Orys I

Odio cabalgar – se quejo su hermana, Mya.

Puso los ojos en blanco y miró con exasperación a la mujer que cabalgaba al lado suyo. Sus hermanos también le dirigieron miradas molestas y exasperadas, en especial Gendry, cuya paciencia infinita ya estaba siendo puesta a prueba tras escucharla quejarse por quinta vez.

Eso puede arreglarse, ya sabes – comentó su hermano Edric con acritud.

Si, un palabra y te mandaremos con Bella y las chicas – apostilló su otro hermano, Rolland.

No, gracias – replicó su hermana Mya, frunciendo el ceño – prefiero que me salgan llagas en el trasero que aguantar a esas hurracas.

Para alguien que trabajo guiando mulas por las montañas, te quejas demasiado por los caballos – dijo su hermano Andrew.

Era más emocionante que esto – contestó ella.

En eso estaba de acuerdo con ella.

Si no fuese por la insistencia de su tío, Lord Stannis, se habría quedado en el castillo con sus hermanos practicando en el Patio de Armas o cazando con algún abanderado que visitase el castillo. Pero al parecer, todos los señores de las Grandes Casas iban a asistir al encuentro con los representantes del Imperio y él, como Señor Supremo de las Tierras de la Tormenta, quedaría muy mal visto por el reino que no asistiese a tan importante encuentro.

Cuando pones esa cara, te pareces a tus parientes Stark del Norte -la voz de su tío lo saco de sus cavilaciones.

También son tus parientes – bufo el en respuesta.

Aquello era parcialmente cierto. Lord Borys Rogers era nieto de Lady Branda Rogers, de soltera Stark, y un buen amigo de su madre antes de que se perdiera en el mar junto con su dos hermanos mayores. Aunque eso era lo único que les unía, puesto que la ultima vez que su tío Brandon puso un pie en Bastión de Tormentas, la cosa acabo muy mal entre ambos hombres y fue necesario que su tío Stannis interviniera para evitar que la sangre se derramara.

No es que se hubiese quejado.

Por suerte para mí, hay tres generaciones de por medio que me separan de ese perro pulgoso – aquel era el apodo que usaba para referirse a Lord Brandon Stark – pero tu si eres de su sangre, el hijo de su hermana -se burló.

Sí, y mira cuanto le importó al cabrón -ironizo.

Al finalizar una cacería, Lord Stark pensó que era divertido llevarlo a él y a sus dos hermanos, Gendry y Edric, a un burdel para que se convirtieran en hombres. A pesar de las protestas de los tres muchachos, aquel bruto no quiso escuchar sus negaciones y se los llevó a fuerza con ayuda de su escolta y de sus propios hombres, que no paraban de reír, y los dejaron en un burdel al costado del Camino Real. Los metió a los tres a la fuerza y mando a llamar a gritos al dueño del lugar, que era un hombre bajito con la cara picada de viruela, y le pidió las mejores muchachas para sus hermanos y una doncella para él.

Los otros dos son bastardos, cualquiera servirá – dijo Brandon Stark – pero este merece una doncella, es el futuro Señor de Bastión de Tormentas – se jacto el hombre poniendo una mano paternalmente en su hombro.

Aquello había sido demasiado.

No recuerda muy bien que sucedió después, pero lo que si recuerda es que en momento estaba junto a su tío y cuando parpadeo estaba tirado en el suelo y su hermano Gendry estaba golpeándolo en la cara.

Todo fue caos después de eso.

Los hombres de su tío entraron a trompicones al burdel con las espadas desenvainas y entre dos apartaron bruscamente a su hermano del hombre ensangrentado el suelo y uno de ellos iba a matarlo con su espada cuando Edric se interpuso entre ellos y recibió el tajo en la oreja, cortándosela.

El grito que dio su hermano encendió algo dentro de él y cuando recobro el conocimiento todos en la habitación lo miraban estupefactos, pues de alguna manera se había hecho con un martillo simple y había molido a martillazos la cabeza de hombre que había cortado a su hermano y los otros que habían sujetado a Gendry agonizaban en el suelo con un agujero en la cabeza, cortesía de su martillo. Sus hombres por fin entraron y preguntaron quien los ataco, a lo que Gendry se hizo cargo de explicarles lo más rápido que pudo y les ordeno que desarmaran a los otros tres guardias del Norte que le miraban con furia.

Al final, sus hombres cargaron al inconsciente Lord Stark en el caballo y desarmaron a los otros guardias, para evitar que hicieran una tontería. Al dueño del burdel le dieron una bolsa de plata por los problemas y para que enterrara a los hombres que mato. El dio un dragón de oro por su martillo.

Cuando llegaron a Bastión de Tormentas, gritando por el maestre Cressen para que atendiera a su hermano, se dio cuenta que aún tenía el martillo ensangrentado en su mano. Su tío Borys se lo quito de las manos y le pregunto que había pasado, aunque fue Gendry el que respondió y relato lo ocurrido.

Desde ese día fue conocido por todos en las Tierras de la Tormenta como Orys Martillazos.

Y no volvió a ver a su tío Brandon.

¿Crees que asistan a la capital? -pregunto con algo de inquietud.

¿Brandon?, No, no lo creo – respondió – probablemente enviara a su hermano Eddard y a su hijo Robb en representación.

Ah, sí – dijo – olvide que mi primo estaba casado con la princesa Rhaenys.

Desde aquella golpiza que le dio tu hermano, dicen que no ha vuelto a salir de Invernalia – se burló.

Mejor que así sea – replico con acritud – no he olvidado que por su culpa mi hermano no tiene una oreja – dijo con enojo.

Su tío tan solo sonrió con simpatía y dejo el tema de lado.

Siguieron cabalgando durante el resto del día y cuando iba a caer la tarde se detuvieron a acampar en un claro, que por lo que el jinete que enviaron por delante a explorar, les dijo que estaban a punto de salir del Bosque Real.

Gracias a los dioses -dijo Mya -solo un día mas y por fin llegaremos.

No eres la única que está ansiosa por llegar, quejica – la voz de su hermana Bella hizo que todos gimieran internamente. Sus peleas por lo general podían llevarse horas.

Basta, no estoy de humor para aguantarlas – ordeno él cuando Mya se estaba preparando para dar una respuesta bastante grosera, a juzgar por la furia que brillaba en sus ojos.

Sus dos hermanas tan solo resoplaron y se conformaron con fulminarse con la mirada.

Los criados y los guardias montaron un campamento en lo que sus hermanos, otros señores y él fueron al bosque a cazar cualquier cosa que pudiesen comer. Tuvieron mucha suerte y regresaron con tres gigantescos ciervos, que era mas que sufriente para alimentarlos a todos.

Las hogueras estaban en su punto más alto cuando pusieron a los tres ciervos a asarse y pronto el aroma a carne cocida invadió todo el claro.

¡Todos a comer! – proclamo en voz alta dando el primer bocado y sus guardias vitorearon.

Aquello no era un comportamiento que su tío Stannis hubiese aprobado, ni que decir de su tía Selyse, ya que el invitar a los guardias y criados de su propia comida no era muy común entre los Grandes Señores. Y pudo ver algunos señores presentes lo desaprobaban, como Lord Caron y Lord Penrose, que prefirieron retirarse a sus respectivas tiendas y comer ahí con su familia. Otros como su tío Lord Rogers, Lord Dondarrion, Ser Arstan Selmy de Torreón Cosecha y Lord Morriguen siguieron su ejemplo y comieron con sus familias entre las hogueras.

Él se sentó en un tronco al lado de la gran hoguera con el ciervo mas grande y comió junto a todos sus hermanos, los diez de ellos.

Mya, Gendry, Edric, Rolland, Bella, los gemelos Argos y Artos, Myranda, Andrew y la más joven, Barra.

Su padre había deshonrado a su madre en numerosas ocasiones, incluso antes de que se casaran, puesto que Mya había nacido un año antes que su difunto hermano mayor Jon y Rolland era de la misma edad que su difunta hermana Argella. Él tan solo era mayor que sus hermanos Andrew y Barra, y en el caso de Andrew por tan solo 2 lunas.

Todos eran parecidos.

Cabello negro, ojos azules y más altos que la mayoría, incluso sus hermanas se alzaban por encima de algunos caballeros. No quedaba duda de quien eran hijos y eso era algo que no les gustaba que les recordasen. A pesar de que lo hacían todo el tiempo.

Todos los conocían como Las Tormentas, un apodo que les dio su tío Renly cuando encontraron a su hermana menor Barra. La madre de esta, una prostituta de un burdel cercano al castillo, había muerto y le encargo a su hijo mayor que llevara a la pequeña Barra al castillo para que conociera a sus hermanos. El problema era que ninguno de ellos estaba en el castillo cuando los dos llegaron, habían ido de visita a Amberly para visitar a su tío Borys, y el castellano de ese entonces, ser Cortnay Penrose, lo mando a encarcelar y a su hermana la mando a trabajar a las cocinas entre llantos de la niña.

El primero en enterarse fue su tío Renly, quien había llegado de su visita a Altojardín y vio a la pequeña Barra llorando cuando le llevo la comida. Basto con una sola mirada para saber que esa niña era de su sangre y le pregunto a la cocinera quien era ella. Cuando la cocinera termino de relatar lo sucedido, Renly ordeno que liberaran inmediatamente al hermano de Barra y lo llevaran ante él.

El joven le conto de la ultima voluntad de su madre, ya que había escuchado que habían acogido a todos los bastardos de Robert Baratheon, y como fue apresado sin justificación alguna más allá del hecho que era hijo de una prostituta.

El incidente con su tío Brandon apenas tenía tres lunas de haber pasado y entre los caballeros que servían en Bastión de Tormentas y el maestro de armas, ser Balon Swann, habían probado de primera mano lo formidable que era con un martillo de guerra. Su tío Renly despidió rápidamente a ser Cortnay Penrose y acogió a Barra.

Un caballero del castillo, ser Alex de las Marcas, fue enviado el mismo día que Barra llego por ser Balon Swann a Amberly para contarles lo que había ocurrido.

Los nueve montaron inmediatamente, pese a las protestas de Stannis y Borys, incluso Bella y Myranda, y cabalgaron lo más rápido posible a Bastión de Tormentas temiendo lo peor.

Llegaron en medio de una tormenta, con los rayos iluminando el cielo y con la furia que pregonaba el lema de su casa brillando en sus ojos azules e inmediatamente llamaron a gritos a Cortnay Penrose.

Su tío Renly salio inmediatamente al patio a calmarlos y Bella, las mas recatada de todos ellos, le mando a callar su puta boca.

Ya una vez en el castillo, Renly les dijo que ser Cortnay fue despedido y les presento a su hermana, quien entre llantos les dijo que no enviaran a su hermano a las mazmorras y ella iba a ser obediente en las cocinas. Parecía que la tormenta iba acorde a su estado de ánimo puesto que arrecio y los rayos no paraban de cortar el cielo.

Le aseguro a su hermana no haría tal cosa y que ella no tendría que trabajar en las cocinas, después le pidió a sus hermanas que la llevaran a su habitación y la calmaran un poco. Sus hermanos y él hablaron con el hermano de Barra y le conto la historia que le había dicho a su tío Renly.

Yo me iré tan pronto como la tormenta pase, mi señor – dijo el chico, cuyo nombre era Jory – mi promesa esta cumplida, estoy seguro que cuidaran a Barra mejor de lo que yo puedo.

Si deseas quedarte, puedes hacerlo – había objetado – podemos encontrarte un lugar aquí en el castillo.

Su generosidad me honra, mi señor – contesto Jory haciendo una reverencia – pero mi destino no se encuentra aquí.

Al final partió en la mañana, cuando la tormenta había pasado, se despidió de Barra y les volvió a agradecer por cuidar de ella. En cambio, él dio una bolsa con algunos dragones de oro, ciervos de plata y una carta firmada por él mismo para evitar que lo acusaran de robo, sus hermanos gemelos le regalaron una capa, Andrew unos pantalones de montar suyos y sus tres hermanas le dieron un par de botas. Edric y Roland le regalaron un caballo que ellos habían comprado a un granjero y Gendry le dio una espada larga recién forjada, el acero brillando con la luz de la mañana con el emblema de la Casa Baratheon.

Se arrodillo ante ellos y les volvió a agradecer por todo. Monto en su caballo y se alejó a todo galope.

Oye, esto ya esta comenzando a asustarme -la voz de su hermana Mya lo saco de sus pensamientos – has estado muy pensativo desde que salimos del castillo.

Estaba recordando al hermano de Barra -contesto en voz baja – y cuando la conocimos por primera vez.

Ya veo – se limitó a responder ella.

¿Qué crees que haya sido de él? – pregunto su hermano Rolland a lado suyo.

Solo los dioses saben – respondió Edric.

Jory dijo que su destino no estaba en esta tierra – dijo Barra, que al parecer había escuchado la conversación.

Si, algo como eso me dijo cuando le ofrecí quedarse – comento con ligera confusión - ¿Sabes a donde se dirigía? – en todos estos años no se le había ocurrido preguntar.

Se dirigía a Essos – contesto su hermana con voz sombría.

Todos se congelaron.

En ese entonces, el continente aún estaba en plena guerra, el llamado Gran Levantamiento, y era un completo suicidio ir por voluntad propia a meterse de lleno en el conflicto que involucraba dragones, magia y sangre, mucha sangre derramada. Había escuchado que muchos caballeros errantes habían partido a Essos buscando fortuna durante las primeras lunas del conflicto, pero a medida que los rumores de la guerra empezaban a llegar muchos de ellos se disuadieron de aventurarse al continente.

Mierda, creí que iba a ir a Dorne o al Dominio o a cualquier otro maldito lugar – dijo Edric consternado – pero no a Essos.

¿Quién fue a Essos? – pregunto su tío Borys acercándose con su esposa, Lady Elena.

El hermano de Barra – contestaron al unisonó Argos y Artos.

Una mirada extraña cruzo el rostro de su tío, pero no alcanzo a adivinar su expresión puesto que pronto se recompuso.

¿Lo extrañas mucho, querida? -pregunto su tía Elena con amabilidad y Barra asintió con lagrimas en los ojos – no estes triste, estoy segura que estará bien – le dijo a la chica mientras la abrazaba.

Por primera vez, se permitió ver lo surrealista que era aquella escena.

Sabia que el caso de sus hermanos era extraño, a excepción de algunas casas en Dorne, donde a los bastardos se les trataba con recelo y repudio por parte de sus parientes legítimos. Incluso a algunos de ellos jamás los reconocían sus padres y si llegaban a reconocerlos no eran mejor tratados que los sirvientes. Pero su madre, según le conto su tío Borys, había acogido a todos los hijos ilegítimos que tenía Robert Baratheon por todos los Siete Reinos.

A Mya la trajo Jon Arryn del Valle cuando apenas tenía 7 días del nombre, a petición de su madre. Gendry era hijo de la esposa del herrero del pueblo, a quien su padre forzó cuando estaba borracho; el herrero dejo a Gendry en la puerta del castillo cuando su esposa murió en el parto y se fue de ahí. Edric fue concebido en la cama nupcial de su tío Stannis con Lady Delena Florent y tan pronto dio a luz pensaban enviarlo a la ciudadela, pero su madre intervino y les dijo que ella lo acogería; los Florent accedieron y le entregaron al bebé. Los gemelos eran hijos de una septa de las Tierras de la Corona y ella misma los trajo a Bastión de Tormentas para rogar que les dejaran quedarse en el castillo; su madre les dio la bienvenida y permitió a los tres quedarse, la septa Marielle enseño a sus hermanas antes de morir hace 5 años de un enfermedad. Rolland era hijo de una sirvienta a servicio de los Tully de Aguasdulces, su tío Eddard Stark lo trajo de ahí cuando su madre había dado a luz a su difunta hermana Argella y habían sido amamantados por la madre de este, quedándose como nodriza en el castillo y más tarde como cocinera. A Bella y Myranda las había encontrado su tío Borys en el Camino Real junto a una anciana, cuando apenas tenía años, y se acerco al ver que la anciana ya no se movía y las niñas estaban llorando sobre ella. Fue pura suerte que ellas llevaran un añillo que había pertenecido a Robert Baratheon y que la anciana pudiese decir con su ultimo aliento que un señor había visitado a su hija en su aldea en el Bosque Real y que le había dado ese añillo como pago. Lord Borys enterró a la abuela de sus hermanas y llevo a las niñas al castillo. Andrew llego por su cuenta al castillo cuando tenía cinco días del nombre, con una carta misteriosa que leyó Lord Stannis y después quemo en la chimenea. Mas tarde se los presento como su hermano y no revelo lo que decía dicha carta ni quien era la madre de Andrew. A Barra la había llevado su hermano y ella fue la ultima de Las Tormentas en aparecer.

Todos ellos fueron educados como hermanos y desde que tenia memoria eso han sido para él. Incluso cuando cumplió los diez días del nombre y su tío Stannis le explicó que eran los bastardos, nada cambio entre ellos y prohibió a todos en el castillo que se refirieran a su hermanos como tal.

¡Ey, Martillazos! – su hermano Edric le dio un golpe en la cabeza y lo zarandeo - ¿En qué tanto piensas?

Has estado así desde que salimos del castillo – dijo esta vez Myranda - ¿Estas bien, hermano?

¿Qué es lo que tanto te preocupa? – pregunto su tía Elena, que tenía la cabeza de Barra en su regazo, aparentemente dormida – tus hermanos me han dicho que has estado pensativo.

Sinceramente, no lo sé – respondió.

Vamos, hermano. Sabes que puedes contar con nosotros – dijo Andrew, con su voz solemne.

No se trata de eso – replico – siento una opresión en el pecho desde hace días, como si algo me molestara e inquietara pero no sé lo que es. Pregunte al maestre Cressen si sabia de lo que se trataba pero no me dio una respuesta clara.

Los maestres rara vez la dan – dijo su tío Borys sonriendo, pero cruzo una mirada con su esposa que de nueva cuenta no supo identificar.

Tal vez sea de que vamos a conocer a extraños – dijo Mya, frunciendo el ceño y Bella asintió de acuerdo -el Imperio al fin abrió sus puertas y envió una delegación.

Tal vez sea eso – dijo él, aunque no estaba convencido.

El tema pronto cambio a los visitantes del Imperio y que es lo que iba a hacer como Señor Supremo de las Tierras de las Tormentas para asegurar las rutas de comercio con la Corte del Viento y del Agua, que eran las cercanas a las costas de Poniente. A la conversación se unieron Lord Dondarrion con su esposa, Lady Allyria, y Lord Morriguen quienes aportaron buenos argumentos en caso de que las negociaciones con la Corona no fueran tan bien.

Mi padre es miembro del Consejo Privado, mi señor – dijo Lady Allyria. Se sentía incomodo que alguien se refiriera a él con su honorifico siendo que era menor que ella – estoy segura de que pude ayudarte si surge la ocasión.

Le agradezco, mi señora – contesto.

Pronto sus hermanos se aburrieron de la platica y se fueron a sus respectivas tiendas, Rolland llevo a Barra a la tienda de las chicas y se fue a la suya a dormir. Sus hermanas se despidieron también y fueron a dormirse. Los gemelos mencionaron algo de irse a tomar una cerveza con los guardias que armaban jolgorio en la otra hoguera y se marcharon entre risas. Los Dondarrion también se despidieron y fueron a dormir así como Lord Morriguen y su tía Elena.

Pronto, los únicos que quedaban en la hoguera eran él y su tío Borys, que miraban en silencio los huesos carbonizados de lo que quedaba del ciervo. La luna estaba en su punto mas alto y bañaba el claro con su luz blanca. A lo lejos se escuchaba como los guardias y sus hermanos cantaban el Oso y la Doncella.

Bueno, mañana nos queda todavía un largo camino por recorrer y creo que es mejor que le diga a esos patanes que no se meten demasiado en sus copas o no querrán levantarse mañana – dijo su tío dándole una palmada en el hombro – descansa, sobrino.

Igualmente, tío – conesto él.

Se recostó en la hierba y contemplo el cielo cuajado de estrellas, preguntándose que era lo que tanto le preocupaba. Estuvo ahí acostado tranquilamente por bastante tiempo hasta que un grito de terror le hizo ponerse de pie rápidamente. Busco la fuente del grito y vio como una docena de guardias se dirigían hacia la tienda donde estaba Lord Penrose con antorchas y gritaban a los otro que vinieran corriendo.

Fue hacia su tienda y tomo rápidamente su martillo para ir a donde estaban gritando sus hombres. Sus hermanos también salieron de sus tiendas con sus respectivas armas y todos fueros hacia la tienda de Lord Penrose.

¡¿Nos atacan?! -preguntaron los gemelos saliendo de su tienda a trompicones, poniéndose las botas y tomando sus espadas.

¡No lo sé! -respondió él pasando junto a ellos y gritándoles por encima del hombro - ¡Quédense con las chicas! -ordeno.

No espero a ver si le obedecían y corrió junto con sus otros hermanos a donde estaba el alboroto.

¡Traigan ballestas! – gritaba el capitán de la guardia, ser Martyn Fell.

Aquello les confundió, pero no se detuvieron hasta llegar a donde todos los hombres gritaban y apuntaban con sus antorchas a algo que no podían ver.

¡Abran paso! – ordeno, pero los guardias no le dejaban pasar - ¡Que abran paso, maldita sea! -grito.

Mi señor, es peligroso -protestó ser Martyn.

¿Quién nos ataca? – pregunto Edric.

Es un monstruo – respondió el caballero.

A pesar de las protestas, se abrió paso entre empujones y por fin pudo comprobar que era lo que había asustado a los guardias.

Era enorme y de color gris como las nubes de tormenta, en sus ojos azules brillaba una inteligencia que no era propia de un animal. Aunque no podía compararse con algún animal que hubiese visto hasta entonces. Su mirada azul lo atrapo y sintió como esa molestia que le perseguía desde hace días desaparecía.

Por todos los dioses -dijo uno de sus hermanos.

Es un lobo huargo – dijo su tío Borys con sorpresa, que se había acercado al ruido.

La ballesta, ser – dijo alguien a sus espaldas.

Nadie ataque – ordeno.

Pero, mi señor…

He dicho que nadie ataque – repitió, esta vez más fuerte.

Sin dejar de verlo a los ojos, tiro el martillo y la daga al suelo y se acercó lentamente a la bestia, que tan solo lo seguía mirando fijamente con sus ojos azules muy parecidos a los suyos. Podía escuchar a su espalda que sus hermanos y sus guardias le decían que no se acercara, pero tan solo repitió la orden de no atacar.

Cuando estaba a un palmo de distancia de aquella magnifica bestia, fue consciente de su tamaño, mas sin embargo no le aterro, si no que le maravillo que era tan grande como un caballo y mucho más poderoso que cualquier bestia en el bosque.

El lobo abrió las mandíbulas y lanzo un chasquido juguetón hacia él y un segundo después pudo ver con extrema claridad como un perno volaba directamente hacia la cabeza del lobo y sin saber muy bien cómo, lo atrapo en el aire antes de que se incrustara en su ojo.

He dicho que no disparen – dijo con calma y tiro el perno al suelo.

Todos le miraban con la boca abierta, completamente anonados. Los ignoro y centro su atención en el lobo, que avanzo hacia el y le acaricio la mejilla con su enorme cabeza peluda.

Tormenta -murmuro de pronto y el huargo le volvió a mirar fijamente – tu nombre es Tormenta – dijo con firmeza.

El huargo lanzo un aullido a la luna y meno la cola.