Oberyn I
El olor a mierda, como siempre, era lo que mas le desagradaba cuando venia de visita a la capital. Aunque comparado con las recientes nupcias de su cuñado el rey, diría que ese puesto estaba fuertemente disputado.
Por los dioses, dijiste que el rey mando a limpiar las alcantarillas para la visita del Imperio -se quejo su amante Ellaria, arrugando la nariz ante le nauseabundo olor.
Y así lo hizo, mi amor -contesto él besando su mano para calmarla. Era la primera vez que la traía a la capital.
¿Entonces olía peor? -pregunto con una mueca de asco.
Mucho peor -respondió.
Ella resoplo indignada y se recogió las faldas color naranja de su vestido para que el lodo, o creía que era lodo, no manchara la seda. Muchas miradas iban dirigidas a ellos mientras caminaban por las calles con una docena de guardias con el emblema de la Casa Martell rumbo a la Calle de la Seda, donde esperaba pudieran relajarse del arduo viaje antes de cumplir con su deber como príncipe.
Cuando su hermano le dijo que él tenía que ser el que representase a Dorne con los nuevos visitantes, casi se ríe en su cara; lo único que se lo impidió fue que Doran estaba increíblemente serio y pálido, y tenía razones para estarlo por la carta que le mostro.
¿Recuerdas a mi sobrino Quentyn, querida? -preguntó. Ella lo miró confundida, pero aun así respondió.
Solo lo vi una vez, hace como 10 años cuando visito los Jardines del Agua para el Dia del Nombre de tu hermano con Lord Yronwood -contesto confundida -ya no le volví a ver y pues…murió dos años después de eso, ¿no?
Si, murió en Essos durante el Gran Levantamiento en Myr -dijo.
Aun podía recordar el arranque de furia de su hermano cuando un mensajero le llevo aquella terrible noticia. Jamás había visto que perdiese el control de esa manera, ni siquiera cuando se entero de todas las aventuras de su sobrina Arianne. La relación entre su hermano y su sobrino era cortes en el mejor de los casos, siendo enviado a los Yronwood a una edad muy temprana, tuvo poca interacción con ellos salvo breves cartas para explicar cómo estaba.
Cuando lo vieron en aquella celebración en los Jardines del Agua, vio a un joven taciturno y que le costaba sonreír. Por un momento creyó que Yronwood se desquito con su sobrino por lo que le hizo a su padre, pero eso fue descartado rápidamente al ver que el trato entre ambos era muy bueno y no forzado, contrario al que tenía con Doran, que solo lo saludo una sola vez y no volvió a hablar con él durante el resto de su estadía.
Hasta esa tarde en que le mando a llamar a Lanza del Sol y le encargo una misión.
¿Por qué preguntas por tu sobrino? -pregunto Ellaria -rara vez lo mencionas.
Te lo explicare más tarde -prometió.
Su amante hizo un mohín pero no insisto en el tema.
Unas calles más adelante llegaron a su destino y él les hizo una seña a los guardias para que los dejaran solos y con un guiño, le arrojo una bolsa de oro al capitán de su guardia para que fueran a divertirse. Los hombres no se molestaron en ocultar su deseo de divertirse y se metieron en el primer burdel que encontraron entre risas y empujones.
Vamos, querida – dijo, abriendo la puerta del gran establecimiento al que habían llegado.
Ellaria le dirigió una mirada cargada de deseo y presurosa se adentro en la casa de piedra.
Un agradable olor a lavanda fue lo primero que sintieron al entrar a la casa, seguido del inconfundible sonido de personas teniendo sexo que venía de las habitaciones superiores, aunque al ser este un burdel de lujo, el sonido era nimio en comparación con otros.
Ah, Príncipe Oberyn – dijo una voz suave desde la barandilla superior – cuando un amigo de la Guardia de la Ciudad me dijo que había llegado finalmente, no pensé que me visitaría tan pronto – una exuberante mujer de piel oscura y dientes blanquísimos le sonría apoyada perezosamente desde el barandal.
Vaya, si no supiera que somos amigos, creería que me está espiando – contestó el con una ligera sonrisa, impresionado internamente de que hubiese anticipado su llegada.
Nunca haría algo tan deshonroso – replicó con burla – aunque debo decir que estoy muy intrigada – dijo la mujer bajando las escaleras - ¿Es quien creo que es? – pregunto.
Querida, te presento a Chataya, dueña de este finísimo establecimiento – dijo, tomando la mano de su amante y haciendo un ademán a la otra mujer para que se acercará, lo cual hizo y acto seguido le dio un casto roce de labios en el dorso de la mano.
Los ojos de Ellaria se oscurecieron de deseo y miro con lascivia a la mujer frente a ella.
Me han hablado mucho de ti – dijo ella casi ronroneando – y de tus… habilidades.
Le aseguro, mi señora – murmuró Chataya – que estaré muy feliz de mostrárselo.
Espero estar invitado a tan esplendorosa lección, entonces – intervino, al ver que las dos mujeres no se quitaban la vista de encima. Ambas rieron con picardía.
No le tome por un hombre celoso, mi príncipe – dijo Chataya.
No lo soy, pero me gusta ser participe si hay diversión de por medio – replicó.
Ay, mi amor – murmuró Ellaria mordiéndole un lóbulo de la oreja. Tiro y el siseo con placer – siempre estas invitado a mi cama, ya lo sabes – susurro de forma sensual.
El la tomo de la cintura y la beso con gran pasión y solo un carraspeo le interrumpió de su actividad favorita.
Una mujer muy parecida a Chataya estaba de pie al lado suyo, sus facciones más juveniles fue lo único que evito pensar que eran hermanas.
Mi príncipe, mi señora – dijo Chataya - le presento a mi hija, Alayaya.
Un gusto conocerlo al fin, mi príncipe, mi señora – dijo la muchacha haciendo una perfecta reverencia.
El gusto es nuestro – dijo Ellaria sonriendo a la nueva chica - ¿Podemos pasar a la diversión? – preguntó algo impaciente.
Desgraciadamente, tengo que atender un asunto de extrema urgencia – contestó Chataya con verdadero pesar para su sorpresa. No se esperaba un rechazo – pero mi hija les hará compañía, les aseguro que esta más que preparada para cumplir cualquier expectativa.
No lo dudo – contestó él, ligeramente decepcionado, ya que había esperado mucho tiempo para presentar a Ellaria a aquella mujer y que pudiesen divertirse juntos.
Chataya se marchó con gran prisa y se preguntó que clase de problema podría tener una mujer de su profesión. Lo descarto casi de inmediato y centro su atención en la joven hija de esta.
Por aquí, síganme – les dijo la chica con una sonrisa sensual, muy parecida a la de su madre.
Llegaron a una habitación ornamentada y decorada finamente. La gran cama con doseles rojos estaba en el centro de la habitación y en las paredes había todo tipo de pinturas con personajes teniendo relaciones en posiciones bastante escandalosas.
Unas risas femeninas le distrajeron. Venían de la habitación contigua y por el rabillo del ojo alcanzó a ver un atisbo de lo que parecían ser tres mujeres retozando en una cama parecida a la suya.
¿Príncipe Oberyn? – le llamo Alayaya que estaba sosteniendo la puerta para que entrará.
¿Quien esta en ese cuarto? – pregunto el a su vez, haciendo caso omiso a la pregunta. Pudo ver que la chica se debatía entre responder o no.
Es una mujer del Imperio – contestó en voz baja y le indicó que entrará a la habitación. Obedeció de inmediato, ansioso por satisfacer su curiosidad – llegó hace cinco días a la ciudad y se ha quedado aquí desde que llegó.
¿Aquí? – se extraño.
Si, mi madre pensó que venía buscando trabajo – respondió – pero pidió una habitación y a Marei y a Jayde – una sonrisa pícara asomo en sus labios – por lo que me contaron, es muy hermosa y muy lujuriosa. Solo ha salido de aquí en las mañanas y regresa en la tarde. Pago por adelantado a mi madre por las chicas, para que nadie más las usará, y les dijo que la tenían que esperar desnudas en la cama.
Oh, por los dioses – gimió Ellaria en la cama, bastante excitada al parecer con la respuesta.
Él también lo estaba, aunque su curiosidad era mayor.
¿Les dio algún nombre? – preguntó.
No, pero dijo que venía de la Corte del Viento.
¿Y como saben que en verdad viene del Imperio? – cuestiono, bastante intrigado.
No hizo falta que respondiera, pues una voz tras de él lo hizo.
Por la moneda con la que pago, por supuesto – respondió una voz sedosa.
Se dio la vuelta con rapidez y Ellaria se levantó de un salto de la cama, ágil como siempre, a la vez que Alayaya se escondía discretamente detrás de él.
Hermosa no era una palabra que le hiciera justicia a aquella mujer, puesto que le quedaría corta la descripción. Piel nívea e inmaculada a juego con un cabello liso plateado con puntas doradas; sus ojos eran de un color morado intenso y brillaban cual gemas; era alta, muy probablemente de su misma estatura, cuya figura estaba envuelta en un ligero camisón que no ocultaba sus pechos firmes y que estaba desnuda bajo el; era joven, no sabía decir exactamente su edad, pero dudaba que pasará de los 25.
Debes ser el príncipe Oberyn – dijo ella, muy consciente de la que la estaban mirando sin vergüenza. Se recargo en el marco de la puerta con pericia y mordisqueo su dedo índice – y su amante, Ellaria Arena.
Me temo que estamos en desventaja – dijo él, que la revelación de sus nombres sin habérselos dicho le puso alerta – usted sabe quienes somos, sin embargo, nosotros no sabemos su nombre – Ellaria miraba a la mujer con lujuria apenas contenida y él le hizo un gesto para tranquilizarla.
Pueden llamarme Nyra – contestó ella, dedicándoles una sonrisa deslumbrante.
¿Y vienes del Imperio, dices? – cuestiono él, sin dejarse engatusar por su belleza.
Eso digo – contestó ella aún sonriendo – mis compañeros de la Corte llegaron hoy, pero soy muy impaciente y me adelante un poco.
Ah, eres una noble –eso explicaba el por qué podía permitirse costear una habitación aquí y pagar por adelantado a dos de las chicas más caras del burdel.
Algo así – contestó.
¿Te gustaría unirte? – pregunto Ellaria, acercándose lentamente hacia ella – tus chicas igual pueden venir, si quieres.
No creo que este interesada, querida – dijo él, sin esperar respuesta.
Por el contrario – replicó la mujer, Nyra, quien se acercó también a Ellaria y le planto un beso cargado de deseo, dejándolo completamente sorprendido ante el giro de los acontecimientos – me encantaría unirme a ustedes – dijo cuando se separo de su amante, quien estaba sin aliento – a la cama, en un momento vengo – le dio una palmada en el trasero a Ellaria, quien respingo, y se fue a la otra habitación llamando a las otras chicas.
Ellaria le miró completamente anonada. Él también lo estaba ya que no era común que una mujer tomara la iniciativa en sus aventuras, por lo general eran ellos quienes guiaban a las chicas que pagaban. Alayaya, quien se había escondido discretamente en los doseles de la cama, quiso salir de la habitación pero en ese momento llegaron las tres mujeres y Nyra le indicó que también se quedara.
"Por todos los dioses" pensó cuando vio a las cinco mujeres en la cama. Nyra y Ellaria le indicaron que se uniera y el presuroso les obedeció. Sus sospechas podían esperar un rato más.
Más tarde, ni siquiera recordaba su propio nombre, pero sabía que era el hombre más afortunado en todos los Siete Reinos.
¿Aún puedes continuar, mi amor? – pregunto Ellaria, besando su cuello.
Dame un momento, por favor – dijo él, no queriendo admitir que estaba completamente agotado.
Estaban los seis en la cama, desnudos como su día del nombre, y por los sonidos que se escuchan a sus espaldas, Nyra seguía divirtiéndose con sus chicas y pronto la risa de Ellaria se unió a ellas y el se permitió cerrar los ojos por un momento para recobrar energías.
Despertó con un sobresalto, poniéndose de pie abruptamente e interrumpiendo la aparente conversación entre su amante y Nyra, cuyas figuras estaban parcialmente cubiertas por las sábanas. La habitación olía a sexo y a perfume; unas velas ardían lentamente en un candelabro y una bandeja de comida a medio terminar ocupaba un espacio de la cama.
Por la ventana se alcanza a distinguir el cielo cuajado de estrellas y por la rendija los rayos de luna bañaban parcialmente la habitación.
Al fin despiertas, mi amor – dijo Ellaria con una ligera sonrisa.
Mis disculpas, príncipe Oberyn – dijo Nyra sonriendo con pericia. Sus pechos firmes sin cubrir llamaron inmediatamente su atención y de otras partes de su cuerpo – me temo que disfrute de la compañía de su dama mientras dormía, espero poder compensarle más adelante – le dirigió una mirada lasciva y él sintió como su cuerpo ardía bajo su mirada violeta.
Nyra me estaba contando que lucho durante el Gran Levantamiento en Lys – dijo Ellaria y le indico que volviera a unirse a ellas en la cama. Así lo hizo y tomó un poco de comida de la bandeja. – y que conoce a la reina de la Corte del Viento.
¿Ah, sí? – pregunto él, bastante intrigado. Ahora que prestaba más atención, ciertamente tenía músculos bien definidos en su figura descubierta y cuando tomo la palma de su mano, esta tenia callos de alguien que ha manejado una espada toda su vida - ¿Fue tan sangriento como dicen los rumores?
Ja, los rumores no se acercan a la verdad de como fue en Lys – se burlo ella y su mirada se puso distante – esa ciudad fue en donde más muertes de esclavistas hubo, de hecho solo sobrevivieron una docena de ellos, a todos los demás se les paso por la espada. Lord Fredo dejó que las mujeres de las Casas de Placer les cortaran el miembro a los propietarios y se los dieran de comer.
Mierda – dijo él bastante conmocionado y su amante estaba igual que él, a juzgar por su expresión atónita.
A las mujeres les fue incluso peor – continúo Nyra con su relato – pero no les diré de su destino, temo que puedan vomitar.
Será lo mejor – coincidió él. Aunque no era ajeno a la sangre o a matar, los rumores de como fueron tomadas las Ciudades Libres eran bastante oscuros.
Pero basta de hablar del Imperio – dijo Nyra - ¿Es cierto que el rey Rhaegar tomó por esposa a Cersei Lannister?
Gruño sin poder evitarlo y Ellaria tuvo que tomar su mano para tratar de calmarlo.
Se casaron hace 8 lunas – respondió Ellaria – una boda esplendorosa, la llamaron la segunda Boda Dorada, aunque ninguno de los hijos del rey asistió, ni siquiera la reina viuda Rhaella.
¿No quieren a su madrastra? – pregunto Nyra, curiosa.
A mis sobrinos les desagrada toda la Casa Lannister – replicó él bastante contundente – por años insistieron en que el rey dejase de lado a mi difunta hermana y cuando murió hace cinco años, no había pasado ni siquiera una luna cuando ese lameculos de Tywin Lannister le ofreció la mano de su hija recién enviudada.
Suena como alguien encantador – se burlo Nyra.
Eso no es lo peor – dijo Ellaria – Cersei Lannister estaba casada con un primo suyo, Daven Lannister creo que era su nombre, pero tan pronto murió la reina Elia, su esposo cayó del caballo en una cacería y murió.
Ah, que coincidencia – Nyra fingió escandalizarse, para su diversión.
Hay rumores que dicen que fue Lord Tywin el que lo mando a matar – dijo él – pero nadie en las Tierras del Oeste es tan estúpido como para confirmar que fue él quien mato al sobrino de su difunta esposa.
¿Y que beneficio puede tener casar a su hija viuda con el rey Rhaegar? – dijo ella a nadie en particular – ella tiene dos hijos, ¿no?
Tal vez Lord Tywin espera que aún pueda concebir a un dragón – contestó Ellaria con burla.
Ni siquiera el rey sería tan tonto – murmuró el.
Se quedaron sumidos en el silencio hasta que un golpe en la puerta les sobresalto.
¡Adelante! - grito Nyra, sin molestarse en cubrirse.
La puerta de madera se abrió y un hombre con capa color naranja con la capucha puesta entró en la habitación seguido de cerca por dos figuras imponentes envueltas en túnicas negras.
Antes de que pudiesen dar otro paso más, el ya estaba de pie con la daga en mano que recogió apresuradamente del suelo, y aunque estaba desnudo podía dar pelea.
Pero ellos no avanzaron, tan solo se quedaron de pie observando la habitación y su mirada recayó en las dos mujeres en la cama, quien solo Ellaria se cubrió con la sábanas, en cambio Nyra se recostó en la cama y les dirigió a los hombres una sonrisa burlona.
El hombre con la capa naranja tan solo resoplo y se dirigió a él.
Tiempo sin verte, tío – dijo y se quito la capucha revelando el rostro maltrecho de su sobrino Quentyn.
"Por todos los dioses, esta vivo" pensó, dejando caer la daga.
