Capítulo 3: Un pueblo en surgimiento.
Luego de la batalla del rey de los koopas contra el noble Idol Rabier y sus caballeros, además del reencuentro de Mario con su viejo enemigo, los aldeanos de Lurolona y Eclair se encargaron de restringir la movilidad de los invasores con cabos y los juntaron en un rincón para proceder a la interrogación de los mismos.
Las muecas en las caras de los caballeros demostraban el sumo enojo y frustración que tenía gracias a los previos acontecimientos: Primero son vencidos y humillados por un asqueroso animal; y ahora se vienen a enterar de que la hija de ese malviviente amante de los semihumanos, Seaetto, sigue con vida. Y por su parte, Eclair no podría estar más contenta y aliviada de que los habitantes de Lurolona, o al menos los sobrevivientes de las olas, se encuentren en buena salud y a salvo.
La caballero se acerca hasta un atado Rabier con las manos en sus caderas y un semblante severo para iniciar con su interrogatorio:
—Así que, pretendían invadir el territorio de mi padre para capturar a sus habitantes y venderlos como esclavos, ¿uh? Estás desafiando órdenes directas de su majestad al ir en contra de sus objetivos de crear un ambiente libre y sano para los semihumanos.
—¡Cállate, perra! —escupe Rabier—. Los únicos traidores aquí son ustedes, amantes de los semihumanos. ¿Qué no entiendes que a esos animales no se les debería conceder ni el derecho a vivir? Pero tú y la reina no son conscientes de cuánto daño hacen esas bestias a éste país.
—¡La única bestia aquí eres tú, Rabier! —exclama Eclair—. ¿Crees que no sé acerca de tu asquerosa naturaleza? Eres un animal depravado que goza de torturar físicamente a los esclavos semihumanos que encarcelas en tu mansión, ya sean adultos o niños. Si no fuera por esa estúpida impunidad política que tienes al ser una gran pieza durante la Gran Guerra contra Siltvelt, su majestad te habría ejecutado por tus viles actos hace tiempo.
Idol deja salir una sonrisa perversa, dejando ver su verdadera naturaleza antes de responder:
—Esos sucios semihumanos deberían sentirse agradecidos de servirme con entretenimientos, en lugar de revolcarse en su inmundicia como los puercos que son.
Mario, que estaba apoyado contra un árbol cercano, niega lentamente con la cabeza, decepcionado y molesto de que exista tanta maldad dentro de una persona. En serio, se estaba empezando a plantear cuán malo es Bowser en realidad. Porque junto a estos tipos, parece un santo.
—Son un caso perdido, Eclair. No pierdas en tiempo con ellos.
—Sí, Seaetto, hazlo caso al enano de bigote ridículo —se burla Rabier.
Eclair no deja que los comentarios del sádico noble le afecten; ella es mejor que eso, y lo demuestras dándoles la espalda a los nobles y soldados capturados para caminar hasta Mario, quien al verla a acercarse recobra su postura para atenderla mejor.
—Tienes razón, es inútil tratar con esta basura —expresa Eclair, suspirando de cansancio.
—No pierdas los estribos, caballero. Lo importante es que toda la gente de este lugar está a salvo.
—Admiro tu actitud positiva, Mario-san, pero no creo que pueda sacar algo bueno de todo esto.
—¿Hm? ¿A qué te refieres? —el fontanero inclina la cabeza y levanta una ceja para demostrar sus dudas.
—Empecemos por el estado de la aldea: La mayoría de casas están destruidas, las que quedan son casi inhabitables, y no creo que las cabañas provisionales que construyeron los aldeanos sean suficientes para dar cobijo a todos —explica la caballero, enumerando con sus dedos—. Luego está el hecho de que, cuando el rey se percate de que su otra legión de soldado falló en su misión, enviará otra más grande, por lo que no sé si podamos defender la aldea y sus habitantes. Y por último está el gran semihumano que dice haber conquistado estas tierras.
—Eh, sí. Bowser puede ser poco ortodoxo algunas veces —expresa Mario, rascándose la nuca.
—No sé qué pensar, Mario-san. Es decir: Claro, él rescató a los semihumanos, pero éste territorio fue dado a mi padre por la Reina de Melromarc, así que no sé si aceptar ese hecho. Sin mencionar que no es legal adueñares de unas tierras porque sí.
—Entiendo tu punto, pero créeme que ni siquiera la fuerza más grande en el mundo hará que Bowser cambie de idea, por lo que es mejor para todos que le sigamos el juego. Al menos los semihumanos están a salvo.
Eclair deja salir un suspiro de cansancio en rendición al argumento de Mairo, pues tenía razón: Ahora no era el momento de preocuparse por asuntos legales.
—Tienes razón, lo importante es que todos están bien —luego vuelve su atención a los soldados retenidos—. Ahora hay que pensar en qué hacer con ellos.
—Simple —dice una voz gruesa. Era Bowser, llegando desde detrás—. Los tendremos aquí.
—¿Perdón? —expresa Eclair confusa.
—Si dices que su rey envió a estos idiotas a asaltar mi nuevo territorio, entonces los retendremos para que no puedan ir a avisarle que fueron vencidos. Y si llegan a venir más soldados, usaremos a toda esta banda de escuálidos como rehenes —explica Bowser—. También podemos aprovechar y obligarlos a construir más casas y hasta una fortaleza.
—¿Hablas de… esclavizarlos? —expresa Eclair sosteniendo su barbilla—. Bueno, esclavizarlos y obligarlos a reconstruir el pueblo como castigo no me parece una mala idea, pero lamentablemente no poseemos los materiales para aplicar las runas de esclavo sobre ellos.
—¿Runas de esclavo? ¿Qué es eso? —pregunta Mario.
—Es un sello que otorga una maldición a un individuo, quitándole en su totalidad el libre albedrío al ser propiedad de aquel que realizó el ritual para empezar. Dicho sello castiga con dolor físico si el esclavo desobedece una orden del amo, además de que puede ser configurado con cualquier otra condición.
—¿Estás diciendo que si le ponga una de esas cosas a Mario, se convertirá en mi leal súbdito y hará todo lo que le ordene, le guste o no? —pregunta Bowser, emocionado por la idea y fantaseando con miles de escenarios en donde el fontanero le trae a la Princesa Peach en bandeja de plata.
—Oye, sabes que estoy aquí, ¿verdad? —se queja el héroe con los ojos en blanco.
—Ignoraré el hecho de que abiertamente quisiste esclavizar a un Héroe Vasallo, además de informarte que los mismo son inmunes a las runas de esclavos —expresa Eclair.
—… ¡Cuernos! —escupe Bowser decepcionado, expresando después—. Como sea, de todos modos, no planeaba usar esas como se llama de esclavo para obligar a estos idiotas a trabajar para mí.
—¿Ah, no? ¿Entonces qué planeas hacer? —pregunta a Eclair.
Bowser no responde, sólo pone una sonrisa malévola mientras mira al tembloroso grupo de soldados que se preguntaban qué clase de destino les depararían.
…
Luego de varios días, en la aldea Lurolona: Parecía que la paz había vuelto a abrazar la pequeña zona costera; pues el sol brillaba, las gaviotas graznaban, el viento soplaba, y los aldeanos colaboraban y atendían sus labores para poder llegar a recuperar el hogar que se les fue arrebatado por las Olas de Calamidad.
De entre ellos estaban también Mario y Eclair. Pero para ellos, la vista no se parecía en nada a una pacífica y agradable aldea playera:
—¡Muévete, vamos! —grita Bowser antes de pegarle un coscorrón a uno de los soldados para que continuara su trabajo, y quien también tenía, por alguna extraña razón, a una Raphtalia montada sobre su nuca, de igual forma a como cargaba a su hijo en su hogar natal.
El rey de los koopas estaba usando la fuerza bruta para obligar a los soldados a ayudar con las construcciones de las casas. Estos habían sido despojados de sus armas y armaduras, llevando consigo solamente un pedazo de tela amarrados a su cintura para ocultar sus miserias. También había varios aldeanos armados con las mismas armas que los soldados, vigilándolos para evitar que escapen.
En ese transcurso, Bowser usa su aliento de fuego sobre una especie de olla de arcilla que tenía adentro varias armaduras y armas de metal junto con otro tipo de rocas específicas, teniendo como resultado que todo se funda en una masa, para luego dejar enfriar y obtener material de cemento que, junto con madera y rocas que Mario y Eclair ayudaron a recolectar, los aldeanos y soldados "contratados" utilizaban para construir casas que ya tenían un aspecto más habitable y acogedor; incluso habían cimientos de una especie de torre.
—Debo concedérselo: Sus métodos son… efectivos —opina Eclair.
—Sí, hablando de justicia poética —expresa Mario, viendo cómo una pequeña niña azota a Rabier con su propio látigo para que siga trabajando.
—Pero hay algo que no deja de preocuparme —suspira la caballero.
—Oh, ¿y qué sería?
Cuando pasó a ver a Bowser, la expresión de Eclair cayó a una de severidad y preocupación, cerrando los ojos antes de preguntar:
—Dijiste que, en tu mundo, él es un rey, ¿verdad?
—Hmm~, así es. ¿Qué con ello? —responde Mario sin captar el problema.
—Pues verás: Estoy preocupada de que éste sujeto, Bowser, decida comenzar una especie de guerra o conquista contra Melromarc. Digo, ya se adueñó de Lurolona; y aunque dijiste que su raza se llama "koopa", parece un semihumano, por lo que no será bien tratado aquí. Puede que él, con su fuerza y habilidades de liderazgo, logre juntar a tantos semihumanos como sea posible y comenzar un golpe de estado o algo así; y una guerra es lo último que necesitamos ahora.
Mario entendió las preocupaciones de Eclair. Era lógico que alguien saque esas conclusiones después de todas las acciones que hizo Bowser desde que pisó estas tierras. Pero aun así, Mario sabía cosas que la caballero ignoraba, lo que lo lleva a esbozar una sonrisa tranquila para inquietud de Eclair y responder:
—Tranquila, eso no pasará —responde tranquilamente.
—¿Cómo estás tan seguro? —interroga Eclair, pasando a ver al fontanero.
Mario mira hacia el horizonte con una sonrisa de nostalgia, recordando todas sus aventuras y peleas contra el koopa.
—En nuestro mundo hay un reino, llamado Reino Champiñón, nuestro hogar —relata el fontanero—. La cosa es… que esa tortuga torpe ha intentado año tras año apoderarse de él para ser su legítimo gobernante.
—¿Eh? Espera, ¿entonces él no es dueño de ese reino?
Mario niega con la cabeza y continúa:
—Él es el rey de su raza, mas no del reino en sí. Continuando: Digamos que el Reino Champiñón tiene muchas cosas estupendas, pero su poder militar es… casi nulo.
—… Oh —expresa Eclair, preguntándose cómo es que un reino puede seguir existiendo sin ejército o al menos caballería para defender a sus habitantes.
—En cambio, Bowser posee un arsenal incomparable: Barcos voladores equipados con cañones y bombas; ejércitos, y todo tipo monstruos a su disposición. Y a pesar de todo eso, nunca ha intentado obtener el Reino Champiñón por la fuerza.
Ahora Eclair estaba sorprendida. ¿Por qué alguien con tanto poder militar y variado arsenal no sólo tomaría el reino en un golpe de estado? La respuesta sin duda se le escapaba, pero en lugar de preguntar, dejó a fontanero continuar.
—Todo lo que hacía era secuestrar a la Princesa Peach, la máxima autoridad, y la llevaba a su castillo para convencerla de que le ceda el reino. Hombre, hasta una vez intentó casarse con ella para ser legítimamente el rey. Claro, había veces en las que sí se pasaba de la raya: Como cuando secuestró el castillo entero o la vez que intentó apoderarse de toda la galaxia.
—Entonces, ¿me estás diciendo que alguien con el poder militar suficiente para levantarse en armas y tomar un reino armamentísticamente pobre por su cuenta, simplemente no lo hace? ¡¿POR QUÉ?!
Mario se encoge de hombre, luciendo divertido de la expresión de confusión y conmoción que mostraba su nueva amiga.
—Tal vez él aprecia a los habitantes del Reino Champiñón tanto como nosotros; o tal vez él entiende que causar muerte y destrucción por doquier no beneficiaría a nadie. Sea lo que sea, eso me hace creer que Bowser no hará nada tonto en este mundo… Bueno, tonto dentro de sus estándares. Además, cualquier cosa que intente, yo estaré aquí para detenerlo.
—Hmm, ya veo.
Eclair no podía creer lo fácil que se deja convencer por Mario. ¿Tenía ese chico algún poder especial para calmar a la gente?
—Pero aún me cuesta creer que ese reino pueda mantenerse, su gobernante debe ser muy capaz.
—¡Lo es! —presume Mario—. La Princesa Peach es una líder nata: Firme, diligente, carismática, inteligente, y totalmente gentil con todo su pueblo. Gracias al ella, el Reino Champiñón es una tierra pacífica.
—Hablas muy bien de ella, Mario-san. Discúlpame si soy demasiado atrevida pero, ¿ella es algo para ti?
—Eeeeeh —Mario vacila un poco en su respuesta, encogiéndose de hombros—. Es… complicado.
—Je, bueno, supongo que es mejor que nada —se burla la caballero, a lo que Mario reacciona frotándose la nuca y riendo junto a ella.
El fontanero después capta su atención en una niña de pelo rubio opaco, con orejas y cola que estaba recogiendo unas flores cercanas mientras tarareaba de felicidad. Decidiéndose por satisfacer su curiosidad, Mario se acerca hasta la infante y se pone de cuclillas para preguntarle:
—Hola, pequeña. ¿Qué estás haciendo?
—¡Oh, martillo-niisan! —expresa Rifana al notar la presencia del fontanero.
—Vamos, sólo "Mario" está bien —responde de forma amigable.
—E-Está bien, Mario-niichan; estoy recogiendo flores para hacer un collar con las mismas, y luego regalárselo al Héroe del Escudo —explica la niña mientras fantaseaba.
—¿El "Héroe del Escudo"? Son de esos "Héroes Cardenales" que mencionaste, ¿no? —le pregunta Mario a Eclair.
—Así es: El Héroe del Escudo en especial es admirado e idolatrado por los semihumanos —explica esta.
—Ooh, ya veo. Supongo que le espera una cálida bienvenida a ese tal Héroe del Escudo de tu parte, pequeña.
—¡Sí! Cuando lo vea, le propondré matrimonio —declara Rifana, haciendo que Mario casi caiga de cara por la descarada afirmación de la niña.
—¿N-No crees que es un poco pronto para eso, niña? —pregunta un nervioso Fontanero.
—Oh, no tengo tiempo que perder. Esos soldados dijeron que el rey está invocando a los Cuatro Héroes aquí, por lo que el Héroe del Escudo vendrá tarde o temprano.
—¡¿QUÉ?! —reacciona Eclair con sorpresa y enojo.
La caballero corre rápidamente hasta uno de los soldados que estaba trabajando, agarrándolo por el cuello y preguntándole de forma histérica:
—¡¿Es verdad que el rey invocará a los cuatro héroes aquí en Melromarc?! ¡RESPONDE!
—¡S-SÍ! ¡S-Su majestad decidió invocar a los cuatro héroes aquí!
—¡Maldición!
Eclair tiró al soldado al piso y comenzó a correr desenfrenadamente hacia la salida del pueblo, siendo interceptada por Mario quien no comprendía el cambio de actitud de la caballero. ¿Tendría que ver acaso con el hecho de que invocaran a esos cuatro héroes? Pero no tienen sentido, ya que si supuestamente son los salvadores del mundo, ¿por qué sería algo malo traerlos?
—¿Qué sucede, Eclair? ¿Por qué reaccionas de esa forma?
—¡Esto es malo, Mario-san! ¡Tenemos que ir al castillo de inmediato! ¡Hay que detener al rey antes de que cometa una locura!
—¿Por qué? ¿Se trata de la invocación a esos héroes? ¿Por qué es algo malo que los invoquen si vienen a salvar el mundo?
—¡No lo entiendes, Mario-san! Se estaba planeando invocar a los héroes, sí. Pero para ello, hubo un acuerdo entre cuatro reinos: Melromarc, Zeltobe, Faubrey y Shiltvelt; para que cada reino invoque a un héroe en específico. Pero si el rey invoca a los cuatro aquí, ¡podría estallar una guerra!
Ahora esto era en serio. De verdad, ¿qué clase de rey era éste que ignora un tratado internacional y hace lo que le plaza? Ahora tenía sentido la reacción de la caballero: Nadie quiere una guerra, y peor mientras el Apocalipsis amenaza con llegar a tu mundo y destruirlo. Pero Mario lo pensó mejor por un momento, e intuyó que el plan de Eclair tal vez no sería la mejor de las ideas.
—Pero, ¿crees que te escuchará? ¿Cómo estamos seguros de que hará caso omiso a tus exigencias y te encarcele de nuevo, tal como hizo cuando intentaste detenerlo de saquear este pueblo?
—Yo… —Eclair flaqueó por un momento. Mario tenía razón: Era muy improbable que el rey la escuche, pero su convicción por sus deberes como caballero la obligaban a seguir adelante—. ¡Me da igual si me encarcela de nuevo! ¡Necesito al menos intentar detenerlo! Su majestad, la reina, está en un viaje diplomático en este momento y dejó a mi padre a cargo del reino mientras tanto, por lo que recae en mí cumplir con mi deber y cuidar de esta nación.
Por cada minuto que Mario pasaba con Eclair, más se impresionaba de la determinación de esta; comenzaba a recordarle a la Princesa Peach. Pero luego, unas ligeras semillas de duda se plantaron en la cabeza del fontanero sobre algunas cosas que su compañera había dicho: ¿La reina dejó a su padre a cargo del reino y no al rey mismo? ¿Por qué lo haría? Y luego de reflexionarlo un poco más, pensó que tal vez era porque el rey era muy incompetente en su labor; pero de ser así, ¿por qué estaba en ese cargo en primer lugar?
Mario estaba a punto de preguntar, pero fue interrumpido por un semihumano que gritaba a los cuatro vientos con emoción, haciendo que incluso a Eclair se le olvide todo el asunto de los héroes momentáneamente.
—¡Un bote, es un bote! ¡ella está de vuelta! —gritaba el aldeano que miraba por el acantilado que daba al mar.
Ante el aviso, todos los semihumanos inmediatamente detuvieron sus labores en lo que ponían caras de felicidad y emoción, para luego bajar las colinas del poblado y dirigirse hacia la costa y recibir al supuesto recién llegado que, teniendo en cuenta las reacciones de los pobladores, era alguien a quien le tenían mucho aprecio.
Tanto a Mario, Eclair y a Bowser con Raphtalia montada sobre él; les llamó la atención el por qué los aldeanos hacían tanta bulla por un supuesto bote que se acerca, así que también se propusieron a acompañarlos hasta la costa, no sin antes éste último dejar a los soldados amarrados y amordazados sobre una gran roca con una cuerda.
Cuando el cuarteto llegó hasta la costa, vieron acercarse a un pequeño bote pesquero que tenía como único tripulante a una mujer con cabello color azabache que cubría toda su espalda hasta juntarse en la cintura por un tocado plateado, siendo adornado sobre los laterales de su cabeza dos broches parejos de celeste y azul de forma triangular, soltando dos mechones que caían por los lados de su cara. Su piel era blanca, haciendo contraste con sus ojos azul cielo que, acompañado de sus rasgos finos, la hacían ver como una belleza deslumbrante.
Su vestimenta tampoco pasaba desapercibida, siendo esta lo que parecía un chaleco azul de tope verde y un top hecho de vendas blancas que dejaban a la vista la zona inferior de sus senos, sostenidas por dos telas azules que se cruzaban de forma lateral bajo sus brazos. Su tren inferior tampoco dejaba mucho a la imaginación, pues sólo se trataba de un taparrabo que se alargaba en la parte frontal y trasera, formando colas de tela en los respectivos lugares junto con un cinturón cuya hebilla era el símbolo de Omega al revés y algunos detalles marinos como conchas en ellas, acabando su atuendo con unas sandalias en los pies.
Pero lo más llamativo era que en ciertas zonas de sus brazos y mayoritariamente en sus piernas, su piel cambiaba de pigmentación y textura, mostrándose en su lugar una tez negra azulada y lisa que tenía cierto toque húmedo.
A primeras instancias, Mario se vio algo atraído por la belleza natural de la mujer, y su carencia casi total de ropa no ayudaba. Pero luego imaginó a la princesa Peach con una mueca de furia sosteniendo una sartén mientras todo a su alrededor ardía en llamas, y dichos pensamientos desaparecieron por completo.
—¡Sadina-neechan! —exclama Raphtalia eufórica, saltando de la espalda de Bowser y yendo corriendo para recibir a la recién llegada.
La mujer ahora conocida como Sadina encalla el bote en la arena y luego se baja de éste, sólo para ser casi tumbada por un abrazo de Raphtalia que se aferraba a ella como si fuera su madre.
—Vaya, vaya~. Pequeña Raphtalia, ¿tanto me extrañaste?
Pero Sadina paró con su actitud juguetona y tranquila cuando escuchó un par de olisqueos y sintió que el pequeño cuerpo Raphtalia estaba temblando. También pasó a ver al grupo de aldeanos reunidos, notando también un ambiente pesado y triste alrededor de todos ellos.
Tomando una actitud maternal, Sadina se agacha hasta la sollozante Raphtalia y la despega de su cuerpo, viendo en el acto sus cristalinos ojos y expresión amarga antes de preguntarle de forma seria pero suave al mismo tiempo:
—Pequeña Raphtalia, ¿qué sucedió?
Luego de intentar sin éxito componerse un par de veces, la chica mapache finalmente logra estabilizar su mandíbula para responder a la pregunta de la mujer cetáceo entre olisqueos de su nariz:
—E-Estaba… —relata con dificultad—. Estaba conversando con Rifana-chan, cuando de pronto el cielo se puso rojo y empezaron a llover muchos monstruos aterradores. Destruyeron nuestra casa, quemaron nuestros cultivos… M-Mamá, P-Papá…. ¡Wuaaaaaaaaah!
La niña no logra sopórtalo más, y al revivir todos esos traumatizantes y deprimentes recuerdos, finalmente cae de rodillas y rompe a llorar, provocando que la empatía golpee a los demás aldeanos reunidos y también a derramen unas cuantas lágrimas.
Sadina estaba ahí parada en estado de shock. ¿Una Ola? Era imposible para ella, lo hubiera notado; o tal vez estaba tan lejos en altamar que ni siquiera se percató de ello. Sintió como un nudo se formaba en su estómago al pensar en lo que tuvieron que pasar todos los aldeanos; algunos incluso perdiendo la vida, lo que llevó a intuir a la semihumana que los pobladores presentes, eran todos los sobrevivientes. Y a raíz de esa conclusión, y por la forma en la que Raphtalia había nombrado a su padre y a su madre, no tardó en intuir que habían pasado a mejor vida.
—S-Su majestad —susurra Sanida para sí misma con frustración y tristeza, mordiéndose el labio para evitar colapsar igual que Raphtalia—. Fui una tonta, le fallé.
Luego, la mujer cetácea se traga todos esos pensamientos en un instante, pues no era hora de mostrar debilidad frente a una aldea que la necesitaba ahora más que nunca.
Lo primero que hizo fue abrazar aún más fuerte a Raphtalia, permitiendo que esta tenga un hombro en qué apoyarse mientras seguía dejando salir todos esos sentimientos que había estado guardando por hacerse la fuerte frente a sus amigos.
—Tranquila, pequeña Raphtalia, ya esto aquí —consuela Sadina.
Mientras aún abrazaba a la pequeña niña, Sadina gira su vista por todo el grupo, notando para su sorpresa a dos individuos desconocidos, cuya presencia no había logrado captar, a pesar de lo distintivos que le parecieron estas personas a la semihumana: Un hombre bestia tortuga que extrañamente tenía cabello y púas, un hombre bajo que vestía unas ropas extrañas y una mujer que se le hacía conocida.
Por su parte, Mario y Bowser tenían curiosidad por la recién llegada: Tal parecía que era conocida y muy apreciada por todos los aldeanos debido a la forma en la que vinieron a recibirla. Bowser en especial estaba alerta por si acaso ésta mujer con cola resultaba ser el anterior gobernante del poblado e intentaría reclamarlo de nuevo, cosa que el koopa no dejaría pasar.
Cuando Raphtalia finalmente se calma, Sadina la mira para preguntarle quiénes eran esas personas, a lo que la chica reacciona entusiasmándose de nuevo y jalando a Sadina hasta estar frente a los dos hombres que se tensaron ante la presencia de la mujer.
—Sadina-neechan, estos son Bowser-sama y Martillo-niichan...
—Mamamía~ —suspira Mario para sí mismo, cansado de que le digan "martillo" en lugar de llamarlo por su nombre, además de esos extraños sufijos que le ponen tanto a Bowser como a él.
—Bowser-sama es muy fuerte —continúa—. Él detuvo a un grupo de soldados que trataron de esclavizarnos, y luego venció a otro grupo mucho más grande de soldados que tenían el mismo objetivo él solito.
—¡¿Qué?! ¡¿Cómo que trataron de esclavizarte?! —exclama Sadina conmocionada.
Ahora esto era preocupante: Primero, una Ola que destroza la aldea y mata a la mayoría de sus habitantes; ¿Y luego unos soldados que vienen a esclavizarnos? Ahora se sentía más enojada consigo misma por abandonar la aldea a su suerte pero, ¿qué no era este un terreno seguro para semihumanos? Tal vez algo le había pasado al gobernante de la misma y por eso quedó vulnerable. Pero Sadina sacudió esos pensamientos, porque al final, todos los sobrevivientes están aparentemente bien y a salvo, por lo que no tiene más sentido preocuparse por el pasado.
A la semihumana cetáceo de pronto le llamó la atención el hombre bestia tortuga que supuestamente logró derrotar a una legión de soldados él sólo, lo que la llevó a preguntarse en qué nivel estaría y de dónde había salido, pues su raza no se parecía en nada a las tortugas convencionales que conocía.
—Así que, usted salvo a todos estos aldeanos —se dirige Sadina a Bowser, inclinándose ligeramente en una reverencia—. Tiene mi más sincero agradecimiento, no sé qué habría pasado si no hubiera estado aquí.
Bowser se relajó un poco al ver que la mujer no buscaba pelea y en lugar de eso, le estaba agradeciendo. Usualmente, el koopa era más despreocupado y hasta arrogante, pero no podía evitar estar alerta junto a la mujer, pues presentía que ella ocultaba un gran poder detrás de esa sonrisa tranquila.
—Uh, sí como sea —expresa el koopa, retomando su actitud habitual—. Pero no te confundas, mujer con cola: Salvé a esos débiles semihumanos para reclamar este territorio en compensación por sus vidas, por lo qué, ésta aldea ahora es mía.
Por un momento, Sadina mostró una cara seria, lo que tensó al rey de los koopas y le hizo ponerse alerta al esperar el inicio de una batalla por estas tierras. Pero luego y para su sorpresa, la mujer mostró otra vez esa sonrisa tranquila, como si estuviera perfectamente bien con eso.
—Ya veo. Entonces no me queda más que pedir que cuide bien de nosotros, pequeño Bowser.
¿En serio esa mujer le había dicho "pequeño"? ¡¿Cómo se atrevía?! Quiso encararla por ello, pero una gran parte del koopa le seguía diciendo que no era buena idea, por lo que sólo resopló y giró la cabeza, resignado a quedarse con ese humillante prefijo.
—Por cierto, pequeño Bowser —expresa Sadina, provocando un tic en la ceja de Bowser y haciendo que Mario se burle—. Me intriga saber que usted derrotó a un grupo de soldados sin ayuda. Si no es mucho atrevimiento, ¿le importaría decirme qué nivel es usted?
—¿Ni… vel? —cita Bowser, ladeando la cabeza y arqueando una ceja—. No tengo idea de lo que hablas.
Ahora la confusa era Sadina: ¿En serio no sabía nada acerca de niveles? Pero antes de que pueda responder, se escuchó una explosión proveniente del centro de la aldea, así como una cortina de humo que se levantaba desde la posición mencionada.
Bowser no tardó en darse cuenta de su error: Había dejado la aldea totalmente desprotegida al venir a recibir a la mujer, situación que sus enemigos aprovecharían sin dudar.
Más a dentro en la aldea, se ve cómo otra legión de soldados estaba quemando con antorchas y hechizos de fuego las casas recién construidas, así como liberaban al cautivo Rabier y sus compañeros de sus ataduras.
Cuando el noble fue liberado, caminó con una sonrisa de satisfacción hacia un sujeto que, por su vestimenta, parecía que estaba en un puesto más alto que los demás soldados.
Tenía piel color canela claro, cabello negro rapado por los lados y cuya cima estaba sujetada por una coleta, y ojos negros que eran traspasados por dos cicatrices en forma de diamante.
Vestía un cuello metálico con púas en la base, de donde se desplegaban hombreras repartidas en secciones de tres color carmesí y bordes plateados, con un medallón con un cráneo dibujado en el centro de donde se desprendían dos bandas de cuero que cruzaban sus costados, dejando su torso descubierto. También traía un pantalón marrón acompañado de un cinturón, placas carmesíes en los costados y una cola frontal de ese mismo color, además de rodilleras con púas y botas altas color marrón.
—Oh, general Reiko —expresa Idol, aliviado—. Cuanto me alegro que haya venido.
Fin del capítulo.
A/N: Primero que nada, lo siento por la tardanza, la universidad me tenía algo apretado.
Wow, estoy muy impresionada de que, a pesar que esta idea se me ocurrió a lo loco, están haciendo muchas especulaciones y análisis serios sobre la misma, eso me agrada y me motiva a continuar esta historia de una forma más seria. De nuevo, gracias por leer y comentar. El próximo capítulo puede que tarde un poco ya que comenzaré a tomarme más en serio esta novela para tener bases más sólidas al momento de escribir.
Y sí, sé que éste capítulo se puede sentir algo flojo a la par que es muy corto, pero decidí deshacerme de este para en el próximo comenzar con los sucesos del anime per sé, además de concluir con ese pequeño cliff hanger que dejé.
Ah, y varios han comentado que si Bowser tendrá un Arma Vasalla: Ya lo tenía en mente desde el inicio y admito que éste iba a aparecer con un Arma Vasalla junto con Mario, pero descarté esa idea al pensar que el koopa literalmente es un peligro con una de esas cosas, así que por ahora sólo Mario tendrá una para que pueda controlar al rey koopa cuando intente pasarse de la raya.
Con esto dicho: See you next time~!.
