Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

Sinopsis

Como todo abogado defensor de DC, Sasuke Uchiha mantiene la cabeza fría, sus preguntas son punzantes, y sus argumentos irrefutables. No lo llaman el Encantador de Jurados por nada. Con su acento sureño, sonrisa encantadora, y cautivadores ojos verdes, él es un hombre a quién es difícil decirle que no. Los hombres quieren ser como él y las mujeres quieren ser interrogadas a fondo por él.

Sasuke es un hombre con un plan. Y por un tiempo, la vida iba de acuerdo con ese plan.

Hasta el día en que recibe una invitación a la boda de su novia de la secundaria y madre de su amada hija de diez años. Ino se va a casar… con alguien que no es él.

Eso definitivamente no es parte del plan.

Sakura Haruno creció en la ciudad, una litigante sensata que planea convertirse en la abogada defensora más venerada en el país. Ella no tiene tiempo para relaciones o distracciones. Pero cuando Sasuke, su "amigo con beneficios alucinantes", le pide ayuda, ella se encuentra fuera de su elemento, de su fortaleza, y, obviamente, completamente loca. Porque acepta ir con él al medio de la nada (Mississippi) y hacer todo lo que pueda para ayudarlo a recuperar a la mujer que ama.

Su cabeza le dice que está loca... pero su corazón dice otra cosa.

¿Qué pasa cuando se mezcla un pueblo de un solo semáforo, dos argumentadores profesionales, una reina del Baile de Bienvenida, cuatro hermanos mayores, algunas salchichas Kiba Inuzuka y una Nana pistolera?

El Bourbon fluye, las pasiones se levantan e incluso los mejores planes quedan anulados por los deseos del corazón.


1

Último año de preparatoria. Octubre.

Sunshine, Mississippi

La mayoría de las historias empiezan por el principio. Pero no ésta. Ésta comienza por el final. O, al menos, lo que yo pensaba que era el final; de mi vida, mis sueños, mi futuro. Pensé que todo había terminado a causa de dos palabras:

—Es positivo.

Dos palabras. Dos pequeñas rayas azules.

Mi estómago cae y mis rodillas pierden voluntad. La camiseta verde de futbol americano de la Preparatoria Sunshine se adhiere a mi torso, con manchas oscuras de sudor debajo de mis axilas, y no tiene nada que ver con el sol de Mississippi. Tomo el palito de la mano de Ino y lo sacudo, con la esperanza de que una línea azul desaparecerá.

No sucede.

—Mierda.

Pero incluso a los diecisiete años, mis habilidades de debate son agudas. Ofrezco un contraargumento, una explicación. Una duda razonable.

—¿Tal vez lo hiciste mal? ¿O tal vez está defectuoso? Deberíamos conseguir otro.

Ino sorbe por la nariz mientras las lágrimas se acumulan en sus ojos azules.

—He estado vomitando cada mañana por la última semana, Sasuke. No he tenido mi periodo en dos meses. Es positivo —Se seca las mejillas y levanta la barbilla— No robaré otra prueba de la tienda del señor Hawkin para que nos diga lo que ya sabemos.

Cuando se vive en un pueblo pequeño, particularmente una pequeña ciudad del sur, todos conocen a todo el mundo. Conocen a tu abuelo, tu mamá, tu salvaje hermano mayor y la dulce hermana menor; saben todo sobre tu tío que se quedó encerrado en la penitenciaría federal y el primo que nunca estuvo bien después de ese desafortunado incidente con un tractor. Las ciudades pequeñas hacen que sea demasiado incómodo conseguir condones, demasiado difícil estar con píldoras anticonceptivas, e imposible comprar una prueba de embarazo... A menos que quieras que tus padres escuchen todo sobre eso incluso antes de que tu chica tenga tiempo de orinar sobre el palito.

Ino envuelve los brazos alrededor de su cintura con manos temblorosas. Tan muerto de miedo como estoy, sé que nada se compara con lo que está sintiendo. Y eso es mi culpa. Yo hice esto; mi avidez, mi excitación. Jodida estupidez. La gente puede decir lo que quiera sobre feminismo e igualdad, y todo eso está bien. Pero me crie con la idea de que los hombres son los protectores. Cuando la responsabilidad es nosotros. Los que se hunden con el barco. Así que el hecho de que mi chica está "en problemas", no es culpa de nadie más que mía.

—Oye, ven aquí —Coloco su pequeño cuerpo contra mi pecho, sosteniéndola con fuerza— Estará bien. Todo estará bien.

Sus hombros se sacuden mientras solloza—: Lo siento tanto, Sasuke.

Conocí a Ino Monroe en primer grado. Puse un sapo en su mochila porque mi hermano me retó a hacerlo. Por dos meses me lanzó bolitas de papel en mi cabeza en venganza. En tercer grado, pensé que estaba enamorado de ella; para sexto grado me encontraba seguro de ello. Era hermosa, divertida, y podía lanzar un balón mejor que cualquier chica, y la mitad de los chicos; Lo supe. Rompimos en octavo grado cuando Tara- Mae Forrester ofreció dejarme tocar sus pechos. Y lo hice. Volvimos a estar juntos ese siguiente verano, cuando gané un oso para ella en la feria del condado.

Es más que mi primer beso, mi primer todo. Ino es mi mejor amiga. Y yo soy el suyo.

Me aparto para poder mirarla a los ojos. Toco su rostro y acaricio su sedoso cabello rubio.

—No tienes nada que lamentar. No hiciste esto tu sola. —Alzo las cejas y sonrío—. Yo también me encontraba ahí, ¿recuerdas?

Eso la hace reír. Desliza un dedo por debajo de sus ojos.

—Sí, fue una buena noche.

Acuno su mejilla.

—Claro que sí.

No fue nuestra primera vez, ni la décima, pero fue una de las mejores. El tipo de noche que nunca olvidas, una lucha llena y una manta de franela. Sólo a pocos metros de donde estamos justo ahora, a lado del río con un paquete de cerveza y música flotando por las ventanas abiertas de mi camioneta. Todo fue besos suaves, susurros calientes, cuerpos sudorosos, y manos aferrándose. Unidos tan profundamente que no podía decir dónde terminaba yo y empezaba ella. Un placer tan intenso que quería que durara por siempre, y rogué en voz alta que lo hiciera.

Habríamos pensado en ello, tratado de revivirlo, años a partir de ahora, incluso si no estuviéramos teniendo un bebé para conmemorarlo.

Un bebé.

Jódeme. A medida que la realidad verdaderamente comienza a instaurarse, mi estómago cae todo el camino hasta China.

Como si fuera adivina, Ino pregunta:

—¿Qué haremos?

Mi padre siempre me dijo que tener miedo no era nada de qué avergonzarse. Lo que importaba era cómo reaccionabas a ese miedo. Los cobardes huyen. Los hombres dan un paso al frente.

Y no soy ningún cobarde.

Trago saliva, y todas mis aspiraciones, esperanzas, y planes de salir de esta ciudad también se ahogan. Miro hacia el río, observando el brillo del sol en el agua, y tomo la única opción que puedo.

—Nos casaremos. Nos quedaremos con mis padres al principio. Trabajaré en la granja, iré a una escuela nocturna, ahorraremos. Tendrás que posponer la escuela de enfermería por un tiempo. Eventualmente, conseguiremos nuestro propio lugar. Cuidaré de ti —Pongo la mano sobre su todavía plano abdomen— De ambos.

Su reacción no es lo que me imagino. Ino se aparta de mis brazos, los ojos muy abiertos y sacudiendo la cabeza.

—¿Qué? ¡No! No, se supone que debes irte para Nueva York justo después de la graduación.

—Lo sé.

—Renunciaste a tu beca de futbol americano de la Universidad de Mississippi para ir a Columbia. Es Ivy League.

Sacudo la cabeza. Y miento.

—Ino, nada de eso importa ahora.

No hay un solo hombre en esta ciudad que no daría cualquier cosa por jugar en la Universidad de Mississippi… pero no yo. Siempre he querido algo diferente: más grande, más brillante, más lejos.

Las sandalias en los pies de Ino levantan arena mientras camina por la orilla del río. Su vestido de verano blanco ondea cuando se gira una última vez hacia mí, apuntándome con el dedo.

—Irás y es todo lo que hay que hacer. Justo como lo planeamos. Nada ha cambiado.

Mi voz tiene un borde de resentimiento que no se merece.

—¿De qué estás hablando? ¡Todo ha cambiado! ¡No puedes venir a visitarme una vez al mes con un bebé! No podemos traer a un bebé a una habitación de la residencia.

Resignada, susurra:

—Lo sé.

Tomo mi propio paso atrás.

—¿Esperas que te deje aquí? Eso iba a ser bastante difícil antes, pero ahora… No voy a jodidamente huir cuando estás embarazada. ¿Qué tipo de hombre crees que soy?

Sujeta mis manos y me da un discurso que rivaliza con "Gana uno para el Gipper".

—Eres el tipo de hombre que irá a la Universidad de Columbia y se graduará con honores. Un hombre que será capaz de condicionar su salario cuando lo haga. No estás huyendo, estás haciendo lo que es mejor para nosotros. Para nuestra familia, nuestro futuro.

—No iré a ninguna parte.

—Oh, claro que sí.

—¿Y qué hay de tu futuro?

—Me quedaré con mis padres, me ayudarán con el bebé. De todas maneras, prácticamente están criando a los gemelos.

La hermana mayor de Ino, Ruby, es la orgullosa madre de gemelos, con el bebé número tres en camino. Atrae a los perdedores como la mierda de vaca atrae moscas. El desempleado, el alcohólico, el vago; no puede tener suficiente de ellos.

—Entre ellos y tus padres, todavía podré ir a la escuela de enfermería. —Ino envuelve sus delgados brazos alrededor de mi cuello.

Y, Dios, es bonita.

—No quiero dejarte —murmuro.

Pero la mente de mi chica está decidida.

—Irás y vendrás a casa cuando puedas. Y cuando puedas, nos hará pasar hasta la próxima vez.

La beso en los labios; son suaves y saben a cereza.

—Te amo. Nunca amaré a nadie como te amo a ti.

Sonríe.

—Y yo te amo, Sasuke Uchiha, siempre serás sólo tú.

El amor de jóvenes es fuerte. El primer amor es poderoso. Pero lo que no sabes cuando eres joven, lo que no puedes saber, es lo larga que realmente es la vida. Y lo único confiable al respecto, además de la muerte y los impuestos, es el cambio. Ino y yo teníamos un montón de cambios en nuestro camino.

Toma mi mano y caminamos hacia mi camioneta. Le abro la puerta y pregunta:

—¿A quién le contaremos primero? ¿Los tuyos o los míos?

Dejo escapar un suspiro.

—Los tuyos. Terminemos primero con el lado loco.

No está ofendida.

—Sólo esperemos que Nana nunca encuentre las balas de esa escopeta.


Siete meses después…

—¡Ahhhhhhhhhh!

Esto no puede ser normal. El Dr. Higgens sigue diciendo que lo es, pero no hay manera de que sea cierto.

—¡Gaaaaaaaaaaaa!

Crecí en una granja. He visto todo tipo de nacimientos: vacas, caballos, ovejas… Ninguno sonaba como esto.

—¡Uhhhhhhhhhh!

¿Esto? Esto es como una película de terror. Como El Juego del Miedo… Una masacre.

—¡Rrrrrrrrrrrrrrrrr!

Si esto es por lo que tiene que pasar una mujer para tener un bebé. ¿Por qué siquiera tienen sexo?

—¡Owwwwwww!

Ni siquiera yo estoy seguro de querer correr el riesgo de tener sexo de nuevo. Masturbarse se ve mucho mejor ahora de lo que lo hacía ayer.

Ino grita tan fuerte que mis oídos duelen. Gimo mientras su agarre se aprieta en mi mano ya sensible. El aire está lleno de sudor y pánico. Pero el Dr. Higgens sólo se sienta allí, en un taburete, ajustando sus gafas. Luego se prepara, las manos en sus rodillas, y observa entre las piernas abiertas de Ino de la misma forma en que mi madre mira de reojo hacia el horno durante Acción de Gracias, tratando de decidir si el pavo está listo o no.

Quedándose sin aire, Ino se derrumba sobre las almohadas y gime:

—¡Me estoy muriendo, Sasuke! Prométeme que cuidarás del bebé cuando me haya ido. No dejes que llegue a ser un idiota como tu hermano, o una puta como mi hermana.

Su flequillo rubio está oscuro por el sudor. Lo quito de su frente.

—Oh, no lo sé. Los idiotas son divertidos y las zorras tienen sus puntos buenos.

—¡No seas condescendiente conmigo, maldita sea! ¡Me estoy muriendo!

El miedo y el agotamiento ponen un broche de presión extra en mi voz.

—Escucha, no hay una maldita manera en que me estés dejando para hacer esto solo. No estás muriendo.

Luego me dirijo al Dr. Higgens.

—¿No hay algo que pueda hacer? ¿Algún medicamento que pueda darle? ¿Y a mí?

Normalmente no soy un drogadicto, pero en este momento vendería mi alma por una pastilla. Higgens sacude la cabeza.

—No servirá de nada. Las contracciones vienen demasiado rápido… tienen uno de los impacientes allí.

¿Rápido? ¿Rápido? Si cinco horas es rápido, no quiero saber lo que es lento. ¿Qué demonios estamos haciendo? No es así como se suponía que nuestras vidas serían. Soy el mariscal de campo. Soy el puto mejor estudiante, el inteligente. Ino es la reina del Baile de Bienvenida, y la capitana de las animadoras. O al menos lo era, hasta que su panza se hizo demasiado grande para el uniforme.

Se supone que tenemos que ir al baile el próximo mes. Deberíamos estar pensando en las fiestas de graduación y las fogatas, deberíamos estar teniendo sexo en el asiento trasero de mi camioneta y recolectando tantos buenos momentos con nuestros amigos como podamos antes de ir a la universidad. En su lugar, vamos a tener un bebé.

Uno de verdad, no del tipo huevo duro que te hacen llevar a todas partes durante una semana en la escuela. Rompí el mío, por cierto.

—Voy a vomitar.

—¡No! —grita Ino como una vaca loca—. ¡No tienes permiso para vomitar mientras yo estoy siendo rasgada por la mitad! ¡Sólo aguántate! ¡Y si sobrevivo y me tocas de nuevo, voy a cortarte el pene y a alimentar la astilladora de leña! ¿Me escuchas?

Eso es algo que un hombre sólo tiene que escuchar una vez.

—De acuerdo.

Aprendí hace unas horas que lo mejor es estar de acuerdo con todo lo que diga. De acuerdo, de acuerdo, de acuerdo.

Lynn, la alegre enfermera, limpia la frente de Ino.

—Ahora, ahora, no cortarás cosas. Te olvidarás de todo eso cuando tu bebé esté aquí. Todo el mundo ama… los bebés, son una bendición del Señor.

Lynn es demasiado feliz para ser real. Apuesto a que se tomó todas las drogas, ahora no hay nada para nosotros.

Otra contracción golpea. Los dientes de Ino se aprietan mientras empuja y gruñe a través de ella.

—La coronilla del bebé —anuncia Higgens, acariciando su rodilla— Un lindo y fuerte empujón debería lograrlo.

Me pongo de pie y miro por encima de la pierna de Ino. Veo la cima de la cabeza, empujando contra mi lugar favorito en el mundo entero. Es extraño y repugnante, pero… pero también un poco increíble.

Ino cae de nuevo, pálida y drenada. Sus sollozos hacen que mi garganta quiera cerrarse.

—No puedo. Pensé que podía hacerlo, pero no puedo. Por favor, no más. Estoy tan cansada.

Su mamá quería estar aquí, y discutieron al respecto. Porque Ino dijo que sólo quería que fuéramos nosotros. Ella y yo… Juntos.

Suavemente, levanto sus hombros y me deslizo detrás de ella sobre la cama, apoyando mis piernas a cada lado. Mis brazos rodean su estómago, mi pecho contra su espalda y su cabeza se apoya contra mi clavícula. Llevo mis labios a su frente y mejilla, murmurando palabras sin sentido, suaves, de la misma manera que le susurro a un caballo asustadizo.

—Shhh. No llores, cariño. Lo estás haciendo tan bien. Ya casi hemos terminado. Sólo un empujón más. Sé que estás cansada, y siento que te duela. Uno más y podrás descansar. Estoy aquí contigo, lo haremos juntos.

Su cabeza se vuelve hacia mí con cansancio.

—¿Uno más?

Le doy una sonrisa.

—Eres la chica más dura que conozco. Siempre lo has sido —guiño—. Lo tienes.

Toma unas cuantas respiraciones profundas, preparándose psicológicamente.

—Está bien —respira— Está bien.

Se sienta más derecha, levantando sus rodillas. Sus dedos sujetan mis manos cuando llega la siguiente contracción. La sala se llena de largos gemidos guturales durante una docena de segundos y luego… un grito agudo perfora el aire. El llanto de un bebé.

Nuestro bebé.

Ino jadea y respira entrecortadamente, con repentino alivio. El Dr. Higgens sostiene nuestro cursi bebé retorciéndose, y pronuncia:

—Es una niña.

Mi visión se torna borrosa y Ino se ríe. Con lágrimas corriendo por su rostro se vuelve hacia mí.

—Tenemos una niña, Sasuke.

—Santa mierda.

Y nos reímos, lloramos y aferramos el uno al otro, todo al mismo tiempo. Unos minutos más tarde, Lynn, la enfermera feliz, trae un paquete de color rosa sobre ella y lo coloca en los brazos de Ino.

—Oh, Dios mío, es perfecta —suspira Ino. Mi silencio asombrado debe preocuparle, porque pregunta— No estás decepcionado de que no sea un niño, ¿verdad?

—Nah… Los muchachos son inútiles… Nada más que problemas. Ella es… es todo lo que quería.

No estaba preparado. No sabía que se sentiría así. Una nariz pequeña, dos perfectos labios, pestañas largas, un mechón de pelo negro, y manos que ya puedo decir que son versiones en miniatura de las mías. En un instante, mi mundo se pone de cabeza y estoy a su merced. A partir de este momento, no hay nada que no haría por esta hermosa criatura.

Rozo mi dedo contra su suave mejilla, y a pesar de que se supone que los hombres no hablan como tontos, lo hago. —Hola, pequeña niña.

—¿Tienen un nombre para ella? —pregunta la enfermera Lynn.

Los ojos sonrientes de Ino se encuentran con los míos antes de volver a la enfermera Lynn.

—Sarada. Sarada Evelynn Uchiha.

Evelynn es por la abuela de Ino. Pensamos que podría pensarlo mejor si alguna vez encuentra esos cartuchos de escopeta. Los ha estado buscando muy duro todavía desde que Ino y yo anunciamos que no íbamos a casarnos.

Demasiado pronto, la enfermera Lynn se lleva al bebé para obtener las impresiones y vestirla. Bajo de la cama mientras que el Dr. Higgens hace su trabajo entre las piernas de Ino. Luego sugiere:

—¿Por qué no vas fuera y les das a sus familias la buena noticia, hijo? Han estado ahí fuera esperando toda la noche.

Miro a Ino, que asiente con aprobación. Tomo su mano y beso la parte posterior de la misma.

—Te amo.

Sonríe, cansada pero feliz.

—Yo también te amo.

Camino por el pasillo, a través de las puertas de seguridad, y hacia la zona de espera. Allí encuentro una docena de las personas más cercanas en nuestras vidas, llevando diferentes máscaras de anticipación e impaciencia.

Antes de que pueda decir una palabra, mi pequeño hermano, Izuna, el que no es un idiota, demanda:

—¿Y bien? ¿Qué es?

Me agacho para estar a su nivel y sonrío.

—Es… es un ella.

Dos días más tarde, até el asiento para bebé en el coche, comprobando cuatro veces para asegurarme de que se encontraba bien, y me llevé a Ino y a Sarada a casa.

A la casa de sus padres.

Y sólo dos meses después de eso, las dejé, viajando dos mil kilómetros hacia la Universidad de Columbia, Nueva York.