Agosto MPreg
Día 6: Patadas
Wolfram estaba llegando a los cinco meses de embarazo aproximadamente cuando ocurrió por primera vez.
Estaban en la cama, conversando un poco de lo que habían hecho durante el día, ya preparados para dormir, cuando sintió algo extraño.
Se quedó quieto y callado, intentando identificar de qué se trataba, hasta que lo volvió a sentir.
—¡Yuuri! —gritó, asustando a su esposo.
—¡¿Qué?! ¿Qué pasó? ¿Te duele algo? ¿Tienes hambre?
—No, no es nada de eso. ¡Dame la mano!
El rubio no esperó y la tomó a la fuerza, poniéndola sobre su estómago ya bastante grande.
—Espera un momento.
Los ojos de Wolfram brillaban de la emoción y Yuuri sintió que las lágrimas se le formaban en los ojos al comprender que era lo que su esposo quería mostrarle.
Segundos después Wolfram sintió una tercera patadita, no era muy fuerte, después de todo era la primera vez que lo sentía, pero fue lo suficiente para que Yuuri lograra sentirlo también.
—¿Lo sentiste? ¡Dime que lo sentiste!
—¡Wolf! ¡Ya patea! ¡Nuestro bebé ya patea!
Con sonrisas de oreja a oreja, la pareja real, pasó una buena parte de la noche, sintiendo las pequeñas pataditas que su bebé les brindaba.
A la mañana siguiente, antes del desayuno, no perdieron tiempo y corrieron a mostrárselo a su hija Greta, la cual había esperado ese momento tanto como ellos.
Lamentablemente para ella, el bebé no quiso patear en ese momento, así que tuvo que esperar un poco más.
—Ya en el desayuno, mientras Wolfram disfrutaba de un desayuno doble, sintió nuevamente sus pequeñas pataditas.
Yuuri lo miró extrañado cuando comenzó a reír de la nada.
—Creo que también le gustan las fresas, porque ya despertó.
Entusiasmado, puso su mano sobre el estómago y esperó, mientras tanto llamó a Greta quien corrió con suerte en esa ocasión.
—¡Oh por Shinou, ya lo sentí!
Wolfram veía maravillado a su hija, se veía sumamente feliz, había deseado un hermanito desde hace mucho y al fin lo tendría con ella.
Ese día, tanto su madre como los hermanos de Wolfram se acercaron a él para apreciar el milagro de la vida.
Yuuri veía toda esa escena con gran cariño, definitivamente era muy feliz.
