Capítulo 2: Un no tan cálido reencuentro.
¿Cuál es el verdadero propósito de un caballero? ¿Es acaso dar tu vida por la persona que has jurado lealtad? ¿Será que se trata de luchar por la justicia? ¿Ayudar al débil y salvar al inocente? Sea cual sea la cuestión, todos estos códigos están escritos en piedra para cualquiera que pretenda emplear esta noble labor.
Dentro de unas mazmorras, una mujer de cabello rosa, piel blanca, ojos azules como el océano profundo, que vestía con harapos sucios y rasgados, era llevada presa por dos soldados con armadura, quienes la empujaban para que pierda su postura y así poder humillarla, pero la muchacha siempre mantenía su cuerpo firme y la cabeza en alto.
—Mírate, Seaetto —se burla el primer soldado—: Estás a punto de pasar el resto de tus días pudriéndote en una celda. ¿Todo para qué? Porque tu difunto padre dio su vida para defender a esos apestosos animales, y ahora gracias a que tú pretendías seguir su ejemplo es porque estás aquí.
—Seh —agrega el otro—. No te costaba nada seguir las instrucciones de nuestro rey y mandar a esos semihumanos directo a una pocilga, pero tenías que revelarte contra él. Y ahora, las tierras de tu viejo son propiedad de otro noble y todos eso adefesios irán a donde pertenecen. ¿No es eso divertido, Eclair?
La cara estoica de Eclair mostraban ligeros signos de volverse una mueca de tristeza. Merecía un premio por no romperse y mantenerse firme después de todo lo que tuvo que pasar. Ni siquiera tuvo la oportunidad de llorar y enterrar a su padre de la forma adecuada, ya que ni bien pasó a mejor vida, esa panda de buitres pretendía tomar sus territorios y esclavizar a sus habitantes; cosa que ella intentó impedir, pero falló estrepitosamente y ahora su nuevo hogar será una celda.
Los soldados abren una puerta de rejilla, entrando después en un cuatro de no más de tres metros cuadrados de diámetro con una cadena unida a unos grilletes colgada del techo. Las muñecas de la caballero son ajustadas con los grilletes que la dejaban colgando unos pocos centímetros separada del piso.
El primer soldado sale de la celda de inmediato, pero el segundo se queda para dedicarle unas palabras:
—Esperemos que su majestad sea generoso contigo y te proporcione una dieta libre de gusanos, ¿no lo crees? —y azota con su palma el trasero de la chica antes de salir de la cela entre carcajadas—. ¡Ja, ja, ja, ja!
Eclair frunció el ceño para apaciguar las ganas de estrangular a este descarado hombre que se hace llamar caballero, para luego abrir los ojos y ver a sus captores alejarse para que las ratas y otros millones de plagas sean su única compañía. Cuando de pronto…
—¡Yujuh~! —se escucha desde el fondo del pasillo.
Los caballeros que pretendían abandonar la zona de pronto voltean hacia atrás, sólo para encontrar que un hombre bajo y regordete les estaba sacudiendo la mano desde dentro de una celda al final del pasillo.
Al ver que tenía la atención de los sujetos con armadura, Mario decido hablar:
—¡Hey, paisanos~! Lamento interrumpirlos hasta ahora, pero se veía que estaban haciendo algo importante y no quise interrumpir. ¿Podrían echarme una mano?
Fuera de su aspecto extraño, el par de soldados se miró el uno al otro para compartir el sentimiento de incertidumbre acerca del extraño hombrecito dentro de la cela.
—¿Lo conoces? —pregunta el primero, señalándolo con el pulgar.
—No, hasta donde sé, esa celda estaba vacía —responde el otro, encogiéndose de hombros.
—Entonces debe ser un recién llegado.
—No lo creo: Seaetto es la primera prisionera después ejecutar a los reos que estaban antes.
—Entonces, ¿de dónde salió?
—¿Y a mí qué me preguntas? Estoy igual de confundido como tú.
—Bueno. Si está allí es por algo, así que no le demos más vueltas al asunto
Ambos soldados se encogen de hombros y se dan la vuelta nuevamente para salir de los calabozos, ignorando al pequeño fontanero que llamaba su atención.
—Oh, no~: Se fueron —se queja Mario con los ojos en blanco al ver que los soldados pasaron de él—. Bueno, que no me digan que no lo pedí amablemente.
Echando su mazo hacia atrás, el fontanero comienza a cargar poder estelar en el arma, hasta que un flash de luz le indica que está listo, para luego abanicarlo hacia delante y mandar volando la puerta de la celda hasta el otro lado del pasillo.
A Mario no le sentaba bien escapar de una prisión de esta forma, pues siempre respetó la ley a donde quiera que vaya. Pero ahora mismo necesita información de dónde está y los guardias de antes no quisieron ayudarlo, por lo que se vio obligado a salir abruptamente del lugar lo antes posible.
Recargando su mazo en la espalda, Mario luego toma camina fuera de la cela y a través del pasillo por donde él intuye que es la salida.
—¡Oye, tú! —llama una voz femenina desde el interior de una de las celdas.
La superestrella voltea a su derecha para encontrar a una mujer de cabello rosa que vestía harapos colgada del techo con unas cadenas.
—¿Cómo escapaste? ¿Fuiste tú el que mandó a volar esa puerta? ¡Vuelve a tu celda ahora mismo! —regaña la mujer.
—¡Jo, jo, hola~! —expresa Mario, acercándose a los barrotes de la celda en donde estaba la mujer—. Me parece que hay un malentendido aquí, señorita. Verá: No hace mucho estaba en medio de una misión de rescate, cuando de un momento a otro me encontré encerrado en esa prisión. Necesito información del lugar en donde me encuentro, y no la voy a obtener encerrado en esa celda.
El hombrecito era nada más que peculiar para Eclair: Tal vez sea por sus extrañas ropas, su gran nariz o el inusual acento con el que hablaba. Sin embargo, lo que le hizo fruncir el ceño fue que de su boca no salía nada más que incoherencias. Se le hizo difícil a ella creer que este sujeto estaba en otro lugar y de repente apareció aquí. Puede que sólo sea una mentira para escapar de las manos de la caballero, pero con ella encadenada, ¿qué razón tendría para dar una explicación antes que simplemente huir?
—Hmm, no sé. Pienso que lo que dices es una mentira para poder escapar, pero tus gestos y lenguaje corporal me muestran que dices la verdad: He tratado con muchos bandidos y estafadores para poder identificar una mentira. Pero aun así, no creo que hayas aparecido así por así dentro de esa celda.
—Uh, bueno, sé que no parece algo muy lógico, pero es la verdad —Mario decidió omitir lo del martillo mágico por el momento. No sabía por qué, pero sentía que era algo muy importante cuya difusión de información debía tomarse a la ligera —. ¿Y por qué está usted encerrada, señorita? Por lo que veo, es la única residente de este calabozo, lo que también me causa intriga.
Eclair cerró los ojos por un momento, decidiendo si era buena idea hablar con el hombrecito extrañamente vestido. No sabía qué era, pero el sujeto al otro lado de los barrotes desprendía una inexplicable aura de confianza y seguridad.
—Como ya has de saber: Aquí, en Melromarc, los semihumanos son discriminados y esclavizados por los humanos. Su majestad, la reina, intentó cambiar eso proporcionando varios territorios a nobles que apoyan su causa para que muchos semihumanos puedan vivir en paz en este país; y mi padre era uno de esos nobles. Pero… —la caballero paró por un segundo, y Mario notó que su mandíbula hizo un errático movimiento mientras fruncía sus labios para tratar forzosamente de mantenerse firme—. …Lamentablemente falleció durante la primera Ola.
La empatía le dio a Mario un fuerte gancho en el estómago, y ahora se sintió mal por sacar a relucir un tema desagradable para la señorita.
Por otro lado, varias de las palabras que salían de la boca de la chica resultaban conflictivas para el fontanero: "¿Discriminación?" "¿Esclavitud?" Había pasado mucho tiempo desde que Mario había escuchado esas palabras. Claro, todo en el Reino Champiñón parecía tan feliz y pacífico que se había olvidado completamente de la existencia de cosas como esa. Pero no era desconocido para él, pues la historia de la tierra de donde venía estaba plagada de esas desagradables actitudes.
Luego estaba ese término otra vez: "Ola". Quizá pueda descubrir más a fondo qué es eso con la ayuda de la señorita; así como también preguntarle qué eran esos "semihumanos" que también nombró.
—Lo siento —se disculpa Mario, quitándose la gorra y arrugándola en frente suyo—. Mi más sentido pésame.
—Te lo agradezco —responde Eclair complaciente—. Continuando: El Rey de Melrcomar comparte las conductas discriminatorias hacia los semihumanos, tanto como el resto del reino. Así que, cuando se enteró que el territorio de mi padre quedó desprotegido, no tardó en enviar soldados a que capturaran a los sobrevivientes de la aldea para capturarlos y venderlos como esclavo; niños incluidos…
La cara de Mario se volvió pálida de horror cuando la escuchó decir aquello. Ni siquiera Bowser era tan perverso como para capturar niños y someterlos a la esclavitud.
— …Yo intenté oponerme a él e impedir que ese vil acto se lleve a cabo —continúa—. Pero, como era de esperarse, me acusó por traición y me arrojó en esta celda.
Mario apretó el puño para indicar que estaba enojado: No conocía a este Rey, pero ya estaba agregado a su "lista de sujetos que merecen un buen martillazo y una bola de fuego en el trasero". Claro, siempre está la posibilidad de que la mujer estuviera mintiendo para que empatizara con ella y la deje salir; pero él también tenía experiencia lidiando con villanos y estafadores, así que sabe identificar una mentira y, con toda seguridad podía decir la mujer estaba diciendo la verdad.
—Vaya, eso es… terrible —opina Mario, ajustando su gorra de nuevo.
—Concuerdo: No sé de dónde saca el rey tanto odio, pero está provocando mucho sufrimiento alrededor del reino.
Luego de pensar por unos segundos, a Mario se le ocurre una idea que no duda en compartir:
—¡Lo tengo~! —expresa con un cambio de emoción anormalmente rápido—. ¡Tal vez no sea demasiado tarde! ¡Podemos ir a esa aldea de la que hablas y ayudar a esos "semihumanos" para que no sean esclavizados! ¿Qué dices?
La caballero dejó salir un quejido de sorpresa: ¿Este sujeto hablaba en serio? ¿De verdad planea ayudar a una mujer que apenas conoció a enfrentarse a un grupo de soldados, para evitar que muchos semihumanos sean esclavizados? Era algo surreal a su opinión.
—Tu declaración es algo noble, señor. Pero, por si no te habías dado cuenta: Estoy encadenada aquí. Además de que, cuando salgamos de estas mazmorras, habrá una legión de soldados que obstaculizarán nuestro camino, así que escapar es muy difícil; hasta imposible, diría yo.
—Oye, sólo tengo 24 años para que me digas "señor". Y bueno, no sería la primera vez que hago cosas imposibles —declara con seguridad.
Una vez más, el hombre regordete le transmitía a Eclair una inexplicable sensación de confianza, seguridad y alegría.
—Veo que hablas con franqueza, joven. Pero creo que, hasta este punto, los soldados ya habrán capturado y vendido a todos los habitantes de Lurolona.
—Entonces iremos a buscarlos para liberarlos. Luego, reconstruiremos la aldea y los protegeremos de cualquiera que quieran hacerles daño. ¿Qué opinas?
Eclair esbozó una sonrisa, impresionada de la determinación de aquel pequeño hombre.
—Está bien, joven de rojo. Si puedes sacarme de aquí: Juntos, ayudaremos a los semihumanos que injustamente fueron esclavizados.
—¡Ya rugiste! —exclama Mario, sacando su mazo.
El fontanero nuevamente comenzó a cargar poder estelar en su arma para impresión de Eclair —pues nunca había visto ese tipo de magia en su vida—, hasta que un destello le dio el indicativo de golpear la puerta de la celda, la cual terminó en el fondo del cuarto; incrustada en la pared.
De pronto, Mario se puso a pensar en distintas formas de liberar a la caballero, recordando así una de las variaciones que tenía el arma mágica que portaba, derivada del power-up de la Hoja Tanuki:
—¡Oki, doki~! Si mal no recuerdo: Las habilidades de esta arma se activaban por voz, así que: ¡Tanuki! —recita Mario, para que una cortina de humo lo envuelva, dejando ver cuando esta se disipa que el fontanero obtuvo un par de orejas redondas que sobresalían de su gorra, y una cola pomposa de pelaje marrón con patrones de rayas más oscuras.
La mandíbula de Eclair cayó al piso por la escena antes sus ojos. ¿Fue este hombre siempre un semihumano? ¿Estaba usando magia de ilusión para ocultarse o algo así?
Pero Mario no perdió tiempo en admirar la cara de sorpresa de Eclair, y pegó un salto lo suficientemente alto para alanzar la cadena que colgaba del techo.
—¡Yá~! —expresa el fontanero, girando sobre su propio eje para golpear la cadena con su cola, la cual se rompió como el cristal y dejó caer a la caballero de trasero hacia el piso.
—¡Ouch! —se queja Eclair, sobándose la retaguardia—. Pudiste haber avisado.
—Je, je. Lo siento —se disculpa mientras se sobaba la nuca—. Ahora, vamos a-
—¡Espera! —interrumpe Eclair mientras se incorpora—. Al fondo a la izquierda, está el almacén del calabozo: Mi armadura y espada están ahí, pero creo que está vigilada por unos guardias.
—Hmm, ¡no hay problema~! Déjamela a mí —exclama golpeando su pecho.
El fontanero camina cautelosamente hasta la dirección dada por Eclair, encontrando una especie de habitación pequeña con otra puerta en el fondo, y dos soldados sentados en una mesa jugando cartas.
De repente, uno de los soldados queda atrapado dentro de un gran bloque de hielo, lo que sorprendió al otro que no tuvo tiempo de reaccionar, pues el mismo bloque es pateado hacia él hasta chocar contra una pared, lo que rompe el bloque y deja a ambos soldados noqueados.
—Bueno, eso fue fácil —comenta Mario, volteando a ver a Eclair—. ¡Despejado, señorita!
Eclair caminó hasta a la habitación y vio a los dos soldados noqueados, entrando luego al almacén para ver si su equipamiento seguí allí.
Mientras esperaba que Eclair salga, Mario encuentra una ventana hasta la cual camina y se asoma, quedando impresionado al ver que todo el castillo estaba construido sobre una especie de acantilado. Lo que además de hacerle preguntar por qué la gente tenía la manía de construir castillos en lugares extraños, le dio una idea de cómo escapar pasando desapercibidos.
—Estoy lista —informa Eclair, saliendo del cuarto y ahora vistiendo una chaqueta de cuello alto color negro con dos franjas verticales naranja suave por el centro, así como el área de los hombros, cuello y mangas que estaban dobladas hacia afuera.
Portaba dos rubíes: Uno en el cuello y otro haciendo de hebilla para un cinturón blanco que recargaba una funda de espadas negra. También portaba botas del mismo patrón de colores que su chaqueta y pantalones blancos.
—Wow, ¡te ves increíble, señorita! —opina Mario.
—Agradezco el cumplido —responde Eclair—. Ahora, hay que idear un plan para salir de aquí
—Oh, de hecho, ya tengo uno. ¡Súbete a mi espalda! —declara sin más, agachándose un poco.
—… ¿Perdón? —cuestiona confusa, esperando que este hombrecito no sea en realidad un pervertido.
—¡Vamos, confía en mí!
Otra vez, Eclair se vio afectada por la amigable aura del sujeto, lo que no le dejó más opción que confiar en él. Se subió a su espalda, con sus brazos rodeando su cuello y sus piernas siendo sostenidas por el fontanero.
—Espero no intentes nada gracioso —advierte ella con severidad.
—Je, no te preocupes: Sólo tengo ojos para una chica en este mundo —responde con una sonrisa y mirándola de reojo.
Mario no se había dado cuenta antes, pero en la parte baja de su visión había aparecido una fila de flechas azules con bordes blancos; y al final de esta, un óvalo alargado con una "P" dentro.
—¡Muy bien, aquí vamos! —exclama Mario, comenzando a correr hacia la ventana, dejando una estela de polvo como rastro. A medida que iba corriendo, cada flecha en su visión iba cambiado de color azul a rojo consecutivamente, como si se estuviera llenando de alguna forma.
Eclair vio a través del plan del hombrecito, y no le gustó para nada.
—¡O-Oye, ¿qué estás haciendo?! ¡Espera, espera! ¡ESPERA! —gritaba desesperada, en un intento fallido de detener al fontanero.
Entonces, el símbolo con la "P" comenzó a parpadear epilépticamente, justo a tiempo cuando Mario llegaba hasta la ventana por donde pega un gran salto y sale disparado hacia el acantilado.
—¡Waaaaaah! —gritó Eclair en pánico, cerrando los ojos para esperar su inminente final.
Pero, cuando los abrió, la caballero no pudo describir la sensación de ver que estaban surcando el cielo a gran velocidad.
—¡¿Q-Qué?! ¡¿Cómo, como lo haces?! —exclama conmocionada.
—Sólo un viejo truco —responde sin más.
La caballero se estaba deleitando con la vista: Volaban sobre lo que parecía ser una cuidad alrededor del castillo, en donde los carruajes, mercados, tiendas, personas y monstruos se veían mucho más pequeños de lo normal.
—¡Esto es increíble! ¡Continúa por esta dirección! ¡Si seguimos con este ritmo, llegaremos a Lurolona en poco tiempo!
Pero como si el universo estuviera de humor para burlarse de ella, el dúo de pronto detuvo su avanzar y empezaron a desplomarse hacia el piso.
—¡WUAAAAA! ¡¿QUÉ PASA?! ¡¿POR QUÉ ESTAMOS CAYENDO?! —grita llena de pánico, aferrada al cuerpo de Mario para evitar salir volando lejos.
—¡Tú tranquila! ¡Sólo sujétate! —ordena Mario.
—¡¿CÓMO QUE "TRANQUILA"?! ¡ESTAMOS CAYENDO!
Ya a unos cuantos metros del suelo, el fontanero estira sus brazos y comienza a mover las piernas de forma cíclica, haciendo que su descenso sea cada vez más suave hasta aterrizar con normalidad en un callejón.
Cuando se bajó de Mario, la caballero dio unos torpes pasos hacia atrás y se apoyó contra una pared, mientras respiraba pesadamente y sostenía su pecho.
—¿P-Por qué hiciste eso? —pregunta con nerviosismo en su voz.
—Je, je. Lo siento por el mal rato, pero el poder de la Hoja Tanuki sólo me permite volar durante cierto tiempo. Hay hojas me permiten volar ilimitadamente, pero son extremadamente raras —se disculpa en fontanero.
Eclair pega unos cuantos respiros y tose sobre su puño para afinar su tono, antes de responder.
—Está bien. Escapamos, es lo importante. Tus habilidades y fuerza me han impresionado, joven…
—It's a me: Maario~! —exclama, extendiendo la mano.
—Eclair Seaetto. Es un gusto, Mario-san —responde, correspondiendo el saludo.
…
Caminando por la cuidad, Mario volteaba la vista de un lado a otro, observando todos los elementos de su interés que se le presentaban alrededor: Carruajes siendo tirados, unos por animales tipo lagarto que le recordaban a un viejo amigo; y otros por grandes aves parecidas a los avestruces. También había mucha gente vestida como si estuvieran en una convención medieval, y tiendas que vendían todo tipo de artículos que se le hacían extraños al fontanero.
Pero entre todo ello, Mario podía notar que la mayoría de la gente le pagaba una mirada de disgusto y no sabía por qué. Luego vio una escena que hizo que su corazón se encoja: Dos niños con orejas y colas de animales que vestían harapos, eran sometidos a trabajos forzados por un sujeto vestido con ropas elegantes que tenía un látigo en sus manos.
Había pocas situaciones en las que Mario en verdad sentía rabia, y esta era una de ellas. Y cuando uno de los niños cayó al piso por aparente cansancio y recibió un par de latigazos, Mario no pudo más y pretendió caminar hacia allí para darle una lección a ese hombre y ayudar a esos pequeños. Pero es detenido por una mano en su hombro, que era de Eclair.
La caballero había visto a través del fontanero e intentaba detenerlo para que no cometiera una locura.
—¿Qué sucede? ¿Por qué me detienes? —cuestiona Mario impaciente y con una mirada severa.
—No, Mario-san. Si haces algo respecto a eso, llamarás la atención de los guardias y se nos hará más difícil escapar.
—¡Pero, esos niños…!
—Te entiendo, pero no podemos hacer nada: La esclavitud aquí es legal. Además, ellos tienes una marca que les hará daño si desobedecen a su amo. Así que cualquier cosa que intentes, sólo los lastimará.
Mario entiende el sermón de la caballero y pega una última mirada a los niños, para luego cerrar la los ojos y girar la vista, sintiéndose impotente.
—Está bien. Esos niños… tenían colas y orejas de animales. ¿Son esos los semihumanos de los que me hablaste?
—Uh, así es. Pero, se me hace extraño que preguntes qué es un semihumano, cuando claramente eres uno.
—¿Hm? —Mario ladeó la cabeza en confusión por lo que dijo Eclair—. No soy un semihumano.
—¿Cómo qué no? Pero… —Eclair estaba a punto de seguir discutiendo, pero se dio cuenta de que tenía asuntos más importantes que atender—. No importa, tenemos que ir a Lurolona lo más rápido posible. Diría que compremos un filolial y lo montemos hasta allí, pero me da pena decir que no cuento con nada de liquidez ahora mismo.
—Je, tranquila, yo me encargo.
Mario giró la cabeza para observar alrededor, deteniéndose en un puesto con un hombre te tenía a varios filoliales atados a un poste y una canasta de huevos en el mostrador.
—Yuju~ —saluda Mario al comerciante—. Me gustaría adquirir una de estas aves, por favor.
—¿Uh? No tengo por qué hacer negocios con un apestoso semihumano. ¡Piérdet-!
El hombre paró en seco cuando vio al semihumano sacar de una bolsa una moneda de oro que era el doble de gruesa a una normal, con una línea vertical tallada en un lado y una estrella del otro. No se parecía a ninguna de las monedas de los reinos vecinos, pero estaba convencido de que era oro. Y por su mayor tamaño, intuyó que el valor también era mayor en comparación.
—Eeeh, ¡claro, buen hombre! Dígame: ¿cuál de estos ejemplares desea? Estas aves son lo suficientemente inteligentes para seguir sus órdenes al derecho y al revés.
Mario puso los ojos en blanco ante el abrupto cambio de actitud del hombre al ver una moneda de oro, pero rápidamente se recompuso para seguir con su compra.
—Deme el más rápido, por favor.
—¡Con gusto! —exclama el vendedor, comenzando a desatar una de las cuerdas que amarraba a uno de los filoliales.
El comerciante le pasa la rienda de una de las bestias a Mario, y éste a su vez le lanza la moneda que, al atraparla, la muerde para verificar si era verdadera.
—¡Un placer hacer negocios, buen hombre! —se regocija el vendedor, para luego pensar—. (Je, ese semihumano idiota me compró un filolial por una moneda de oro, y ni siquiera tuve que ponerle una marca de monstruo).
—Igualmente —responde Mario, pensando para sí mismo—. (Wow, y sólo costó una moneda de oro).
Mario volvió junto con el ave hasta donde estaba Eclair, y juntos, montaron al Filoliar y bajo la marcha de la caballero salieron presurosos hace su destino: La aldea Lurolona.
Mientras el pájaro marchaba rápidamente a través de las calles de la cuidad y luego por los prados, el fontanero agarrado a la cintura de Eclair decide iniciar una conversación para romper el hielo:
—Entonces, ¿cuánto nos tomará llegar hasta allá?
—A este paso, puede que lleguemos al anochecer.
—Uh… ya veo —expresa, inseguro del plan.
—Sé lo que piensas: Probablemente todos ya estén capturados cuando lleguemos, pero al menos quiero llegar allí para asegurarme de que tenga un lugar al cuál regresar.
—Me parece bien. Luego, iniciaremos la búsqueda para rescatar a los niños.
—¡Así es!
…
El anochecer estaba llegando, y los aldeanos de Lurolona lograron construir un par de chozas para que los niños y ancianos puedan refugiarse. Los demás tuvieron que meterse a las casas que no estaban en tan mal estado para descansar o directamente acampaban afuera.
Un grupo de semihumanos —incluyendo varios niños— estaban sentados alrededor de una fogata repartiendo comida, mientras veían cómo el rey de los Koopas devoraba lo que parecía ser una pierna de pollo, pero mucho más grande.
—*Ñam*. ¡Delicioso! —opina Bowser, mientras tragaba otro trozo de carne—. ¡Oye, mocosa!
—¿Sí, Bowser-sama? —responde una niña con cabello rubio, además de un set de orejas y cola parecida al de las comadrejas, quien aparentemente era la encargada de cocinar los alimentos.
—¿De qué dijiste que era esta carne?
—Es carne de filolial, Bowser-sama —responde con ojos cansados.
—Filolias, ¿eh? Sabe cómo el pollo, pero mejor.
—Me alegra que le guste, Bowser-sama —expresa otro de los semihumanos reunidos ahí—. Nosotros cazamos esas bestias y la señorita Rifana aquí presente cocinó la carne.
—Así que te llamas Rifana, eh —señala el koopa a la niña comadreja—. Oficialmente te has convertido en mi cocinera real. Siéntete orgullosa.
—Uh, bueno, es un gran honor, Bowser-sama. Pero la verdad, es que aprendía cocinar por si algún día llega el Héroe del Escudo y así poder cocinar para él.
El anhelo de la niña le hizo recordad al Rey Koopa la información sobre unos supuestos "héroes legendarios" que escuchó de los aldeanos, lo que lo llevó a querer pedir detalles sobre esos héroes, pero un chico con orejas y cola de perro se le adelantó.
—¿Todavía sigues con ese sueño tonto, Rifana? —cuestiona el chico con un semblante molesto.
—¡No molestes, Kiel! Sé que el Héroe del Escudo vendrá algún día, y me casaré con él —declara descaradamente, impresionando incluso a Bowser.
—¿Ah, sí? Si es tan maravilloso: ¿Por qué no vino a salvarnos durante la Ola? O, ¿por qué no vino a impedir que esos soldados nos capturen y vendad como esclavos, uh?
—Yo… —Rifana no sabía qué responder—. Él vendrá, lo sé.
—¡Abre los ojos, Rifana! —regaña Kiel—. ¡La mayor parte de nuestra aldea está muerta, incluyendo nuestros padres! ¡El Héroe del Escudo no es real! Y si lo es, ¡no le interesamos en lo absoluto!
La pequeña Rifana miró al piso con pequeñas lágrimas que amenazaban con salir desde los bordes de sus ojos, así como un fruncimiento de labios que retenía las ganas de llorar de la chica.
Raphtalia, que también estaba presente, pone una mano sobre el hombro de la chica para intentar calmarla y le dice con suavidad:
—Tranquila, Rifana. Kiel… sólo está un poco afectado por todo lo que pasó. En realidad, no quiso decir tales cosas. Además, puede que hayan pasado cosas malas, pero gracias a Bowser-sama, ahora estamos unidos y podemos volver a vivir en paz como lo hacíamos antes. ¿Verdad, Bowser-sama?
—¿Uh? Sí, como sea —responde el koopa, quien no estaba prestando atención por seguir comiendo su pierna de filolial.
Rifana se puso a reflexionar las palabras de su amigo. ¿Qué tal si era verdad? ¿Qué tal si el Héroe del Escudo nunca vendrá y no ha estado más que persiguiendo una meta sin sentido? Pero la semihumana dejó de pensar cuando escuchó a un hombre que corría desesperado hasta ello, llamando de forma exhaustiva y preocupada al Rey de los Koopas.
—¡Bowser-sama! ¡Bowser-sama!
—¡Qué quieres?! ¡¿No ves que estoy comiendo?! —exclama Bowser, irritado de que lo interrumpan en la comida.
El aldeano descansa sobre sus rodillas y daba respiraciones irregulares para tratar de recuperar el aliento; y una vez cumplió con su propósito, respondió:
—¡Soldados, muchos de ellos, vienen hacia acá! —declara, haciendo que todos los presentes empiecen a temer por sus vidas.
—Oh, bueno: Encárguense de ello —dice sin más, volviendo a comer su gigantesca pierna.
Los demás aldeanos quedaron con caras estoicas mientras sudaban frío por escuchar lo que Bowser acababa de decir.
—P-Pero Bowser-sama —expresa otro aldeano—. N-Nosotros… no podremos contra tantos soldados. Somos campesinos, no sabemos pelear.
—Bueno, por algo se inicia. Ustedes ahora son miembros de la Koopa Tropa de Bowser, así que deben dejar en alto el nombre de su rey.
Ahora todos estaban temblando de miedo. ¿Por qué Bowser no intervendría para salvarlos de los esclavistas que se acercan? ¿Y qué ere eso de "Koopa Tropa" que había nombrado? El grupo de semihumanos estaba empezando a perder las esperanzas otra vez al creer que Bowser ya no tenía interés en ellos. Excepto Raphtalia, quien al ya haber tratado con el rey de los koopas con anterioridad, tenía una idea de cómo hacer que colaborara:
—Uh, señor, ¿recuerda lo que uno de esos soldados dijo mientras huía la otra vez? Que cuando vuelan, su grupo y él aplastarán a Bowser-sama como si fuera una hormiga —declara la semihumana, haciendo que Bowser se detenga en medio de su engullir de comida con la boca abierta y los ojos cerrados.
El aldeano, viendo lo que planeaba la ingeniosa niña, le siguió el juego.
—Sí. Y escuché a la legión de soldados gritar que Bowser-sama no era nada para ellos. Dijeron que tomarían su cabeza y la usarían como trofeo en uno de sus salones.
—…
—¡RAAAAARGH! —ruge el rey Koopa, echando una avalancha de fuego por la boca—. ¡Con que eso creen esos gusanos, ¿eh?! ¡Les demostraré el verdadero poder del rey de los koopas!
Bowser se levanta y camina dando fuertes pisadas en dirección de donde vino el aldeano, encontrándose con una caravana de carruajes tirados por criaturas que le recordaban a cierto animal molesto; iluminadas también con linternas y acompañadas de varios tipos con armadura montados sobre más de esos lagartos.
La caravana se estaciona a la entrada del poblado, justo frente a Bowser, en donde sale de una de las carrozas un tipo obeso de pelo y bigote rubio que vestía un conjunto de traje de noble morado y blanco.
Portaba también un cinturón en donde estaba acoplado un látigo y la funda de una espada tipo estoque.
El aparente noble camina hasta estar frente a Bowser, y con una sonrisa engreída, habla:
—Conque este es el famoso semihumano que pudo contra un grupo de soldados, ¿eh? Debo concedértelo: Tu aspecto resulta intimidante. Pero al final del día sólo eres otro sucio animal que viene a mancillar las tierras de este reino con su presencia.
—Vaya, esta bola de manteca sí que tiene una boca enorme —responde Bowser de forma aún más soberbia—. Me recuerda a un jabalí rosa contra el que peleé una vez, pero al menos creo que él sí era capaz de respaldar sus palabras en una pelea.
Bowser de pronto se vio obligado a ladear su cabeza para esquivar un latigazo que el noble dio de repente, pues las palabras del koopa le habían encolerizado un poco.
—¡Cierra tu sucia boca, semihumano! —y saca un pergamino que desenrolla y comienza a leer—. ¡A partir de ahora, estas tierras le pertenecen a Sir Idol Rabier, mi persona, por decreto de su majestad, el Rey de Melromarc!
El hombre ahora conocido como Idol cierra el pergamino y comienza a jugar con su bigote mientras le mostraba otra sonrisa al koopa.
—Es una lástima que su majestad no haya venido a por tu cabeza personalmente, pero está muy ocupado con el asunto de la invocación de los Cuatro Héroes Cardenales. Mejor para mí: Nunca he experimentado en torturar a una bestia como tú.
Varios semihumanos que estaban escondidos hasta atrás llegaron a escuchar esa declaración, sorprendiéndose en el acto, en especial una niña comadreja que sentía mariposas en el estómago por saber que el Héroe del Escudo por fin vendría.
Rabier chasquea los dedos y muchos soldados comienzan a marchar hasta estar frente a él, tomando posición de ataque con lanzas, espadas y arcos. Este esboza otra sonrisa de suficiencia al creer que el hombre bestia se sentiría intimidado por tantos soldados en su contra, sonrisa que se esfumó al ver que Bowser se jactaba en las caras de todos ellos.
—¡Bwajajajaja! ¡Vaya que eres patético! ¿En serio me amenazas desde detrás de un grupo de soldados en lugar de encararme por tu cuenta? ¡Creo que nunca he conocido a un ser más miserable en mi vida! Hasta un toad es más valiente que tú.
La cara del noble se volvió roja de ira. No sabía lo que era un "toad", pero la forma despectiva con la que la tortuga lo comparaba le hacía pensar que no era algo agradable. Por tanto, decidió que ya había tolerado suficientes insultos de este insolente semihumano.
—¡Ataquen! —ordena el noble a su batallón.
Los soldados se lanzan do forma coordinada hacia Bowser, quien deja soltar un rugido para dar inicio a una batalla:
—Showtime! —exclama con emoción.
Tres soldados se acercan con espada en mano para asaltar al koopa con una estocado, quienes son repelidos cada uno por un puñetazo que los mandó a volar.
Bowser luego respira hondo y deja salir una llamarada con la que alcanza a calcinar a otros tres caballeros y hacen que los demás que se lanzaron hacia él se aparten y tomen distancia.
Una sensación de picazón se hizo presente en el hombro del koopa. Cuando éste giró su cabeza para descubrir qué era, se dio cuenta que había una flecha clavada en dicho lugar: La herida no era muy profunda, pero igual era molesta. Además, le hizo pensar que, si estos tipos habían logrado hacerle aunque sea un mínimo daño, tendría que pelear más en serio.
Bowser se ve obligado a levantar los brazos y girar un poco su cuerpo para evitar que una lluvia de flechas ataque su cara, clavándose estas por mayoría en sus brazos y costado.
Los otros soldados creían que tenían a Bowser acorralado, así que empiezan a avanzar para atacarlo con sus lanzas y espadas. Pero el koopa se metió en su coraza para que todos los lanzazos y estocadas reboten sobre él, al mismo tiempo que comienza a girar sobre su eje y sale disparado hacia el grupo de arqueros que fue tumbado como pinos por una bola de bolos.
Saliendo de su coraza, Bowser planeaba seguir atacando a los soldados con sus poderosos puños, pero un grito agudo de miedo llama su atención.
—¡Kyaaaaa! ¡No, suéltame! ¡Ayuda!
Bowser gira su cabeza y encuentra a esa chica comadreja gritando y pataleando en los brazos de un soldado, así como otros niños. Tal parece que estos no desaprovecharon la oportunidad de adquirir un buen botín mientras el koopa estaba distraído en su pelea.
—¡No en mi guardia! —expresa Bowser, decidido a impedir que sus súbditos sean capturados.
El soberano tortuga saca de la nada un martillo pequeño en comparación a su tamaño, que tenía un mango angosto unido con dos cuerdas cruzadas en una "x", con una de las caras torcida hacia abajo y en forma de punta.
Con una gran puntería, Bowser lanza con mucha fuerza el martillo que le da de lleno en la cara al soldado, salpicando sangre y mandando su casco a volar.
El fuerte impacto también hizo que soltara al niño que tenía agarrado, quien no perdió tiempo y salió corriendo para reunirse con los demás, no sin antes quedar impresionado por la gran precisión y fuerza del rey de los koopas.
Así mismo, los otros soldados recibieron un martillazo en sus cabezas que los obligó a soltar a los niños, a excepción del sujeto que tenía a Rifana, quien logró evadir el proyectil. Pero su distracción dio tiempo suficiente para que la semihumana agarre una roca cercana y aplaste los genitales del soldado con toda su fuerza, provocando que la suelte en lo que agarra su entrepierna mientras se tambalea entre quejidos de agonía.
—¡Uuugh! ¡M-Maldita mocosa! —cacarea el soldado.
Debido a la distracción por salvar a los niños, un arquero con mejor equipamiento logra disparar una flecha mágica que rozó la mejilla del koopa, viéndose impactado al sentir que esa flecha fue capaz de abrirle una herida en dicho lugar.
—¡Je, te tengo! —se jacta el soldado, cargando otra flecha mágica.
Bowser lanzó rápidamente más martillos que el arquero evadía con gracia, sin saber esta que no era más que una estrategia para evitar que dispare más flechas, mientras al se le ocurre alguna algo para llegar hasta su objetivo y neutralizarlo.
Una idea golpea la mente del soberano, lo que lo impulsa a pegar un salto y guardarse en su coraza a medio camino para que las flechas mágicas del arquero reboten sobre él.
Una vez Bowser se encuentra justo encima del arquero, gira su caparazón boca abajo y se impulsa quién sabe cómo hacia al piso, girando en el acto para convirtiéndose, a los ojos del arquero, en un taladro que desciende hacia él con gran velocidad.
Sin tiempo a esquivar, el arquero es aplastado con tanta fuerza que hasta se resquebrajó el piso bajo él, y para su fortuna, las púas del koopa no lo apuñalaron en ninguna zona vital, pero aun así se vio con muchos huesos rotos gracias a la fuerza del impacto.
Con el esbirro más problemático fuera de combate, Bowser sólo tuvo que lidiar con soldados menores que no tenían ya nada que hacer contra la fuerza de su macizo contrincante.
Rabier rechinó los dientes con rabia al ver a toda su legión ser abatida por el semihumano: Lo que parecía ser una incursión simple para capturar nuevos juguetes, se acaba de convertir en una fiesta de humillación hacia su persona; no puede permitir eso.
Al chasquear los dedos nuevamente, un sujeto grande totalmente cubierto con una armadura negra sale de uno de los carruajes sosteniendo un gran morningstar de cadena larga en sus manos.
—¡Juggaernut! ¡Acaba con ese adefesio! —ordena Rabier al nuevo sujeto.
Bowser nota la presencia del gran acorazado caminando hacia él, por lo que termina de noquear a otro soldado y camina para encontrarse frente a frente con Juggaernut.
Mirándose frente a frente, las presencias de Bowser y Juggaernut generaban una tensión tan pesada que era capaz de cortarse con una servilleta. Hasta que el acorazado pone mucho esfuerzo en su cuerpo para girar su arma y enviarla directo hacia Bowser, quien flexione las piernas y lanza sus brazos hacia el frente; tal parece que planea atrapar la bola de pinchos.
Y así fue: El arma chocó con las palmas del koopa, haciéndolo derrapar un poco. Pero al cabo de unos segundos, se detiene con la bola de pinchos reposando exitosamente en sus manos.
Antes de que pudieran reaccionar a la hazaña del koopa, este toma la cadena y arrebata el arma de las manos de Juggaernut, viéndose temeroso de que ahora estaba desarmado y sólo contaba con su armadura.
—Hmm, hace tiempo que no veo uno de estos. La última vez que usé uno fue cuando luché contra ese sujeto con brazo de martillo para recuperar mi castillo —comenta Bowser, viendo el arma—. Veamos si no he perdido el toque.
Bowser comienza a hacer girar el arma y moverla de una mano a otra con tal velocidad y fluidez que hacía parecer que no pasara ni un gramo.
De un momento a otro, Bowser lanza el morningstar hacia Juggaernut sin poder este reaccionar al ataque, teniendo como consecuencia que su pechera acabe hecha pedazos y él quede con unas cuantas costillas hechas polvo.
El acorazado tomó vuelo hasta estrellarse contra un muro de rocas que se rompieron por el impacto y generaron una cortina de polvo. Cuando se disipó, se vio a Juggaernut sentado y con la cabeza baja, tosiendo y expulsando gotas de sangre a través de su casco. Estaba fuera de combate.
Idol ahora estaba sudando frío: Todo su batallón, incluso su carta de triunfo fue derrotada. Todo lo que quedaba era él contra el semihumano que lentamente se acercaba hasta él con una sonrisa victorioso.
—Vaya, tal parece que ya no tienes más perros que enviar —comenta Bowser con ironía—. Verás, esa carne felolial o como se llame sí que estaba deliciosa, así que, como estoy de buen humor, te daré una oportunidad.
El noble rechinó aún más los dientes al escuchar que el semihumano estaba dispuesto a darle clemencia, como su fuera algo superior a él.
—Intuyo que eres una especie de noble, ¿verdad? —continúa—. En ese caso: arrodíllate ante mí y júrame eterna lealtad. Además, toda tu servidumbre, tropas y propiedades ahora serán mías.
Esa fue la gota que derramó el vaso. ¿Cómo era posible que este semihumano sea tan descarado? ¿Darle todo a él? ¿Todo por lo que su majestad lo había recompensado? ¡Ni hablar!
—¡Cómo te atreves! —escupe Rabier, sacando su látigo—. ¡Usaré tus cuernos como centro de mesa y tu piel como abrigo, estúpida bestia!
Bowser levantó los brazos para cubrirse de un latigazo del noble que, para sorpresa para él, logró hacerle una herida y dejar caer varias de las escamas de su piel. Ahora era Bowser quien estaba perdiendo la paciencia: Estos humanos se están volviendo muy molestos a cada segundo. Así que decide dejar de jugar y expulsa una llamarada que calcina hasta las cenizas el arma de cuero de Rabier, quien traga saliva y da unos torpes pasos hacia atrás de ver a su arma ser vaporizada.
Bowser comenzó a caminar lentamente hacia Rabier para propinar el golpe de gracia quien, tener a su enemigo a su alcance, desenvainó rápidamente su estoque y lo abanicó hacia el cuello de la tortuga, luciendo una sonrisa de suficiencia al pensar que ya tenía al monstruo en sus manos. Pero toda esperanza de victoria se desvaneció cuando el rey koopa bloqueó su espada con una de las zarpas de sus dedos mientras lo miraba con una expresión severa.
Un puño directo a la cara envía a Rabier directo al piso, con varios dientes yendo de vacaciones y el tabique de su nariz siendo partido en cinco piezas. Luego, Bowser agacha la cabeza para encontrarse con un Idol con los ojos en blanco, babeando, con una mancha de sangre en su nariz y boca, y sin aparentes señales de reaccionar; había sido noqueado.
—¡ROAAAAAAARG! —vitorea Bowser con un rugido y un puño alzado hacia el cielo para marcar su victoria.
El resto de los semihumanos salen de sus escondites y corren para agruparse alrededor de Bowser. Ya era la segunda vez que este hombre los salvaba de la esclavitud y había demostrado una gran exhibición de fuerza y habilidad de combate, por lo que no dudaron en llenarlo de aplausos y elogios con los que el koopa se regocijó.
—¡Bowser-sama, usted es increíble!
—¡Venció a un batallón grande de soldados usted sólo, impresionante!
—¡Ahora no me cabe duda de que es un rey!
Bowser podría estar así todo el día. Era el tipo de persona que disfrutaba ser elogiado y admirado.
—¡Bwajajaja! ¡Así es! ¡Nadie puede conmigo! —se jacta con las manos en las caderas.
Pero los vítores se detuvieron casi en seco, cuando todos los presentes escucharon un rápido sonido del pisar de un par de piernas a las lejanías que se acercaban gradualmente.
A alzar la vista, los semihumanos y Bowser descubrieron que se trataba de un filolial que corría velozmente hasta su dirección. Y quien estaba montado encima de él, hizo que nuevamente el grupo de semihumanos estallara en emociones de alivio y alegría.
—¡Es Seatto-sama!
—¡Está viva, gracias a dios!
—¡Seatto-sama! —exclaman los aldeanos, pasando de Bowser y corriendo hacia el frente para recibir a la caballero.
Eclair jaló las riendas para frenar el paso del ave, viéndose aliviada de que los semihumanos sigan aparentemente a salvo dentro del pueblo. También se intrigó al ver los diferentes cuerpos de soldados inconscientes por todos lados, atribuyéndolo primer a que los aldeanos se defendieron de ser capturados, pero luego desechó esas ideas al no tener lógica de que unos simples campesinos y pescadores hayan sido capaces de repeler a un grupo de caballeros entrenados. Sin mencionar que entre ellos estaba el cuerpo de Idol Rabier que Eclair no tardó en identificar. Pero decidió dejar ese tema para después y primero centrarse en la condición de los aldeanos.
—¿Están todos bien? —pregunta Eclair en voz alta—. Estos soldados, ¿quién es el responsable?
El grupo de aldeanos se abrió de par en par para dejar que Eclair vea a Bowser, quienes se quedaron mirándose a los ojos durante un momento, hasta que uno de los aldeanos decide explicar:
—¡Fue Bowser-sama! —explica uno de los aldeanos, señalándolo—. ¡Él es muy fuerte, derrotó a todos estos soldados sin ayuda!
—¡Sí! ¡Además, él nos ayudó cuando otro grupo nos había encerrado en jaulas para llevarnos! —agrega otra, ésta vez una chica.
Eclair examinó la figura del semihumano tortuga frente a ella, y era algo que no podía describir: Tenía el cuerpo de una tortuga, pero la presencia de cuernos y cabello en su cabeza, y púas en su caparazón, no seguía la lógica de la especie como tal, lo que le hizo preguntarse qué tipo de semihumano era Bowser.
Por otro lado, Bowser también miraba a la mujer con curiosidad: Nada más porque le recordaba con creces a la Princesa Peach; sobre todo por el color de sus ojos y piel.
—¿Y ésta quién es? —pregunta Bowser, acercándose hasta Eclair—. ¿Otro soldado a quien tendré que patearle el trasero?
—¿Bowser?
El koopa se quedó hecho piedra al escuchar una voz: ESA voz. Una voz que por tanto tiempo ha estado presente en su camino para ser una piedra en su zapato; una voz que le causó tantas desgracias y humillaciones en sus intentos por conquistar el reino champiñón.
Detrás de la caballero, una cara con un bigote pronunciado, una nariz desproporcionada y una gorra roja con dos orejas se asomaron, causando que las pupilas del koopa se contrajeran hasta ser un punto en sus ojos, mientras sentía que un calor abrazador crecía desde lo más profundo de sus entrañas.
—¡MAAAAAAAAAAAAAARIOOOOOOOOOOO! —ruge Bowser con todas sus fuerzas, tan fuerte que todos los presentes taparon sus oídos y se tambaleaban al sentir el retumbar de la tierra.
El filolial que había traído a Mario y Eclair se llenó de pánico y echó a ambos jinetes fuera de su lomo, para luego echar a correr como alma que lleva el diablo por su querida vida.
—¡TÚ, MALDITA SABANDIJA SALTARINA! —señala el koopa al fontanero, quien se levantó rápidamente al ver a su rival acercarse—. ¡¿CÓMO TE ATREVES ENVIARME LEJOS DEL REINO CHAMPIÑON EN MEDIO DE NUESTRA BATALLA?! ¡Y AHORA, ¿VIENES A BURLARTE DE MÍ?! ¡VAS A PAGAAAAR!
—¡Bowser, espera, no es momento para- wow~!
Mario se hace a un lado rápidamente para esquivar un puño del koopa, puño que usa para su beneficio al agarrarlo y balancearse hacia dentro para golpear con ambos pies la cara de su oponente.
Utilizando ese mismo impulso, Mario suelta el brazo del koopa y se eleva unos metros sobre él, sacando su martillo para cargarlo y golpear su cabeza una vez estuviera listo.
—¡Yargh! —se queja el koopa, dando unos pasos hacia atrás.
Los aldeanos semihumanos jadearon al ver a su salvador ser golpeado de esa manera: La legión de soldados no había logrado hacerle nada significativo, y este semihumano bajito había logrado darle dos golpes a Bowser que lo hicieron retroceder.
—¡Mario-san! —expresa Eclair alarmada—. ¿Qué sucede? ¿De dónde conoces a este tipo y por qué está tan enojado contigo?
—Uh, es una larga histor-
Antes de terminar, la punta de un morningstar se entierra en la cara del fontanero, mandándolo a volar hasta que un par de rebotes por el piso frenaron su viaje.
Mario parecía haber salido ileso de ese golpe, pero todos se sorprendieron cuando las orejas y cola que este tenía de pronto desaparecieron.
—¡Bbrbrbrbr~! —deja salir Mario esos sonidos al sacudir su cabeza—. Vaya, había olvidado que Bowser sabe usar esa cosa.
Sin darle tiempo a pensar, Bowser ataca frenéticamente a Mario con su arma, quien no tuvo muchos problemas al usar su agilidad y flexibilidad para esquivar cada ataque de distintas formas, para al final soltar dos bolas de fuego que van rebotando por el piso hacia el koopa.
Luego de sorprenderse de que Mario haya usado bolas de fuego sin una flor de fuego, Bowser usa su arma para extinguir los proyectiles, respondiendo con sus propias bolas de fuego que Mario desvía con su mazo.
De un momento a otro, el koopa queda atrapado en un bloque de hielo que salió de la aparente nada, no pasando ni un momento hasta que la prisión de hielo se rompió y Bowser se vio nuevamente impactado que Mario lo haya encerrado en un bloque gélido sin una flor de hielo.
—¡Toma esto! —exclama Bowser, lanzando varios martillos hacia el fontanero.
Mario usó su propio mazo para golpear los partillos y devolverlos a Bowser con la misma velocidad, sin ser este capaz de esquivar y así recibir un martillazo de lleno en la cara.
Aprovechando que esteba aturdido, Mario carga otra vez su mazo con energía estelar para sacudir el cráneo del koopa y así terminar esta pelea. Pero inesperadamente, muchas de las personas con orejas y cola se ponen frente a Mario, interrumpiendo su camino.
—¡D-Detente, malvado! ¡No lastimes a Bowser-sama! —ordena un aldeano, tembloroso.
—S-Sí, n-no permitiremos que lastimes a Bowser-sama —expresa otra aldeana.
Los aldeanos sabían que no tenían nada que hacer contra este sujeto: Pues si fue capaz de hacer flaquear a su salvador, estaban absolutamente perdidos si es que este decidía atacarlos; era seguro que morirían. Pero ya estaban cansado: Cansados de ser siempre las débiles víctimas a las cuales proteger; cansados de estar siempre tener que resguardarse bajo la espada de otros mientras no hacían nada más que llorar y rezar pos sus vidas. Así que, si al menos podían comprarle un segundo a Bowser-sama para que se recupere, lo harían sin dudar.
Pero para su sorpresa, el antes semihumano y ahora humano esbozó una sonrisa tranquila y dejó caer su martillo mientras se apoyaba en el mango, mirando a la multitud con curiosidad y algo de sorpresa.
—Vaya, esto sí que es algo que no se ve todos los días —opina Mario—. ¿Qué habrá hecho esta tortuga cabeza hueca para ganarse el corazón de toda esta gente?
—B-Bowser-sama impidió que todos estos soldados nos capturen y nos vendan como esclavos —explica una aldeana.
—¡Es verdad! Además, nos está ayudando a construir esta aldea que ahora es de él —agrega otro—. A-Asi que, f-fuera de sus tierras, monstruo.
Mario no podía evitar sentirse impresionado: Ahora resulta que él es el malo y Bowser es el héroe. Si le dijeran eso en cualquier otra ocasión, lo tomaría como un mal chiste. Pero aquí estaban estas personas, protegiendo a su enemigo jurado.
Bowser tuvo que admitir que quienes él creía que no eran nada más que un grupo de llorones inútiles, mostraron gran determinación al enfrentarse a Mario, a pensar de no tener oportunidad. Pues bien conocía el poder de su adversario, y sabía que podría mandarlos a todos a volar con un solo golpe. El koopa siempre respetaba a la gente fuerte: Ya seas un fortachón o un enclenque, siempre daba el visto bueno a aquellos que demostraban que tenían los pantalones bien puestos a la hora de luchar.
—¡Quítense de en medio, inútiles! ¡No necesito su ayuda! —ordena Bowser, moviéndose entre el grupo para encarar Mario de nuevo—. ¡Tú, no creas que esta batalla ha terminado! ¡Envíame de vuelta al Reino Champiñón, ahora!
—Eso es lo que estoy tratando de explicar, cabezón —dice Mario—. Al parecer fuimos transportados a otro mundo.
—¡¿Qué?! —jadea Bowser con sorpresa, así como Eclair y los aldeanos—. ¡Habla más claro!
—Bueno, Eclair me ha estado explicando cosas en el camino hacia acá: Tal parece que existe una profecía sobre un suceso llamado Olas de Calamidad: Que es un fenómeno interdimensional que envía oleadas de monstruos feroces por doquier para causar destrucción y desgracia por todo el mundo —explica, captando el interés de Bowser—. Por ello, existen cuatro armas mágicas conocidas como Cuatro Armas Cardenales: La espada, la lanza, el arco y el escudo. Estas armas son portadas por cuatro personas que son invocadas desde otros mundos a través de un ritual. Eclair también me contó que la primera Ola ya había sucedido, y el reino supo el devenir de esta gracias a un reloj de arena que marca el tiempo para que una Ola suceda. Pero la subestimaron al pensar que podrían con ella sólo con sus ejércitos, lo que provocó muchas bajas y destrucción por todo el reino.
—Eso parece una historia de cuento de hadas —opina Bowser—. Sin embargo, todavía no me queda claro qué tenemos que ver aquí.
—Creo que la respuesta tiene que ver con esto —y saca su mazo, transformándolo de su mazo convencional al Martillo de las Siete Estrellas predeterminado.
La mandíbula de Ecliar cae al piso cuando presencia el arma que porta el sujeto regordete.
—E-Eso es… ¡El Martillo de las Siete Estrellas! —expresa estupefacta.
—Así es. Cuando desperté dentro de una celda en un calabozo, esta cosa estaba junto a mí, y por la información que me dio esta arma: Pertenece a un conjunto de armas mágicas llamadas Armas de las Siete Estrellas, las cuales no llegan a ser tan poderosas como las Armas Cardenales, pero también cumplen la función de retener y abolir las Olas de Calamidad. No estoy muy seguro, pero creo que, de alguna forma, esta arma me trajo aquí para que yo ayude con esta catástrofe junto a esos Héroes Cardenales.
—Y entonces, ¿qué hago yo aquí?
Mario se encoge de hombros, ignorante de la respuesta.
—Tal vez sólo te viste afectado por estar en el mismo lugar que yo cuando me invocaron. Pero, ¡hey! Ya que estás aquí, puedes ayudarme con esto de las Olas.
—¡Y UN COLMILLO DE GOOMBA CHUMIELO! —explota Bowser por la descarada propuesta de Mario—. ¡Tengo un hijo que cuidar, una raza qué gobernar! ¡¿Crees que tengo tiempo para tus estúpidos juegos heroicos?! ¡NI HABLAR! ¡Haz que esa cosa me envíe de vuelta, o esas supuestas Olas no serán el mayor peligro amenace este mundo, SERÉ YO!
—¡Ni hablar, paisano~! ¿Crees que te dejaré ir para tengas la libertad de secuestrar a la Princesa Peach sin restricción alguna? —bromea el fontanero.
Bowser rechina los dientes y tensa los puños ante la respuesta de Mario, quien al ver su reacción, toma una actitud más seria y empática.
—Lo entiendo, Bowser: Estás preocupado por tu familia y tu reino, pero yo no puedo hacer nada para enviarte de vuelta. Tal vez este martillo tenga alguna pista de cómo hacerlo, y te prometo que te ayudaré a encontrarla. Pero mientras tanto, podrías colaborar con esta cuestión de las Olas. Después de todo, ahora tienes un pequeño reino qué proteger —y señala al grupo de semihumanos, a quienes Bowser voltea a mirar.
El koopa reflexiono sobre esto por un segundo. No lo demostraría, pero estaba preocupado por su hijo y sus miles de esbirros, y lo que podría pasarles en su ausencia. Pero Mario le había prometido ayudarlo a regresar, y aunque odie admitirlo, la palabra del fontanero bigotudo es tan sólida como el acero. Además, puede que en el trayecto consiga una de esas armas mágicas y la use para conquistar el reino champiñón cuando vuelva, lo que le hace pensar que tal vez valga la pena quedarse aquí por ahora.
—¡Bah, como sea! —expresa dándose la vuelta y comenzando a caminar de vuelta a la aldea, siendo seguido por los semihumanos.
Los aldeanos ahora miraban impresionados a Bowser luego de enterarse de que venía de otro mundo junto con el portador de un Arma de las Siente Estrellas. Ahora tenía más sentido cosas como que fuera tan fuerte o que sea el rey de una raza de la que nunca había oído.
Eclair también estaba impresionada con Mario y Bowser, sobre todo la forma de verlos luchar y el poder que demostraron. Ahora la historia del fontanero de aparecer de repente en una celda vacía tenía mucha más lógica, aunque aún seguía extrañada de que al parecer las Armas Vasallas sean capaces de traer a gente de otro mundo sin un ritual de invocación. Pero no le dio más vueltas al asunto y dejó esas interrogantes para más tarde.
Mario por su parte, recibió una notificación en su pantalla de estado junto con dos alternativas que decía:
«¿Quieres agregar a Bowser a tu equipo?»
Cuando Mario aceptó, apareció en la parte superior izquierda de su visión periférica —justo debajo de su barra de vida y maná— un ícono de la cara de Bowser junto con otras dos barras de vida y maná. El fontanero decidió ver información más detallada del koopa, mostrándose esta en pantalla:
Nombre: Bowser Morton Koopa
Especie: Koopa de sangre real.
Nivel: 1
Equipo:
Brazaletes del otro mundo – básico.
Morningstar – básico.
Stats:
VIT: 85 pts.
MANÁ: 12 pts.
ATQ: 64 pts.
DEF: 45 pts.
MATQ: 22 pts.
MDEF: 15 pts.
AGI: 10 pts.
Habilidades:
Ninguna.
Hechizos:
Ninguno
Inventario:
Martillo arrojadizo x ¿infinito?
Salsa picante x 1
Foto de la Princesa Peach x 1
Luego de datar sus estadísticas, Mario nota por el piso varias cosas brillantes que parecían ser escamas. Las recoge y deja que su martillo las absorba para verificar de qué se trataba:
«Martillo Escama del Rey Koopa: Condiciones cumplidas»
ATQ +10
DEF +5
«Habilidad pasiva:
Resistencia al fuego +8%
Bonificación a ataques de fuego +10%»
Se trataba de un mazo grande de colores rojo, amarillo y verde, con dos cuernos en la parte superior y una pequeña mota de pelo rojo sobresaliendo por la empuñadura.
Mario también vio uno de los martillos arrojadizos de Bowser por ahí y decidió usar la habilidad de copiado para verificar si esto contaba como arma de su clase, lo cual funcionó:
«Marillo Arrojadizo: Condiciones Cumplidas»
ATQ +3
AGI +5
«Capacidad de lanzar el martillo y hacerlo aparecer en tu mano, desbloqueada»
«Habilidad pasiva:
Daño por martillo arrojado +12%
Mayor rango de alcance del martillo para arrojar».
Hoy fue otro día lleno de sorpresas y encuentros inesperados. ¿Qué otras sorpresas le esperan a nuestra superestrella ahora que sabe que su rival también se encuentra aquí? ¿Se encariñará Bowser con los semihumanos? ¿Colaborará con el asunto de las olas de calamidad? Sólo el tiempo lo dirá.
Fin de capítulo.
A/N: Wow, ¡100 Vistas! Considero eso un logro. Gracias por tomarse su tiempo de leer esto, y espero que se mantenga así para estar siempre motivado para continuar esta historia.
Ahora, veo que la mayoría de gente que ha leído el primer capítulo son personas que NO hablan español (o al menos eso supongo al venir de diferentes países), lo que me hace preocupar mucho más por mi gramática, ya que puede que debido a eso el traductor haga mal su trabajo y los lectores se confundan. Pero de igual forma, gracias por leer y lo siento por los errores que pueda haber, estoy intentando mejorar.
Lo siento por matar cualquier posibilidad de ship con esa línea de Mario. Pero, aunque personalmente Peach no me agrade, siento que el fontanero no tiene ojos para nadie más. Aunque puede que eso cambie…
He de decir que ajustaré los niveles de poder del mundo del tate para que encajen con la fuerza de Mario y Bowser. Pues no sería divertido que vayan por ahí, venciendo a todo mundo sin ningún esfuerzo.
También vi que dejaron un par de reseñas, así que procederé a responderlas por aquí, pues no sé si Fanfiction tiene una funcionalidad para hacerlo por privado o algo así:
Rash1987: ¡Hola! Me alegro de que te haya gustado. Y pues haciendo autocrítica, yo sí vi unos cuantos errores humillantes. Pero son gajes del oficio, y todo lo que tengo que hacer es mejorar. ¡Gracias por leer!
Guest (spoilers del Tate): Interesante. También está la cuestión de qué pasaría si Bowser adquiere un fragmento de dragón emperador. ¿Evolucionaría de alguna forma? Podría pensar algo divertido para ello. Con respecto a lo de las razas de Siltvelt: Puede ser, pero yo pienso que no lo tratarían tan bonito ya que, aunque aparente raza dominante, pues sigue siendo un mestizo, y supongo que allí son muy celosos con sus razas y la pureza de estas; por algo siguen separadas. Imagino que lo tratarían igual que a Folh y Atla. Y con el tema de Filo y Fitoria: Esa rivalidad estará más que clara, y yo siento que sería Fitoria la que tendría que estar alerta con Bowser, pues su fuerza no es una broma. ¡Gracias por tomarte el tiempo de comentar!
Y un gracias en general por leer el primer capítulo. Eso me motivó a escribir el segundo rápidamente.
También pido que por favor compartas esta historia para que llegue a más gente y dejes una reseña para saber qué te está pareciendo. También puedes indicar mis errores para saber cómo puedo mejorar; claro, si es posible desde el respeto. ¡Muchas Gracias!
