Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.
Buenos días, tardes o noches, esta historia participa en la dinámica de Agostode Mundo Fanfics InuYasha y Ranma:
#dinamica_del_mes_de_agosto
#sensual_verano_MFFIYR
La siguiente historia también es continuación de mi historia "Amor de Verano", que igualmente fue reeditada y la encuentran en mi perfil.
Estrella De Verano
Bajó de la escalera una vez hubo reparado las tejas de aquella cornisa, guardó las herramientas que había ocupado, tomó su termo de agua y bebió, sentía que ese era el día más caluroso de aquel verano. Mojaba una pequeña toalla para limpiarse el sudor de la cara cuando una pequeña macha roja pasó corriendo detrás de él, pero había sido más hábil y sujetó al pequeño torbellino.
—¿A dónde?
—Quiero ir a nadar— sé quejó la pequeña inflando sus cachetes.
—Acabas de comer, debes esperar una hora.
—Pero fue poquito, por favor— suplicó.
—Moroha— dijo con advertencia, en esta ocasión no iba a ceder, no importaba los ojos de llorosos que su pequeña de cinco años le ponía.
—¿Entonces para que vinimos?— se tiró resignada al suelo.
—Ayudar a la abuela.
—Papá, ya traje el rodillo— un niño dos años mayor que su hermana llamó su atención, sostenía un rodillo de pintura.
—Gracias, hagamos un trato— se acuclilló para quedar a la altura de su hija—. Ayúdame a terminar y más tarde vamos a la playa también con mamá.
—¿Lo prometes?
—Anda, tú y Tadashi pinten abajo— le ofreció una brocha, el día anterior había reparado aquella pared y ahora tocaba pintarla.
…
Los tendederos estaban casi llenos de sábanas y toallas que se mecían con el viento. Los ojos chocolate vieron el último canasto, luego de ese, se tomaría un descanso.
—¡Mamá!— abrazó a su madre por las piernas—. Papá dijo que iremos a la playa.
—¿Eso dijo?
—¡Sí!, Tadashi y yo le ayudamos a pintar.
—Puedo notarlo— su hija tenía la ropa manchada de pintura blanca y su moño rojo de su coleta estaba chueco.
—¿Ya terminaste?— preguntó curiosa, si su mamá ya no tenía deberes, podían irse de inmediato a la playa.
—Aún no.
—Ve a descansar a la sombra con los niños, yo termino eso— dijo Inuyasha al llegar, Moroha había corrido para ganarles.
—Vengan— cogió a sus hijos de la mano y fueron a sentarse bajo un árbol—. Tadashi, ¿todo bien?— estaba muy callado—. ¿Te sientes mal?— tenía sus mejillas rojas.
—Tengo mucha sed.
—¿Te traigo un agua o un jugo?
—¿Podemos ir por un kakigori?
—¡Sí, yo también quiero!— exclamó con entusiasmo Moroha.
—Inu, nos vamos adelantando, quieren un kakigori.
—Guardo los cestos y los alcanzo.
…
Kagome estaba entre las piernas de Inuyasha, los dos sentados en la arena, vigilaban a Tadashi y a Moroha que jugaban en la orilla de la playa. Inuyasha sonrió cuando su esposa soltó una risita al sentir el beso que le depositó en su cuello, se recargó en el hombro de ella y se quedó viendo como sus hijos corría escapando de las olas a modo de juego.
—¿En qué piensas?— no necesitaba verlo a la cara para saber que su esposo meditaba algo.
—Me alegra haber vuelto.
En el primer invierno luego de haberse ido, Inuyasha volvió y sorprendió así novia llevándola a cenar comida italiana, luego se fueron a lo que se suponía era un Airbnb, pero en realidad era el nuevo apartamento donde él se había mudado y no solo eso, trabajaría para el observatorio, ya no más relación a larga distancia.
—Y a mi que lo hicieras.
—Yo tenía razón.
—¿En qué?
—Si pudimos hacer que funcionara— estaba por besarla cuando ocurrieron dos cosas, el celular de Kagome sonó y él se percató que la marea había subido.
—¡Tadashi, Moroha!, vengan más hacía acá.
—Rin dice que llegan mañana en el ferry del medio día— informó Kagome luego de leer el mensaje.
—Entonces es probable que se encuentren con Miroku y Sango también— ese verano tendrían la visita de dos familias.
—¿Por qué sonríes?
—¿Quién hubiese pensado que Sesshoumaru y Rin se conocerían cuidando a Tadashi?
—A mi me sorprende más que Sesshoumaru se enamorase de alguien mucho más joven que él.
—No seas cruel, no es tan mayor— Inuyasha arqueo una ceja incrédulo—. Tal vez solo un poco en comparación con ella.
—Doce años.
—¡Papá!— el grito desesperado de Moroha los alertó—. ¡Mi moño!— se le había soltado y el agua se lo estaba llevando.
Inuyasha se levantó corriendo para meterse al mar, gracias al agua cristalina y al color del moño no le fue difícil distinguirlo. Al salir del agua, su pequeña lo abrazó y fue que notó que había estado llorando.
—No llores— se arrodilló para limpiarle la cara y darle su moño—. No se perdió y si el océano se lo hubiese quedado, te compraba otro.
—¡Yo solo quiero ese!
—¿Por qué le gusta tanto?— preguntó a su esposa, no entendía de esas cosas.
—Moroha, dile a papá porque te gusta tu moño— alentó Kagome.
—Porque mamá lo hizo con una camisa de papá. A Moroha no le gusta cuando papá tiene que trabajar de noche.
—Tranquila cachorra— se levantó con ella en brazos—. No es siempre y ya sabes porque, solo puedo estudiar las estrellas con el telescopio del observatorio por la noche.
—A Tadashi tampoco le gusta— murmuró.
Inuyasha vio a su hijo, él estaba parado junto a su madre, quieto, solo viéndolos. No tenía idea de que sus hijos se sintieran así. Creía que no sentían su ausencia porque dormían.
—Ven— le llamó a su hijo, el pequeño corrió a abrazarlo—. Perdonen si últimamente no he estado en casa, cuando volvamos los voy a llevar a donde trabajo y puedan ver lo que hago.
—¿Veremos las estrellas?— preguntó con ilusión Tadashi.
—Y la luna.
—Quiero verlas ahorita— pidió Moroha.
—Vayamos a la colina— sugirió Kagome, esa noche el cielo estaba despejado y pronto anochecería.
…
Tadashi y Moroha caminaban por delante de sus padres, jugaban a atraparse y aunque obviamente el niño era más rápido que su hermana, la dejaba alcanzarlo, no sin antes hacerla sufrir un poco.
En un desnivel, Kagome e Inuyasha perdieron de vista a sus hijos, pero aún podían escucharlos, hasta que las risas cesaron. Lo que los hizo caminar más de prisa. Tadashi veía a todos lados, como buscando algo, fue que lo notaron, Moroha no estaba.
—Le dije que volviéramos porque no los veía y no vi a dónde corrió— comenzó a explicar nervioso—. Perdón.
—No llores, papá lo va a encontrar— Kagome intentaba calmar a su hijo, Tadashi adoraba a su hermana.
Inuyasha se apresuró a caminar siguiendo el sendero, solo esperaba que su hija no se hubiese salido del camino, esa niña era su adoración, pero también su dolor de cabeza.
—¡Moroha!— la alcanzó a sujetar antes de que saltase de una roca a otra que no alcanzaría y en consecuencia, se lastimaría.
—¡Aun no hacia nada!— pataleó para ser bajada.
—Te dije que no te adelantaras.
—Pero se tardan mucho.
—Las estrellas no se irán y debe ser completamente de noche para verlas.
—Quiero caminar, prometo no alejarme, mamá dile a papá que me baje— imploró ayuda al verla acercarse con Tadashi.
—Estaba saltando en las piedras— explicó Inuyasha.
—Sabes que es peligroso, te podrías lastimar— se acuclilló e intentó no reír, su hija se veía tan graciosa colgando del brazo de su padre.
—Lo siento, prometo ya no hacerlo.
—Puedes hacerlo siempre y cuando papá te ayude, si el te sujeta, no te lastimaras.
—Hoy no— sentenció con firmeza Inuyasha, sabía lo que su hija le pediría—. Será tu castigo por separarte de tu hermano. Te bajaré, pero no te alejes— Moroha asintió resignada.
—Tú querías una niña— dijo Kagome cuando nuevamente los niños comenzaron a caminar juntos.
—Se supone que son tranquilas, Tadashi debería ser así.
—¿En verdad te gustaría que fuesen diferentes?
—Sabes que no, los amo tal como son, incluido a este bebé— acarició el vientre de su esposa, su tercer bebé y segundo hijo nacería en otoño—. Lo que me recuerda, deja de estar tanto tiempo bajo el sol.
—Tranquilo, solo fue mientras tendía lo que se lavó.
…
En la colina, Inuyasha y Kagome se mantenían sentados uno al lado del otro, junto a sus hijos que estaban tirados panza arriba sobre la hierba, veían maravillados el cielo nocturno.
—Papá, ¿qué costelación es esa?— señaló Moroha al cielo, donde lograban apreciar tres estrellas formando un triángulo.
—Cada estrella pertenece a una constelación, las tres más brillantes forman un triángulo, ¿las ven?— los hermanos asintieron—. Son Vega, Altaír y Deneb.
—¿Y esas otras en línea?
—¡Yo sé!, Orión y esa es la osa mayor— dijo con orgullo Tadashi.
—Así es, alguien a estado leyendo el libro que les regalé.
—Es mas divertido verlas así— se quejó Moroha, era más fácil para su hermano porque ya sabía leer bien.
—Lo sé— la acarició su cabeza—. Pero no siempre se puede y para eso están los libros— sus palabras hicieron que su niña volviera a sonreír.
—¿Y esa estrella?
—No es una estrella, es un planeta, Venus.
—¿En tu telescopio puedes verlo?— Inuyasha asintió a su hijo—. ¡Asombroso!
—¡Son tan bellas!, ojalá pudiera tener una.
—Eso no es posible, papá nos ha dicho que son cuerpos celestes gigantescos que producen su propia luz y calor, como el sol.
—No es justo.
—Yo me casé con una estrella— le susurró a su esposa—. De todas, mi favorita— se acomodó mejor para que ella se recargara en su pecho.
—¿En verdad?— le sonrió divertida, su esposo asintió—. Según lo que dijo Tadashi, entonces también yo lo hice, tus ojos me recuerdan al sol.
A la siguiente tarde después de que sus nuevos amigos se marcharan. Kagome había ido a pasar un rato a la playa, ya que los turistas habían disminuido, podía disfrutar de la soledad del lugar, se sentó en unas rocas que formaban una poza y metió sus pies al agua tibia del mar. De ves en cuando algunos pequeños peces nadaban alrededor de sus pies y ella los movía para jugar con ellos. El cielo comenzó a teñirse de naranja, anunciando la puesta del sol, era la primera vez que se sentía melancólica al verla.
El sonido de una ola romper se escuchó acompañado del crujir de las piedritas mezcladas con la arena. Se volteó para ver qué había provocado el sonido, sorprendiéndose de inmediato.
—Inuyasha, creí que…— estaba de vuelta, llevaba un pantalón rojo de lino y una playera blanca.
—Llegando a la costa en Tokio, supe que debía volver— se metió a la poza para quedar frente a Kagome—. No podía subir al avión sin antes demostrarte que va a funcionar— la tomó de las manos—. Solo debes esperar un poco, por favor, créeme.
—Tú mismo lo dijiste antes, terminaste con Kikyou a causa de la distancia.
—Está vez es diferente, ya no soy un adolescente…
—Es solo un amor de verano— le interrumpió, debía detener esa locura—. Cuando vuelvas a rehacer tu vida en Inglaterra, me olvidarás.
—Te equivocas y lo sabes— la miró con determinación.
—Inu…— quería en verdad creer en sus palabras.
El chico no la iba a dejar decir mas locuras, la jaló para que también se metiese en aquella poza y la besó, había querido besarla desde el recorrido de terror, cuando ella le abrazó un brazo al asustarse con un demonio rana. Se dejó caer sentado en la poza y jaló a Kagome con él, intuía que iba por buen camino, ella no le había rechazado, le estaba correspondiendo.
Finalmente se tuvieron que separar, ambos estaban sonrojados y con las respiraciones agitadas. La mirada de Inuyasha se depositó en el cuerpo de Kagome, el agua había dejado su túnica beige translúcida y se lograba apreciar el traje de baño de dos piezas que llevaba. El sostén era rojo y realzaba sus senos, la braga le llegaba a la altura de su cadera, pero la contorneaba a la perfección.
—¿A quién querías seducir con eso?— preguntó en tono seductor.
—A nadie— se alejó de él, apenada—. Por eso me puse esto y estaba sola aquí.
Kagome hizo el intento de salir, pero fue detenida por Inuyasha, pasó saliva nerviosa, él tenía una mirada llena de pasión y eso, la hizo comenzar a sentir calor por todo su cuerpo hasta acumularse en su entrepierna. En esta ocasión, Kagome tomó la iniciativa, rompió la distancia y besó a Inuyasha, rodeándolo por el cuello con sus brazos. Él por su parte, volvió a sentarse, sujetándola de las caderas por debajo de la playera, no quería dejarla ir nunca de su lado.
Sentir las manos de Inuyasha sobre su piel la hizo soltar el aire, eran tan grandes y fuertes, la hacían desear más y como si él hubiese leído sus pensamientos, subió una mano a un seno, tomándola por sorpresa y en acto reflejo, se apartó un poco.
—No debí…— bajó la mirada apenado, no quería que ella pensara que solo la quería para un revolcón.
—¿Te gusta?— le preguntó una vez se quitó la túnica—. Lo compré pensando en ti, pero no tuve el valor de mostrártelo, hasta ahora.
—Me encanta— respondió embelesado.
Kagome se volvió a sentar en el regazo Inuyasha, poniendo una pierna a cada lado, él besó la piel de los senos de ella que quedaba expuesta, la tomó del trasero para acercarla lo más que se pudiera a su cuerpo, gimió al sentir que la entrepierna de ella se rozaba con la suya.
—Vayamos a la posada— pidió con la respiración agitada, sabía muy bien lo que quería que pasara—. Alguien podría venir.
—¿A tú abuela no le molestará que me quede contigo esta noche?
—No lo creo y… no tiene porque enterarse si somos silenciosos— dijo traviesa.
—No creo poder prometer eso— le dió un último besó antes de levantarse y ayudarla a salir de la poza, Kagome se colocó de nuevo la túnica y él tomó la única mochila que llevó.
…
Kagome cerró la puerta de su habitación con cuidado, había sido tan divertido escaparse de su abuela y Shippou que llevaban comida a alguna habitación.
—Quiero verte de nuevo sin esto— pidió Inuyasha al ser él quien le quitase aquella túnica—. ¿Sabías que mi color favorito es el rojo?
—No, ahora no lo olvidaré.
—El verde también te queda bien— ahora que la veía mejor, se daba cuenta que aquella braga le resaltaba el trasero.
—Compré otro, también rojo— se acercó a él para susurrarle al oído—. Pero la parte inferior es más pequeña y tiene volados.
—¿Me estás intentando convencer de que me quede?
—Tal vez.
Inuyasha rió, no podía quedarse, pero obviamente tendría que regresar para verla usar ese otro conjunto.
Se quitó el pantalón y la playera, la atrajo de la cintura, ambos sonrieron con complicidad, se fueron besando hasta caer en la cama, Inuyasha sobre ella. Por más que le gustase verla con aquel traje de baño, para lo que tenía planeado, era un estorbo. Le desabrochó el sostén rojo e introdujo una mano por debajo del calzoncillo, atacó la boca de ella con la suya y comenzó a mover sus dedos.
Kagome se retorció sin romper el beso, alzaba sus caderas en un intento por incrementar los movimientos que Inuyasha hacía sobre su pequeño botón que ocultaba su entrepierna. Murmuró solo su nombre, no había logrado articular más porque dos dedos de él se introdujeron en su húmeda cavidad. Ya decía ella que sus fantasías no estaban lejos de la realidad, las manos de Inuyasha hacían maravillas. Se arqueó al sentir su orgasmo, no se había podido resistir, las caricias en su parte baja y los besos sobre sus senos habían sido mucho.
—Inu…
—¿Todo bien?— estaba orgulloso por haber logrado complacerla.
—De maravilla, pero tu aún no…— bajó la mirada hacia su entrepierna, su erección era más que notoria bajo su bóxer negro.
Fue el turno de Kagome de devolverle el placer que le hizo sentir, bajó un poco el bóxer y comenzó a acariciar la longitud del miembro de él, estaba caliente y duro, se sintió nerviosa al sentirlo más grande.
—Para— la tomó de la mano.
—¿Hice algo mal?
—Todo lo contrario, por eso quiero pares.
La hora había llegado, Kagome asintió, se acomodó mejor en la cama y abrió sus piernas para él, no mucho, pero si lo suficiente para indicarle que estaba lista.
—Espera— buscó deprisa en su mochila y sonrió cuando encontró el pequeño empaque—. Deja me lo pongo— le mostró la caja de condones y sacó uno.
—Tenías ya planeado esto— tomó la caja y de su interior cayó una pequeña hoja, su primer pensamiento fue que eran las instrucciones de cómo usarlo, pero al desdoblarlo sonrió.
—No exactamente, Miroku me los dio cuando decidí volver a la isla, ¿Qué es?— le intentó quitar el papel.
—Nada importante— lo dejó caer en el suelo y aprisionó a Inuyasha con sus piernas por la cadera.
Volvieron a besarse, para recuperar el poco calor que perdieron por la pequeña pausa. Inuyasha guió su miembro completamente erecto a la entrada de ella, la fue penetrando lentamente, sin romper el contacto visual, quería recordar ese momento para siempre.
Kagome soltó un gemido al sentirse completamente llena por él, sentía la mirada intensa de Inuyasha sobre ella y apretó la sábana bajo suyo en un intento de controlarse.
—¿Kagome?— su respiración era pausada, esperaba no haberla lastimado.
—Se siente muy bien— suspiró.
—Hagamos que se sienta mejor.
Inuyasha sostuvo las manos de Kagome sobre su cabeza con una mano y con la otra le alzó las caderas, para comenzar a embestirla con mayor fuerza, en respuesta, Kagome lo rodeó con sus piernas, obligándolo a adentrarse más, dijo el nombre de él con dificultad cuando sintió su cuello ser besado, aunque sentía que se su cuerpo ardía, no quería que se detuviese. Intentó liberar una de sus manos para poder tocarlo, pero fue imposible a pesar de que solo la mantenía sujeta con una mano, pero esa mano era grande y tenía mucha más fuerza. Pensar en ello, solo le hizo desear que él la tocase como momentos antes.
—Inu… quiero tocarte…
—Luego— si la dejaba hacer eso, estaba seguro de que acabaría antes de lo esperado.
El cuerpo de Kagome lo estaba recibiendo tan bien que no podía creerlo, no sabía cómo iba a soportar las siguientes semanas sin ella, sintió una mordida de ella en su hombro, lejos de molestarse, solo hizo que su excitación aumentase, podía notar que ella igual estaba al límite.
—Kagome… pequeña, mírame.
—No, si lo hago, yo…— gritó al ser penetrada con mayor fuerza.
—Lo sé, yo también.
Finalmente, Kagome volvió a verlo a los ojos, sus mejillas estaba rojas, su cabello revuelto en la almohada y sus ojos cristalinos por la excitación. Inuyasha juntó su frente con la de ella y sonrió con satisfacción cuando la sintió alcanzar su clímax, fue entonces que se permitió también llegar al suyo.
Una vez sus respiraciones eran más normales, Inuyasha se giró con ella, dejándola reposar sobre su pecho. Como pudo, se quitó el condón.
—¿Estás bien?
—De maravilla, no sabía que se podía sentir así, tan…— no estaba segura de que palabra usar, eran tantas cosas.
—¿Intenso?— Kagome asintió—. Ni yo— la besó en la frente.
Por un rato que les pareció eterno, no dijeron nada, solo querían disfrutar ese momento, sentir sus pieles juntas y sus manos acariciándose mutuamente.
—¿Qué ves?— la mirada de ella estaba perdida en el cielo que se mostraba a través de la ventana.
—Esas estrellas, si las unes forman un triángulo.
—¿No te las enseñaron en la escuela?— ella negó.
—Es el "triángulo de Verano", es sobre el "tanabata", me sorprende que no lo conocieras.
—Conozco la historia, pero son dos amantes no tres.
—Olvidaron a Deneb en la historia, aunque algunos teorizan que es la urraca, por la forma de su constelación.
—Tiene sentido.
—Es en este mes que su brillo se distingue con mayor facilidad.
—Nunca lo había notado.
—Pero hay otra que brilla más que ellas.
—¿Cuál es?— preguntó curiosa, alzándose un poco para verlo a la cara.
—Kagome— hizo referencia a uno de los significados que poseía su nombre—. Eres mi estrella de verano— le acarició el rostro con ternura—. Espero tu abuela no espere temprano tu ayuda.
—¿Por qué?
—Está vez sí debo abordar un avión, me voy en el ferry del medio día y quería aprovechar esta noche, nos quedan dos condones más— la próxima vez que la viera, se aseguraría de tener más.
Una idea traviesa se le cruzó por la mente a Kagome, era su turno de llevar el control. Se apresuró a ponerse a ahorcajadas sobre el torso de Inuyasha, primero él la vio con sorpresa, pero luego se ocupó de observarla. La sujetó de la cintura y la acomodó a la altura de su pelvis, haciendo que ambos gimieran.
—Me gusta esta vista.
—No debería dejar que me tocaras— suspiró cuando las manos de él sostuvieron sus senos.
—Si quieres no lo hago— bajó las manos y ella le vio molesta—. Solo bromeaba— de un impulso se sentó.
—Se supone que es mi turno de…— él la cayó con un dedo sobre sus labios.
—Antes de continuar… ¿Quieres ser mi novia?, sé que debí pedírtelo antes, pero…
—Si quiero— capturó sus labios con un beso.
Inuyasha se dejó caer de espaldas de nuevo en la cama, vio a Kagome estirarse para tomar uno de los condones, esta vez, ella se lo pondría, pero primero debía asegurase que estuviese completamente duro, sonrió con maldad para desconcierto de Inuyasha. Fue descendiendo lentamente hasta llegar a ese pedazo de carne que clama atención. Y se llenó de orgullo al escucharlo gruñir.
…
Por la mañana, Inuyasha fue el primero en despertar, eran las ocho, tenían máximo tres horas antes de que se debiera arreglar e ir al puerto. Se estiró un poco, vio el suelo esperando ver su celular, juraría que lo escuchó vibrar en algún momento de la madrugada, pero lo que encontró fue el papel que Kagome había botado. Era una nota de Miroku "Espero sean suficientes, suerte". Sintió a la chica removerse en la cama, dejando ver su espalda, estaba algo roja por las marcas de sus dedos, le terminó de bajar más la sabana, su trasero también era perfecto. Sostuvo en sus manos el último condón, lo mejor era que no se desperdiciara, esperaba que a Kagome le gustase hacerlo ahora ella boca abajo.
—Se durmieron— indicó Kagome al ver a sus hijos—. Creo es hora de irnos— Inuyasha asintió y la ayudó a ponerse de pie.
—Ayúdame a acomodar a Tadashi en mi espalda— se acuclilló—. Cargaré a Moroha por delante.
—¿Podrás?
—Tú no vas a cargar a alguno, debes tener cuidado por dónde pisas— dirigió su vista al vientre de Kagome.
—¿Cómo le harás cuando sean tres?
—Ya me ocuparé de eso en su momento.
Kagome veía enternecida como Inuyasha llevaba con gran facilidad a Moroha y Tadashi, y todavía la vigilaba a ella. Al llegar a la posada, Kagome sintió nostalgia, era increíble que lo que inició hace diez años como lo que debía ser solo un amor de verano, se había transformado en algo más que eso.
—Kagome, ¿todo bien?
—De maravilla— se puso de puntillas y lo besó.
—Te amo, mi estrella de verano.
Vega, Altaír y Deneb, podían ser las estrellas más brillantes en el verano, pero para él, desde aquel verano en que conoció a Kagome, ella había sido la más brillante. La mejor parte, su esposa resplandecía en todas las estaciones.
FIN
06/08/2022
Deseo les gustase esta continuación de mi antigua historia que no le puse un final muy feliz, sorry. No tenía planeado hacer la continuación ahorita, si estaba en proceso, pero la publicaría a fin de mes. Mis planes cambiaron a causa de un error de word, donde dañó mi archivo de mi adelanto de "Obsesión", ya no fue recuperable ni una mínima parte del texto. Necesitaba tomarme un respiro antes de volver a escribir en esa historia y aquí estamos.
Sin más por el momento, me despido y nos seguimos leyendo.
…
Kakigori, raspados japoneses.
