Bajo una Luna de Verano

Por: Escarlata

Precure pertenece a Toei, el plot es mío

~o~o~o~o~

La misma situación se repetía cada verano y al menos eso le permitía un plan más sencillo a Mai, ésta vez iba a sorprender a Saki por su cuenta, pero igualmente ayudaría con la fiesta que todo el equipo de softball prepararía para Saki. Ya había dejado de ser sorpresa desde el año anterior, pero eso no evitaba que Saki sonriera de genuina alegría cada vez que le llamaban para festejar su cumpleaños en medio de las vacaciones de verano, y en medio del entrenamiento del equipo.

Lo que Mai tenía preparado era algo sencillo en apariencia, pero si todo salía bien, ese sería un cumpleaños inolvidable. Eso esperaba. Suspiró hondo, estaba un poco distraída y se pinchó el dedo con la aguja por accidente.

"¡Ow!"

"Mai, ¿estás bien?" Kaoru de inmediato se acercó a auxiliarla, ambas estaban en el balcón de la casa de Mai, había suficiente luz para dibujar el paisaje mientras Mai bordaba una toalla que pensaba regalarle a Saki. Tomó a su amiga de la mano y notó una minúscula gota de sangre, de inmediato la limpió con su pañuelo. "Debes poner atención, a Saki no le gustaría saber que te lastimaste mientras preparabas su regalo", le regañó más bien con suavidad.

"Lo siento, estaba un poco distraída", dijo Mai, agradeciendo la atención de la melliza con una sonrisa.

"Pensabas en Saki, ¿verdad?" Ya ni siquiera le sorprendía, tranquilamente regresó a su dibujo. Le faltaba mucho todavía para alcanzar el nivel de atención y detalle que Mai, pero no se presionaba, simplemente disfrutaba de cada trazo, que era una lección que sí se tomaba a pecho y que Mai le mostraba, sin hablar, cada vez que dibujaba. "La fiesta es mañana, terminarás a tiempo".

"Lo sé, es sólo que... Bueno... Estoy nerviosa", desde su tono de voz se le notaba, incluso sus manos temblaban y eso Kaoru no lo notó. La misma Mai se calmó con un fuerte suspiro antes de seguir con su trabajo.

"Sabes bordar bien pero es normal que estés nerviosa, piensas besarla y pedirle oficialmente que salga contigo", comentó Kaoru de manera graciosamente desinteresada.

Mai respingó y volvió a pincharse.

"¡Kaoru!" Reclamó Mai, roja hasta las orejas. Se lamió el dedo para detener el nuevo sangrado. Ahora sí le dolió, tuvo que tomarse un momento para colocarse una bandita adhesiva y poder seguir. "No tienes qué decirlo de esa manera", dijo en claro tono de berrinche.

"Aun así, no sé por qué estás TAN nerviosa, prácticamente sales con ella desde hace casi dos años, todos en la ciudad lo saben", dijo Kaoru mientras peleaba con algunas sombras de su dibujo que no quedaban como ella quería. "Por eso nadie se les ha acercado con intenciones románticas, todos dan por hecho que ustedes dos salen juntas... Como pareja".

A cada palabra que salía de la boca de Kaoru, Mai se sonrojaba más, se ruborizó todo lo humanamente posible pero resistió para evitar otro accidente. No quería volver a pincharse y ensuciar el regalo. Una toalla podía parecer algo simple, pero la que usaba Saki ya estaba desgastada y ella misma eligió esa nueva, estaba hecha de un material resistente y adecuado. Además, la toalla no era el verdadero regalo, era la declaración y el beso como bien Kaoru había dicho.

"Lo haré, ya verás, se lo pediré oficialmente", dijo Mai luego de tomar aire. Miró cómo iba su trabajo y pudo sonreír. El bordado que tenía planeado iba bastante bien. El dibujo de girasol y una luna en la esquina había quedado bien, usar hilos de colores en lugar de pintura era algo nuevo para ella pero sin duda desafiante. Le mostró a Kaoru sus avances. "¿Qué opinas? Me está costando más trabajo del que creí", agregó a manera de excusarse por tardar tanto.

Kaoru abrió los ojos con sorpresa. Mai estaba haciendo un fantástico uso con todos esos hilos de colores, la había acompañado a comprarlos y ahora veía el resultado. Era como si una máquina lo estuviera haciendo, pero con la diferencia que ese bordado tenía la misma calidez y vitalidad que todos los dibujos de Mai. Se quedó sin palabras unos segundos antes de sacudir la cabeza y sonreír ampliamente. A su manera, claro.

"Mai, no tengo manera de describirlo, es demasiado bueno", dijo, mirando más de cerca para admirar los detalles. Estaba ese girasol abierto a todo lo amplio como si estuviera a punto de dar un abrazo, y luego una luna llena encima con sus cráteres detallados con una mezcla de hilos grises y blancos. Un girasol abierto en una noche de luna llena. "La mezcla de los hilos para crear tonos cálidos y luego fríos... Todo es fantástico, Mai".

"Muchas gracias", agradeció Mai con un sonrojo más suave en las mejillas. Kaoru le devolvió la toalla y siguió trabajando para terminar a tiempo, se estaba haciendo tarde y lo último que necesita era estar desvelada en la fiesta de Saki.

El equipo completo de softball estaría tres días y dos noches en su campamento de entrenamiento intensivo. Había muchos rostros nuevos, nuevas amistades y nuevas compañeras de club para ambas, pero lo que más le gustaba a Mai era que la sonrisa y la vitalidad de Saki siempre contagiaba a todos a su alrededor. Su Saki sin duda era la más hermosa de las flores, una que hacía sonreír a todos. Esperaba que Choppi y los demás pudieran llegar, eso sin duda pondría contentas a todas.

Mientras Mai y Kaoru estaban en lo suyo en casa de los Mishou, Michiru llegaba a la escuela preparatoria a dejar la dotación de panes para todo el equipo de softball. Las chicas del club le recibieron con bastante alegría y la maestra encargada/entrenadora del club mandó un descanso obligatorio para que todas pudieran comer y recuperar fuerzas. Nadie le iba a decir que no a los panes recién horneados de los Hyuuga, mucho menos la heredera de la panadería.

Saki comía con ganas, con genuino apetito y mucha alegría. Y con tanta rapidez que se estaba atragantando. Una apenas sorprendida Michiru le acercó un jugo que Saki rápidamente bebió.

"¡Gracias, me salvaste!" Exclamó una contenta Saki y retomó su ataque a los panes, los choco-korone eran sus favoritos. "Y gracias por traernos el pan", continuó, procurando pasar su bocado en turno antes de hablar, no quería atorarse de nuevo y morir de la más lamentable manera. Eso sí, miró a Michiru con un gesto digno de tragedia. "¿Y Mai? Hoy tampoco vino", dijo, como si no hubiera visto a Mai en años.

Michiru suspiró hondo, no era como si Saki no se mandara mensajes con Mai todas las noches antes de dormir, aún a riesgo de dormirse tarde. El gesto de Saki era tan intenso que caía en lo cómico, en lo exagerado. Suspiró hondo y le dio un golpe en esa enorme frente suya con un dedo.

"Hablas como si no supieras lo que está haciendo justo ahora", dijo Michiru y ella misma se echó un pan a la boca.

"Ya lo sé, pero", Saki siguió comiendo, gesto de tragedia incluido. Estaba al tanto de que todas preparaban una fiesta para ella y que Mai seguramente hacía un regalo para ella. Mai no compraba regalos, Mai las hacía y eso era algo que amaba tanto de ella.

Suspiró hondo.

Amar.

Pensar nuevamente en esa palabra la hizo sonrojar hasta la orejas. Pensar no era precisamente el fuerte de Saki, pero ésta vez sus neuronas parecieron activarse ante la idea de que necesitaba a Mai a su lado sin importar lo que hicieran. Necesitaba ver a Mai al menos una vez al día. Simple y sencillamente no se veía a sí misma sin Mai tomada de su mano. ¡Pero cómo desear que estuviera ahí cuando era la persona que ocupaba su corazón como ninguna otra! Su gentil gesto, su voz suave, esos ojos perspicaces que veían cosas que uno no, esas manos que podían crear mil y un maravillas y que a su vez la sujetaban con una inesperada fuerza. La forma en la que la llamaba sin importar su tono, incluso cuando llegaba a enfadarse.

Ésta vez el sonrojo fue tan intenso que era imposible que pasara desapercibida.

"Saki", le llamó Michiru con un tono monótono de voz.

El corazón se le aceleró, estaba a nada de taparse la cara con ambas manos.

"¡Saki!"

"¡Ah!"

Saki respingó y Michiru sólo lanzó un suspiro cansino. Todas las chicas del equipo e incluso la profesora vieron eso antes de echarse a reír. Michiru se llevó una mano al rostro y finalmente sonrió, Saki era un desastre en ese momento.

"¡Hey, Hyuuga! ¡Deja de soñar despierta con Mishou!" Dijo una de ellas antes de que todas rieran más fuerte, en ningún momento era una burla, era la simple reacción ante una pareja que restregaba su amor incluso por separado.

La pobre Saki estuvo a punto de caer fulminada por la pena... ¡¿Cómo supieron que estaba pensando en Mai?!

"Se te nota en toda la cara", respondió Michiru aquella pregunta que Saki no pudo ni decir. En serio se le notaba en toda la cara, valga la redundancia.

"Yo, bueno... Ah".

"¡Terminen de comer, anden, les quedan veinte minutos de descanso antes de retomar los ejercicios!" Dijo en voz alta la entrenadora y todas dijeron un 'sí' al unísono. El ambiente finalmente se calmó y las chicas que ya habían terminado de comer, se dedicaron a descansar.

Saki aún no terminaba de comer. Miró a Michiru con gracioso reproche.

"Ten un poco más de paciencia, ¿de acuerdo?" Le dijo con un gesto calmado, con el que esperaba a su vez calmar a Saki.

"De acuerdo", respondió Saki cual niña regañada. Luego de comer su pan en turno, le sonrió a su amiga. "Sé que lo que está preparando para mi valdrá la pena".

"Así es", eso ni siquiera había que ponerlo en duda, "tú da todo de ti en el entrenamiento, ¿de acuerdo?"

"¡De acuerdo!"

Una recuperada Saki finalmente pudo terminar de cargar combustible, descansar y seguir con el entrenamiento restante del día. Saki estaba bastante contenta con todo hasta el momento, pero todo sería mejor cuando pudiera ver a Mai de nuevo.

~o~o~

El día siguiente era el último del entrenamiento planeado para el equipo femenil de softball, la última actividad del día era un partido entre los dos equipos que se podían formar con todas las chicas del club. Superiores y novatas estaban mezcladas a como la capitana y la entrenadora lo tenían planeado. Sería un partido completo con todas sus reglas y más de un curioso llegó a presenciar el partido.

Luego del partido y de asearse sería la fiesta de Saki, ya se lo habían advertido a la chica del cumpleaños e incluso le dijeron que debía actuar sorprendida como si no supiera nada. Saki dio su palabra de irse de espaldas de ser necesario. Sabía que sus amistades y familia estarían ahí, así que eso le daba todos los ánimos que necesitaba para cerrar ese día con broche de oro.

Pero sin duda a quien más esperaba era a Mai.

Y Mai llegó, acompañada de Michiru y Kaoru, quienes cargaban dos enormes canastas de pan. Mai iba con las manos sospechosamente vacías.

La joven artista pudo terminar el bordado en la toalla y luego de eso la lavó para que no oliera a la tienda, por decirlo de alguna manera. Quería que tuviera un aroma más cómodo para Saki. Además, los hilos debían terminar de expandirse en el material para que no quedara arrugado.

Llegó poco antes de que comenzara el partido, justo a tiempo.

Las miradas de ambas coincidieron al mismo tiempo al momento que Mai pisó la cancha. Era como si supieran en qué sitio exacto se encontraba su compañera. Ambas sonrieron al mismo tiempo y fue Saki la que corrió hacia Mai a toda velocidad. Sus compañeras de equipo pudieron notar esa brillante y cegadora sonrisa en la cara de Saki apenas notó a Mai. Si brillaba más dejaría ciego a alguien. Decidieron ignorarlas, era lo más saludable.

"¡Mai!" Exclamó Saki con contento mientras cargaba a Mai y daba un par de vueltas sin soltarla. No podía dejar de sonreír. "¡Al fin viniste!"

"No me perdería tu partido, aunque sea de práctica", respondió una feliz y ruborizada Mai mientras se sujetaba de los hombros de Saki.

Las mellizas pusieron un gracioso gesto de aburrimiento.

"Hola, mis queridas amigas Michiru y Kaoru, muchas gracias por venir a mi partido", dijo Michiru mientras imitaba la voz de Saki, por supuesto que estaba reprochando a su manera.

"Muchas gracias por traer ese pesado pan para todo el equipo", continuó Kaoru ahora con mueca de burla, también imitaba la voz de Saki. Era increíble como esas dos parecían olvidarse del mundo a su alrededor.

"Ah", Saki, sin bajar a Mai de sus brazos, se sonrojó bastante. Mai también, por cierto. "¡Ja, ja, ja! Lo siento, lo siento… Ah", se aclaró la garganta. "Muchas gracias por venir a ver el partido y por traer el pan", dijo, finalmente ganándose la sonrisa de las mellizas.

Las cuatro se echaron a reír de buena gana. Saki al fin puso a Mai en el suelo pero no por ello se despegó de ella, de hecho ahora las dos estaban tomadas de las manos.

Lo mejor era escapar, eso pensaron las mellizas.

"Iremos a dejar el pan adentro", dijo Michiru, obviamente hablaba del salón que serviría para la fiesta de Saki.

"Estaremos en primera fila, Saki, ánimo", continuó Kaoru y ambas hermanas se fueron a paso veloz antes de que el par empezara de cursi.

Saki y Mai se despidieron de sus amigas antes de mirarse, sonreír y acercarse un poco más entre sí sin percibirlo. Eran movimientos naturales, inconscientes, como si tuvieran un par de imanes que las obligara a buscar la cercanía mutua.

"Quería verte", confesó Saki mientras estrechaba las manos de Mai con cariño. Le encantaba ver cómo sus manos, grandes y a momentos toscas, se acoplaban bien con las delicadas manos de artista de Mai.

"Yo también, te eché de menos estos días. Lamento no haber venido, pero estaba preparando algo", respondió una feliz Mai mientras pegaba su frente a la de Saki, le miró a los ojos. Estaban tan cerca y podía sentir sus alientos chocando. Tragó saliva. Le gustaban las cálidas manos de Saki. Ésta vez tomó aire de manera profunda. "Feliz Cumpleaños, Saki. Quiero darte tu primer regalo ahora", dijo y se le soltó.

Saki sonrió de manera amplia y asintió varias veces con visible y brillante contento.

Mai sacó algo envuelto en un papel brillante de entre su ropa y se lo dio a Saki. Ésta de inmediato lo abrió y sonrió ampliamente. Era una toalla, parecía una sencilla toalla para que ella pudiera usarla en su club, pero lo que la hacía mil veces más valiosa y única era el bordado en una de las esquinas.

Una luna llena rodeada de un cielo nocturno. Y bajo la brillante luna, un girasol con todos su pétalos abiertos. Imposible no pasar por alto en qué se inspiró Mai para ese diseño. La brillante flor dorada, Cure Bloom. La Luna que guía en el cielo, Cure Bright. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero no lloró, resistió como campeona. Lo que sí hizo fue abrazar a Mai con fuerza apenas medida, por lo menos tenía siempre en mente que la constitución física de Mai era más delicada que la suya.

"Gracias, Mai, me encanta", le dijo Saki al oído.

"Por eso tardé un poco, es la primera vez que hago algo tan trabajado con hilo", respondió Mai con una sonrisa llena de contento, correspondió el abrazo de su compañera con cariño y con toda la fuerza que pudo reunir. "Úsala en tu partido de hoy".

"Lo haré. Gracias, Mai".

Se quedaron pegadas en su amoroso abrazo un poco más, sólo un poco más antes de que un recién llegado las viera y sintiera de inmediato ese golpe de amor, uno que más bien se sintió como un ladrillazo por media cara. Era Kenta, que por fortuna no era de los que se callaban.

"¡Ustedes dos, basta por favor!" Gritó Kenta con horror.

"¡Kenta!" Reclamó Saki, roja como tomate. No se alejó de Mai, por cierto, y ésta no se le despegó a Saki.

"Ya va a comenzar tu partido, corre", dijo el chico señalando al centro de la cancha, las jugadoras se estaban reuniendo. Sonrió con cierta gracia al ver que el par al fin se soltaba.

"¡Debo irme, Mai!"

"¡Ánimo, Saki! ¡Diviértete!"

Saki fue corriendo con sus compañeras y Mai fue junto con Kenta a las gradas. El partido estaba por comenzar.

~o~o~

El partido fue bastante divertido y didáctico para todo el equipo, y la fiesta de cumpleaños de Saki fue lo bastante animada y a una hora muy adecuada como para que todos pudieran ir a casa antes del anochecer. La mitad del cielo parecía arder en una luz dorada que poco a poco se oscurecía hasta volverse violácea y después un azul profundo. Se veían estrellas y una enorme luna llena coronando el firmamento.

Saki y Mai estaban sentadas en las gruesas raíces del Árbol Celestial, acomodadas lado a lado y tomadas de la mano mientras contemplaban el cielo en silencio. Al menos hasta que Saki sintió que debía hablar.

"Gracias por la toalla, es muy suave y además olía a ti", dijo una feliz Saki.

"Busqué una de un material adecuado que no te irritara la piel", comentó Mai con la misma alegría.

"En la tarde dijiste que la toalla sólo era mi primer regalo", por supuesto que no se había olvidado de ese detalle. "¿Cuál es el otro?"

Mai se sonrojó intensamente y asintió con levedad. Era hora.

Miró a Saki con el ceño fruncido, con un gesto que se debatía entre mostrarse decidido y nervioso. Un poco de ambos en realidad. Saki pareció confusa y luego curiosa al ver que Mai se ponía de pie y la hacía ponerse de pie frente a ella.

"¿Mai?"

"Saki… Verás", las palabras de Mai salieron de manera accidentada.

"Te escucho".

"Tú sabes que… Bueno, no sé si te lo han comentado Michiru o Kaoru o alguien más", la pobre artista no encontraba el valor ni las palabras adecuadas para ir directo al punto, culpa de los nervios. "Que es como si nosotras saliéramos como… Tú sabes… Como pareja".

Saki se sonrojó más pero pudo asentir.

"Sí, lo he escuchado un par de veces", un par de veces por semana al menos desde hacía bastante, pero no lo mencionó.

"Saki, yo", Mai tomó aire y sujetó las manos de Saki con fuerza. "Me gustaría que… Tú y yo… Nosotras… Verás", la voz de Mai se hacía cada vez más y más pequeña mientras bajaba el rostro, hasta que sólo eran murmuraciones inentendibles las que salían de sus labios.

"¿Mai?" Saki se acercó un poco más para tratar de escuchar mejor lo que Mai trataba de decir. Se acercó tanto que sus frentes se pegaron, las puntas de sus narices también. Tragó saliva al sentir el cálido aliento de Mai chocar contra el suyo.

Y entonces sucedió.

"Feliz Cumpleaños, Saki. Gracias por nacer, eres lo mejor que me ha pasado en la vida".

Mai levantó el rostro y sus labios se rozaron con los de Saki. Ambas temblaron y Saki no pudo reaccionar, no cuando la boca de Mai se pegó a la suya en forma de un dulce beso. Bastó sentirla dos segundos para corresponder ese beso como era debido.

Para Mai fue como ver estrellas, sentir la más cálida caricia del sol. Esa suavidad y ese calor que le regalaban las manos de Saki eran demasiado como para mantenerse cuerda. Simplemente se entregó.

Para Saki fue como el gentil golpe de una brisa fresca en medio del verano, fue seda rozando sus labios hasta hacerlos temblar. Fue como ver un amanecer brillante que prometía un hermoso día.

Un primer beso dulce y memorable.

Ambas despegaron sus labios mientras trataban de procesar lo que había sucedido. No soltaban sus manos ni se separaban. Mai finalmente pudo hablar y mirar a Saki a los ojos.

"Salgamos como pareja, Saki. Sal conmigo, sé mi novia".

Saki se sintió desmayar y tuvo que abrazar a Mai para no caer al piso, ¡las piernas le estaban temblando! Incluso su corazón se aceleró al punto de sentir que su cuerpo entero latía. Tomó aire de manera honda. Bastó que Mai, que igualmente temblaba, la abrazara para que ambas pudieran tranquilizarse, incluso suspiraron.

"Sí, sí quiero". Una sobrepasada Saki levantó a Mai en brazos, pese a tener toda la cara roja, no dejaba de sonreír. "Seamos novias, Mai, y volvamos a besarnos cuando queramos, ese beso me gustó".

"A mí también", respondió Mai abrazando por el cuello a Saki. "¿Puedo besarte de nuevo?"

Y ésta vez fue Saki quien la besó, justo bajo la luna llena de ese hermoso verano.

FIN