Senki Symphogear no me pertenece, es de sus respectivos dueños
A veces me pregunto, ¿ella me encontró a mi o yo a ella?
Si la niebla de la ciudad fue mi guia hacia aquel lugar tan lejano de mi hogar o la intervención de un joven de cabellera anaranjada que no dejaba de lloriquear.
- ¡Vamos Tsubasa-san! Ve por el ungüento que dijo mi abuelita -rogo el joven de ambarinos ojos que juntando sus manos y hablando comuna voz chillona intento convencerme- ¡Tsubasa-san, por favor!
- Tachibana…-gruñí ante su petición.
En la ignorancia de mi acompañante Tachibana Hibiki, tenía la vaga e infantil idea de que iba a ir corriendo en medio de la noche en un barrio de mala muerte a mitad de Kiev Ucrania para conseguir la tan dichosa pomada que le pidió su abuela que le trajera de aquí.
Si las circunstancias fueran diferentes, fuera de día y principalmente nuestro vuelo no fuera temprano en la mañana siguiente, iría o mas bien haría que el me acompañara porque es su responsabilidad. Pero NO, Tachibana tenía que lastimarse el pie en las escaleras de la iglesia de San Andrés y aquello atraso todo el viaje.
Se que mi deber como el mayor es procurarlo y ayudarlo, pero yo solo quería un viaje de vacaciones tranquilo.
Desde que comencé el segundo año de la preparatoria siento como si todo se viniera en picada y luego remontara como una montaña rusa. Al principio todo parecía fácil hasta que llego a mi vida el remolido andante de Tachibana que es tan hiperactivo que lo regañan a cada rato en clase y a mi por estar sentado a su lado, si no he estado en detención mas de 10 veces a la semana es poco para lo que he ido a causa del ojiambar. ¿Por qué aguantarlo? Resulta que es mi compañero de habitación. El año pasado había estado solo y en cuanto entramos en el nuevo año escolar la junta educativa decidió que era buena idea meterme un compañero y tuvieron que incluir al chico problemas de la preparatoria.
Es básicamente incontrolable, bueno, solo si se encuentra Yukine a su lado que lo golpea tan fuerte que lo deja noqueado y así no hace nada. Podría hacerlo yo, pero le prometí a su abuela que no lo golpearía; pero solo yo lo prometí, no Yukine, así que de ella no me hago responsable.
Aunque el año escolar fue difícil, a mitad de ciclo la escuela decidió mandar a nuestro grupo por ganar en las actividades físicas al extranjero (si, solo para eso sirve Tachibana, para el ejercicio). El punto es que se decidieron por mandarnos junto con los profesores a Kiev Ucrania por la cultura que esta podía ofrecernos si nos alejábamos de las zonas peligrosas. El lugar era hermoso, lleno de historias aun por descubrir, los escasos cinco días que nos dieron no alcanzaban ni para ver la cuarta parte de la magnificencia del lugar.
Lamentablemente, el día de despedirnos de la cultura estaba cerca y con las maletas listas y el corazón lleno de desilusión, tiene que llegar el ojiambar a insistir con sus tonterías después de sus estúpidas travesuras.
- ¡Por favor! Sabes como se pone mi abuelita si no le cumplo lo que me pide -volvió a rogar con insistencia. Desde la cama el se veía desesperado.
- Ya te dije que no -negué con fuerza- debiste haber pensado eso antes de saltar según tu como el hombre araña, así no te hubieras esquinzado el tobillo.
- ¡Te prometo que no volveré a hacer tonterías si vas! -siguió insistiendo y bufe ante su petición- ¡te lo digo enserio, si miento puedes decirle a Chris-chan que me rompa la cara!
Negué bufando una y otra vez- por mas divertido que sea, no me interesa en lo mas mínimo ir. Sabes bien que esta mal que los alumnos salgan sin supervisión y mucho menos a las 12 de la noche, es mas, ¿crees que va a estar abierta la botica que dice tu abuela? Piensa Tachibana, piensa.
- Estará abierta, mi abuelita dice que abren 24/7 -asintió varias veces con la cabeza- se que puedes salir, te ves mucho mas mayor de lo que aparentas.
- ¿Me estas diciendo viejo…? -alce la ceja un tanto molesto.
- ¡No, no! -sacudió sus manos de un lado a otro enérgicamente- solo digo que si quieres puedes entrar a una película +18 si así lo desearas…
- No te estas ayudando en nada.
- ¡Tsubasa-san!
- ¡Tachibana!
- ¡Ya cállense los dos!
Azotando la puerta como una bestia carmesí, Yukine hizo aparición y con un lanzamiento certero aventó una almohada a la cara del ojiambar y otra hacia mi que por fortuna pude esquivar.
- C-Chris-chan… -la voz llorosa de Tachibana se hizo presente cuando alejo la almohada de su cara y en ella se visualizaba unos ojos lagrimosos con una nariz roja del impacto- estoy enfermo, ¿Por qué eres tan cruel conmigo?
- Porque ustedes no respetan el sagrado arte de dormir -refunfuño como una pequeña fiera- será mejor que me den una buena explicación del porque están discutiendo antes de que les rompa la cara con la lampara- en amenaza y acompañando sus fuertes palabras, señalo la lampara que solo estaba a unos cuantos centímetros de ella.
Al mirarla solté un pequeño suspiro y miré a Tachibana que por el miedo que la albina le causaba decidió ocultarse bajo las sabanas cual cobarde, no es que estuviera sorprendido de aquella actitud mas que nada era de esperarse, pero tenía la mínima esperanza de que por fin le explicara las cosas a Yukine cuando se pone así de agresiva.
- Tachibana quiere que vaya por una crema que le pidió su abuela -le comente de forma simple, sin darle mucha importancia- estábamos alzando la voz porque no voy a ir por ella y el esta rogando por que vaya.
- ¿Así? -alzo la ceja dudosa y yo asentí al verla- bien, entiendo – con el talón de su pie derecho dio un pequeño golpe al piso en el cual un ruido sordo hizo que el ojiambar temblara debajo de las sabanas- quiero ver eso -se cruzo de brazos.
- ¿Disculpa? -la duda en mis ojos se fue cuando mire una sonrisa petulante en su rostro- ¿Yukine…?
- Quiero ver como se humilla por la crema -hablo prepotente y dominante.
En lo que llevo conociéndola, nunca la había visto hablar de esa manera… da un poquito de miedo verla así.
Desde el fondo de las sabanas, el individuo debajo de ellas se mecía poco a poco, daba la impresión de que estaba considerando aquellas opciones.
- Yukine… -intente interceder- sé que Tachibana no es propiamente una persona… pues "inteligente" pero no va a hacer eso. Es un hombre con principios y no va a caer tan bajo como…
Ultima vez, les juro que es la ultima vez que tengo esperanzas en ese tonto. No pensé que tendría tan poca dignidad como para salir de la cama, arrodillarse frente a mí y poner su cabeza junto con sus manos enfrente contra el piso.
- ¡Por favor Tsubasa-sama! -grito el indigno con "humildad"- se que no le debo de pedir favores a un dios como usted, pero es para mi dulce abuelita, ¡se lo imploro de corazón!
Me quede viéndolo atónito, de verdad no pensé que fuera a pasar aquello y menos que lo que paso a continuación.
- Implora mas, basura -la opresora voz de la albina fue el acompañamiento para su pie que se coloco arriba de la espalda del joven que no emitió ruido alguno- si lo haces un poco más, hare que te haga el favor.
- S-Si, Chris-sama… -el carraspeo un poco y sin levantar la mirada siguió con su petición- se lo imploro Tsubasa-sama. Hare todo lo que me pida si es necesario, le limpiare los zapatos con mi lengua…
Como un acto de seguir con su estupidez, casi toca la punta de mis zapatos con su mano derecha e inmediatamente quite mi zapato de ahí.
- ¿No se supone que estabas lastimado? ¿Cómo es que…? –mi pregunta únicamente la recibió el aire porque el joven seguía en su labor tonta de convencerme- Tachibana, no tienes por qué…
La gran risa superior de Yukine me hizo parar y ella le dio un pequeño apretón con su pie al joven- no es lo que quería, pero me alegra saber que entiendes tu lugar en este mundo, basura.
¿Desde cuándo es que Yukine se volvió tan… sádica y Tachibana tan masoquista? ¿a que punto llegaron que empezaron con una relación tan rara?
Solo una vez los deje solos y fue cuando los deje con mi tío Genjuro en una sesión de entrenamiento a la que ellos quisieron participar… ¿Qué rayos los hizo ver mi tío en ese tiempo?
- Bien… -otra risa sangrona por parte de la albina me hizo mirarla, con un poco de miedo debo admitir- Tsubasa, ve por lo que te pidió el idiota.
- ¿Eh? -alce la ceja y negué con la cabeza- ¿Cómo porque tendría que ir? No porque a el le guste avergonzarse y a ti verlo, significa que deba de entrar en su estúpido juego y hacer lo que me pides -dije de forma severa e inamovible como una montaña, no me dejaría convencer.
- ¿Así que con esas estamos…?
Sus palabras fueron recubiertas por una sombra oscura que emanaba de su pequeño cuerpo, sus ojos se ensombrecieron dando el paso a una tenebrosa voz.
Era probable que no saliera ileso de aquella batalla, pero no me movería de mi posición, me mantendría firme en mis decisiones, eso es lo que me hacia un centinela; nunca rendirme sin importar que.
-Minutos mas tarde-
- Nunca rendirme sin importar que, ¿eh?
Era aquella las palabras irónicas que salieron de mi boca en mi "gracioso" andar.
Para ser un autoproclamado centinela caí demasiado rápido ante las "amistosas sugerencias" de la albina. No le tomo ni dos intentos hacer que hiciera su voluntad, únicamente le basto con enseñar unas fotos de mi infante yo en vestido de cenicienta y amenazar con que las subiría a las redes sociales si no hacia lo que pedía.
- Y todo por hacerle caso a Kanade que le dio las malditas fotos-brame frustrado por aquella decisión de complacer a la aludida en su fiesta de cumpleaños de aquel entonces- por su culpa tuve que aceptar ir por esta tonta pomada -alce levemente el objeto en cuestión y rodee los ojos mientras seguía caminando.
La tienda donde la compre no era particularmente mala, la cuestión era que la zona en la que estaba era olía a peligro en cada esquina. La poca luz que había iluminaba a unos cuantos jóvenes de dudosa procedencia que me veían como si fuera carne fresca para ellos.
Kiev nos mostraba ser un lugar bastante agradable y tenia la idea de que no tendría un índice de pobreza tan grande, pero… de verdad me sorprendí cuando vi esa parte decadente de la ciudad.
Era innegable la baja calidad de vida que esas personas tenían que sobrellevar a diario. Tanto que llegue a pensar que sustentaban sus vidas en base al robo de pertenencias u otra actividad ilícita por aquellas miradas y fuerte presencia que tenían las personas al verme pasar.
En un pensamiento rápido, solo quería salir de ahí lo más rápido posible. En primera porque no quería meterme en problemas y segunda… no había otra, simplemente no quería estar en ese lugar donde corría en riesgo mi vida por una crema que no valía la pena.
Si, mi andar se acelero y las miradas parecían fijarse mas en mi, aunque ahora que lo pienso bien, eso me hacia parecer mas sospechoso. Y eso en parte podía explicar porque en un solo segundo cuando baje la guardia, un individuo corrió al lado mío y tomo la bolsa donde estaba la pomada.
- ¡Hey! -fue lo que logre articular sin poder si quiera atrapar al ladrón - ¡eso no es tuyo!
Era rápido eso debía admitirlo, pero debía atraparlo, no me iba arriesgar a que Yukine publicara mis fotos, aun tenia una imagen que mantener.
Así que, sin esperar, corrí detrás de aquel velocista. Corrí tanto que al final, me perdí. De un lado a otro doble por tantas esquinas que no supe hasta que punto comencé a dar vueltas por el mismo poste rojo fosforescente y hasta cuando perdí la vista incluso de los jóvenes con cara de maleantes que hace unos minutos parecían querer arrancarme un riñón.
En el lugar en el que me encontraba no había ni una sola alma, únicamente había edificios abandonados, y unas cuantas lámparas de calle que tintineaban tanto que le causarían migraña a cualquier persona.
- No queda de otra… -frustrado por la situación tome mi celular para revisar que ya era bastante tarde- debo contactar a Yukine para decirle de la situación. Que ni modo, la pomada tendrá que esperar hasta que Tachibana pueda ir por su propia cuenta y comprarla.
En mi espera de que la albina contestara el celular y de que no me regañara a mas no poder por no cumplir con su estúpida misión, un gritillo agudo me erizo la piel. En un lugar tan solitario, no te imaginarias que algo así sucediera.
Miré a todos los lados posibles en busca del origen de aquel grito y no vi nada en mi rango visual. Pero ese sonido seguía resonando tan fuerte que me puso en alerta máxima. No supe bien que debía de hacer.
Si bien podía hacerme el desentendido y solamente continuar mi intento de que Yukine me contestara, también estaba el instinto de querer ayudar a esa persona pues tenia la impresión de que se encontraba en peligro.
Pero… ¿y si no estaba realmente en peligro y era algo mas? ¿me pondría en peligro? ¿Qué tal si era una trampa de aquel ruin ladrón que me robo la pomada para matarme y vender mis órganos?
- Eh… Je… ¿Por qué dudo? Toda mi vida me prepare para ayudar al prójimo. Soy un centinela, ¿no? Prometí que incluso en el fin del mundo, no me arrepentiría de mis palabras. Así que, no pienso dar un paso atrás ha todo lo que he construido.
Con una voluntad fierra apresure el paso en la dirección de los gritos mientras le colgaba la llamada que iba a tener con Yukine.
POV NORMAL
Era el ruido estruendoso de un golpe en la mejilla hacia una menor lo que resonó en aquel silencioso callejón. El hombre atacante jadeaba molesto, le reclamaba a la niña de verdosos ojos por qué había tenido la "grandiosa" idea de robar una estúpida pomada que solo servía para los pies. Necesitaban dinero y esa crema no valía ni un grivna*. Frustrado arremetió contra la niña con otra bofetada la cual ella respondió con un fuerte y doloroso grito.
Sin que fuera suficiente para el, alzo su mano para darle otro "merecido" golpe para pasar a patearla hasta zacear su necesidad agresiva de desquitarse con ella, pues la niña debía entender que él era su dueño y debía obedecerlo en todo lo que el quisiera.
Antes de que su mano lograra moverse un milímetro mas, otra mano agarro su muñeca y de un apretón lo hizo mirar a unos furiosos ojos azules que sin esperar reclamo alguno elevo esa mano y con un impetuoso movimiento lo tiro contra el piso haciendo así que el agresor tocara piso con tanta fuerza que el grito que soltó hizo eco en el callejón.
El antes fiero atacante intentó levantarse del piso, el joven Kazanari le dio un ultimátum al simplemente quedarse entre el señor y la niña. Las intenciones maliciosas del grosero señor fueron míticas por aquella aura amenazante del peliazul.
Si bien, era un ladrón, una rata de alcantarilla, no había vivido tanto peleándose con tipos que claramente le podían romper la cara. Así que realizo lo que cualquiera de su calaña haría: ¡Una retirada estratégica!
- Ni para calentar sirve -menciono el joven peliazul que negó levemente con la cabeza y suspiro- estúpido hombre aprovechado. Primero golpea a una niña y después sale huyendo cuando alguien de su mismo tamaño lo enfrente… Ese tipo de personas me dan asco -se cruzo de brazos decepcionado de lo terrible que podían ser algunas personas.
Aun cuando existía un deseo de perseguir a esa terrible persona y mínimo golpearlo hasta dejarlo inconsciente, había algo más que tenía que hacer.
- Así que… ¿Cómo te llamas? -le pregunto a la niña en cuanto se giro a verla.
Le sonrió en un intento de parecer amigable pues sabia a ciencia cierta que su "amistosa" cara era todo lo contrario.
La niña respondió ante aquello dando unos cuantos pasos hacia atrás, topando a secas con la pared. Era como Tsubasa lo había imaginado: "le generaba terror". No esperaba menos siendo sincero.
- ¿Qué se supone que debo de hacer? –otro suspiro- mi cara no ayuda y… -vio a la niña temblando, tenia tanto miedo que incluso había soltado la pomada que le había robado con anterioridad- no creo que ella sepa japonesa…
Ya con un pensamiento un poco analítico, lo que había dicho era mas que correcto. Si con suerte Hibiki conocía el japonés y una mínima cantidad de inglés, una niña de esa edad no conocería el idioma.
¿Qué se supone que debía de hacer? El a lo mucho conocía unas pocas palabras en ucraniano y hablarle con señas seria peor… Aunque, aun había una relación para su problema.
- P-pyvit (H-Hola) -menciono de forma torpe el ojiazul mientras sacudía su mano derecha.
Con una sonrisa nerviosa intento verse de nuevo agradable ante la niña que, al escucharlo, aun en su miedo ella sacudió levemente su mano mas no hablo.
- "¿Qué mas puedo decirle?" – se cuestionó así mismo ante ese cuestionamiento. Frunció levemente el ceño.
Bueno, era un chico listo, pero tampoco sabia como tratar a alguien de otro país. Había corrido suerte al recoger la pomada de la abuela Tachibana, pues tenía una nota escrita por la adulta mayor y que fue entregada a la concesionaria de la tienda para que le vendiera el producto.
No podía rendirse con un solo intento fallido, debía intentarlo hasta el final. Bien podía irse sin mirar atrás a esa niña del callejón, siendo francos, ya la había salvado de aquel truhan podía dejarla sola; pero había un problema, ¿Por qué la dejaría sola? Esa persona malvada bien podía volver cuando el se fuera y terminaría su trabajo. ¿Cómo un autoproclamado centinela dejaría sola a una niña? Mínimo tenía la obligación de ponerla a salvo.
Con una mentalidad protectora, siguió con sus tontos intentos de compaginar con la niña, y su siguiente opción era mas inteligente que la anterior pero no menos efectiva.
- Que sirva de algo pagar el plan del celular –comento aquello al momento de sacar su celular y seleccionar desde su lista de aplicaciones una en la cual podía traducir sus palabras al idioma de la niña.
La pequeña pelirrosa observo curiosa. Para ella, que un hombre se quedara sin golpearla era de mas que atípico. Por lo general cuando alguien se acercaba a ella era para ordenarle algo después de darle tremenda paliza o simplemente ofrecerle pan duro después de mendigar un poco.
El joven peliazul hablaba en un idioma alienígena para ella, le hablaba a un aparato brilloso y este emitía palabras en algo parecido al ucraniano. A lo mucho, lo que entendía era algo como "¿quieres galletas?" o "¿Estamos en ucrania?". Las palabras del aparatito le causaban un poco de risa, pero lo que rebaso su expectativa fueron las ultimas palabras de aquel aparatito.
El dijo a sus oídos algo como "Watashi wa anata o tasuketai nodesuga, watashi ni sore o sa sete moraemasu ka?" y se tradujo como "YA khochu vasabi, mozhna meni tako?" que se interpretaría como "Quiero un wasabi, ¿me das unos tacos?".
Cuando la pequeña pelirrosa escucho aquellas palabras que a su parecer no tenían absolutamente nada de sentido, comenzó a reír frenéticamente como nunca antes lo había hecho. Aun con su corta edad no recordaba cuando fue la ultima vez que había reído con tanta vehemencia y mucho menos por un extraño.
Con la efusiva voz de la niña, el Kazanari quedo confundido a mas no poder por aquella acción de la menor. Sabia que ese ultimo plan no era el mejor, pero tenía el deseo de que tuviera mejores resultados.
Aun así, la risa escandalosa de la menor relajo un poco su nerviosismo. El lado positivo de sus tontas acciones dieron como resultado a por primera vez ver sonreír a la pequeña ojiverde. Y eso lo motivaba aun mas a querer sacarla de esa peligrosa calle, por lo que tenia que acudir a su ultima opción y no era algo que particularmente fuera de su agrado.
- Podría morí si lo hago, pero… -sus palabas fueron cortadas cuando de nuevo vislumbro la alegría de la pequeña- valdrá la pena…
-Minutos después-
POV Tsubasa.
- "No valió la pena…"
Mis pensamientos fueron aplastados por los constantes gritos de una furiosa albina que no dejaba de reclamarme mis "tontas" acciones.
- Estúpido animal tarado, ¿a quien se le ocurre hace esto? ¿estas consiente que nos pueden reprobar solo por tus idiotas ideas? ¡no debiste traerla aquí! Es más ¡PODEMOS IR A LA CARCEL Y TE IRAS TU SOLO PORQUE YO NO LO HARE!
Si la pregunta actual es él porque la joven Yukine se encuentra diciéndome hasta de lo que me voy a morir, es porque ella era mi tercer y ultimo plan. Puede que no sea de dominio público, pero la albina tiene la espectacular habilidad de hablar mas de un idioma y de entre esas curiosidades se encuentra el ucraniano. Sabiendo eso, la llame para que actuara como traductora después de explicarle como estaba la situación. Al principio se desconcertó, pero acato mi favor y después de explicarle a la niña de que solo la pondríamos en un lugar seguro mientras podíamos ir a un centro comunitario o algún lugar donde la pudieran recibir, ella acepto un tanto confundida, pero algo en su voz me decía que me iba a maltratar.
Cuando llegue con la pequeña a la habitación de hotel, Yukine me recibió con un golpe tan fuerte en la cabeza que me sacudió por completo. Y sin esperar a que me recuperara, comenzó a insultarme mientras me iba a sentarme en la cama con la esperanza de que se detuviera en algún momento.
¿y adivinen que? No se detuvo, solo seguía incrementando la intensidad.
- Pensé que ya la ibas a llevar a un lugar seguro, no traerla hasta acá ¿acaso sabe porque la trajiste aquí? –molesta se cruzo de brazos y refunfuñando siguió reclamando- mira tarado, si viene protección infantil por nosotros, al primero que hare que manden a la cárcel es a ti, no a mi.
Cerré los ojos y tomé aire, intentando calmarme un poco. Por mas que quisiera gritar como ella, la compostura era parte de mi característica principal y no tenia la intención de perderla en ese momento.
- Tu fuiste la que le dijo que la llevaría a un lugar seguro y pues… este es el único que conozco –pronuncie con un suspiro profundo- hice lo que tenia que hacer porque…
- "Porque es el deber de un centinela", si, si, dices eso desde que te conozco –ella negó con la cabeza- entiendo tarado, pero ¿no podías llevarla con la policía? Tu mejor opción fue traerla a un hotel llena de estudiantes estúpidos que si ven a una niña en su condición llamaran a la policía ¡por que van a pensar que tienes capturada a una menor de edad! ¡Incluso al idiota de Hibiki se le hubiera ocurrido una mejor opción que la que tuviste tu!
Con su reclamo me gire a ver a Tachibana que solamente reía tontamente y hacia caras estúpidas para la niña que de vez en cuando soltaba pequeñas risitas.
Para mi sorpresa, el tormento sabio un poco más de ucraniano que yo, esto debido a su abuela que le había enseñado y gracias a eso, en el momento que la niña llego a la habitación del hotel, el se acerco y le saco platica cuando la vio asustada por la actitud enojada de Yukine.
- Strybay zi mnoyu! (¡Salta conmigo!) -Pronuncio en un casi perfecto ucraniano el ojiambar.
No sé qué dijo, pero quiero creer que tiene algo que ver con que estuvieran saltando sobre la cama.
- T-Tak, ser (S-Si, señor) -ella respondió de manera muy tímida e imito las acciones del hiperactivo ojiambar.
Pese a que Yukine seguía reclamándome, no pude evitar sonreír levemente al verla divertirse un poco.
- María-chan es bastante divertida –soltó en una pequeña risa el tormento ojiambar- es como tener una pequeña hermanita~
Se me olvido mencionar que el nombre de la pequeña pelirrosa es María, así a secas, sin apellido. Dice que no recuerda si quiera quienes fueron sus padres, únicamente lo que sabia a ciencia cierta es que ese hombre malo con el que estaba la llamaba por ese nombre y por descarte supo que se era su nombre. Toda esta información proporcionada por Yukine que fue la encargada de "entrevistar" a la niña en su descanso de regañarme.
- Ella no es tu hermanita tarado –amenazo Yukine- tenemos que avisarles a los profesores de que tenemos a una niña extraviada aquí para proceder a ir con las autoridades.
-Chris-chan eres demasiado amargada ¿verdad, María-chan? –entre saltos miro a la niña y ella ladeo la cabeza confundida- ah, sí claro… Tia Kris duzhe apatychna, pravda? (Tía Chris es muy apática, ¿no es así?)
- YA ne yoho titka! (¡No soy su tía!)
María se detuvo en su saltar y miro a la mujer mayor- tse ne? (¿No lo es?)
Desprotegida por esa mirada triste y ojos grandes, Yukine titubeo e incluso llegue a notar un pequeño color sonrosado en sus mejillas.
- E-Eh pues…
- Tu también lo sientes, ¿no? –la cuestione alzando la ceja y ella de inmediato bufo con ese pequeño sonrojo en sus mejillas- Esa necesidad de querer cuidarla y tenerla a salvo. Con esto creo que puedes entender porque es mejor tenerla aquí que llevarla con unos policías que la dejaran de nuevo en las calles.
- ¡Callate que no es lo mismo! –reclamo Yukine. A lejos se le notaba lo avergonzaba que se encontraba- E-Es que es una niña pequeña, es normal que su adorable manera de ser me haga sentirme nerviosa.
- Al menos admites que es linda –reí un poco y eso solo provoco que las mejillas de la joven se pusieran aún más coloradas- Yukine, sé que para ti esto no es lo idóneo, pero cuidar de ella es importante, no podemos dejarla a su suerte. ¿Qué tal si ese tipo vuelve por ella? No podemos permitir que nada malo le pase.
Con mis palabras, la joven de cabellera blanca dejo de hablar, miro hacia la derecha para regresar su mirada hacia mi, se notaba que iba a contradecir mis palabras.
- ¡Soy un monstruo, te voy a comer!
- ¡Ah!
El fuerte y sonoro grito de Tachibana resonó en la habitación, y la respuesta de aquello fue que la pequeña niña gritara asustada. Cuando me gire para ver que estaba pasando, la menor se acostó en mi regazo y abrazo mi torso, ella temblaba, se aferraba a mi como si no hubiera un mañana.
- Tachibana… -masculle su apellido antes de girarme a verlo.
- Y-Yo solo estaba jugando, ¡de veras! –asustado comenzó a temblar, se bajo rápidamente de la cama e intento disculparse- María-chan, ¿me perdonas? Tío Hibiki no quería…
- N-nemaye! (¡N-No!)–en cuando ella solto ese pequeño chillido, le di un fuerte golpe al ojiambar en la cabeza y de un salto hacia atrás comenzó a acariciarse la cabeza mientras se quejaba.
- ¿Por qué todos me maltratan? –lloriqueo el revoltoso joven que para evitar otro golpe se oculto detrás de la joven de cabellera blanca.
- Te advertí que no la molestaras –dije un tanto fastidiado de aquella situación- solo mirala, esta asustada –mientras hablaba, la niña seguía temblando, en un lapso de minuto alzo la mirada.
Fue un fragmento pequeño y sutil, pero note la esperanza que había en sus ojos. Tal vez era solo yo el que interpretaba aquella mirada, pero sentí que me decía "cuidame".
- Dyakuyu (Gracias)-pronuncio la menor con ese tono débil que hasta ahora la había caracterizado.
Sabía que me dijo "gracias", más al no saber contestarle, solo le sonreí y acaricié su cabeza. Ella cerré levemente sus ojos, como si poco a poco si fuera relajándose.
Es curioso como funciona a veces la manera de pensar de los niños. Hace rato ella no confiaba en mi e incluso podía asegurar que me temía y ahora ella pareciera que se fiaba de mí. Tanto que aun cuando Hibiki se mostro mas amable con ella, en el momento que la asusto vino corriendo hacia mí.
Sonreí y continúe con mi labor de acariciar su cabeza para brindarle algo de confort. Si bien era repetitivo, quería proteger a esa pequeña niña. No había una razón especial siendo franco, no creo que deba de haber una razón para querer proteger a alguien con tanta vehemencia.
Era una sensación simplemente instintiva, el que guiaría mis siguientes acciones.
No podía permitir que volviera a las calles.
Debía protegerla.
Ese es el deber sagrado de un centinela, aquello por lo que he estado trabajado por años.
- Por favor, dime que esa cara no es porque planeas algo estúpido -fueron las palabras de Yukine, que no se cuando salió de su trance sonrojado, las que me sacaron de mi divagación.
Solté un suspiro antes de hablarle- Pues…Tengo una idea y no te va a gustar -cuando dije aquello ella de inmediato negó con la cabeza con disgusto.
Ella me miro a mí y después a María que ni se inmutaba de lo que estaba pasando- No, no me digas que…
Asentí levemente y enfoqué mi mirada en la menor- Si… Es lo mejor
Chris soltó un poderoso suspiro- Es una pésima idea…
- Es lo que se debe de hacer. No la voy a abandonar…
- A ver -ella carraspeo antes de continuar- no tienes ni puñetera idea de que quieres hacer con tu vida, ¿pero quieres cuidar a una niña random? -alzo la ceja desafiando mis decisiones- te recuerdo que incluso se te mueren los peces.
- En eso tiene razón -después de ocultarse, Tachibana decisión aparecer- no puedes ni mantener limpio tu cuarto, menos puedes cuidar a una niña.
- Tu mejor ni hables, chico arroz -fruncí el ceño en dirección al ojiambar y este de inmediato se volvió a ocultar- se que lo que hare será una locura, pero se que no me arrepentiré. Es mi deber cuidar del inocente y así lo hare, es una promesa de centinela.
- Ya vas a empezar con tus cosas… -la joven soltó un pesado suspiro, era la señal de que no importaba lo que dijera, no me haría cambiar de parecer.
Yukine lo sabía, si no logro hacer que la llevara a la estación de policías que a decir verdad no era nada del otro mundo, no haría que me rindiera al plan que tenía.
Aquello no era lo mas inteligente y mucho menos lo más fácil del mundo, podría tomar bastante tiempo, pero… ver esos ojos verdes y esa pequeña sonrisa cuando ella alzo la mirada me hizo saber que tenia que hacer hasta lo imposible para preservarla.
-Mucho tiempo después-
- ¡Ven para acá! -grite mientras frenéticamente perseguía a una pequeña niña por los alrededores de mi apartamento.
La pelirrosa reía feliz mientras evitaba que le pusiera unos broches en su cabello.
Creo que la pregunta inicial seria ¿Qué fue lo que paso? En términos sencillos, traje a María a vivir conmigo a Japón… A veces las ideas en tu cabeza no siempre son tan buenas cuando las pones en práctica, ¿verdad?
Cabe destacar que no fue nada fácil traer a María a Japón, fue un proceso tan largo que sirve para medir la paciencia. Fue gracias a las conexiones de los padres de Yukine que todo eso se pudo lograr, de no ser por ellos, ahora no tendríamos a la pequeña María a nuestro lado. Aunque teóricamente los tutores legales de la niña son los padres de Yukine, esto únicamente hasta que cumpla la mayoría de edad y pueda cuidar oficialmente de ella.
Aun sin ser su tutor se me dio la misión de tenerla en mi departamento donde ocasionalmente por no decir que casi todos los días viene Yukine a revisar que no este haciéndole algún daño a la niña e incluso Hibiki ha llegado a venir, pero en cuanto la pelirrosa lo ve se oculta velozmente detrás de mí.
Debo admitir que pensé en un principio que cuidarla seria la cosa más fácil del mundo, que al ser una niña de otro país solo tendría que enseñarle el idioma y llevarla a la escuela, alimentarla y darle que vestir, solo eso, pero… cuando comenzó a agarrar confianza fue cuando empezó a ser pues, propiamente una niña que salta de arriba para abajo como si no hubiera un mañana.
Ese preciso día en el que la estaba persiguiendo era porque no quería ponerse el moño que le compre por pues, no se porque razón, simplemente cuando no quiere ponerse algo simplemente sale corriendo como si no hubiera un mañana y solo se detiene hasta que la agarro y la soborno con comida para que haga lo que le pido.
- "No recuerdo ser así cuando era niño… "-fue el pensamiento fugaz que cruzo por mi mente al seguirla por todo el apartamento.
Todo aquello no tenía fin hasta que una figura de blanquecino cabello entro por la puerta e intercepto a la niña y esta la recibió con un gran abrazo.
- Titka Kris! (¡Tía Chris!) -Soltó la menor en un pequeño gritillo alegre cuando sus brazos intentaron rodear a la mujer que recién llegaba.
- YA tezh radyy vas bachyty (Me alegro de verte también)-contesto la recién llegada con una sonrisa cálida para la menos, pero en cuando levanto la mirada y me miro, frunció el ceño- a ti no tanto, tarado.
- Pero cuanta agresión -le respondí al detener mi apresurado andar y solté un suspiro un poco cansado- creo que ya no estoy en condición de hacer esto…
- ¿La vida de padre soltero es agotador? -alzo la ceja burlona y de inmediato solté un gruñido- no aguantas nada -volteo los ojos y miro a la niña- Yak tvoya yaponka, Mariye? (¿Cómo va tu japonés, María?) *
Ante la pregunta de la mayor, la niña asintió y carraspeo un poco antes de contestar- B-Bien, tía Chris. Tío Hibiki me ha enseñado mucho -sonrió orgullosa de su avance y en respuesta la joven de ojos morados le acaricio la cabeza.
- Eres sorprendente~
Y si que lo era, había aprendido el idioma muy bien para tener pocos meses en Japón. Si bien escribir no era su fuerte y aun confundía palabras, lo básico lo dominaba muy bien. Aunque ella le atribuya su aprendizaje a Tachibana, nunca vi que el se desvelara con ella con libro de texto para que aprendiera y mucho menos que repitiera oraciones cotidianas para que se familiarizara con ella…
En mi divagación escuche la burlona risa de Yukine -Meni zdayetʹsya, shcho khtosʹ zazdrytʹ~ (Creo que alguien esta celoso~) -no entendí lo que dijo, lo único que vi fue que se encorvo y en cuanto termino de hablar, sonrió con cierta malicia.
- Hto rebulle? (¿Quién esta celoso?) -En cuanto soltó su pregunta que tampoco entendí, la albina me señalo y eso me desconcertó más- Oh…
Con eso dicho, la ojiverde se giro a verme y tras soltar a la joven, corrió hacia mí para abrazarme con fuerza.
- Todo es gracias a ti también, Tsubasa -fueron las dulces palabras que salieron de su voz las que me hicieron sonreír torpemente.
Es increíble como con esa simple oración, esa pequeña molestia que había sentido desapareció en dos por tres. Aunque debo decir que me desconcierta que no me tenga un apodo en específico, puedo vivir con eso por un rato.
- No me digas que el niño llorón va comenzar a chillar -rio Yukine al verme contento y, a decir verdad, conmovido.
- No molestes -le contesté y me encogí hasta la altura de la menor para sonreírle- es bueno saber que te sirvieron las clases que te di.
- Eres buen maestro -ella asintió un par de veces antes de sorpresa tomar el moño que estaba sujetando- me pondré esto como recompensa, ¿sí? -asentí torpemente porque no me esperaba aquello y ella dejo de abrazarme para salir corriendo hacia el cuarto donde haría lo que dijo.
- ¿Sigues pensando que es una mala idea? -le pregunte a mi acompañante que estaba a unos pasos detrás de mí.
- Tengo mis dudas aun -soltó un suspiro y se coloco al lado mío- pero de alguna manera te está funcionando esto, así que no te recriminare nada hasta que pase algo grave.
- Supongo que eso en tu idioma significa "buen trabajo" -solté una pequeña risita cuando ella desvió la mirada- eres mala para dar cumplidos Yukine, pero aprecio la ayuda que me han brindado todos ustedes en este loco plan.
- Si… No esta demás que agradezcas -continuo con su acto "digno".
- Sigues sin ser honesta -reí un poco más y suspiré- gracias por todo Yukine -le sonreí de manera sincera, como pocas veces lograba hacer.
- E-Eh, de nada… -contesto ella con un hilo de voz y de inmediato se encamino de nuevo a la puerta- será… será mejor que se apuren para ir al parque, habrá pocas entradas después del mediodía.
- Es verdad… ¿Por qué mejor no nos esperas para ir juntos? Solo tengo que buscarle un vestido a María y podremos irnos.
- Eso… Sonó tan atípico de ti -como era de esperarse, mi comentario la hizo volver a la realidad- tengo que ir por Hibiki, ya sabes como se pone cuando no lo llevo temprano a hacer sus niñerías -rodo los ojos y suspiro.
- Puedo entenderlo –asentí al comprender el sufrimiento, a fin de cuentas, ambos cuidábamos de dos niños.
Tachibana se pone insoportable cuando no lo llevas temprano al parque de diversiones. Siempre alega que las mejores atracciones las cierran después de cierto número de visitantes y por eso le gusta llegar temprano.
- Entonces me voy -tomo el pomo de la puerta- intenta no vestir a la niña como un payaso. Sé que tienes pésimo gusto en ropa, pero no le pases eso a la niña, ¿entendido?
- Oye yo no…
- ¡Tsubasa! -grito María desde su cuarto- ya me puse el moño, ¿puedes ayudarme a escoger un vestido?
- ¡Enseguida voy! -le conteste rápidamente- el deber llama. ¿nos vemos después?
- Tenemos que llevar a los niños a que se diviertan ¿no? -alzo la ceja un poco burlona y conteste asintiendo con esa misma aura burlesca- adiós -se despidió moviendo su mano de un lugar a otro y salió del apartamento.
Con la ida de mi compañera, tocaba cumplir con la penúltima misión del día: "arreglar a la niña".
- ¡Tsubasa!
- ¡Voy!
Rodee los ojos al notar lo desesperada que puede llegar a ser, eso definitivamente no lo saco de mí, debió ver lo fácil que es para Tachibana gritar y obtener cosas y por eso lo hace, eso o de Yukine que normalmente cuando algo no le sale bien siempre hace una escena frente a los demás.
Ah, muy buena para hablar japonés cuando le conviene, pero no cuando le digo que haga su tarea… Niñas, así son todas.
- No importa por donde lo mire, primero debo cumplir mi misión y después descubriré a la verdad -asentí fervientemente y me encamine al cuarto de la menor.
Cincuenta minutos después.
- ¡Vamos, el parque no queda lejos!
- ¡Entendido!
Como si el destino nos quisiera ver apurados siempre, salimos corriendo el apartamento cuando notamos que ya había pasado demasiado tiempo desde que Yukine abandono el apartamento y de seguro ya estaría en el parque con Tachibana todo desesperado por no poder entrar sin María, puesto que si entrabamos con ella nos darían un descuento que el ojiambar no dejaría pasar.
Caminamos lo más rápido posible y pese a los incidentes de que María no le gustaban ciertas combinaciones de ropa que escogía para ella, logramos llegar por la avenida donde si íbamos derecho encontraríamos el parque de diversiones. Lo mas importante, logre hacer que se viera bien y que su ropa no luciera mal, María no llevaba más que un sencillo vestido con falda roja y la parte superior era cubierta un grueso suerte color menta. Su corto cabello rosado ondulado era recogido por el moño que con tanto anhelo le compre; llevaba puesto unos zapatos negros y unas calcetas verdes oliva. Si Hibiki la viera en ese momento y de seguro lo haría cuando llegáramos, el diría "¡Te ves hermosa María-chan!".
No lo culpo por decirlo, la verdad se veía muy linda así. Parece que no tengo tan mal sentido de la moda como otros piensan.
- Vamos María. Sabes como se pone Hibiki con las atracciones -solté en un pequeño alarido mientras apuraba el paso, pero al no escuchar replica gire levemente mi cabeza y note que la menor ya no se encontraba corriendo detrás de mí- pero ¿qué…?
Detuve mi andar y de inmediato me puse a buscar a la pequeña pelirrosa. Solo tuve que dar unos pasos hacia atrás para encontrármela viendo un vitral. Poco a poco me acerque para ver de que se trataba.
- Mylyy ... (Lindo…) -fue lo que pronuncio con su mirada fija en aquel vitral.
Al por fin estar lo suficientemente cerca para ver, note que aquella era una tienda de peluches. Mire a la menor y logre notar que estaba viendo fijamente un peluche de un oso marrón. Nada especial a mi manera de ver pensar, pero la tenía encantada.
- ¿Lo quieres? -mi pregunta la hizo salir de su ensoñación y de forma nerviosa negó con la cabeza- ¿Por qué no? Parece que te gusta mucho.
- Tsubasa ya ha gastado mucho dinero en mí, no es necesario un peluche así. Tengo muchos en casa -ella asintió un par de veces con la cabeza, aunque incluso una persona como yo se daría cuenta de que estaba mintiendo- de verdad yo… ¿Qué haces?
- Vuelvo enseguida -sin esperar a un reclamo camine hasta el interior de la tienda.
La operación era sencilla, tomé el peluche de la ventanilla, se lo di al cajero, me cobro y al tener el cambio de mi dinero junto con el peluche de la tienda salí.
No era una situación difícil. Así que en cuanto salí para entregarle el peluche a la niña.
- Toma -al dárselo, ella con unos brillantes ojos verdes lo tomo y lo abrazo con fuerza- ¿ves? El dinero sobra cuando se trata de preservar esa linda sonrisa -asentí camine un poco- es hora de irnos.
Fueron unos pocos pasos los que di antes de sentir una pequeña y fría mano tomar la mía. Mire hacia abajo y como imagine, era María quien parecía un poco avergonzada.
- ¿Qué es lo que…?
- Tsubasa me cuida mucho… -hablo con su tímida voz- por más mínimo que sea lo que le pida, el me lo va a comprar.
- Bueno eso es normal, soy tu tutor y…
- Es amable, aunque parezca muy serio -elevo la mirada y sonrió tímidamente- el me salvo y me trajo a un paraíso donde hay gente que me quiere mucho -cerro los ojos y rio risueña – siempre estaré agradecida con el~
- María…
- Ya tebe duzhe lyublyu~ (Te quiero mucho~) -dijo la menor con tanta lindura y ternura que ablandarían hasta el corazón mas duro.
No pude mas que sonreír con cierto orgulloso- Ya takozh (yo también) -apreté su mano un poco para acentuar mis palabras.
Si, era un sentimiento invaluable el que recorría mi cuerpo. Era una mezcla entre orgullo y respeto mezclado.
Lo que en un principio pensé que sería estúpido termino siendo una buena aventura. Ver a la pequeña María crecer será uno de mis mayores sueños. A ciencia cierta no sé hasta dónde me llevará esta experiencia, pero sé que habrá desniveles y momentos memorables.
Quien sabe, tal vez esas aventuras un día de estos puedan ser contadas, pero por mientras, quiero disfrutar en lo que se pueda.
Grivna: Moneda de curso legal en ucrania. Se pronuncia "hryvnia"
Es un poco corto y sin mucho sentido y de echo lo estoy subiendo el día que no corresponde, pero… TENIA QUE SUBIRLO. Llevo un buen rato sin subir nada, por no decir que milenios. Uff… De verdad tenía muchas ganas de subir algo, pero siempre que lo intentaba terminaba dormida XD. No sé por qué.
Espero que les haya gustado esta pequeña tontería de casi 8000 palabras jajaja.
Muchas gracias por su atención uwu. Lo gracioso es que esta historia la había estado hablando hace rato con Ayrton y apenas se me hizo terminarla XD, que loco.
Cabe destacar que evidentemente el proceso de adptar a un menor de un país a otro y mucho menos siendo el tutor una persona soltera no es precisamente posible. Así que, tómenlo como lo que es, fantasioso.
¡Muchas gracias porque llegaste hasta aquí! ¡Te han dicho que eres súper especial! ! ¡Pues lo eres!
¿Qué tal si demuestras lo especial que eres dejando un review y compartiendo tus historias favoritas con tus seres queridos?
¡De nuevo, muchas gracias, por ti es por la que seguimos escribiendo! gracias!
