hipnotizada que no se percató del momento exacto en el que el monarca la había llevado hasta la cama.
Sus manos pasaban por todo su cuerpo y con lujuria acariciaban cada rincón de su ser, generándole una descarga de sensaciones que jamás había experimentado. Con torpeza, comenzó a desabrochar los botones de la camisa del príncipe para poder apreciar ese robusto pecho que tanto calor albergaba. Su nerviosismo e inexperiencia era tan palpable que al joven soberano le dio ternura. Esa noche, ambos harían el amor por primera vez.
El príncipe aprisionó sus manos contra las suyas y con delicadeza depositó un beso sobre ellas. Levi le haría el favor de facilitarle el acceso a su cuerpo a su sirena.
En un fugaz movimiento, se despojó de sus prendas exponiendo ante su amada su desnudez. La sirena parpadeó y se mordió el labio inferior al deleitarse de todo ese perfecto cuerpo que tenía frente a sus ojos.
El príncipe se posicionó encima de ella y con desesperación buscó su boca. La besó con tanta necesidad que, parecía que el mundo se iba a escapar de sus manos si dejase de hacerlo. Hange jugueteaba con sus hebras, enterrándole las yemas de sus dedos en su cabellera.
Levi se separó de su boca y con cautela empezó a bajar por todo su cuerpo. Besó cada rincón por el que iba pasando hasta que llegó a su pecho. Se lamió los labios, y sin pensarlo, aprisionó uno de sus senos con sus dientes mientras masajeaba con sus manos suavemente el otro. Desde que la vio por primera vez, nadando el mar, había fantaseado con ese momento, pero los sueños se quedaban cortos con la exquisitez que emanaba de su piel.
Hange se retorcía entre las sábanas al disfrutar de las insanas caricias que el amor de su vida le estaba obsequiando. Ni en un millón de años hubiese imaginado que tener a alguien deleitándose de su pecho la haría sentirse como el mismísimo cielo.
El príncipe amaba ver las sensaciones que provocaba en su sirena. Hange le estaba regalando el más delirante espectáculo con sus gestos. Se separó de su pecho y con su lengua hizo un recorrido hasta llegar a su sexo. La mujer levantó el rostro de la almohada, y observó cómo las pupilas de su amante brillaban. La lujuria se desbordaba de esos ojos que contemplaban embelesados, esa parte que le había otorgado la luna al prestarle las piernas.
Levi le separó los muslos y metió su rostro en ellos, hasta rozar su intimidad con su lengua. Lamió a plenitud esa virginal parte que sería tocada, solamente, por él. La sirena se sujetó a las sábanas cuando la intromisión del príncipe se hizo más fuerte. Hange gimoteaba de placer con cada caricia. Estaba bajo un trance de excitación y deseo del que no quería despertar. Arqueó su espalda cuando un fuerte hormigueo llegó hasta su vientre bajo. En ese instante había probado un pedazo de cielo con ambas manos.
Levi saboreó sus embriagantes jugos a su antojo. Dejando rastro de su saliva por donde su lengua iba pasando. La esencia de su sirena lo llevó al borde de la locura.
Volvió a buscar esa boca que tanto adoraba, para besarla despacio y sin prisa. Depositando en cada beso todo el amor que sentía.
El príncipe la vio a los ojos con ternura y le sonrió. Hange estaba anonadada, perdida en el cúmulo de sensaciones que estaba experimentando. Levantó su pecho de la cama para contemplar a su amado. Levi se encontraba nuevamente en medio de sus piernas, pero en esta ocasión su intromisión a su santuario sería de una manera diferente.
El azabache inclinó su torso para depositar un fugaz beso en los labios de la sirena, luego regresó a su posición. Ella volvió a recostar su cuerpo sobre la suavidad del colchón.
Levi colocó su miembro en la entrada de su amada y con cautela comenzó a introducirse en ella. Hange suspiró cuando sintió el peso del cuerpo del príncipe sobre el suyo. Él no dijo ninguna palabra; sin embargo, sus ojos parecían un libro abierto ante su amada. La sirena movió levemente su cabeza, dándole el permiso que él esperaba. Vio sus labios, y sin pensarlo, los besó. Estampando en ellos todo su amor cuando su miembro se llevó consigo la prueba de que su virginidad y ella, siempre serían suyas.
Una pequeña lágrima se escapó de los ojos de la mujer, convirtiéndose en una reluciente perla. Levi se sorprendió al ver la pequeña joya, ya que no tenía conocimiento de que su llanto obtuviese esa forma. Con delicadeza, besó la nueva gota que empezaba a escaparse de sus orbes, saboreando a plenitud del líquido salado, que no necesitabas transformarse en una piedra preciosa para ser hermoso.
Hange adoraba cada gesto que su príncipe tenía con ella; sin embargo, ese en especial, había sido muy significativo. Sin saber qué era lo que hacía, comenzó a balancearse al haberse acostumbrado a tener a su amado dentro de ella. Levi imitó la acción, embistiéndola con suavidad. Dejando que sus propios cuerpos les pidieran aumentar el ritmo.
El príncipe cambió de posición al sentarse sobre el lecho y dejar a horcajadas a la sirena. Ella se aferró a su cuello y lo besó con toda la pasión que poseía su corazón. El monarca la tomó fuertemente por la cintura cuando sintió que estaba por alcanzar la cúspide de sus emociones. Era el momento preciso en el que sus almas se fundirían, convirtiéndose en una sola, bajo la bendición de la diosa luna.
El satélite brilló aún más cuando ambos se liberaron y juntos entregaron sus espíritus en un acto sin precedente.
Levi besó con ternura los labios de su mujer y con delicadeza la acunó en su pecho mientras volvían a recordarse.
»—Me has hecho el hombre más feliz, Hange. Te amo —musitó con todo su amor.
—Y yo te amo a ti, Levi —susurró con una preciosa sonrisa en los labios—. Nunca voy a dejarte.
—Claro que no lo harás. Ahora eres completamente mía —espetó con seguridad—. Descansa, quiero que esta madrugada tengas el más bello de los sueños.
—Ese ya se hizo realidad —balbuceó al cerrar sus ojos para entregarse por completo al calor de sus brazos.
Levi le acarició el rostro y depositó un casto beso sobre su sudado cabello. La envolvió con sus brazos y cerró sus ojos para acompañarla a ese profundo mundo de los sueños.
El alba no tardaría en llegar y, aunque sabía que le esperaba una fuerte discusión con su madre, le daba completamente lo mismo, pues su corazón ya había elegido a su dueña.
Su alma le pertenecía a esa hermosa mujer que yacía en su pecho.
Los días habían pasado tan rápido que Hange no podía creer todo lo que estaba viviendo.
«Luego de su ardiente noche de pasión con su apuesto príncipe. La sirena se había convertido en una completa humana. Levi le había llevado muchos vestidos para que los usara, pues le explicó que su desnudez, solamente, le pertenecía a él y a sus momentos entre las sábanas. Nunca pensó que su amado fuese tan celoso cuando se trataba de ella.
Ese mismo día, después de entregarle las prendas, el aspirante a la corona le contó que había hablado con su madre.
La reina estaba enfadada por la decisión de su hijo, pero comprendía sus motivos y los aceptaba. Con pesar, tuvo que informar al reino del Este que la boda quedaba cancelada. No entró en detalles, eran innecesarios, solo dejó en claro que las puertas de su reino siempre estarían abiertas para recibirlos.
La sirena fue presentada ante su suegra que se mostraba al principio un poco distante; sin embargo, la joven de hermosos ojos castaños supo conquistarla con su precioso canto. La reina estaba fascinada con la criatura. Y terminó por comprender la razón por la cual su hijo la había elegido»
Suspiró y caminó hasta un enorme espejo para apreciar su semblante. Sus ojos se humedecieron al ver su imagen, ya que jamás creyó que algo así pudiese pasarle.
Un sonido en la puerta la sacó de su burbuja y con alegría recibió a una doncella que llegaba a ayudarle. La joven estaba impactada por lo hermosa que se veía su señora.
Levi esperaba paciente el momento en el amor de su vida cruzara esas puertas.
La idea del matrimonio siempre había sido la de un simple contrato financiero, pero para su suerte, todo eso había cambiado.
El príncipe se iba a desposar por amor, con la única mujer que había llenado por completo su corazón y su alma.
El coro comenzó a cantar cuando las puertas de la capilla del castillo se abrieron, dejando al descubierto a la criatura más hermosa de todo el reino.
Con algarabía, los invitados se pusieron de pie para recibirla. Mientras el príncipe sentía cómo una gota de agua se escapaba de sus ojos. La alegría que emanaba de su pecho era tan grande que sentía que no podía compararse con nada.
Hange llegó hasta el altar para tomar las manos del hombre que se convertiría en su esposo. Le sonrió con todo su amor, pues nadie la había hecho más feliz en toda su existencia que él.
La ceremonia fue preciosa; entre cantos, votos, aplausos y uno que otro llanto. Jurándose amor eterno frente al altar.
Esa bella mañana, en la que el sol irradiaba como nunca y las flores los embriagaban con su aroma. El príncipe Levi y la sirena Hange, se volvieron ante todo su reino, una sola alma.
FIN.
¡Hola!
¿Cómo están?
Es la primera vez que escribo algo exclusivo para mi amado LeviHan y me siento muy feliz por ello. Espero muchísimo que esta historia —algo parecida a un cuento—, les haya gustado. Personalmente, disfruté demasiado el proceso de escritura. Amé imaginar a Levi siendo un apuesto príncipe y a Hange convertida en una delicada sirena.
Quiero agradecer por invitación que me hicieron para participar en la semana LeviHan. En especial, a mi querida Himero Han por sus lindas palabras y por su apoyo incondicional. Eres un sol, gracias por tu preciosa amistad.
Además, agradecerle infinitamente a Luna Blanca por permitirme inspirarme en su arte. Gracias por todo, tienes un talento maravilloso y espero te lleguen a regalar muchísimo amor.
Les voy a dejar el link de su página en mi perfil para que vayan a seguirla y se deleiten con su arte.
Nos leemos muy pronto.
Con amor.
GabyJA
