Rhaegar I

Era tan hermosa como la recordaba.

Ojos grises, cabello castaño, rostro alargado con pómulos pronunciados, labios rosados y finos, su figura esbelta y porte altivo; hasta su piel era del mismo tono pálido que parecía que estaba bañada por la luz de la luna.

Pero algo no terminaba de encajar.

Se veía exactamente igual que hace 17 años.

Ni siquiera una arruga en el rostro o en las manos que denotasen que el tiempo había pasado sobre ella.

Nada, absolutamente nada encajaba con ella.

Si no hubiese hablado, no creería que fuese ella.

Es imposible, ¿Quién eres tú? -pregunto al fin, casi susurrando.

Una ceja se arqueo en su bello rostro y le dio una sonrisa torcida que le trajo numerosos recuerdos, tanto bellos como horribles.

¿La locura al fin te ha alcanzado, Rhaegar? -dijo con esa voz suave, venenosa, llena de burla que solo usaba con aquellos que incurrían en su desagrado.

Un murmullo descontento se genero entre sus guardias y su Mano, que cambio su expresión sorprendida a una de enojo por el comentario.

La locura de su padre era un tema que los seguía persiguiendo hoy en día, ni siquiera todo el buen trabajo que se había esforzador por hacer podría cambiar la opinión de algunos nobles de que descendería tarde o temprano a ese abismo al que cayo su padre y que también era propenso a que su hijo la hubiese heredado.

Su hijo, que tenia su rostro tallado en piedra y que le miraba con extrema frialdad.

Muy similar a la mujer frente a él.

Contrario a los otros visitantes del Imperio, cuyo desinterés casi parecía genuino, aunque estaba seguro que estaban pendientes de cada palabra que se decía.

Es imposible que seas Lyanna Stark -se empecino, sintiendo al fin molestia por esta cruel broma -ella murió en el mar hace 15 años junto a sus dos hijos mayores. Tú no puedes ser ella -asevero.

Ella tan solo sonrió aun mas y acto seguido soltó una sonora carcajada que le erizo cada parte del cuerpo pues sonaba exactamente igual a ella.

La gobernadora de Volantis se unió, riendo discretamente al igual que otras personas, en cambio Quentyn se notaba visiblemente incomodo y Missandei con una expresión claramente exasperada y reprochadora.

Ella es quien dice ser, su alteza -dijo Missandei -no está mintiendo.

Se negó a creerlo y cuando iba a ordenar que se terminara esta farsa, su hijo le interrumpió.

No importa, realmente -dijo con un tono frio y cortés -si me permiten, los acompañare al castillo donde podrán descansar de tan largo viaje y disfrutar un baño caliente.

Un murmullo de aprobación surgió entre los del Imperio y su hijo, siempre el perfecto príncipe, le ofreció el brazo a Missandei de Naath y esta lo tomo bajo la atenta mirada de sus guardias que les siguieron por el muelle rumbo a los carruajes que los llevarían a la Fortaleza Roja, con la Guardia Real detrás de ellos intentando no parecer tan tensos ante los Zōbrie Egros, que sabia que significaba "Espada Negra" en valyrio.

Le hizo una seña a su Mano para que también acompañara a los otros miembros del Imperio a los carruajes y este solo le frunció el ceño en respuesta pero obedeció.

¿No deberíamos ir con ellos, Rhaegar? -la voz de esa mujer lo saco de sus cavilaciones -no me gustan mucho los días soleados, como bien sabes.

Se dio cuenta con repentino pesar que se habían quedado casi solos, a excepción de dos guardias, ser Arthur y ella.

No, no lo sé -contesto con tono frio -yo a usted no le conozco.

No seas ridículo -bufo ella y se acerco con paso firme hasta estar delante suyo. Incluso su altura era la misma. Hasta su aroma - ¿Acaso esa nueva esposa tuya te borro mi recuerdo? -pregunto casi ronroneando.

Tan solo esa mención fue suficiente para irritarlo.

Ya te dije que es imposible que seas ella -repitió sin dejarse convencer -ella murió hace 15 años.

Es muy sencillo fingir una muerte -comento a la ligera -un barco en mal estado, un poco de brea, un poco de ropa y una flecha con fuego pueden hacer que los hombres se crean lo que sus ojos quieren ver -dijo con total desdén.

Eso le hizo enfurecer y ella también lo vio por qué alzo una pálida mano para frenar a su guardias que estaban a punto de apartarla de él y acto seguido saco una cadena de plata de entre su vestido y le mostro el colgante.

Ser Arthur a sus espaldas dejó escapar un fuerte jadeo ante lo que vio.

Él fue incapaz de hacer algún sonido.

Un dragón de tres cabezas hecho con Vidriagón y oro, en la que en cada ojo de cada cabeza había un pequeño rubí y cuya finura era exquisita, pues el orfebre que la había hecho tardo mas de tres años en concluirla y su costo fue de casi mil dragones de oro aunado al hecho que se hizo con la más extrema discreción.

Lo sabia por que el mando a hacerla para ella.

Lyanna -susurro con voz rota.

Ella tan solo sonrió con ligero desdén y paso a su lado sin decir una palabra más.

Vamos, su alteza, nos están esperando -dijo ser Arthur tacándole el hombro para sacarlo de su estupor.

Si, por supuesto -contesto y la siguió por el muelle hasta donde estaban los carruajes y los caballos esperándoles.

Mientras avanzaba a la cabeza de la procesión, no pudo dejar de pensar en todo lo que implicaba que Lyanna estuviera viva. Su mente no dejaba de dar vueltas ante los nuevos eventos que habían sucedido en tan poco tiempo y ni siquiera presto atención ante la gente que vitoreaba su nombre junto al de su hijo y los Guardas Reales.

Su hijo…

Por los viejos y nuevos dioses -exclamo de repente y freno su caballo que resoplo indignado al frenarlo de golpe

Tenemos que seguir, su alteza -dijo ser Arthur mirándolo con urgencia al ver que todas las miradas estaban dirigidas a él -ya casi llegamos al castillo.

Pero…Arthur...yo…-tartamudeo sin saber cómo completar la oración que deseaba decir.

Hablaremos en el castillo -dijo con firmeza y le hizo una seña a sus hermano para que no se acercaran -todos nos están viendo, Rhaegar -murmuro sin apenas mover los labios -vamos, hablaremos en el castillo -repitió.

Al fin se dio cuenta de donde estaban precisamente y sintió una ola de vergüenza chocar contra él al percatarse del daño y el escandalo que hubiese provocado al perder el control de esa manera tan rápida. Un murmullo comenzaba a crecer entre los que estaba observando la procesión y se los quitó de encima sonriendo y saludándolos amistosamente.

Pronto la multitud volvió a gritar sus nombres y siguieron cabalgando al castillo sin mas contratiempos con los carruajes manteniendo el ritmo.

¡Abran la reja! -grito uno de los guardias apostados en la muralla interior de la Fortaleza Roja.

El pesado rastrillo de hierro se levanto con un fuerte crujido y todos entraron a tropel en el castillo.

Cuando llegaron al patio principal, la entrada al Torreón de Maegor, los miembros del Concejo Privado ya estaban reunidos esperándolos en la entrada junto con otros pocos miembros de la corte y del castillo.

Lord Marq Grafton, Concejero Naval; Lord Andrew Dayne, Concejero de Edictos; Lord Petyr Baelish, Concejero de la Moneda; Lord Varys, Concejero de los Rumores y el Gran Maestre, Marwyn el Mago.

Afortunadamente su esposa no estaba ahí.

Esperaba que no se apareciera durante el día. No tenía ánimos para tratar con ella el día de hoy

El primero en saludar fue, por supuesto, el más lisonjero de todos ellos; Petyr Baelish hizo una profunda reverencia con su sonrisa cínica pegada al rostro. Si no fuese tan bueno en su trabajo como Concejero de la Moneda, ya habría cortado su cabeza desde hace tiempo. Sencillamente ese hombre no le gustaba en absoluto.

Su alteza, ha demorado menos de lo que pensábamos – dijo con esa voz irritante.

Estoy seguro que me extrañaron -contesto secamente y fijo su mirada en el hombre con el que más le importaba hablar, pero Arthur se lo impidió colocando una mano en el hombro y negando con la cabeza y señalo discretamente hacia donde los del Imperio comenzaban a bajar del carruaje. Ella también.

Uno a uno, tal y como lo habían hecho en el puerto, Missandei de Naath los presento a los miembros del Concejo Privado, aunque por lo visto no estaban tan sorprendidos como ellos por la revelación de algunos puesto que al parecer ya habían sido informados de su presencia.

Están bajo la protección de las Leyes de la Hospitalidad, tanto ellos como sus guardias -dijo una vez que terminaron las presentaciones -cualquier daño o insulto que reciban se castigara severamente y nuestro honor como huéspedes quedara manchado para siempre.

Por supuesto Su Alteza, nunca incurriríamos en tales actos -dijo Lord Grafton, tan sereno como siempre y los otros miembros del Concejo asintieron.

Le agradezco sus palabras, mi señor -dijo Missandei con su voz suave.

Tenia plena confianza de que Marq, Andrew y Marwyn se apegarían a tal tradición. Pero no se confiaba ni un pelo de Varys y Petyr, y estaba seguro de que causarían problemas.

Si me disculpan, debo instalar a nuestros huéspedes para que descansen de su viaje -dijo.

Yo lo hare, padre -intervino el príncipe, cuyo tono no había cambiado en absoluto. Y al parecer no fue el único que lo noto por la sonrisa condescendiente de ese gusano de Baelish -no tardare mucho, nos vemos en la Cámara del Concejo -y sin dedicarle una mirada se marchó -por favor, acompáñenme. Les mostrare sus habitaciones -escucho que les decía a lo lejos.

Mas tarde, se encontraban todos en la Cámara del Concejo cada uno sumido en sus propios pensamientos, los de él mucho más inquietantes de lo normal tenido en cuenta las consecuencias que traería al reino cuando todos supieran de la supervivencia de Lyanna, en especial con tres de ellos en particular.

Dorne, el Norte y las Tierras de la Tormenta no se la pondrían fácil.

La puerta se abrió con gran estrepito y su hijo al fin entro en el salón con el Lord Comandante detrás de él, al que le hizo una seña para que cerrara la habitación. Solo que esta vez no tenia su mascara de cortesía que uso con los del imperio. Estaba furioso, no, lívido seria la palabra.

Sus ojos liliáceos brillaban con ira apenas contenida.

Su alteza, creo que nos debe algunas explicaciones -dijo entre dientes.

Su tono hizo que los demás miembros del concejo se sorprendieran por la forma de cómo le hablo. Su Mano estaba a punto de intervenir pero él lo impidió. Su tono igual le molesto.

Comprendo que estes molesto, príncipe -espetó en tono cortante. El uso de su titulo causo el efecto deseado pues su hijo se tenso visiblemente -pero no olvides con quien estas hablando. Nadie tiene derecho de hablarme así.

Por fin hizo visible su molestia y le miro con frialdad.

Me disculpo, padre -dijo en tono más calmado -fui imprudente, le ofrezco mis disculpas.

De acuerdo, pero que no se vuelva a repetir -ordeno.

Su hijo tan solo hizo un pequeño asentimiento con la cabeza y se sentó al lado del Lord Comandante sin decir una palabra más.

Mis señores, como se habrán dado cuenta el primer contacto que tuve con los visitantes del Imperio fue un éxito y ellos accedieron a ser nuestros huéspedes mientras dure su visita -comenzó con el tono más serio y grave que pudo reunir -no son todos los representantes que esperábamos como ya se dieron cuenta, algunos de ellos no los esperábamos en absoluto, pero quiero recalcar lo que dije frente a ellos y algo más. Nuestro honor y nuestras vidas dependen de que su estadía sea lo más pacifica posible.

¿Representan alguna amenaza, su alteza? -pregunto Lord Grafton confundido.

No, por si mismos no -respondió su hijo con tono preocupado -admito que sus guardias parecen muy amenazantes con sus vestimentas pero por lo demás no parecen hostiles.

¿Entonces de que se trata? -dijo Lord Dayne confundido.

Todos en esta sala sabemos que fue lo que paso en Essos -dijo y todos afirmaron -la guerra civil que inicio con el Gran Levantamiento destruyo todo el sistema con el que las Ciudades Libres habían estado desde la caída del Feudo Franco de Valyria, incluso ya no hay Ciudades Libres y la esclavitud fue abolida por completo.

Y todos sabemos por que ganaron esa guerra -dijo su Mano con tono sombrío.

El animo dentro de la Cámara del Concejo se torno oscuro al saber a qué se referían.

Ahora lo entiendo, su alteza -dijo el Gran Maestre -esto es una declaración de poder.

Exactamente -asintió de acuerdo con Marwyn -una reina, dos gobernadores y unos pocos dirigentes de ciudades pequeñas. Solo con una guardia de 20 personas para todos ellos.

Con respecto a esa reina -dijo de pronto Lord Varys con su voz suave llena de curiosidad - ¿Es verdad que es Lyanna Stark?

Todos en la habitación guardaron silencio esperando su respuesta.

Si, es quien dice ser -respondió.

Tal y como lo esperaba, todos comenzaron a hablar a la misma vez; algunos negando que fuese cierto y otros simplemente expresando su sorpresa a que estuviese viva.

Ese es un problema para otra ocasión -dijo su hijo firmemente silenciándolos a todos -tenemos otros asuntos más apremiantes.

Exactamente -estuvo de acuerdo -Lord Varys, menciono que los dragones venían con la flota.

Eso fue lo que me reportaron mis pajaritos -dijo el hombre -cuando se reunieron en Volantis, vieron que los cuatro dragones sobrevolaban la flota y me informaron que los habían acompañado desde Pentos.

¿Entonces por qué no están aquí? -cuestiono Lord Dayne a nadie en particular - ¿Por qué solo mandar a un puñado de miembros del Imperio?

Una declaración de poder, como dijo el Gran Maestre -contesto Lord Baelish con esa sonrisa suya irritante -si alguno de ellos es atacado bajo los muros de este castillo…las consecuencias serían terribles para nosotros.

¿Mandaron una carnada? -pregunto el Lord Comandante.

Pero antes de que alguien pudiese responder, alguien ajeno a esta habitación lo hizo.

En absoluto -dijo una voz femenina desde la ventana.

Todos voltearon con rapidez y el Lord Comandante saco su espada y se puso frente a él listo para atacar. Tal fue el estrepito que ser Arthur y ser Oswell, quienes custodiaban la puerta, la abrieron de par en par y entraron con las espadas desenvainadas, Albor brillando mortalmente.

Lyanna Stark estaba sentada en el alfeizar de la ventana comiendo tranquilamente lo que parecía ser una manzana, indiferente a la agitación de todos ellos. Su vestido azul había sido remplazado por un gris oscuro que resaltaba sus ojos tormentosos.

Su excelencia nunca trataría a sus compañeros de armas ni a sus amigos de esa forma tan despreciable -dijo con tono de ofensa.

¿Cómo llegaste ahí? -pregunto su Mano, aparentemente enojado con la intrusión.

No te debo explicaciones, Connington -replico mirándolo con desdén y acto seguido le lanzo lo que sobraba de la manzana tan rápido que el hombre no tuvo tiempo de reaccionar y esta impacto en su jubón rojo dejándole una gran mancha.

Como te atreves…-comenzó a decir completamente furioso.

Basta, Jon -ordenó cuando vio que su mano se dirigía a su espada,

Sigues teniendo ese mal carácter -le reprocho con burla y bajo de un salto de la ventana, camino hacia ellos con total desparpajo y se sentó en la silla en la que había estado el hace unos momentos -al parecer hay una gran expectación referente a mi persona -dijo y miro a cada uno de ellos a los ojos -y no quiero que la especulación manche mi ya infame nombre -una sonrisa burlesca tiro de sus labios -así que aquí estoy, pregunten todo lo que quieran, responderé con sinceridad.

Al verla no pudo evitar pensar dos cosas:

La primera era que su belleza aún seguía entorpeciéndole.

La segunda era que parecía un gato jugando con su presa…O un lobo.