- Hola - (persona hablando)

Hola (pensamiento)


Prólogo.

Ese momento donde sabes que estás a punto de morir y no puede hacer nada es simplemente fascinante. La adrenalina que recorre tu cuerpo, la expectativa de saber que es lo que habrá del otro lado, las ansias de poder volver a ver a tus seres queridos.

- ¡Nico! ¡Desacelera maldita sea!

Lo siento, viejo amigo, pero no puedo.

Hice un último intento de pisar el freno o tirar del freno de mano, pero ninguno funcionó. Lo único que podía hacer en este momento era mirar al frente, a los ojos de la muerte convertidos en una pared de concreto solido a la que me acercaba a gran velocidad.

Je... parece que todos tuvieron su medida de razón cuando dijeron que mis ansias de velocidad me llevarían a mi muerte algún día...

Era simplemente lamentable que fuese a morir con tan solo 20 años. Tenía toda una vida por delante. Aún había tantos vehículos que no había conducido hasta su máxima capacidad, había demasiados deportes de alta velocidad que aun no había practicado, había tantas cosas hermosas que aun no había vivido.

Quizás de lo que más me arrepentía en este momento era el hecho de que nunca podría formar mi propia familia. Tener una esposa, hijos, uno o dos perros quizás.

La religión nunca antes había tenido un impacto significativo en mi vida, por lo que jamás le presté demasiada atención, pero en una situación como esta solo me quedaba rezar, esperar que, con algo de suerte, alguna deidad se apiadase de mi alma y me dejase tener una segunda oportunidad.

Aunque claro, es probable que si tengo una segunda oportunidad vuelva a ser como lo soy ahora... Si... pensar esto simplemente sirve para hacerme entender que seré enviado al purgatorio sin un segundo pensamiento...

Me centré nuevamente en la pared de concreto a pocos metros del auto de carreras que había estado probando y curiosamente me percaté de que todo parecía moverse en una especie de cámara super lenta. Se sentía como si dios me estuviese mostrando que moriría y no podría hacer nada para detenerlo.

Si ese es el caso, entonces dios es un sádico...

Me tomé mis últimos minutos, quizás segundos, con vida para dedicarle mis últimas palabras a la única persona que había estado conmigo todo este tiempo. Un gran amigo al que seguramente podría llamar hermano.

- Lo siento, Dante.

Con esas últimas palabras dichas, dejé de tratar de detener el auto y pisé el acelerador. Si iba a morir, entonces lo haría haciendo lo que más me gustaba, viajar a grandes velocidades. Luego todo se volvió negro.