Descargo de responsabilidad: No soy dueño de Naruto.

N/A: Este es mi primer intento de escribir un fanfic, así que cualquier comentario de cómo mejorar tanto mi escritura como cualquier otra cosa sería genuinamente apreciado.

- Hola - (persona hablando)

Hola (pensamiento)


Capítulo 1

En el momento que abrí los ojos fui encandilado por una potente luz blanca, lo que me obligó a entrecerrarlos y esperar a que mi vista se acostumbrara al brillo de donde sea que me encontrara.

Una vez que mi visión volvió a una relativa normalidad, comencé a observar mis alrededores.

Parecía estar en una especie de habitación de hospital, lo cual no tenía sentido, después de todo, los únicos lugares donde realmente esperaría despertar luego de chocar a una velocidad tan alta contra esa estúpida pared de concreto serían en una morgue o debajo de la tierra en una caja de madera.

Bajé momentáneamente mi mirada y observé mis manos. Me llevé una gran sorpresa no solo al darme cuenta de que no parecían estar dañadas o cubiertas de sangre, sino que parecían increíblemente sanas, tal vez con algunos callos, pero eso era esperable de alguien con mi estilo de vida. La otra razón fue por algo un poco más... extraño. Parecían las manos de un niño.

¿Esto es un sueño? ¿Es esto lo que hay después de la muerte? ¿Una sala de hospital y las manos de un niño?

Volví a observar mis alrededores y me concentré en buscar algo que me indicara donde podría estar. Lo único que había en la habitación aparte de mi cama, era una mesita de luz con un florero en ella a mi derecha y a mi izquierda un cesto de basura con varias vendas y papeles. A unos pocos metros de mi cama se encontraba una puerta de madera, posiblemente el baño o la salida.

Si la comparaba con las habitaciones de hospital en las que había estado tan frecuentemente antes, esta parecía bastante simple y pequeña, pero había una extraña sensación acogedora en ella.

Mi mirada se desvió hacia un lado, específicamente hacia una ventana abierta, probablemente la provocante de mi encandilamiento anterior. Sin nada mejor que hacer en este momento, me levanté y caminé hacia ella.

No pude evitar el ensanchamiento de mis ojos al ver lo que había del otro lado de la única ventana en la habitación.

Esto... ¿Dónde se supone que es esto?

Miré con asombro las calles de tierra y los edificios con las formas más extrañas que había visto hasta el momento. Observé todos los árboles que parecían haber en medio de la ciudad, arboles casi tan grandes como los edificios que los rodeaban, pero lo que más me sorprendió fue la enorme montaña al final de la calle, montaña en la que parecían haber sido tallados los rostros de 4 personas que no conocía.

No pude evitar notar la similitud entre esta montaña y el famoso monte Rushmore en estados unidos, pero algo en mi interior sabía que no eran el mismo lugar.

¿Dónde he visto este lugar antes?

Una extraña sensación de familiaridad me invadió. Sabía que había visto este lugar antes, pero no podía recordar donde, o cuando fue.

Dando una última mirada a la enorme montaña, me giré y comencé a caminar hacia mi cama nuevamente. Necesitaba sentarme y pensar bien la situación. Me encontraba en un lugar desconocido, sin noción del tiempo y sin saber cómo demonios fue que sobreviví a un impacto a gran velocidad con una pared de concreto sólido.

Una vez llegué a mi cama, lo único que hice fue pensar. Traté de hurgar en mi mente lo mejor que pude, sacando todos y cada uno de los recuerdos que tenía en lo profundo de mi mente a la luz con tal de recordar al menos la más mínima cosa de este lugar.

Luego de varios minutos de hacer esto, finalmente pude llegar a algo, una simple palabra que no me recordaba demasiado, pero era todo lo que tenía por ahora.

- Konoha... - murmuré, mirando el techo de mi habitación.

Casi como si de un interruptor se tratase, una horrenda migraña me invadió luego de decir esas palabras. El dolor era tan fuerte que tuve que sostener mi cabeza para asegurarme de que no se estuviese despedazando.

Imágenes que no reconocí destellaron en mi mente. Imágenes de personas que no conocía, lugares que nunca antes había visto, cosas que jamás había hecho, un idioma que en ningún momento había practicado o estudiado pero que mi cerebro parecía reconocer como un segundo idioma materno.

Comencé a rodar en mi cama y golpear mi cabeza con la suave almohada del hospital, rogándole a quien pudiera escucharme que hiciese que el dolor se detuviese, aunque lamentablemente para mí, nadie pareció escuchar mis palabras y tuve que seguir aguantando las insoportables punzadas en mi cerebro por varios minutos más hasta que finalmente se detuvieron en unos fríos ojos tan rojos como la sangre con 3 tomoes en cada uno de ellos.

Me quedé completamente quieto en mi cama, tenía miedo de que moverme significara que el dolor en mi cabeza regresaría, y estaba seguro de que esta vez sí golpearía mi cabeza contra la pared hasta quedarme inconsciente si eso significa que no tendría que pasar por eso otra vez.

Cuando los segundos comenzaron a volverse minutos, decidí que ya me había quedado quieto demasiado tiempo y lentamente, casi en cámara ultra lenta, comencé a levantarme para sentarme en la cama.

- Eso fue horrible – dije, limpiando el sudor que parecía haberse formado en mi frente durante mi horrenda experiencia. - ¿Qué demonios fue eso para el caso? ¿Qué fueron esas imágenes?

Mi atención fue llamada por un sonido a mi izquierda y rápidamente giré la cabeza, escondiendo un guiño adolorido por el rápido movimiento, y observé una segunda puerta de madera de la cual no había sido consciente hasta este momento.

Una bella mujer de cabello castaño claro y ojos verdes con lentes entró en la habitación con unos papeles en su mano derecha y una taza de lo que supuse era café en su otra mano. Usaba un delantal blanco y debajo de ello una camisa igual de blanca solo que esta tenía unas extrañas líneas negras que viajaban por toda la camisa y se unían en un extraño símbolo en medio de su pecho. Para finalizar su vestimenta, estaba usando un pantalón suelto de color oscuro y lo que parecían ser sandalias azul oscuro.

Cuando sus ojos se movieron de los papeles en su mano hacia mí se detuvo en su caminata y simplemente me miró en su lugar. Ninguno de los dos hizo nada por lo que parecieron horas, y un fugaz pensamiento de que tal vez el tiempo se había detenido destelló en mi mente, pero rápidamente lo eliminé al darme cuenta de la estupidez que era esa idea.

- Hola – comencé, mirando a la mujer desde mi lugar en la cama.

Casi como si eso la hubiese devuelto a la realidad, reanudó su paso y cerró la puerta detrás de sí.

- Buenos días, Yuuki-kun. ¿Cómo te encuentras?

Una sensación de familiaridad se formó en mí cuando oí ese nombre salir de la boca de esta mujer. No entendía la razón ya que nunca antes lo había escuchado en mi vida, pero por alguna razón sabía que se estaba dirigiendo a mí con eso y algo dentro mío se sentía cómodo con el nombre.

También puede que tenga algo que ver el hecho de que no hay nadie más aparte de mí y ella en la habitación, y dudo seriamente que se diga buenos días a sí misma.

- Eh... ¿Bien? – respondí, algo inseguro sobre si comentar que mi cerebro estuvo a unas pocas punzadas más de despedazarse.

- Me alegra oír eso. Dime, ¿sabes quién soy yo?

- No – respondí, al darme cuenta de que no tenía ni la más mínima idea de quién era esta persona.

- Mi nombre es Yakushi Nonō. Soy la jefa del hospital de Konoha y tu cuidadora personal durante tu estadía en este hospital.

Me tomé unos pocos segundos para digerir la información y asentí.

- Se que esto podría ser algo estresante teniendo en cuenta por lo que tuviste que pasar, pero, ¿podrías decirme que es lo último que recuerdas?

Pensé un poco en su pregunta. Obviamente no podía decir que recordaba estrellarme contra una pared a grandes velocidades porque era obvio que este lugar no es el mismo en el que estuve antes de morir, por lo que seguí mi única otra opción y comencé a hurgar en las cosas que finalmente reconocí como recuerdos, no míos, pero recuerdos después de todo, que casi me habían destrozado la mente.

- Unos ojos rojos con tres tomoes en cada uno de ellos – dije, mencionando la primera cosa que se me vino a la mente.

Noté la leve mueca en la expresión de la mujer, pero rápidamente la oculto bajo la sonrisa que había estado usando antes mientras hablaba conmigo.

- Ya veo... ¿recuerdas algo más?

Nuevamente hurgué en mi mente, pero no había nada destacable realmente, así que solo negué con la cabeza.

- Está bien, entonces descansa, Yuuki-kun. Una enfermera debería venir en cualquier momento para traerte tu desayuno. Es probable que volvamos a vernos durante los próximos días para asegurarme de que tu recuperación vaya por buen camino.

- Entiendo. Una pregunta, ¿ese es el baño? – pregunté, señalando la puerta de madera que se encontraba en frente de mi cama.

- Si, ese es el baño. ¿Tienes alguna otra pregunta?

Pensé en preguntar que era, específicamente, lo que me había pasado, pero dudé por un momento y simplemente negué con la cabeza. Aun no sabía muchas cosas de mi situación actual y no quería agregar más cosas en las cuales pensar por el momento, así que preguntaría en alguna otra ocasión, después de todo, dijo que nos volveríamos a ver.

- Muy bien, entonces me retiro. Que tengas un buen día, Yuuki-kun.

Con una última sonrisa, la mujer tomó un sorbo de su taza y salió de la habitación.

Miré por varios segundos la puerta cerrada. No pensaba en nada, pero simplemente mi mirada no podía despegarse de la puerta.

Luego de varios segundos más dejé de mirar la puerta de madera y caminé hasta el baño. Giré la perilla en la puerta y la abrí empujándola hacia adentro, hice unos pocos pasos hasta el espejo pegado en la pared y miré lo que solo podía suponer que era mi reflejo.

Cabello largo y negro con una extraña forma puntiaguda, ojos negros como el carbón, una camiseta completamente negra con un estampado de lo que parecía ser un abanico rojo y blanco en ella.

Abrí el grifo del lavabo debajo de mí y dejé correr el agua, luego comencé a mojar mi rostro con ella, esperando que eso fuera suficiente para despertarme de este sueño tan realista que parecía estar viviendo.

Lo intenté una, dos, tres y hasta cuatro veces, pero nada cambiaba, no despertaba ni nada por el estilo.

Entonces… ¿reencarné? ¿en un niño?

Mi mirada se fijó en el estampado del abanico en mi camiseta y un fugaz recuerdo vino a mi mente, por suerte, sin estar acompañado de algún dolor.

Con que Uchiha eh…

Sequé mi rostro con una toalla que se encontraba cerca del lavabo y volví a la cama. Una vez allí me recosté y comencé a ordenar todos los pensamientos que estaban en mi mente en este momento.

Primero necesitaba separar los recuerdos de mi vida pasada con los que tenía de este lugar.

Primero lo principal. Mi nombre parece ser Yuuki, y si el símbolo en mi camiseta es algo, entonces el nombre completo sería Uchiha Yuuki. Los recuerdos de este lugar me dan a entender que mi edad debería rondar entre los siete u ocho años. No hay padres o familiares cercanos que pueda recordar, al parecer había estado viviendo en una especie de hogar de acogida durante toda mi vida y actualmente asisto a algo llamado: "academia shinobi", lo cual parece ser una escuela.

El destello de un recuerdo pasó por mi mente cuando pensé en la academia shinobi. Algo sobre un extraño programa de televisión centrado en un niño rubio con un zorro dentro de su estómago.

Por curiosidad más que nada, comencé a centrarme en lo poco y nada que podía recordar de ese programa, pero lo único que se me venía a la mente era a Dante recostado en un sofá, mirando en la televisión ese mismo programa.

Una horrenda sensación de angustia comenzó a formarse en mi pecho al pensar en mi amigo.

- Probablemente esté insultándome en todos los idiomas habidos y por haber diciendo: "te lo dije", una y otra y otra vez mientras mira una de nuestras fotos juntos…

Una leve sonrisa se formó en mi rostro al pensar en mi más cercano amigo y sus formas un tanto curiosas de lidiar con sus emociones.

Dejé esos pensamientos de lado por el momento y volví a concentrarme en el programa.

Recuerdo al niño rubio que no dejaba de gritar y que todo el mundo lo odiaba por el zorro en su estómago… a un niño de cabello negro el cual había perdido a toda su familia luego de que su hermano se convirtiera en un psicópata y también recuerdo a un tipo todo vendado con una enorme espada y a una chica que lanzaba hielo…

Dejé escapar un gemido de molestia al darme cuenta de que probablemente me encontraba en una de las estúpidas series que Dante se la pasaba viendo en la casa y que tanto me insistía en ver con él.

- ¿Esto es alguna clase de castigo por decir que no soportaba los gritos del mocoso rubio o por negarme tantas veces a ver ese estúpido programa?

Miré el florero a mi lado, como si esperara que repentinamente me diera una respuesta a mis quejas hasta que me di cuenta de realmente de lo que estaba haciendo y moví la mirada hacia la entrada, esperando de todo corazón que nadie hubiese entrado a la habitación sin que me diera cuenta y me viera quejarme con un florero.

Un suspiro aliviado salió de mi boca al darme cuenta de que seguía solo y volví a centrarme en el programa del que tanto me había hablado Dante.

Bien, cosas importantes: el mocoso rubio con el zorro es el protagonista de esta serie, el niño al que le asesinaron los padres es su amigo… si mi memoria no me falla también había una niña de cabello rosa y un tipo de cabello gris al que solo se le podía ver un ojo…

- ¡Maldito seas Dante! ¡¿No podrías haber elegido un programa menos extraño para ver?!

Nuevamente volví a revisar que estuviese solo y seguí pensando en lo que podía recordar.

Bien… esos 4 eran un equipo, luego estaban el niño con el cachorro, la niña de ojos blancos y el raro de los insectos. Esos eran otro equipo y eran guiados por una mujer de ojos rojos. También estaba el equipo del tipo con una adicción al cigarro y el niño con el peinado en forma de piña, la niña rubia y el gordo con tatuajes en las mejillas... También recuerdo algo sobre un tipo raro vestido de verde y un horrendo corte de tazón y su mini clon junto a la niña de moños y la versión masculina de la niña de ojos blancos.

- Me tomará un largo tiempo recordar todas esas cosas que Dante me contó sobre el maldito programa de ninjas que escupían fuego por la boca…

Un extraño pensamiento vino a mi mente al pensar en los ninjas que escupían fuego por la boca.

Si me encuentro dentro de ese mundo, ¿entonces eso significa que también puedo lanzar fuego por mi boca?

Curioso, levanté la parte superior de mi cuerpo y extendí mis labios, luego exhalé como si esperara a que una repentina correntada de fuego saliera de mi boca.

- Emm… puedo volver más tarde si es que estás ocupado…

Me detuve en lo que estaba haciendo cuando escuché una nueva voz proveniente de la dirección en la que estaba la puerta por donde Nonō había entrado.

De manera lenta, casi robótica, giré la cabeza y observé a un hombre alto con las vestimentas más extrañas que había visto alguna vez con una bandeja metálica en sus manos y varios platos de comida en ella. No pude evitar notar la expresión divertida en el rostro del hombre mientras me miraba, estaba claramente evitando reírse de mí, pero no parecía estarlo logrando.

Sentí mis mejillas enrojecerse y deseé, por primera vez desde que llegué a este extraño mundo, el poder volver a mi vida anterior y estrellarme nuevamente contra ese muro.