Los personajes no me pertenecen, son de Kishimoto y solo los uso con el fin del entretenimiento.
Hola! Volví trayendo conmigo un one shot, que se centra en uno de ellos momentos, para mí, más importantes del clan Hyuga.
El destierro de la heredera del Souke.
Espero lo disfruten! Nos leemos abajo.
...
...
Sinopsis : La verdad detrás del destierro de Hinata…
¡Se que no la habrías alejado de ti si realmente no estuviera en peligro!
…
.🌙.
…
Borracho de dolor.
El aire fresco lo devolvía a la vida, así que ingirió más sake. Con él transformaba, ocultando y olvidando todo a su alrededor, dejo caer una botella tras otra, hasta que estas lo rodearon.
Un círculo de vidrio verde, pero no se detuvo. Bebía de forma rápido y compulsiva. Cuando el fondo se asomaba, soltaba una tos seca y volvía a llenarlo. Su pulso era tembloroso y la boca le sabia amarga, pero, aun así, el líder del clan Hyuga no se detuvo.
Continuo. Un trago, dos, tres, siguió hasta que…
–Sabía que estarías aquí dattabane.
Aún con el sentido perdido, pudo reconocer la voz.
–Habanero. –susurro.
Ella sonrió amargamente. No había escuchado ese apodo en años ¡décadas! aunque sabía que en realidad había sido menos que eso.
–Ogro, ha pasado tiempo, dattabane.
–¿Qué haces aquí? –le pregunto directamente.
La kunoichi miró la cantidad de botellas vacías.
-Ven, dattabane –le extendió la mano. –Vámonos Ogro, ya bebiste demasiado. –Quiso tocarlo, pero él se replegó.
Hiashi se encogió contra las raíces del gran árbol como un niño caprichoso y perdido… Perdido.
-No. –finalmente la miro, sus ojos eran somnolientos pero duros. –Respóndeme lo que te pregunte... ¿Qué haces aquí?
Ella no hablo y él pudo leerlo.
-Ya lo sabes.
Kushina bajo la cabeza y volvió a extender la mano. –Vamos, Hiashi. –su tono fue más suave, casi un susurro. –No está bien que estés aquí y…
-Vete.
Pero ella no se movió.
-Vete... ¡Vete, Kushina! –finalmente grito. -¡Largo! No te necesito ni a ti, ni a tus consejos. –le escupió con rabia.
–Ogro, por favor dattabane, yo solo quiero…
-No me importa lo que quieras y no me mires así. –la enfrente. –Odio la lastima en tus ojos, Uzumaki.
–No es lastima dattabane.
-¿Entonces que es? –la orillo. –¿Compasión? –soltó irónico. –¿Crees que algo cambio en mí porque estoy aquí? –paso la vista por el antiguo campo de entrenamiento de su equipo. –No te confundas, Uzumaki. Este lugar… Todo esto ya no significa nada para mí.
Pero ella no hizo caso a su enojo. Kushina no retrocedió ni le reprendió, solamente murmuro.
-Debió ser muy difícil para ti.
Eso solo lo enfureció aún más. Tambaleante, Hiashi se levantó, utilizando su altura para intimidarla.
-No lo fue. –dijo cortante. –Fue fácil ¿quieres oír la verdad? Esa es. –su expresión se endureció. –Fue fácil y estoy aliviado. –rectifico. –Actúe como un líder y me deshice de ella. Todo el clan está conforme con mi decisión.
-Mientes, dattabane. –lo contradijo. –Están conformes ¡Sí! Eso es cierto. –admitió molesta. –Todos lo que están bajo el mando de tu padre, están felices Ogro, pero tú no... –entonces bajo la voz y le puso una mano sobre su pecho. –Tú no…
Los ojos blancos eran difíciles de ignorar, Kushina mentiría si dijera que en ese momento no se sintió intimidada. Un abismo blanco y vacío…
-Creí que ya habíamos hablado cuando Hizashi murió. –murmuro entre dientes.
-Ese día huiste, dattabane.
-No… ¡No! –rectifico con dureza, apartándose. –Ese día hice lo que nadie se atrevió hacer, lo que tú Uzumaki no fuiste capaz. –siseo. –Deje de lamentarme y tome una decisión. ¡Decidí ser esto!... –se señaló a sí mismo. –No hay diferencia con lo que paso hoy.
Ella sonrió, tan divertida como triste por escucharlo así.
-Es tu hija, Ogro ¿enserio no hay diferencia? ¿no te duele?
Comenzó a presionar, manteniendo la cabeza en alto negada a dejarse intimidar.
–No seguiré con esto. –dijo él. –Se lo que intentas y no lo lograrás.
Orgulloso, volteo y agarro una botella. La abrió e impulsivo dio un largo trago. El sake se le escapó de la boca, pero se apresuró a limpiarlo con la manga.
-No te conozco, dattabane. –lamento. –No te reconozco, de veras. Rendido y borracho. –pronuncio con asco. –Mi rival no actúa así. El hermano del príncipe no actúa así ¡El esposo de Ha…!
-¡Ya basta!
Se sobresalto al ver el byakugan activarse. Esta cerca de un límite, ella lo sabía. Así como también sabía que no tenía otra opción más que cruzarlo.
-¿Qué dattabane? –volvió a acercarse. –¿Dije algo que te molestó? –se burló. –Dímelo. –lo empujo y él estaba tan ebrio que trastabillo con las botellas. –Dímelo Ogro. ¡Dime que piensas, dattabane!
-¡Ya cállate!
-¡No! No dattabane. –lo sujeto, inclinándolo hacia si. –No me iré de aquí hasta que lo admitas ¿entiendes dattabane? –enfrento sus ojos. –Yo te conozco, Hiashi y no te tengo miedo.
-Te odio. –soltó con veneno y ella río.
–Por supuesto dattabane. Tu padre también te enseño eso ¿no Ogro? ¡Él gran líder del clan Hyuga me odia! –grito, para después bajar la voz. –Y ellos odian a tu hija, Hiashi. –sentencio con dureza. –Todos, dattabane. Cada uno de ellos, susurran… "Que débil es la heredera del Souke" "Esa niña es una vergüenza para el clan". No puedes evitarlo ¿y sabes por qué? –apreto el agarre de su ropa. –¡¿Sabes por qué tu increíble plan de hacer de Hinata una "digna heredera" fallo?! –grito. –Porque olvidaste que también es su hija ¡La hija de Hana-chan!
Tuvo a penas un segundo para esquivar el ataque, pero no fue suficiente. Kushina salto hacia atrás y se llevo la mano al pecho, podía sentir el bloqueo de algunos puntos de chackra. Cuando miro a su amigo, este permanecía con la palma abierta y el Byakugan activado.
-¡Ahí está dattabane! –"festejo". –Finalmente eres sincero contigo mismo Ogro.
-No me provoques. –amenazo. –Ese ataque fue solo de advertencia, Uzumaki. El siguiente no... –la miro. –Vienes aquí y hablas de mi vida sin ningún derecho, tu… ¡Tú! –le grito. – ¡Que jamás tuviste nada, me recriminas buscando a un hombre que ya no existe!
-¡¿Qué ya no existe?! –se jacto. –No lo creo, dattabane –aseguro. –¿Qué lo desconozco? En eso sí tienes razón. Los Hyugas te hicieron esto ¡Lord Takahiro te cambio! –le reprocho. –¿pero sabes que, Ogro? –sonrió. –Eso no importa ahora, porque yo no busco hablar con "el gran líder" –negó con la cabeza. –No, dattabane.
Camino a caminar hacia él.
-Yo no busco a mi amigo, ni mucho menos a un Hyuga. –lo miro a los ojos, notando como la máscara se agrietaba. –Quiero ver al padre de Hinata-chan… -susurro. –¡Quiero ver al padre que se emborracha porque ya no sabe cómo lidiar con tanto dolor, dattabane!
Entonces Hiashi no ataco. Contra todo pronóstico el temible shinobi no la reprendió. Simplemente retrocedió, dando un paso y otro, hasta que la corteza del árbol se pegó a su espalda.
-No. –susurro él ido. –No.
Kushina pudo ver el alcohol ponía al desvelo los sentimientos reprimidos.
-No tienes que ser fuerte aquí, Ogro.
-¿Por qué haces esto? –su voz era tembloroso. –¡Porque simplemente no me olvidas y me dejas solo de una vez por todas!
-¡Porque me duele verte así! –le grito. –Yo ya estuve ahí, Ogro. ¡Estuve en ese lugar oscuro y perdida! Y tenia mucho miedo, tanto miedo dattabane. –los ojos le brillaron de lágrimas contenidas. –Pero entonces aparecieron el Príncipe y tú y me salvaron de mí misma dattabane. –le agarro la mano y se la apretó. –No tienes que ser fuerte aquí. –le repitió. –Confía en mí, Ogro. No estás solo, jamás estarás solo.
-Esto no esta bien. –dijo. –No puedes acercarte, si él se entera…
-¿Qué viste? –insistió.
-No…
-Nadie lo sabrá Ogro, tienes mi palabra. –le aseguro. –Se que no la habrías alejado de ti si realmente no estuviera en peligro. Algo te alerto. ¿Qué fue?
-Habanero.
- ¿Qué viste?... ¡¿Qué viste, Hiashi?!
-¡Sus ojos! –grito.
Entonces todo volvió, el tartamudeo y el miedo… mucho miedo.
–La mirada en sus ojos, Habanero. Mi padre… -la voz salió torpe, develando al niño tímido y asustado de su infancia. –Iba a lastimarla. Yo lo vi y no podía… No puedo perderla. –la sola idea lo paralizó. –Quería llevarse a mi luna, igual que lo hizo con ella.
–Hiashi.
-Noto el talento de Hanabi y entonces las hizo luchar a ambas, Kushina. Las enfrento como hacía con Hizashi y conmigo. Pero Hinata... –negó con la cabeza. –Solo tenía que dar un golpe, el último golpe. –remarco con enojo. –Y no lo hizo, ella no lo hizo.
Entonces sonrió ¡y el Ogro jamás sonreía! Era una mueca larga y rota como su estado.
–Pude verlo Habanero, en ese momento ¡Pude ver lo que todos pensaban!
Sintió su propio cuerpo colapsar, pero Kushina estaba ahí para sostenerlo.
-Ogro…
-Todos se niegan a olvidar. –susurro casi contra su oído. –Todos Kushina, me temen, pero no me respetan. No importa lo que haga, jamás borrare mi pasado. Me acosté con una sirvienta y engendré una heredera débil… -la miro a los ojos. –Por eso él jamás la dejara tranquila. Tenía que hacerlo.
Vio el dolor en sus ojos.
-Si ella lo creía todos los demás lo harían, pero… -rio, aunque fue más el inicio de un grito ronco que una risa. –Fue tan difícil. Es igual a su madre, tiene el mismo corazón y gentileza. –reconoció. –Sabía que estaba ahí escuchándome, pero no me importo. ¿sabes por qué? Porque yo sí olvidé, Kushina ¡Yo sí lo hice!
La kunoichi bajo la cabeza.
-Y entonces la denigre e insulte, como si no fuera mi propia sangre. –dijo intentando mantenerse entero. –Hice de todo para quebrar su espíritu y finalmente… desterrarla. Aparté aquella maldita debilidad de mi vista.
–Hana-chan no era débil dattabane.
–¿Entonces era fuerte? –soltó irónico. –¿Ves a mi esposa aquí, Habanero? No ¿verdad? –la miró a los ojos. –Mi esposa está muerta porque fue débil y pude ver esa misma sentencia en los ojos de mi padre, sí Hinata se quedaba conmigo.
–Ogro, yo no sé…
–Estará bien. –la interrumpió. –Ella estará bien. –repitió intentando auto convencerse. –Evalúe cada jounnin de la aldea y Kurenai es la indicada para ella. Será una buena imagen a seguir. Sus compañeros no son de clanes destacables, pero le serán leales. Ella aprenderá a confiar en sí misma y en ellos... Estará a salvo.
–¿Y tú?
Quiso mirarlo, pero los ojos de él volvieron a apagarse, no mostrando más que un blanco vacío.
-La necesitas Ogro.
-Yo necesito que este a salvo. Lo demás no importa. Si me odia o no, no me interesa mientras siga viviendo. –admitió derrotado. –No puedo ser su padre Kushina y tampoco lo merezco. –respondió. –Lo más seguro para ella es que crea todo lo que le dije y se aleje.
–¿De ti?
Hiashi la miro mientras tomaba una de las botellas. –Especialmente de mí. –bebió.
…
…
…
-¿Qué haces?
Kushina tomo una de las botellas llenas, la abrió.
-No hay nada que pueda decirte, que te haga cambiar de opinión. –acepto. –Tú lo dijiste, tomaste una decisión. –se sentó a su lado. –Pero yo no te dejare beber solo.
-Habanero.
Ella le dio otra botella y entonces ambos las chocaron. Pasaron varios tragos amargos y silencio hasta que Kushina hablo.
–La protegeré aquí afuera, dattabane. –dijo sin mirarlo. –Te hare llegar los informes de sus misiones y si está en peligro, estaré ahí para ella.
-Eso no es legal. –susurro él. –No puedes sacar documentos de la torre Hokage.
-Hablare con Minato, él entenderá. –bebió. –La cuidare, Ogro. Cuidare la luna que tu y Hana-chan crearon, es una promesa.
Sintió un temblor a su lado y entonces, las botellas vacías y ella fueron testigos de la solitaria lagrima que cayó de aquellos ojos.
-Gracias.
FIN...
~•~•~🌙~•~•~
Y llegamos al final de esta pequeña entrega
¿Les gustó? ¿No? ¿Pensaron alguna vez está posibilidad?
¿Qué opinan de ese momento Hyuga?
Déjenme todo en comentarios y solo me queda por decir ¡Hasta la próxima!
