Estoy super motivada escribiendo, años de no sentirme así, a ver hasta cuando me dura la motivación. Ojalá no tengan que pasar 7 años más para recuperarla.
Capítulo 2
Mi deber es protegerte
Konohamaru, Sakura e Itachi se habían alejado un buen trecho de palacio y habían llegado a una zona aparentemente fuera de peligro —Itachi ve por mi madre, tráela con nosotros... Por favor— su voz quebrada daba cuenta de que había estado llorando todo el camino, miraba su brazalete el cual se había quitado y sujetaba con una mano mientras con la otra se aferraba al jinete sin dejar de sollozar. Hace 3 años había perdido a su padre, no soportaría perder a su madre también, sin mencionar que su hermano se encuentra desaparecido en el país que hace poco había empezado una guerra contra el suyo.
El caballero no sabía cómo darle una negativa a la pelirosa —Princesa Sakura por favor entienda la situación. La reina ordenó tu protección por sobre todo lo demás.
—Por favor...— susurró casi sin voz. Itachi apretó su agarre de la rienda de su caballo, le dolía escucharla así.
—General Itachi — llamó Konohamaru desde su caballo al escuchar la conversación —¿Cuáles son sus órdenes? ¿regresaremos al palacio?
—No— la negativa la hizo apretar el brazalete con dolor —Konohamaru, adelántate y avisa de nuestra llegada a Iwa. Un jinete solo tiene más posibilidades de pasar a través de los hombres de Kumo sin ser descubierto. Lleva al rey noticias de la situación en Konoha y pide refuerzos— como general debía mantener su cabeza fría ante cualquier situación, sea cual sea.
—Entendido, mi general— el joven emprendió camino hacia Iwa a paso más acelerado, ser un solo jinete facilitaba el andar y agilidad del caballo.
—Princesa Sakura, debemos apresurar...
—Espera Itachi, mi brazalete...— el pelinegro detuvo el caballo y la joven se bajó limpiando su rostro con las mangas de su vestido en busca de la valiosa joya, la verdad lo había soltado a propósito, solamente quería no seguir alejándose de donde estaba su madre, quería que existiera un motivo para estar más cerca de ella. Itachi también bajó del animal e inició la búsqueda, no le quedaba de otra, él sabía la importancia de mantener con ella esa joya. Luego de unos minutos lo encontró y tomó el objeto que estaba sobre la hierba— no vuelva a quitárselo princesa, por favor— sugirió mientras tomaba la palma de la mano de la pelirosada, unas manos que a pesar de ser utilizadas para esgrimir espadas en el entrenamiento con su hermano mayor, mantenían una suavidad como si de terciopelo se tratara. Colocó la prenda en su lugar y por unos cortos segundos sus miradas chocaron.
—¿Pero qué tenemos aquí?— el contacto visual se quebró al mirar alrededor tratando de encontrar al dueño de esas palabras pero solo llegaron a lograrlo levantando la vista hacia el cielo. Tres sujetos cabalgando unas bestias aladas descendían velozmente —¡Tú, el de la chica! Dime.. ¿no será esa la caprichosa princesa de Konoha? —uno de los hombres al posicionar a su bestia en el suelo bajó de éste con su lanza en mano— hoy es mi día de suerte... la niñata se viene conmigo— Madara extendió su mano para agarrarla pero Itachi intervino abrazándola contra su pecho y poniendo su espada en medio —Aléjate… no te atrevas a tocarla— Sakura miró al pelinegro de larga y despeinada melena, su mirada se había vuelto de un rojo sangre que le paralizó todos los huesos.
—¿Qui..quién eres?— preguntó ella aferrándose más al abrazo de Itachi.
—Eso es muy ofensivo princesita, yo soy el gran general Madara de Kumo— el hombre regresó a su dragón, blandió su lanza mientras se elevaba del suelo con intensiones de atacar al paladino —y ese que tienes ahí es un hombre muerto, pero creo que todavía no lo sabe— su mirada roja se habia vuelto más fría.
—Princesa vay..— no mencionó más palabras al sentirla temblar y apretar con más fuerza su agarre hacía él, a lo que él respondió acercándola más a su cuerpo, guardó su espada en su funda y tomó el escudo que siempre llevaba colgado a su espalda con el brazo que le quedaba libre.
—Aww que ternura, tiene miedo, hace un momento no me ibas a atacar, soldadito?— el general del imperio aprovechó y atacó sin ningún tipo de remordimiento al hombre—¡ya muérete soldadito! — lo atacaba una y otra vez sabiendo que el hombre tenía muy restringidos sus movimientos.
El pelinegro solo tenía la oportunidad de cubrirse con su escudo pues si hacía algún movimiento de ataque podría dejar a la princesa expuesta a ser dañada. Tampoco podía lanzarla lejos de él mientras se hacia cargo de ese sujeto pues aún habían dos tipos más al acecho y la condición en la que sentía se encontraba ella sabía no le permitiría nisiquiera correr, la valiente princesa que conocía se había ido de su cuerpos y no la culpaba.
Su enemigo notó como el caballero priorizaba la protección de la chica por sobre la suya, por lo que no perdió la oportunidad, apuntó su lanza hacia la princesa pero solo era un engaño, inmediatamente cambió la dirección del arma y la dirigió al hombro expuesto del general —¡ahh! — gritó. —¡Itachi! — la princesa vió como la lanza era sacada del cuerpo del moreno pero ahora con la moharra de la lanza repleta de sangre.
Madara llevó la punta a sus labios y lamió la sangre del caballero. Sakura lo miró aún más aterrada, trató con todas sus fuerzas de tomar el control de su cuerpo pero era inútil, por su culpa habían herido a Itachi y posiblemente por su culpa los matarían a ambos allí mismo —¿Qué pasó soldadito? ¿te he lastimado? — gritó entre burlas desde el aire. Itachi gimió levemente tratando de disimular el dolor y al ver lo alejado que ahora estaba el lunático aquel, aprovechó para tomar a la princesa en brazos, subir a su caballo y huir de allí tragándose su orgullo.
—Que enternecedor... Aun malherido sigue cumpliendo con su deber —una sonrisa presumida se posó en sus labios para luego seguir burlándose como un desquiciado— corre, soldadito, corre. Pronto nos volveremos a ver— sus ojos volvieron a ser negros como en un inicio.
—¿Los dejará huir, mi general? — preguntó uno de los soldados que lo acompañaba y que no interfirió en su batalla por miedo a que su desquiciado general le quitara la vida. Madara siguió mirando como Sakura e Itachi se dirigieron hasta una zona boscosa. —Me encanta jugar con mis presas... y ya he probado la sangre de la mía— se giró en dirección al castillo de Konoha nuevamente, los hombres se miraron con una combinación de temor y confusión pero lo siguieron sin objeciones.
Itachi sentía un dolor horrible, según lo que recuerda, nunca lo habían herido de esa manera. Realmente era casi imposible que los bandidos y mercenarios que solían azotar el reino en el tiempo en que los países estuvieron en paz, lo tocaran si quiera pero esta vez se habia enfrentado a otro general, uno del imperio militar mas poderoso del continente, es defivamente otro nivel. Y si, inevitablemente tenia todas las de perder al estar enfocado en proteger a la princesa, pero no puede negar que incluso en un combate justo uno a uno con el, las posibilidades de ganar eran reducidas.
Estaba tan absorto en su dolor y pensamientos que había ignorado la forma en la que estaba viajando ahora.
Cuando tomó a la princesa en brazos, no habia tiempo de subir primero y luego acomodarla tras el, la urgencia del momento y el hecho de que ella estuviera paralizada por el temor a ese hombre no permitió más que cogerla en brazos y subir con ella directamente al caballo; para otros seria una tarea dificil pero la preparacion fisica del general le permitia eso y mas.
Ahora la princesa estaba sentada en sus piernas sosteniendolo de su cuello. A diferencia de él, ella sí había notado la particularidad de su andar pero no sabía cómo decirle. Sin darse cuenta se habia sonrojado, si, no era el momento de pensar en este tipo de cosas pero estaba tan cerca de su rostro, sus cuerpos estaban unidos de una manera tan íntima que ignorarlo era imposible. Trataba de no mirarlo directamente a la cara pero algo la llamaba a hacerlo, hasta ese momento no se había percatado de sus facciones. Sus ojos tan negros y profundos, su pelo del mismo color que hacia resaltar más sus facciones tan varoniles, si no fuera por esas ojeras que evidenciaban todo su esfuerzo y trabajo duro por ser el excelente soldado en que se habia convertido, diría que es idéntico a... Sasuke...
Ese pensamiento la hizo removerse un poco, recordar a su amado y lo mal que la debía estar pasando ahora por las decisiones de su padre... Itachi volvió en sí al sentir el inquieto movimiento que hizo de repente la chica, giró los ojos levemente a su derecha y notó el rostro sonrosado de la joven demasiado cerca, su corazón empezó a latir descontroladamente.
Paró el andar del caballo en seco y rápidamente ignorando su dolor actual bajó delicadamente a la princesa, tosiendo avergonzado. Todo este tiempo tenía sobre él a la joven dama. No sabía que decir en ese momento.
Ella volvió al momento actual, dejó de lado el pensamiento sobre Sasuke y se enfocó en quién estaba delante de ella —Este lugar es perfecto para descansar y tratar tus heridas— recién habían caído en cuenta que estaba anocheciendo y muy cerca de ellos había un riachuelo.
El caballero simplemente bajó de la espalda de su fiel compañero aún aturdido por lo que había pasado, y no, no por lo que había pasado con Madara, para nada eso era lo que había inundado su mente. Sus más bajos y profundos instintos se habían despertado y tenía que hacer de todo para controlarse —¿Qué te pasa idiota?— se susurró a sí mismo dándole la espalda a su princesa.
Ella ladeó la cabeza —Itachi, tu herida y la pérdida de sangre debe estar haciéndote efecto—. Ella sabía un poco de primeros auxilios, su madre le había enseñado.
—No debe preocuparse. En cuanto lleguemos a Iwa será tratada mi herida— sus latidos y otros asuntos seguían sin ser resueltos.
—Estas herido por mi culpa— ella se acercó desde su espalda, seguro estaba enojado con ella y por eso ahora no quería ni verla a la cara —Déjame ayudarte— tocó su mano, la cual fue alejada rápidamente.
—Alteza, no me perdonaría ser un obstáculo. Yo estaré bien, no es gran cosa— mintió tratando de no dejar salir ningún ruido de dolor.
Ella no esperó más respuesta y salió en dirección al caballo, él se alivió, había ganado la discusión, sin embargo cuando se dio la vuelta, ella, con una cuchilla que había sacado de uno de los bolsos de recursos del caballo, había empezado a cortar su vestido, uno que le llegaba más abajo de los tobillos. Ahora difícilmente cubría sus rodillas, dejando en algunas secciones mal cortadas parte de sus muslos al descubierto.
Itachi no pudo más, la presión de lo que le estaba provocando todo esto más principalmente la abundante pérdida de sangre lo hizo desplomarse desmayado en el suelo. Ella gritó su nombre mientras corría hacía él, eso fue lo último que recordó antes de cerrar completamente los ojos.
La joven lo sentó apoyado de un árbol, debía evitar que siguiera perdiendo más sangre a toda costa. Empezó a quitar la armadura que cubría su torso, debajo de esta había una camiseta que en algún momento fue verde pálido, había derramado más sangre de la que la cobertura de metal dejaba ver. —Ese hombre...— susurró recordando al general de Kumo y estremeciendose de miedo al recordar esos ojos.
La joven sacudió la cabeza, no era momento de pensar en esas cosas, quitó la camiseta del joven y lo acomodó nuevamente en el suelo. Lavó en el pequeño riachuelo la camiseta y con la misma limpió la herida, y lo más rápido que pudo envolvió con la tela que había cortado de su vestido el hombro herido del caballero. Luego siguió limpiando el exceso de sangre que cubría el resto de su torso y abdominales.
Caminó como por quinta vez al riachuelo a limpiar la camiseta para pasarla por última vez, el sol estaba terminando de esconderse por lo que debía apresurarse.
Así pasaron los minutos, Itachi seguia sin reaccionar y solo era posible ver gracias a la luz de la luna. Ella se había sentado a su lado sin dejar de mirarlo ni un segundo, temía que su amarre no haya sido lo suficientemente apretado como para detener el sangrado.
Los minutos continuaron pasando y poco a poco sus ojos también se fueron cerrando, se acostó al lado del joven para descansar un poco los ojos, sin embargo lo agotador tanto físico como mental del día estaba haciendo efecto.
Un hombre de tez morena y pelo blanquesino dentro de una gran armadura miraba indiferente la escena, su silueta era totalmente contraria a la expresión atónita de un joven soldado que no sobrepasaba los 15 años de edad.
Frente a ellos observaban una pelirosa y un pelinegro profundamente dormidos, él con un brazo que pasaba por la espalda de ella abrazandola por la cintura y ella con su mejilla sobre su pecho y una mano acariciando su cuello.
—G..g...general Itachi, princesa Sa..sakura — balbuceó el joven con un tono de voz lo suficientemente alto como para que ambos despertaran.
Abrieron los ojos lentamente, sus miradas se encontraron sin moverse de sus lugares.
El moreno que acompañaba a Konohamaru carraspeo la garganta haciendo que el par volviera en sí.
Sus rostros se incendiaron y tiñeron de un excesivo color rojo mientras eran consientes de la posición en la que se encontraban en ese momento.
Espero que a alguien le vaya gustando. Creo que este será el último capítulo que subiré este mes, espero que no porque esas pausas son las que me hacen retrasar y perder la musa.
Sugerencias, dudas, críticas son bien recibidas. Hasta la próxima
