21 Gram.
La paz por fin reinaba en el mundo, sin la amenaza de los titanes la humanidad había comenzado a pensar en su propio progreso. Todos había comenzado una nueva vida desde cero, sin embargo eso era muy difícil para quién alguna vez fue conocido cómo El soldado más fuerte de la humanidad. Las cicatrices de todos esos años de batalla, no sólo físicas sino emocionales, le impedían el mirar hacía el futuro. Después de la guerra, y cuando Marley comenzaba a reconstruirse, a las personas le empezó a interesar documentar todo lo que había sucedido, se hicieron libros, pinturas y monumentos para asegurarse que las generaciones futuras conocieran la historia que había forjado si vida, y el asedio para Levi comenzó. El ser el único veterano sobreviviente de la extinta Legión de Reconocimiento de Paradis y Capitán del Escuadrón de Operaciones Especiales, lo convertía en una presa de interés para los investigadores. Tuvo que mudarse de casa innumerables veces, hasta que por fin logró encontrar refugio en una vieja vivienda en los suburbios de la ciudad, hasta ahí le perdieron la pista quienes lo buscaban para entrevistarlo y pudo comenzar a vivir en paz.
Pero fue en la ansiada quietud de su hogar cuándo el tormento de la soledad lo golpeó, se dió cuenta de que nuevamente volvía a encontrarse completamente desamparado. Cuándo su madre murió, experimentó por vez primera la sensación de sentirse abandonado en un mundo lleno de gente, pero en esa ocasión llegó Kenny a salvarlo y le brindó lo más cercano a un padre que podía aspirar. Después conoció a Farlan, Isabel y los chicos y con ellos fue cómo si tuviera hermanos, al perderlos sintió que su mundo se desmoronaba pero llegó Erwin y le brindó un motivo para vivir, y fue ahí dónde encontró la familia que tanto buscaba junto con los mocosos de la 104, su escuadrón y con ella.
Hange, esa Cuatro Ojos era tan diferente a él en todos los aspectos que ambos se complementaban a la perfección, aprendió a necesitar su ruidosa presencia a su lado, a añorar ver a diario su descuidada apariencia, a preocuparse por si estaba comiendo adecuadamente cuándo se encerraba a hacer sus investigaciones, a perderse en su voz y en sus ojos cada que ella comenzaba con sus interminables monólogos sobre los titanes, a necesitar desesperadamente de ella a cada segundo que pasaba. Las veces en las que estuvo en peligro sintió el impulso de mandar al demonio todo, llevársela consigo y asegurarse de que estuviera a salvo para siempre, pero ambos lo sabían , el compromiso que habían hecho para con la humanidad estaba por encima de sus deseos personales. Por esa razón habían desistido de la idea de huir para vivir juntos, y por eso ella había ofrecido su vida, brindándoles la oportunidad de detener el retumbar. Sabía a la perfección todo eso, pero aún así le dolía tanto su ausencia.
La única manera que había encontrado para poder sobrellevar la agonía que lo consumía era aferrarse a los recuerdos, cada día se obligaba a recordar hasta el mínimo detalle de su rostro. Falco y Gabi, conociendo su dolor, le habían conseguido un retrato, los habían comenzado a fabricar para presentar la apariencia de los héroes de la humanidad, sin embargo no se parecía a ella. La pintura tenía los rasgos principales de Hange, un desordenado moño de pelo castaño, piel ligeramente morena, nariz aguileña y rasgos prominentes, un parche cubriendo su ojo izquierdo y gafas de montura gruesa, pero no era ella. No lo era porque le faltaba ese brillo en su mirada que lo había hechizado, esa fuerza que encendía su rostro cada que hablaba de lo que la apasionaba, ese sonrojo imperceptible que iluminaba sus mejillas cada vez que estaban juntos. El retrato no hacía que su corazón latiera desbocadamente, ni tampoco le brindaba esa calidez a la que se había hecho adicto, no calmaba en lo absoluto el dolor que destrozaba su alma, no era en lo absoluto un consuelo para su corazón.
El alcohol también se había convertido en un buen aliado con el pasar de los años, no le daba consuelo alguno pero aminoraba su necesitad. Muchas veces hastiado de tanto sufrimiento había considerado el quitarse la vida, pero el recuerdo de su mirada decidida cuándo se despidió lo hacía desistir, ella no se había sacrificado para que él renunciará a la vida tan fácilmente. Entonces la única salida que le quedaba era soñarla, de esa manera podía revivir cada momento que había pasado a su lado. Alguna vez oyó a alguien decir que cuándo una persona moría, su cuerpo perdía 21 gramos ya que eso era lo que el alma pesaba, entonces ahora se preguntaba si hubiese sido capaz de capturar esos 21 gramos de Hange para mantenerlos a su lado. Incluso quizá él mismo ahora pesaba esos 21 gramos menos, ya que sentía que su vida se le había escapado de las manos.
A eso había quedado reducida su vida, a sobrevivir a base de los recuerdos de ella. En las visitas esporádicas que solía recibir, los chicos y Onyankopon le llevaban noticias sobre el mundo exterior y algunos libros para tratar de distraerlo. El continente había establecido contacto con el mundo exterior y mucha mercancía comenzaba a intercambiarse entre ambos, de esa manera comenzaron a llegar a Marley relatos de tierras muy lejanas. Uno de ellos fue una antología de relatos que llegó a manos de Levi, en ellos se narraban historias llenas de fantasía. Hubo uno en particular, que contaba sobre cierta avecilla que había sido creada por los dioses para ser el mensajero entre ellos y los hombres, pero también solían llevar mensajes de los fallecidos a sus seres queridos.
-Sí tan sólo eso fuera real, podría decirte lo mucho que te extraño y que me haces falta.
Una noche, mientras miraba las estrellas por la ventana, una brisa fresca entró arrastrando miles de hojas secas, antes de que pudiera quejarse por eso, un ave pequeña entró en la habitación y voló frente suyo. La identificó cómo el pajarillo del relato, aquel que llevaba los mensajes entre los vivos y los muertos.
-Hange, ¿eres tú? -La pregunta salió de sus labios sin que pudiera evitarlo.
Al instante una calidez inundó el lugar y él sintió su alma removerse ante los recuerdos, ella estaba ahí. Sin que ninguna palabra fuera pronunciada, él supo en el fondo de su corazón el mensaje que el ave le traía.
-Nos volveremos a ver Levi, mientras tanto vive, sé feliz hasta el día en que nos encontremos nuevamente.
Y él lo supo, que no importaba cuántos años transcurrieran, no importaba si su apariencia física cambiaba, sus almas serían capaces de reconocerse nuevamente. Entonces se amarían nuevamente, él correría a su lado y nada ni nadie lo separaría de ella. Incluso si pasaban mil años.
