La vista del césped, los árboles y la interminable frondosidad del bosque ya era tediosa, en ese punto de su caminata, por lo que realmente estaba harta. Luego de varios días buscando la casa del sabio, después de dar cientos de vueltas en círculo, podía decirse que ya estaba perdiendo la esperanza de lograr su propósito, dado que aparentemente se había perdido mucho antes de darse cuenta de que había tomado mal el camino.

Maldita sea – suspiró al ver por veinteava vez el mismo árbol a su derecha - ¿por qué demonios le creí a ese idiota?

El idiota al que se refería era un hombre a quien había conocido hace un par de semanas en el pueblo donde estuvo de paso, cuyo llamativo cabello amarillo combinaba con su brillante personalidad. Se habían visto por primera vez en la taberna de la villa, donde él se dirigió a hablarle al verla cenando sola, invadiendo su espacio personal sin considerar el arma que ella cargaba a su espalda, sentándose a su lado.

¡Oi! – le había dicho el sujeto a modo de saludo – soy Naruto, ¿y tú?

Hola – había dicho secamente, sin intención de interactuar más allá de lo necesario.

¿Cuál es tu nombre? – insistió el hombre, con una sonrisa que le resultaba levemente contagiosa.

Sakura.

Sakura-chan, ¿eh? – dijo el sujeto, logrando crispar sus nervios por el exceso de confianza – esa es un arma genial, debes ser bastante fuerte, 'ttebayo!

La mirada de Sakura se dirigió a la naginata que había depositado a su lado, arrugando la nariz al pensar en el problema que justamente le había traído su arma. La tenía desde hace años, había sido hecha especialmente para ella, pero debido a la maldición del marionetista al que se enfrentó hace algunos meses, no podía pelear con ella, por lo que se sentía impotente. En realidad, aquella situación era el motivo que la había llevado a buscar respuestas en aquel viaje que había comenzado poco tiempo atrás.

Es verdad, lo soy – respondió secamente - ¿quieres que te lo demuestre?

El hombre rio con una mano detrás de su cabeza, señalando avergonzado los cinco platos de ramen que había dejado en la mesa donde estuvo sentado con anterioridad.

Me encantaría tener un combate amistoso contigo, pero creo que no me puedo mover ahora mismo – dijo el hombre con una sonrisa brillante – el ramen de Teuchi es único, y después de pasar varias semanas entrenando en el monte de los sapos, lo primero que hice fue venir a la taberna a comer – Sakura no pudo evitar sonreír ante aquella idea, pues ella misma, después de entrenar, solía caer ante los antojos de dulce por las que su maestra tanto la regañaba.

¿Vives en esta villa? – se escuchó preguntando, sorprendida de su propia curiosidad.

Sí, nací en Konoha y siempre he vivido aquí – señaló Naruto - ¿y tú, de dónde eres?

Si bien en un principio no había querido profundizar en la interacción con el hombre, fue inevitable caer en su contagiosa personalidad. Se encontró contándole sobre su vida, que había nacido en una pequeña aldea cercana a Konoha, y que ahora mismo estaba de viaje. No rebeló sus motivos, pero no pudo evitar concertar un entrenamiento amistoso con Naruto para el día siguiente, en la parte oeste de la villa.

Durante una semana, día a día, estuvo entrenando con Naruto, por lo que pudo descubrir que el tipo era realmente fuerte. Tenía un extraño poder que provenía de un zorro con el que había pactado hacía mucho tiempo, por lo que no era un entrenamiento cualquiera, lo que le satisfizo por su propia necesidad de mejorar sus habilidades. Una tarde, en la que se encontraban descansando después de una ardua sesión de combate, Naruto le preguntó por qué nunca utilizaba la naginata para enfrentarse a él.

Está bien si me hieres, ¿sabes? – dijo el rubio jadeando – gracias a Kurama puedo curarme bastante rápido, así que no debes temer usar tu arma, dattebayo!

Sakura sonrió ante la ocurrencia de Naruto, pues por mucho que quisiera utilizar su naginata, no podía hacerlo.

La verdad es que… no puedo utilizar mi naginata – suspiró Sakura con pesar – no puedo pelear con mi propia arma.

Ante un sorprendido Naruto, Sakura relató la pelea que había tenido contra el marionetista Sasori unos meses atrás, quien con su magia logró sellar el poder de su arma bajo un poderoso encantamiento que ella no había podido romper. Ni siquiera Tsunade-sama, su maestra, había podido liberar el hechizo, por lo que le sugirió ir de viaje para lograr encontrar una forma de eliminar el sello. Sus poderes no estaban completos sin su arma, por lo que el sello era como haberle quitado una extremidad, así que estaba dispuesta a ir a cualquier lugar del mundo con tal de eliminar el hechizo del marionetista.

El tipo realmente se quiso vengar por vencerlo, ¿no es así? – comentó Naruto al terminar su historia - ¿has ido a preguntar al sabio de la montaña mágica?

¿El sabio… de la montaña mágica? - repitió Sakura, sin recordar haber escuchado su nombre alguna vez - ¿quién es él?

¿En serio no has oído del sabio? Y eso que es bastante conocido en las grandes naciones – comentó el rubio – Kakashi-sensei era mi antiguo maestro, pero hace unos años se retiró vivir a una montaña que estaba maldita, pues solo así puede contener su poder – le contó, sorprendiéndola por no haber escuchado algo así de su propia maestra – si es capaz de contener el poder de una montaña, ¡seguro que podrá ayudarte a romper el sello de tu arma, 'ttebayo!

Luego de esa conversación, Sakura por fin pudo encontrar una esperanza para su problema, pues era su primera pista después de semanas de viaje. Prestando atención a las indicaciones de Naruto, se decidió a ir a la montaña en busca del sabio, motivo por el que aquel día se encontraba perdida en aquel bosque. Había pasado varios días desde que comenzó a seguir el camino de la montaña, al principio segura de que había seguido al pie de la letra las indicaciones de Naruto, sin embargo, ya llevaba al menos tres días dando vueltas en círculo, volviendo exactamente al mismo lugar donde había acampado varias noches atrás.

Maldición – gruñó en voz alta - ¿dónde demonios está ese sabio del que tanto hablaba Naruto?

Jamás vas a encontrar al sabio si es que sigues las indicaciones de Naruto – una voz aterciopelada respondió a la pregunta que había hecho para sí misma, logrando erizar su piel, pues no había sentido ninguna presencia a su alrededor – el camino es hacia el otro lado.

Sakura volteó despacio, a la defensiva, hasta encontrarse con un hombre alto, de cabello negro y piel pálida, cuya oscura capa contrastaba con la imagen brillante que recordaba de su nuevo amigo.

¿Conoces a Naruto? – preguntó con voz temblorosa, pues no pudo evitar sorprenderse por la aparición repentina de aquel hombre, cuya aparienca la dejó sin respiración.

El hombre entrecerró los ojos, sin intención de responder, dirigiendo su mirada a la naginata que Sakura llevaba a sus espaldas.

Esa arma está maldita – dijo con simpleza, sorprendiendo nuevamente a Sakura, logrando crispar aún más sus nervios.

Por ese motivo vengo a ver al sabio – respondió, intentando contener los nervios que el sujeto le provocaba - ¿acaso eres tú el hombre del que hablaba Naruto?

Hmp – gruñó despacio, dirigiendo una mirada evaluativa a Sakura, logrando poner nuevamente su piel de gallina – sígueme.

Lo cierto es que la actitud del hombre la confundía, pues no respondía a sus preguntas, pero aun así la estaba dirigiendo por un camino diferente al que ella había estado siguiendo desde hacía días. En su interior se preguntaba si estaba bien lo que estaba haciendo, considerando que no conocía nada de él y ciertamente era infinitamente menos comunicativo de lo que era Naruto, pero aparentemente sabía quién su amigo y, al menos en apariencia, no deseaba hacerle daño. Unos pasos más atrás, ella iba siguiendo el camino que el sujeto dirigía, por lo que Sakura podía observar abiertamente la alta figura del hombre, su cabello negro ónix y la piel marmórea, lo que dirigía sus pensamientos a algo absolutamente trivial: el tipo era sumamente atractivo, y ciertamente esa característica era la que la hacía sentirse nerviosa.

Observa el camino – señaló el hombre, girando la cabeza para dirigir una mirada hacia Sakura que la hizo sonrojar. Aparentemente pudo darse cuenta del escrutinio que ella había estado haciendo durante todo el trayecto, pues lo cierto es que no había estado prestando atención a su alrededor desde hacía varios minutos.

No confío en ti – respondió Sakura, intentando justificarse, aunque sabía perfectamente que no era el motivo por el que había estado mirando al hombre con tanta atención.

Hmp – fue la única respuesta del desconocido, quien la observaba con una mirada divertida, por lo que Sakura dedujo que no le había creído.

Luego de varios minutos de caminata, llegaron a un prado donde el hombre detuvo su paso, dándole tiempo a Sakura para observar a su alrededor. Aparentemente estaban cerca de la cima, pues la hierba era menos espesa y se podían ver varios tipos de flores de diferentes colores, algo que no había visto durante los días que había estado caminando por sí sola, lo que la sorprendió considerablemente, pues el lugar tenía una belleza natural que la dejó pasmada. La muchacha se alejó unos pasos del hombre, para observar con mayor detenimiento el lugar, aproximándose a las flores para verlas más de cerca.

Llegó la muchacha con nombre de flor – dijo una voz desconocida a sus espaldas, causándole un sobresalto – así que tú eras quien me buscaba.

Sakura se giró con rapidez, viendo a un hombre alto, con cabello gris que la observaba desde lo alto de la cima, cuya mirada era considerablemente más amigable que la del otro desconocido. Tenía una túnica color azul que le llegaba hasta los pies, una máscara que cubría su boca, y una cicatriz que cruzaba su ojo izquierdo. Sobreponiéndose a su sorpresa inicial, Sakura dedujo que aquel hombre sí era el sabio de la montaña, lo que le sorprendió, pues aún no sabía quién era el otro sujeto que dirigió su camino.

¿Acaso tú eres el sabio de la montaña? – preguntó Sakura - ¿cómo sabes lo de mi…?

Mi nombre es Kakashi – dijo con una sonrisa que no se veía por la máscara que utilizaba en su boca, pero que se reflejó en su mirada – las flores me dijeron que una flor venía en camino.

Las palabras del hombre la dejaron confundida, porque aún no le había dicho su nombre ni al desconocido de cabello negro, ni al sabio de la montaña, sin embargo, supuso que el tipo realmente tenía poderes mágicos, tomando en cuenta que había podido adivinar esa información sobre ella.

Soy Sakura – respondió la muchacha con seriedad – Naruto dijo que tú podías ayudarme.

Veo que conoces a Naruto – el sabio dirigió una mirada hacia el otro hombre, cuya identidad aún era desconocida - ¿qué opinas de eso, Sasuke?

El idiota le había dado mal las indicaciones – señaló el hombre de cabello negro, cuyo nombre, aparentemente, era Sasuke.

Sakura se sorprendió por la observación del hombre, pues ella misma había estado llamando a Naruto de ese modo cuando fue encontrada por Sasuke, sin embargo, parece que era una forma común con la que él se dirigía hacia su amigo. Kakashi, por otro lado, rio en respuesta, confundiendo más a la muchacha.

Sakura, ven con nosotros, pero antes, cuéntame cómo está Tsunade – la joven abrió los ojos como platos, pues ella no había dicho ni su nombre ni había hablado de su maestra, pero al parecer, Kakashi tenía el poder de adivinar cosas sin que ella siquiera lo dijera.

Mientras hablaban, se dirigieron hacia una cabaña en lo alto del prado, cuya apariencia distaba de lo que ella imaginaba que sería el lugar donde vive un sabio poderoso, pues parecía ser algo pequeña y tenía algunas fracturas en la madera que le daban el aspecto de ser muy antigua. Sakura le contó sobre Tsunade, que había estado viajando por las grandes naciones ayudando a la gente con sus habilidades, aunque en el fondo buscaba nuevos lugares donde poder dedicarse a las apuestas. Al parecer, ambos eran antiguos conocidos de la villa de Konoha, lo que sorprendió a Sakura, pues no sabía que su maestra había vivido allí durante tantos años. Tsunade no solía hablar sobre su pasado, y desde que la adoptó cuando era una pequeña, cuando murieron sus padres, ella no preguntaba sobre nada de lo que había pasado antes de aquel día lluvioso cuando su maestra la encontró llorando, herida y maltratada, en unos campos de arroz. Sakura tenía alrededor de 6 años cuando ocurrió eso, y lo cierto es que se había esforzado en olvidar todo lo que había pasado antes de aquel episodio.

Tsunade-sama me sugirió iniciar este viaje para poder encontrar una solución a mi problema - comentó Sakura antes de entrar a la cabaña - si bien fui a muchos lugares antes de llegar a Konoha, no logré con dar con ninguna pista de lo que podía hacer para quitar el sello de mi naginata, hasta que conocí a Naruto y me habló de usted.

Antes de responder, Kakashi observó los grandes ojos de Sakura, cuyo color aguamarina brillaban en la esperanza de poder dar solución a su problema. Él había percibido el aura maligna que emanaba el arma desde que ella pisó la montaña, sin embargo, se había sorprendido del hecho de que la muchacha, al parecer sin darse cuenta, actuaba como un escudo para no expandir aquel mal que tenía su arma, pues sin duda el sello era bastante poderoso. Desconocía los poderes de la joven, pero podía suponer que el entrenamiento de Tsunade le había convertido en una médica, cuya magia podía generar ese efecto en el poder que estaba sellado en el arma. A petición del sabio, Sakura le entregó su arma, quien la observó con detenimiento antes de dirigirse al hombre de pelo negro, quien se había mantenido en silencio a lo largo de toda la conversación.

Sasuke, dime que ves, por favor.

El hombre tomó el arma de Sakura, dirigiendo su mirada hacia la cuchilla. De pronto, para sorpresa de la muchacha, los ojos negros de Sasuke se tornaron rojos, con unas líneas negras que le daban un brillo oscuro que podría atemorizar a cualquiera, incluso a ella; no obstante, le parecieron extrañamente atrayentes.

Es un encantamiento que sella el poder tanto del arma como el de ella – dijo finalmente – tiene que ver con el nombre de ambas.

Mmm, ya veo – respondió Kakashi – Sakura, ¿cómo sueles llamar a tu arma?

Yozakura – respondió la muchacha, sorprendida por la pregunta. Si bien no era algo que solía esconder, tampoco era información sobre la que hablaba normalmente, pues el nombre se lo había puesto su maestra cuando le regaló la naginata, lo que representaba el vínculo entre las dos.

Ya veo – respondió finalmente – tu nombre representa las flores de cerezo, y tu arma representa las flores de cerezo bajo la oscuridad de la noche. Eso es lo que te da el poder a ti, muchacha. Son como el yin y el yang, son dos fuerzas opuestas y complementarias, pues sin una no está la otra.

Tsunade-sama le había dicho algo similar cuando le regaló la naginata, cuando inició el entrenamiento con ella. Antes de eso solo la había estado ayudando a preparar medicina para los enfermos, pero al cumplir los doce años, Tsunade le regaló el arma y comenzó a entrenarla para ser una guerrera, tal como ella había sido. A su vez, también la hizo convertirse en médica, por lo que sus poderes curativos eran tan fuertes como su espíritu de lucha.

Te ayudaré – dijo Kakashi finalmente - pero antes, deberás pelear contra Sasuke.

Tanto Sakura como Sasuke se miraron sorprendidos, antes de ver el ceño fruncido en los ojos oscuros del muchacho. No parecía muy contento con la noticia, no obstante, no dijo nada antes de entrar a la cabaña a dejar sus pertenencias. Kakashi les mencionó que primero quería revisar el arma con mayor detenimiento antes de observar la pelea entre ambos, cuyos fines, según dijo, eran para evaluar el poder de Sakura y, por ende, el poder escondido en el arma, por lo que ingresaron a la pequeña edificación, donde la muchacha pudo ver un fogón, una pequeña mesa en el fondo, y un espacio donde aparentemente ambos hombres dormían.

Luego de un rato, Sakura y Sasuke estaban esperando la respuesta de Kakashi, quien parecía concentrado susurrando algunos hechizos en la naginata, que no parecían surtir efecto. Nadie dijo ninguna palabra, pero Sakura pudo percibir la contrariedad en Sasuke, quien no la miraba y solo estaba sentado con actitud indiferente al otro lado del fogón, lo que la ponía nerviosa, pues su actitud distante y misteriosa le parecían extrañamente atrayentes. Se regañó a sí misma por tener ese tipo de pensamientos en vez de concentrarse en lo que había ido a hacer a la montaña, pero no podía evitar pensar que el hombre era endemoniadamente guapo, y emanaba un aura de oscuridad que contrastaba con su propia personalidad. Sakura se consideraba una mujer comunicativa, y su apariencia le daba un aspecto brillante que solía causar una buena impresión en las personas, debido a que su cabello rosa pálido y sus ojos aguamarina eran agradables para los demás, al parecer, por lo que no solía tener problemas para hablar con la gente. Si bien intentaba ser un poco más distante de lo que era normalmente, como cuando conoció a Naruto, por el hecho de que una mujer que viajaba sola debía estar siempre a la defensiva, en esa oportunidad se rindió ante la personalidad del muchacho y logró sentirse cómoda prontamente, por lo que se hizo amiga de él a pesar de conocerse durante muy poco tiempo. Con Sasuke, por el contrario, le ocurría al revés: le parecía que su personalidad extrovertida le parecía molesta, lo que pudo evidenciar cuando caminaban al hogar del sabio, pues él no respondió a ninguna de sus preguntas a pesar de lo mucho que quería saber hacia dónde se dirigían, por lo que, en ese momento, creía que esa pelea debía parecerle un verdadero contratiempo al hombre frente a ella. Ante esos pensamientos, no pudo evitar suspirar con resignación, pues en el fondo, deseaba poder conocerlo un poco más, y creía que aquella pelea amistosa podía llevarla a lograr su propósito.

Luego de un rato, Kakashi se puso de pie y los convocó a las afueras de la cabaña, a un prado lejano que aparentemente utilizaban para entrenar. El combate estaba por comenzar, por lo que les dio las indicaciones para lo que iba a suceder.

Este será un combate a mano limpia, pues necesito observar el poder de Sakura sin su naginata, por lo que debemos hacer esto más justo, así que Sasuke, no puedes utilizar a Kusanagi – al decir esto, señaló la cintura del hombre, cuyo cinturón sostenía una espada que estaba bajo su capa, que Sakura veía por primera vez. Había estado tan concentrada en la apariencia taciturna del hombre, que se avergonzó por no haber prestado atención al arma que tenía frente a sí.

Frente a frente, Sasuke y Sakura se observaron con detenimiento, evaluándose entre sí, esperando quién hacía el primer movimiento. Luego de alrededor de un minuto sin que ninguno se moviera, Sakura decidió ser ella quien iniciara el combate, porque al parecer Sasuke no sería el primero en atacar, lo que la molestó considerablemente. Observó la forma en la que el viento movía el cabello negro del muchacho, cuya mirada oscura se posaba en Sakura, sin expresión. La joven, levemente irritada por la inacción de Sasuke, levantó su puño, cargándolo de chakra, y lo dirigió al suelo, generando un temblor en la tierra, rompiendo el suelo a su alrededor, causando que él tuviera que saltar a un árbol a unos metros de distancia. Sin esperar a otro movimiento, ella corrió con rapidez, golpeando el tronco del árbol donde él estaba parado, haciendo que nuevamente él tuviese que saltar, pero esta vez a su lado. Al parecer al fin pudo generar una reacción en él, pues se asombró con la rapidez con la que él llegó a su lado, y con un movimiento casi imperceptible, él atacó buscando los puntos de chakra de Sakura, lo que ella alcanzó a darse cuenta por la concentración con la que él observaba su cuerpo con los ojos nuevamente rojizos. Desconocía el poder que esa mirada tenían, no obstante, supo desde el primer momento que debía tener cuidado, pues no podía evitar la sensación de que él veía a través de ella. Fueron largos minutos en los que se enfrascaron en una batalla de taijutsu, donde Sakura puro percibir la velocidad y el poder de los golpes de Sasuke, quien no le daba respiro con sus elegantes movimientos, que parecían mucho más cuidados que los movimientos que solía practicar con Naruto. Se dio cuenta de inmediato de la diferencia entre ambos: Naruto poseía un tremendo poder que hacía que sus batallas fueran casi de solo fuerza bruta, no obstante, Sasuke peleaba con un estilo completamente diferente, pues más parecía un baile que la hacía sentirse acorralada.

Su entrenamiento con Tsunade-sama la había hecho convertirse en una experta en taijutsu, pues había aprendido a controlar su chakra de tal forma que poseía el poder de la fuerza sobrehumana. Confiaba en su capacidad, sin embargo, Sasuke evitaba sus golpes de tal manera que le resultaba sumamente difícil asestar su puño en los lugares a los que lo dirigía, porque el hombre tenía una velocidad de movimiento que le causaban una gran impresión. Luego de varios minutos de una pelea en la que ambos intentaban golpearse, sin éxito, Sakura intentó un movimiento para desestabilizar a Sasuke, por lo que simuló que lo iba a golpear con el puño, y anteponiéndose al desvío que él iba a hacer, se agachó con rapidez y lanzó una patada que, para su sorpresa, él pudo adivinar casi al mismo tiempo en el que ella hacía su movimiento, por lo que ambos tropezaron y cayeron al suelo en un golpe sordo, de espaldas, uno al lado del otro. Sakura no pudo evitar ver estrellas por unos segundos debido a lo estrepitoso de la caída, oyendo la voz de Kakashi que se aproximaba a unos metros.

Suficiente por hoy, ya vi todo lo que quería ver – comentó mientras se aproximaba a ellos dos, que jadeaban mientras aún estaban en el suelo.

Sasuke fue el primero en ponerse de pie, dirigiendo su mano a Sakura, quien vio con sorpresa que él le estaba ofreciendo ayuda para estabilizarse después del golpe que ambos se dieron contra el suelo. Sosteniendo su cabeza, aún mareada, sonrió con gratitud ante el gesto del hombre, que parecía ser el primero en aquel día en el que él demostraba cierta amabilidad.

Volviendo a la cabaña, Sakura pensaba en el combate que recién había disputado, donde pudo percibir que Sasuke era realmente poderoso. Era difícil que alguien pudiera desviar con tanta gracia los golpes que ella dirigía, algo que solo había logrado conseguir Naruto, pero que Sasuke hacía aún con mayor delicadeza. No pudo evitar generar un contraste entre ambos: por un lado, su amigo rubio era brillante como el sol, y por el otro, el muchacho de cabello negro poseía la oscuridad de la noche, pero su piel tenía la blancura de la luna.

En los próximos días Kakashi no dijo nada sobre la naginata, más bien solo mencionó a Sakura que iban a ser necesarios varios días antes de poder quitar el sello que el marionetista le había puesto. Le explicó que probablemente Sasori había adivinado el vínculo entre ella y su arma, por lo tanto, había puesto ese sello antes de morir para que Sakura no pudiese utilizar todo su potencial, por lo que era necesario que ella fuese quien pudiese romper el encantamiento, algo que ella misma ya había intentado antes. Según las palabras del sabio, no era tan simple como un encantamiento cualquiera, por lo que en unos días él le daría las indicaciones para poder romper el hechizo del hombre.

Durante varios días los tres estuvieron en una tranquila convivencia, en la que Sasuke y Sakura tuvieron oportunidad de desarrollar una silenciosa comunicación a partir del entrenamiento que les impuso Kakashi. Aquella pelea no fue la única que tuvieron, pues en los días posteriores él la invitó nuevamente a entrenar, lo que se convirtió en una rutina entre ambos que el sabio observaba a lo lejos, donde ambos aprendieron los movimientos del otro, y paulatinamente fueron mejorando su forma de enfrentarse. Si bien no era mucho lo que hablaban, Sasuke poco a poco fue abriéndose a ella, compartiendo un poco más de sí mismo y los motivos que lo habían llevado a estar en aquella montaña.

Vine a entrenar para controlar mejor mi poder – le comentó un día, luego de un extenso combate que habían disputado ambos, en el prado cercano a la cabaña – soy el último de mi clan, por lo que Kakashi es el único que me puede enseñar a mejorar mi sharingan.

Sakura aprendió que el extraño poder que Sasuke tenía en sus ojos se denominaba de ese modo, algo que ella nunca había escuchado. Así aprendió que esa visión rojiza le permitía ver cosas que nadie más podía ver, lo que le daba una gran ventaja en batalla, pero que les generaba un gran desgaste a sus ojos. Luego de enterarse de aquello, Sakura emitió luz verde a sus palmas, y sin pedir permiso las acercó a los ojos de Sasuke, causando sorpresa en el hombre, quien primero hizo el intento de escaparse del agarre de la muchacha, quien ya había supuesto que era algo que él haría.

Solo te estoy curando – dijo con una sonrisa traviesa, pues el fuerte agarre de su mano izquierda le impedía que Sasuke se moviera de su lugar, mientras con su otra palma curaba los desgastados ojos del hombre. Pudo notar que utilizar el sharingan le generaba un gran gasto de chakra, por lo que hizo una nota mental de hacer eso nuevamente.

Hmp – dijo Sasuke, relajándose ante en chakra curativo que emanaba de las palmas de Sakura, sin evitar sentir el calor agradable que le enviaba la chica con aquella energía verde – eres molesta.

Sakura rio ante las palabras de Sasuke, pues definitivamente aquello era algo que él diría. Durante aquellos días se habían hecho extrañamente cercanos, y ella podía notar cómo el iba eliminando las defensas que había puesto a su alrededor en su defensa, y a pesar de lo poco conversador que él era, percibía la forma en la que se sentía más cómodo a su alrededor. Definitivamente no hubiese permitido que lo curara aquel primer día en que él la llevó a la casa del sabio, por lo que se sentía agradecida de que ya tuviera algo de confianza en ella, a pesar de que no fuera tanto como deseaba. Lo cierto es que ya se había rendido ante la sensación espumosa que él le generaba, y se había dado cuenta que le interesaba más que cualquier otro hombre hubiese llamado su atención, por lo que agradecía cualquier contacto que tuviese con él, aún por pequeño que fuera.

Mientras lo curaba, Sasuke observó la concentración en los ojos de Sakura, cuyo ceño estaba arrugado sobre los ojos aguamarina de la muchacha. Si bien era algo que jamás admitiría, la visión de Sakura fue algo que le llamó la atención desde aquel día en que la vio perdida en el bosque, pues no pudo evitar pensar que tanto su cabello, como sus ojos y su piel pecosa, le daban un aspecto demasiado primaveral, lo que le llamaba extrañamente la atención. No pudo evitar divertirse ante la forma en la que oyó que se refería a Naruto – el idiota, había dicho – era algo que jamás admitiría, pues los largos años de amistad con él le habían hecho llamarlo de ese modo desde que eran pequeños. Lo cierto es que aquella menuda muchacha le había llamado la atención desde el inicio, lo que le causó muchísima extrañeza, pero también curiosidad, por lo que decidió ayudarla a llegar a la casa del sabio.

Interrumpiendo los pensamientos de ambos, Kakashi llegó al lado de ellos, divertido ante la vista de una Sakura sosteniendo a Sasuke con fuerza mientras le curaba los ojos. Conocía demasiado bien a su alumno como para saber que ella había causado una fuerte impresión en él desde el primer momento, por lo que decidió no liberar el hechizo de la naginata sino hasta unos días después, de modo que ella tuviese que quedarse a su lado por un tiempo. Sin embargo, creía que ya era tiempo de solucionar el problema de Sakura, pues ya parecían estar lo suficientemente enfrascados en el otro como para saber que, si bien llevaban poco tiempo compartiendo juntos, el suyo era un vínculo que no se iba a romper solo por eso. Él mismo se encargaría de enviarlos a alguna misión juntos después de entregarle la naginata a Sakura, solo que luego decidiría qué tontería se le ocurriría para obligarlos a pasar más tiempo con el otro.

Esta noche liberaremos el sello, Sakura – le dijo, logrando alegrar a la muchacha. No pudo evitar sonreír ante la mirada que le lanzó Sasuke, cuyo ceño fruncido le decía que no era algo que esperaba tan pronto.

Durante la noche, Kakashi los dirigió a un campo de flores de cerezo que había a unos kilómetros de la cabaña, por lo que fueron alrededor de dos horas de silenciosa caminata bajo la luz de la luna. Sakura sentía un nudo de complejas emociones en su interior, pues si bien sentía alivio por poder recuperar su arma, algo dentro de sí le decía que quería pasar más tiempo en la cabaña, al lado de Sasuke y de Kakashi, entrenando junto al muchacho y aprendiendo nuevos conocimientos del sabio.

Luego de un largo de rato caminando, llegaron al campo de flores de cerezo más bello que Sakura había visto nunca, cuyo color rosa parecía brillante bajo la luz de la luna, que sus ojos miraban sorprendidos sin poder quitar la vista del lugar.

Kakashi-sama – dijo Sakura con un hilo de voz, sintiendo el corazón apretado por la belleza mágica del sitio al que habían llegado - ¿qué es esto? Nunca había visto un lugar así.

Este campo de cerezos es especial, Sakura – respondió el sabio – la luz de la luna los baña con una magia especial, por lo que es el lugar ideal para liberar el sello de Yozakura. Eso es lo que estamos viendo ahora, de hecho, flores de cerezo bajo la luz de la noche.

Sakura sonrió, sin palabras, pues era el lugar más hermoso que había visto jamás. Por otro lado, Sasuke, a la distancia, observaba a la muchacha, pues no podía evitar pensar que combinaba perfectamente con la belleza del lugar, e incluso destacaba por sobre cualquier árbol de flor de cerezos que había a su alrededor. Sin duda, aquel nombre le venía perfectamente bien, porque tanto sus colores como su personalidad colorida la hacían brillar como la primavera.

Kakashi le indicó a Sakura que debía posicionar su naginata en medio del campo de flores, mientras le dictaba unas palabras que ella debía repetir para liberar el sello y, con ello, su poder. Sasuke, mientras tanto, observaba a la muchacha, cuya mirada confundida le indicaba que temía que aquello no diera resultado, por lo que asintió levemente en su dirección, cuando ella lo miró desde lo lejos. Aquel gesto pareció suficiente para infundirle confianza, pues sonrió en su dirección y se dispuso a repetir las palabras que Kakashi le había dicho en un comienzo. El sabio se alejó, mientras veía el efecto de las palabras de Sakura, cuya sorpresa por lo que empezó a suceder se vio en el respingo que dio.

Alrededor de ella y de su arma, se formó un círculo de luz que comenzó a liberar pétalos de flores, que surgían del suelo, envolviéndola, causando una fuerte presión en su cuerpo que la forzaban a soltar su naginata, a lo que se negó mientras sentía la magia que se integraba tanto a sus manos como a su arma. La luz creó una especie de cinta de luz que ató sus manos a su arma, mostrándole el vínculo que ambas tenían, haciéndola sentir muchísimo más fuerte de lo que era anteriormente. Sin saber lo que estaba pasando fuera del círculo de luz, pudo sentir, de pronto, que el poder se concentraba en su frente, por lo que tocó un diamante que se posicionaba justo en medio, recordándole el que su maestra tenía en el mismo lugar, causando una gran sorpresa en ella: el byakugo-no-in, que era un sello de poder que Tsunade poseía, y que ahora ella misma había heredado.

Ella es bastante sorprendente, ¿no lo crees? – dijo Kakashi a Sasuke, quien miraba, embelesado, lo que estaba sucediendo frente a ellos.

Hmp – fue toda respuesta, sin querer asumir abiertamente que efectivamente era la mujer más sorprendente que había conocido nunca. Era evidente que Sakura estaba liberando un poder que desconocía, que había sido causado por el sello del marionetista, pero que era consecuencia del duro entrenamiento al que la muchacha se había sometido.

Luego de unos minutos, cuando la magia acabó, Sakura se acercó a Kakashi, agradeciendo lo que había hecho por ella. Su mirada alegre demostraba todo lo aliviada que estaba, por lo que se lanzó a abrazar al sabio, sorprendiendo tanto al hombre como a Sasuke.

Muchas gracias, Kakashi-sama – dijo Sakura, abrazando al sabio, quien no dejaba de sorprenderse por el fuerte agarre de la muchacha – no sabes cuánto me has ayudado.

En realidad, fuiste tú misma quien lo hizo – le respondió, sonriendo detrás de la máscara – yo solo te dije cómo hacerlo.

Sin ti hubiese sido imposible, así que gracias por ayudarme con esto – la voz de Sakura parecía más cantarina que de costumbre, lo que divirtió a Sasuke, que observaba la escena unos metros más allá – y gracias a ti también, Sasuke-kun, por ayudarme a entrenar estos días.

La mirada sorprendida de Sasuke no pareció desapercibida para Kakashi, quien seguía convencido de que el vínculo entre aquellos dos podía hacerse aún más fuerte de lo que ya era, sin que ellos se dieran cuenta. Sasuke había pasado muchos años en la oscuridad desde la muerte de su familia, por lo que creía que realmente se merecía a alguien como Sakura que lo acompañara en su camino.

Vamos, Sakura, Sasuke – dijo Kakashi, girándose hacia el camino de vuelta a la cabaña – tengo una misión para ustedes dos.

Tanto la muchacha como el hombre de cabello negro se miraron, sin saber qué planes tenía el sabio de la montaña para ellos. Sin embargo, algo en sus palabras les decía que, aparentemente, serían compañeros por un tiempo más, por lo que agradecieron internamente lo que sea que él les encomendaría. Sakura había ganado un nuevo amigo y alguien en quien confiar, y Sasuke veía como compañera a una muchacha a la que había conocido hacía pocos días. Supuso que ese era el efecto de la magia, y como quería seguir conociendo a aquella primaveral joven de cabello rosa y ojos aguamarina, se dispuso a escuchar los planes que Kakashi tenía para ellos. Por supuesto que no aceptaría tan rápidamente, pero tampoco diría que no.