× Comisión hecha para Rose Zoldyck

× Clichés románticos

× Historia ubicada en V-Force


˗ˏˋ Porque estoy enamorado de ti ˎˊ˗


Tranquilidad. Demasiada tranquilidad.

Quizás estaba paranoico por el reciente enfrentamiento contra aquel chico de la bestia bit de viento. Quizás.

Tranquilidad. Como la previa a una tormenta.

Negó ligeramente y continuó su labor. Un pequeño trozo de algodón humedecido con alcohol pasó sobre su piel, limpiando los cortes provocados por la beybatalla.

La tranquilidad terminó de un segundo a otro, cuando la puerta del lugar se abrió.

No tuvo que alzar la mirada para saber de quién se trataba. Sólo uno entre los Bladebreakers contaba con la osadía necesaria para seguirlo hasta ahí, el lugar donde guardaba sus trofeos. El mismo chico a quien horas atrás le retirara su blade en favor de evitar un desastre.

—Imagino que irte a dormir representaba mucho desafío, ¿verdad, Ray?

Lo recibió sarcásticamente por una sencilla razón: No deseaba que le viera herido. No necesitaba lastima, compasión ni tampoco agradecimientos.

—Imagino que decirme lo que planeabas hacer también representaba mucho desafío, ¿verdad, Kai?

Eso no lo esperaba. Pausó sus movimientos y alzó la vista. Había reproche y algo más volviendo filosa la felina mirada. Tener una discusión con su amigo no era la manera en la que quería terminar esa noche, pero parecía ser justo lo que estaba por ocurrir.

—No tengo porqué darte explicaciones sobre mis planes.

Ser arisco era sencillo, a diferencia de ser comunicativo.

—¡Me quitaste a Driger! —se adentró a la extraña habitación, cerrando la puerta tras él— Yo quería enfrentar a ese chico y tú simplemente hiciste lo que quisiste sin tomarme en cuenta.

—No ibas a derrotarlo. Solamente perderías a Driger en vano.

—¡Era mi decisión!

—También era mi decisión beybatallar.

Ray se halló bastante ofendido apenas Kai volvió su vista a donde estaba antes, porque percibió que su compañero estaba dando por terminada la conversación.

—Que no se te ocurra volver a hacer algo como eso.

Su comentario con matices de advertencia le ganó la mirada y atención del otro, manteniendo viva la conversación, aunque quizás no de una buena manera, a juzgar por la dureza en esas bonitas facciones que cada día lo atrapaban más sin que el dueño de ellas siquiera lo sospechara.

—Lo que haga o deje de hacer no es de tu interés, Ray.

—Sí lo es —ignoró en su totalidad lo cortantes que sonaron esas palabras, pese al ligero dolor que le provocaron—. ¡No necesitaba que te arriesgaras por mí!

—No lo hice por ti.

De nuevo el áspero comportamiento, además de fácil era lo mejor. No podía dejar que Ray se diera cuenta de sus sentimientos por él. Debía ponerle un alto a la conversación. No contó con observar una sombra bordeando las doradas pupilas, tornándolas entre tristes y peligrosas.

—Por lo que haya sido. Nadie necesita que corras esos riesgos, así que no lo vuelvas a hacer.

En algún punto intermedio de esas palabras, su compañero se sentó a su lado en el destartalado sofá azul y tomó su brazo, examinando los cortes. Su expresión no reflejó su nerviosismo, pero su movimiento brusco para soltarse del agarre demostró erróneamente un malestar que no sentía.

—Deja de actuar así.

Elevó la voz, inquieto por la preocupación que había descifrado en la mirada de su amigo.

—¡Deja de arriesgarte así!

No comprendía ese comportamiento. Todos se arriesgaban de manera continua y nunca había visto al moreno reñirle de ese modo a nadie. Estaba confundido. ¿O eran tal vez sus sentimientos los responsables de confundirlo? Era probable que estuviera viendo cosas raras en donde no las había. O tal vez no.

—¿Por qué te importa tanto lo que hago?

—¡Porque estoy enamorado de ti!

La tormenta apaciguó a la misma velocidad con la que se desató. En una fracción de segundos, Ray desvió la mirada y se puso de pie, dirigiéndose a la puerta. Instantáneamente, Kai lo siguió, incapaz de permitirle escapar después de esa confesión.

Dos sonidos quebraron el nocturno silencio, ambos provenientes de la puerta. El primero cuando fue abierta por Ray, el segundo al ser cerrada de golpe por Kai una vez se adelantó lo suficiente para empujar con la palma de la mano la puerta, impidiéndole al otro salir no sólo con esa acción, sino al interponerse entre la salida y su compañero.

En medio de la oscuridad, las pupilas escarlatas buscaron algo en las doradas. Una señal de engaño, o una señal de sinceridad.

—Imagino que huir después de una confesión es más sencillo que sostenerla, ¿verdad, Ray?

Usó un comentario similar a aquel con el que esa conversación inició. A diferencia de aquel momento, no hubo sarcasmo en sus palabras, ni tampoco hubo respuesta. El chico enfrente suyo retrocedió sin decir palabra alguna y evitando su mirada.

—¿Se te acabó el valor?

—¿Y a ti se te acabó la terquedad?

Con esa respuesta, Ray le devolvió la mirada a Kai. Adoraba esos hermosos ojos que en sus mejores momentos destellaban como preciosos rubíes. No quería perder su atención, mucho menos quería ganarse su desprecio, pero ya no había marcha atrás. Y si se era honesto… Ya tampoco le importaba demasiado el resultado. Había tenido el valor de declararse y sostendría sus palabras hasta el final.

—Porque estoy enamorado de ti, por eso me preocupas y por eso me inquieta que te arriesgues demasiado —habló sin romper el contacto visual—. Tienes razón: No tienes por qué darme explicaciones. Pero te equivocas en que no es de mi interés lo que tú hagas. Sí me interesa. Aunque no me correspondas… Eres mi amigo y quiero cuidar de ti.

Avanzó los pasos retrocedidos y estiró su diestra, apenas rozando uno de los heridos brazos de su compañero. Tal vez valdría la pena perder su amistad por arriesgarse a decirle todo lo que sentía por él.

—No dije que no te correspondía.

Ahí descubrió que requería más valor para hablar sobre sus sentimientos que para enfrentar una beybatalla. Entonces admiró incluso más a Ray conforme le tomaba la mano y posaba su mano libre en su mejilla. Sonrió entre divertido y enternecido ante la sorpresa en el felino rostro. Tan encantador, tan único, tan suyo. En un beso, Kai le expresó su amor, dejando que el gesto se llevara sus temores para así hacerle saber a Ray que lo tenía. Se tenían mutuamente, porque se pertenecían el uno al otro.