Agosto MPreg

Día 3: Antojos

Las náuseas de Wolfram ya no eran tan frecuentes, pero Yuuri notó que ahora, el pan de cada día eran los antojos.

Su madre ya le había advertido que podían ser extraños y también a cualquier hora y en cualquier momento y, a decir verdad, sacarlo con su gusto era mucho más sencillo que verlo vomitar.

—¿Wolf, a dónde vas?

Yuuri había sentido que su esposo se levantaba de la cama, pero cuando abrió los ojos, apenas pudo verlo por la pequeña bola de fuego en su mano, el resto de la habitación estaba totalmente a oscuras. Intentó visualizar su reloj, pero aparte de la oscuridad, aún estaba medio dormido y no entendía nada.

—No te preocupes Yuuri, sigue durmiendo.

—Wolf…—el rubio conocía ese tono de voz, Yuuri lo usaba para que fuera honesto con él.

—Voy a la cocina—respondió con un gruñido.

—¿A la cocina? ¿Por qué? Es tarde.

Wolfram sabía que Yuuri lo obligaría a responder, así que no le quedó de otra que hacerlo.

—Tengo hambre…

Yuuri sonrió. Tanto por su honestidad como por el hecho de que los antojos a deshoras habían llegado.

—Te acompaño.

—No es necesario Yuuri, puedo ir solo.

—Lo sé, pero quiero acompañarte.

El maou tomó su mano y juntos salieron de la habitación, unos guardias los vieron y los siguieron para evitar cualquier problema. A Yuuri no le gustaba que lo vigilaran en su propio castillo, pero sabía que no podía objetar nada, y era lo mejor teniendo a Wolfram a su lado.

Cuando llegaron a la cocina, se encontraron con la sirvienta del turno matutino, quien se encarga de preparar el desayuno para todos, parecía que acababa de despertar.

—Su Majestad, su Excelencia, ¿a qué se debe su honorable visita a estas horas de la mañana?

—Hola, disculpa la hora, pero a Wolfram le gustaría comer algo.

Wolfram solo miraba al piso con pena. ¿Acaso pensaba solo escabullirse a la cocina y robar algo sin ser visto?

La señora sonrió contenta al comprender todo.

—Por supuesto Excelencia, es totalmente normal, le haré lo que guste, y si quiere le puede pedir a las sirvientas de la noche que siempre dejen listo algo para sus antojos nocturnos o incluso pedir que se lo lleven a su habitación.

Yuuri rio.

—Es buena idea, Wolf. Hay que pedir que dejen algo preparado para ti.

—¿Le parece bien a su Majestad y a su Excelencia que pase la orden a los demás sirvientes?

—Sí, por favor.

—Con gusto, su Majestad. Y dígame su Excelencia, ¿qué desea comer?

—Fresas…

Yuuri notó que las mejillas de Wolf estaban del mismo color que la comida que pidió.

No resultó ningún problema para él, acompañarlo durante sus bocadillos, era lindo verlo comer con tanto gusto.

.

—Yuuri—lo llamó Wolf para despertarlo.

—¿Qué vas a querer hoy? —preguntó mientras se estiraba antes de ponerse de pie.

—Un café latte y unas crepas de choco banana con helado de vainilla.

—¿Ah?