Séptimo y último día de la #InuKagFluffWeek. Se me hizo muy corta pero la disfruté a millón. Estar corriendo para que no me abandonara la inspiración valió totalmente la pena.

Pasemos ahora un poco de TIEMPO EN FAMILIA con nuestra familia favorita: InuKagMoro. Un pequeño momento de sus vidas (muy pequeñito).

Nota: Los personajes son de la grandiosa mangaka Rumiko Takahashi. La historia es un pedacito de mi inspiración que quise compartir con ustedes.

Estar cansada ya es una constante en mi vida. Luego de cuatro exorcismos, siete (SÍ, siete) partos y varios aldeanos con gripe, además del tiempo en que sembraba plantas medicinales y preparaba remedios con ellas, estoy completamente exhausta.

Regreso a casa pidiendo que, al menos por este día, no haya más emergencias que requirieran mi atención. Apenas me acerqué a la entrada de nuestra cabaña cuando escuché su voz.

—¿Sabes quién está ahí fuera, Moroha? Mamá. —escucho la voz de Inuyasha— A juzgar por sus pasos, viene muy cansada.

En ese momento atravieso la entrada y la imagen que me recibe elimina todo el cansancio que tenía hace solo un instante. Supongo que, como cargador de energías, no existe mejor escena.

Mi esposo está recostado sobre nuestro futon. Se ve relajado y tranquilo, muestra de que tuvo un mejor día que el mío. Mantiene la mitad de su torso levantado y apoya su cabeza sobre una de sus manos, mientras con la otra… con la otra le hace cosquillas a Moroha en su pequeño abdomen y la bebé, acostada al lado de Inuyasha, ríe encantada por ser el centro de la atención de su papá.

Escenas como esta me quitan todo el cansancio de la jornada desde hace ya seis meses. De hecho, mi felicidad se hace plena cuando regreso con mi familia, y cada día ese gozo y ese amor que siento, incluso aunque yo lo creía imposible, crecen más.

—Estoy en casa. —puede que la frase sea tradicional, pero yo la digo con toda mi alma: estoy en mi hogar, en donde mi felicidad supera cotas inalcanzables de otra manera.

—Bienvenida. Imaginé que llegarías sobre esta hora, — me responde Inuyasha— y me imaginé que vendrías cansada. Así que Moroha y yo ya preparamos parte de la cena.

—¿En serio? —podría besarlo en este momento.

—Sí, y luego, si quieres, podemos ir a las aguas termales que quedan a dos millas de aquí.

—Sí quiero, claro que quiero. —ahora sí lo beso, por ser tan considerado y… y porque es mi esposo y lo quiero y no necesito más razones que esa para darle rienda suelta a mis sentimientos.

Moroha ríe de contenta aun acostada sobre el futon y ese sonido suena a música celestial para mí. Y mi pecho se vuelve a sentir como repleto de descanso. Así que me echo sobre el futon yo también para darle a mi pequeña un beso en su regordeta mejilla.

Definitivamente, momentos como este, en los que veo a la felicidad plena a la cara y en los que percibo la perfección de la vida, son por los que vivo, y por los que siempre sonreiré.