× Comisión hecha para Rose Zoldyck
× Clichés románticos
× Historia ubicada después de G-Revolution
˗ˏˋ Sólo una cama ˎˊ˗
—Lo siento, pero solamente nos queda una habitación con una cama individual.
Las palabras de la recepcionista generaron cierta tensión que flotó en el ambiente mientras el Sr. Dickenson exclamaba un pequeño "Oh" y automáticamente su expresión se tornaba preocupada. Dos jóvenes que acompañaban al hombre trataron de fingir tranquilidad y ocultar la tensión cuando Dickenson se giró hacia ellos.
—No hay problema.
Ray fue el primero en decir algo al respecto, dedicándole una sonrisa al hombre en favor de tranquilizarlo.
—Es lo mejor que podemos conseguir, así que… está bien.
Kai accedió tras su compañero. No había más alternativas y no era el momento de ponerse caprichoso.
Un suspiro de alivio por parte del presidente de la BBA se escuchó cuando los dos muchachos aceptaron. Sin mayores inconvenientes, Dickenson acompañó al par por los pasillos del hotel.
El deporte del Beyblade había crecido bastante gracias a lo ocurrido con BEGA el año pasado. ¿Quién diría que los planes del criminal de Boris le darían tanta publicidad al juego aumentando para bien su popularidad? Ahora, se celebraba un nuevo torneo en una Rusia abarrotada de visitantes interesados en asistir al torneo. Entre eso y un pequeño problema con las reservaciones, los G-Revolution habían tenido que ir de un lado a otro por la ciudad buscando un sitio para dormir.
—El autobús pasará por ustedes mañana, luego de recoger a los demás primero. Así que estén listos en torno a las 11:30 am.
Tras la última indicación, dejó a los chicos a solas en el reducido cuarto donde dormirían. Apenas se quedaron solos, la tensión latente incrementó hasta ser casi palpable. Llevaban bastante tiempo con esa sensación existiendo entre ambos y aún no habían sido capaces de solucionarlo, por el contrario, empeoraron dicha tensión teniendo algunas discusiones durante el entrenamiento previo al torneo.
—Dormiré en el suelo.
Ray avisó, conforme se dirigía hacia una pequeña silla de madera en una esquina de la habitación. Sus palabras tomaron por sorpresa a Kai, y aunque Hiwatari quiso negarse, no tuvo el valor de hacerlo, decidiéndose a dejar las cosas como estaban mientras él se acercaba a la cama.
En un silencio que rozaba lo sepulcral, los jóvenes bladers se cambiaron de ropa y tomaron sus respectivos lugares para dormir. La luz se apagó entonces.
Los minutos pasaban, pero ninguno de los dos lograba conciliar el sueño. Era importante que descansaran bien para el torneo, sin embargo, no podían apartar de sus mentes la desagradable sensación ahora existente entre ellos.
—Esto es ridículo, Ray —rompió el silencio para girarse y observar al otro en el suelo al lado de la cama—. Sube aquí, vas a congelarte si te quedas ahí.
—Tú no me ordenas, Kai.
Nunca habían dormido tan cerca el uno del otro, y hacerlo ahora le producía… temor, incomodidad, nerviosismo. Estaba dispuesto a morir congelado antes que meterse a esa pequeña cama en compañía del otro. Sus planes se vieron frustrados por su compañero. Ni siquiera lo escuchó moverse, simplemente supo, de un segundo a otro, que estaba en sus brazos. De manera similar terminó en la cama, sorprendido, inquieto y avergonzado.
—¡Kai! ¡No cabemos…!
—Sí cabemos. Cállate y duérmete.
Dijo tajante, lanzándole las mantas encima, antes de rodear la cama y meterse al otro lado.
Las quejas se esfumaron, cediéndole el paso a un nuevo silencio, esta vez completamente sepulcral. El cambio no les ayudó a poder dormir, pero sirvió para llevarse la preocupación de Kai; temía que su amigo fuera a enfermar por acostarse en el suelo.
Al cabo de unos pocos minutos más, la falsa tranquilidad se quebró por segunda ocasión. Siendo ahora Ray el causante de ello al girarse y abrazar por la espalda a Kai.
—No querías que me congelara, ¿cierto? —dio explicación antes de que su compañero le preguntara qué hacía— Pues tengo frío.
—Ray…
Murmuró su nombre con tono de voz indescifrable, a causa de no saber muy bien qué era lo que estaba sintiendo, qué era lo que quería transmitirle al otro.
—¿Sí?
Preguntó en voz baja, sintiendo su repentina valentía a punto de perderse debido a la tensión que podía percibir en el cuerpo contrario.
Kai se dio vuelta, observando a Ray entre la penumbra de la habitación. Sus felinas pupilas resaltaban en medio de la oscuridad, al igual que un ligero rubor en las mejillas. Con esa imagen causando estragos en su interior no pudo seguir reprimiéndose. Sin pararse a pensar en aquellas ideas que lo habían limitado desde tiempo atrás, acercó rápidamente su rostro al de su compañero, plantando un apasionado beso en sus labios. Estuvo muy cerca de retroceder y alejarse, pero Ray se lo impidió al ponerle una mano en los cabellos y subir su pierna a su cintura, como si hubiera presentido que iba a apartarse de él.
La impulsividad en sus acciones no quitaba lo real de sus sentimientos. Ambos lo supieron minutos después al término de un beso y el comienzo de otro. Lo supieron mientras Ray jugaba succionando el labio inferior de Kai. Lo supieron mientras Kai le acariciaba a Ray la cintura bajo la ropa. Y lo supieron mientras se miraban con el amor haciendo brillar sus miradas.
En medio de besos y caricias perdidas les pareció tan ilógico el temor que habían tenido a perder su amistad si le hacían saber al otro cuán enamorados estaban.
—Ray… —susurró de nuevo su nombre, esta vez sin aliento, conteniendo un suspiro— Tenemos el torneo mañana. Si continuamos… no podré parar.
Hizo la advertencia, deteniendo las caricias que brindaba a la espalda baja del moreno y esperando a que este detuviera también las suyas a su torso.
—No quiero que pares —negó, acariciando con devoción cada curva de piel bajo la camiseta de dormir—. Tenemos tiempo antes del torneo.
A pesar del color en sus mejillas, fue capaz de transmitirle a través de una mirada los deseos que tenía de continuar los besos y las caricias. Desconocía hasta dónde llegarían, pero quería averiguarlo.
Kai no pudo, y no quiso, ponerle freno a la situación; no podía resistirse a Ray. Volvió a besarlo con los sentimientos que tanto había guardado, pensando en que al final de la noche resultó muy útil esa habitación con sólo una cama.
