Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

5

Para el momento en que la hora feliz comienza oficialmente, Sakura y Naruto se encuentran más allá de felices. Sin embargo, Neji no; Neji es el conductor designado original. Disfruta un solo vaso de whisky de malta tanto como cualquiera, pero nunca lo he visto beber para emborracharse. A diferencia de todos los demás en torno a él en este momento. A las seis de la tarde en una noche de viernes en Washington, DC, las calles son un pueblo fantasma, porque cualquier persona que todavía esté aquí ya se encuentra dentro de los bares. Los políticos no viven en la ciudad. Si el Congreso no está en sesión, regresan a sus distritos de origen. Aquellos que están casados con hijos vuelven a los suburbios. Eso nos deja al resto de nosotros; hambrientos, trabajadores y cachondos. Y no hay mejor manera de desahogarse bien de una semana larga y tortuosa en la oficina que tomar un buen trago en una taberna ruidosa. Sakura lo llama el "Efecto de Anatomía de Grey".

—Burbuja de aire en la intravenosa —sugiere Naruto con una voz diabólica, apoyando los codos en la mesa de madera llena de vasos vacíos— Difícil de rastrear, imposible de probar más allá de una duda razonable, a menos que haya cámaras de video en la habitación de hospital del paciente, rápido y eficiente…

—Y totalmente poco confiable —bromea Sakura, dándole un golpecito en la nariz— La cantidad de aire para causar una embolia varía, además de que la víctima ya tendría que estar en el hospital. Entonces, habría un registro de visitantes…

El asesinato perfecto. Es un debate frecuente. Conociendo los recovecos del sistema de justicia penal, estoy realmente sorprendido de que más personas en el campo jurídico no cometan delitos graves. O —cómo es esto de jodido— ¿tal vez lo hacen? Pie de entrada para la música espeluznante.

—Sigo diciendo que el veneno es la apuesta más segura —ofrece Neji desde un extremo de la mesa— Algo como ricina o polonio.

Su sugerencia es recibida con bromas y burlas.

—Novato.

—El análisis forense post-mortem es demasiado avanzado —argumenta Naruto.

—¿Y dónde demonios encontrarías polonio? —añade Sakura— Conoces a muchos espías rusos, ¿verdad?

—Recuérdame nunca tomarte como cliente —le digo, señalándolo con mi bourbon— Arruinarías mi racha de victorias.

La pista de baile en la habitación contigua está completamente llena de cuerpos, penosamente cortos de ritmo. No muchas cosas son tan divertidas como ver personas que no pueden bailar, pero piensan que pueden.

Brazos eufóricos se elevan cuando la canción Oh What a Night sale por los altavoces. Sakura se levanta emocionada.

—Esa es mi señal. Anda, Naruto, vamos a sacudir lo que tu mamá te dio.

Él se levanta.

—No puedo, querida, mi cita acaba de entrar.

—¿Tienes una cita esta noche? —pregunta Sakura.

—Ahora la tengo. —Guiña un ojo— Ella simplemente no lo sabe todavía.

Mientras Naruto se aleja, Sakura mira hacia Neji. Él suena como Harry el Sucio preguntándole a un punk si se siente afortunado cuando dice:

—¿Siquiera necesitas preguntar?

Me guarda para el final, porque sabe muy bien que yo no bailo. Aún así lo intenta, pasando la mano por mi brazo.

—¿Quieres mostrarme tus movimientos, Uchiha?

Mastico el palillo de dientes entre mis labios.

—Cariño, te mostraré cada movimiento que tengo, sólo que no en una jodida pista de baile.

Se ríe, luego se va brincando de un lado a otro hacia los cuerpos balanceándose y agitándose. Y la observo con la mirada de un hombre que está seguro que va a echar un polvo, y sabe que será bueno. Sus caderas redondeadas giran en el momento perfecto con el ritmo rápido, seguro y practicado. Imagino esas caderas a horcajadas sobre mí —montándome— con el mismo ritmo rápido. Y al instante me pongo duro. Palpitando con el recuerdo y la expectación. Es la manera en que se mueve momentos antes de que se venga, firme y rápido, alimentándose de la sensación, persiguiendo esa maravillosa fricción.

Chupo fuertemente el palillo en mi boca mientras ella alza los brazos, haciendo círculos con su pelvis. A Sakura le gustan sus brazos encima de su cabeza —clavados por mis manos— contra una cama, pared, un duro escritorio de roble. Tener sexo con ella es fenomenal en cualquier día, pero follarla cuando está así —sólo lo suficientemente borracha— es particularmente fantástico. Es más salvaje, más ruda; jala mi cabello un poco más fuerte. Ruega un poco más dulce.

El bourbon que tomé ha aflojado mis músculos y mi mente. No estoy intoxicado, sino lo suficientemente relajado para olvidar cualquier preocupación. Para que nada me importe una mierda. Tiro de mi corbata a medida que su espectáculo de juego previo continúa, satisfecho de observar sin prisas, de permitir que esta anticipación se construya. Pero luego, se da la vuelta. Su cabello rosa se despliega y soy atrapado en esos malditos ojos avellana. Ojos grandes y verdes que están prácticamente brillando con hambre.

No está simplemente bailando frente a mí, está bailando para mí.

Sus manos se deslizan lentamente por sus costados, sosteniendo sus caderas, apretando. Pero son mis manos las que está imaginando, mi agarre lo que siente. Los labios llenos de Sakura se abren, respirando pesadamente, el brillo de humedad bordeando el labio superior. Y quiero lamerlo. Pero eso sólo sería el comienzo —devorar esa boca— antes de lamer hacia abajo y alrededor, hasta probar todo de ella. Hasta que cada centímetro de su piel sea marcada con la sensación de mi lengua, mis labios. Mis dientes.

Retorciendo el palillo contra el paladar de mi boca, me pongo de pie. Y acecho en su dirección. Antes de llegar a ella, Sakura se gira, su trasero todavía contoneándose. Provocándome. Por encima del hombro, mantiene su mirada fija en la mía. No me detengo hasta que me encuentro pegado a ella, mi mano sobre su estómago, empujándola hacia atrás. Así no puede tener ninguna duda sobre cómo me ha afectado. Cada centímetro caliente y duro de efecto está presionado contra su trasero.

—¿Cambiaste de idea? —se burla— ¿Quieres bailar después de todo?

—Quiero follar —le susurro al oído, haciéndola temblar— a ti. En caso de que hubiera alguna duda. Ahora.

Se presiona hacia atrás, atrapando mi polla entre nosotros, luego deslizándose arriba y abajo, frotando con sublime presión. Me trago un gemido.

—Entonces, creo que nos vamos.

En el viaje en taxi hasta mi apartamento, hago un punto en no tocarla; nada de roces casuales en su muslo o una mano para ayudarla a salir del taxi. Porque sé que la espera la excitará aún más. Y porque una vez que yo empiece, no planeo parar.

Después de un viaje en ascensor tenso y tortuoso, nos encontramos de pie en el pasillo fuera de la puerta de mi apartamento. Mientras coloco la llave en la cerradura, el cuerpo de Sakura está cerca, sin presionar, pero lo suficientemente cerca que puedo oler su perfume. Un aroma floral limpio y dulce; gardenia, tal vez. Pasamos por la puerta, luego me doy la vuelta, usándola para cerrarla, chocándola contra su espalda. Atrapándola entre la puerta y yo. Las manos agarran el aire cuando sostengo sus muñecas en una mano, muy por encima de su cabeza, estirándola, haciendo que se arquee. Forzando el contacto.

Jadea a medida que paso la nariz hasta su mejilla, su aliento escapando en pequeñas bocanadas.

—¿Quieres ser follada? —digo en tono áspero.

Gime. Se retuerce.

—Sí.

A Sakura le gusta rudo —palabras fuertes, toques firmes— y soy muy feliz de complacerla.

Rozo mi mano libre por su muslo, amontonando su falda a medida que subo.

—¿Te quieres correr?

Una vez me dijo que una de sus partes favoritas de follarme era que podía simplemente dejar ir todo. Sin preocupaciones, sin estrés, sin decisiones que tomar. Es la única área en su vida en donde es feliz de dejar que alguien más —yo— haga todo el trabajo.

Alza la barbilla, rozando piel suave contra mi barba de tres días.

—Por favor —ruega.

—¿Qué tanto? —provoco, frotando sobre sus bragas de seda, donde es suave y caliente. Sus caderas giran contra mi mano mientras aparto la tela y deslizo mis dedos por sus labios suaves y resbaladizos. Mi risa oscura retumba— Se siente como si quisieras correrte con muchas ganas.

—Sasuke… —gime en una súplica impaciente.

Y entonces mi boca está sobre la suya, tomando sus palabras, chupando esos labios carnosos que observo todo el puto día. Sabe tan dulce; granadina con un dejo de tequila, haciendo que mi cabeza se maree. Me da su lengua, húmeda y cálida. Muevo los labios sobre los suyos, avanzando con firmeza, apenas permitiendo respirar, y capturo su labio inferior con los dientes. Sus brazos empujan contra mi agarre, con ganas de sujetar, acercarme más, pero la sostengo firme. Presiono la longitud de mi cuerpo contra el suyo, sintiendo cada curva suave y llena contra mis ángulos duros. Gime, agradecida por el contacto mientras hago estragos en esa boca. Luego, deslizo los labios por su mandíbula, dejando un rastro húmedo, a su cuello, dándome un festín con su piel dulce como un hombre hambriento. Jadea y levanta aún más la barbilla, dándome un mejor acceso a medida que me deslizo más abajo, a los botones superiores de su blusa.

Cosas de una sola noche, sexo sin sentimientos, extraños follando; lo he hecho antes un montón de veces. A veces es bueno, a veces sólo es —mecánico— satisfacer una necesidad física básica. Pero esto, aquí con Sakura, nunca ha habido nada mecánico al respecto. Son llamas abrasadoras, lamiendo nuestros miembros, atrayéndonos juntos desde un espacio muy adentro, haciéndonos chocar como imanes separados por demasiada distancia, por demasiado tiempo.

Mi boca chupa sus tetas por encima de la blusa, dejando una marca oscura de humedad sobre la seda. No hay ningún pensamiento, sólo sentimientos y sensaciones. Libero sus muñecas, agarro la delicada tela con ambas manos y doy un tirón, rasgándola, dejando al descubierto la magnífica piel que me fascina. Reemplazaré la blusa, no tengo tiempo para malditos botones. Bajo la copa de su sostén de encaje negro y sus manos se hunden en mi cabello, masajeando mi cráneo mientras devoro su pecho. Tan cálido, tan suave. Coloco largos besos con la boca abierta a lo largo del montículo, succionando la piel hasta que Sakura grita —dejando mi marca— castigándolo por distraerme. Luego paso la lengua alrededor del círculo oscuro de su pezón, dando golpecitos y lamiendo. Cuando lo envuelvo con mi boca, ella se sacude, después suspira con alivio mientras succiono.

Su cabeza rueda.

—Oh, sí… Oh, Dios, sí…

A medida que me muevo a su otra teta impresionante y le doy la misma atención, deslizo de nuevo mis dedos en sus bragas, queriendo que se corra, que grite justo así. Sus muslos se extienden, haciendo espacio para mi mano, cuando mis dedos hacen círculos en su entrada. Sus caderas giran en círculos opuestos a los míos, las uñas recorriendo mi espalda sobre la camisa. Con mis dientes atrapando un pezón excitado y sensible, sumerjo dos dedos en su apretada humedad.

—Mierda… —gime.

Deslizando mis dedos dentro y fuera, bombeando, muevo mi pulgar hasta su clítoris expectante y froto. Su voz se eleva, volviéndose desesperada, porque el orgasmo está tan jodidamente cerca. Entonces, elevo la cabeza y me deleito en la vista de su rostro. Ojos cerrados, pestañas oscuras desplegadas contra piel bronceada, labios abiertos y jadeantes diciendo mi nombre. Si tuviera algún talento para la pintura, esta sería la obra maestra que capturaría. Este momento puro e inesperado, cuando se encuentra completamente desnuda frente a mí, confiando en que le de placer fuerte y palpitante, pero dejándola intacta. Tengo que besarla.

Lentamente ahora, atraigo sus labios a los míos, mientras mis dedos bombean más rápido, mi pulgar frotando con más fuerza. Y entonces, explota. Saboreo su hermoso gemido mientras sus brazos se estrechan y sus muslos se aprietan, y su coño atrapa mis dedos en fantásticas contracciones pulsantes. Cuando sus extremidades se aflojan y sus manos están ahuecando mi mandíbula y me besa lenta, dulce y agradecidamente, saco mis dedos de ella. Retrocedo y me observa con ojos ardientes mientras pruebo la humedad que cubre mis dedos. Mejor que granadina, tequila o un maldito bourbon. Los jugos de Sakura son el elixir de los dioses, y estaré chupando ese delicioso coño antes de que termine la noche. Pero primero, es tiempo para que ella tenga diversión.

Con una sonrisa afilada y una chispa casi perversa en sus ojos, agarra mi corbata y tira de mí en un beso. La dejo que nos gire, así que mi espalda se encuentra contra la puerta. Mientras nuestras bocas danzan, meto las manos en su cabello —agarrándolo— tirando de la manera en que sé que ansía. Entonces, la empujo hacia abajo. Sobre sus rodillas.

Levanta la mirada hacia mí, esos malditos ojos encendidos y hambrientos, cuando sus manos se deslizan por mis pantalones, mis muslos, desabrochando mi cinturón con un sonido metálico. Observo, mi mano recorriendo su cabeza a través de su cabello, mientras me baja los pantalones junto con los boxers hasta mis tobillos. Salgo de ellos y pierdo el contacto visual cuando frota mis piernas, tonificadas y solidas con músculos.

—Estas piernas —admira en voz alta— Fueron hechas para estar arrodillada ante ellas.

Me rio misteriosamente.

—Gracias por el cumplido, cariño. Pero basta de charla, tengo usos mucho más interesantes para esa boca tuya.

Sonríe y se pasa la lengua por los labios. Mi polla gruesa da un salto, porque sabe lo que vendrá después. Agarro mi pene con firmeza, bombeando lentamente, y trazo con la punta los labios de Sakura, extendiendo a través de ellos la humedad que ya tiene.

La miro a los ojos, ojos en los que un hombre podría hundirse si no es cuidadoso, y le digo:

—Abre.

No me importa una mujer que está ansiosa, y he estado más que feliz de recostarme y dejar que una chica tenga su perversidad conmigo. Pero aquí —ahora— con Sakura, siento una urgencia por su sumisión. Una emoción de estar por encima de ella, a cargo. Y quiero tomarme mi tiempo, dejarla sentir cada centímetro de lo que le estoy dando, en lugar de simplemente permitirle tomar.

Como dice el refrán, dar es mejor.

Sus labios están hinchados, rosados por mis besos rudos. Se estiran cuando los abre ampliamente, y guio mi polla a ese húmedo y caliente paraíso. Empujo lento, respirando con dificultad, hasta que llego a la parte posterior de su garganta con un gemido. Y me hundo en la maldita sensación de su apretada y cálida boca envuelta a mi alrededor. Tan condenadamente bueno.

Bajo la mirada, viendo como me deslizo fuera, sus labios apretándose, como si no quisieran que me fuera. Entonces empujo de nuevo, un poco más fuerte, un poco más profundo. Me contengo adentro, sintiendo su garganta apretarse a mi alrededor.

—Jodeeer —gimo.

Es una deliciosa tortura, la agonía perfecta que quiero que dure toda la noche.

Me retiro, sólo para tener la oportunidad de empujar de nuevo. Acunando su cabeza, le digo:

—Eso es, nena. Justo de esa manera. Mantén esa boca abierta, tómalo todo... Mierda…

No me puedo contener. Con mis ojos cerrándose, comienzo a embestir. No quiero acabar, todavía no, pero tampoco quiero parar. Sólo un poco más, un rato más. Sakura gime de emoción —amándolo casi tanto como yo— y la vibración se va directo a mis bolas, haciendo que se tensen, preparándolas para el éxtasis que está tan jodidamente cerca. Justo en el borde, sujeto su cabello y la aparto. Luego, la pongo de pie y beso esa perfecta boca. Ahora, ¿en dónde hacerlo? ¿En el piso, en el sofá, contra la pared? La cama no es una opción, está demasiado lejos.

Recojo mis pantalones, recuperando el condón del bolsillo, abriéndolo y rodándolo con una destreza nacida de la práctica y desesperación. Observándome, Sakura sale de su falda y bragas, sin molestarse con la blusa que está colgando, un poco desgarrada.

El piso será.

Atrayéndola a mis brazos, follando su boca con mi lengua, desciendo a mis rodillas, llevándola conmigo, entonces la acuesto, protegiendo su cabeza de la madera dura con mi palma.

—Date prisa, Sasuke —ruega. Follando es la única vez que escucharé a Sakura rogar, y es impresionante— Lo necesito. Oh Dios…

Levanta las caderas, frotándose contra mi estómago, su coño incluso más húmedo ahora. Ambos gemimos cuando empujo, estirando su impresionante estrechez, enterrándome hasta la empuñadura.

Joder, sí.

Sonidos ásperos y exquisitos vienen de su garganta cuando embisto con fuerza, golpeteando, llevándonos hasta arriba. Sus uñas se clavan en mi espalda, haciéndome sisear, y me sujeto de sus hombros por apoyo. Me muevo contra ella, mis caderas haciendo círculos cuando estoy en lo más profundo, con nuestras pelvis chocando.

—¿Lo quieres más fuerte? —espeto, sin aliento en su oído.

Sus piernas se tensan alrededor de mí, sus talones clavándose en mi culo como respuesta.

—Dame tu boca —suplica.

Bajo mis labios a los suyos, mordiendo y lamiendo, fusionándonos. Chispas hormigueantes bailan lo largo de mi columna y embisto más rápido, dándole todo lo que tengo, todo lo que jamás tendré. Siento su estremecimiento alrededor de mí, pequeños espasmos agarrando mi polla, ganando intensidad.

—Eso es, nena, acaba conmigo... justo ahí...

Puntos de luz bailan detrás de mis ojos, y entierro el rostro en su cuello. Sus caderas se levantan una última vez y se mantienen así, al mismo tiempo que empujo hacia adelante y magníficas olas de placer invaden mis venas. Más allá de la sangre corriendo por mis oídos, la escucho cantar mi nombre cuando nos estremecemos juntos, corriéndonos al mismo tiempo... compartiendo ese maldito espacio perfecto donde todo lo que existe es ella, yo y el éxtasis. Su aliento contra mi hombro, como el aleteo de las alas de un pájaro, es lo siguiente de lo que soy consciente. Se necesita un poco de esfuerzo, pero me levanto y miro a los deslumbrantes ojos de Sakura. Su sonrisa, lo suficientemente tierna para romperme el corazón.

Alejo el cabello de su rostro y presiono un delicado beso en sus labios. Sin decir una palabra, me deslizo fuera de ella y me pongo de pie. Llevándola en mis brazos, me dirijo al dormitorio. Ya que la noche no ha terminado todavía… no por un largo tiempo.

Sakura colapsa sobre su espalda, riendo sin aliento. Remuevo el segundo condón bien usado de la noche y lo tiro a la papelera junto a la cama. Yacemos uno al lado del otro, en un cómodo silencio, hasta que un fuerte gruñido de su estómago rompe el silencio. Intenta ocultarse detrás de su mano, pero disfruto ver el rubor de vergüenza que se extiende desde sus tetas a sus mejillas.

—Nos saltamos la cena, ¿no? —digo.

—A menos que cuentes la guarnición de frutas de los cócteles Tequila Sunrises.

Toco su pierna.

—Vamos. Veamos lo que tenemos en términos de sustento.

Camino por el pasillo. Desnudo. Me gusta estar al desnudo. Se siente bien, natural. Claro, vivo en una concurrida calle de la ciudad y no tenemos cortinas, pero si las personas quieren mirar a mi ventana, podría bien darles algo que ver.

Sakura me sigue, mi manta envuelta alrededor de sus hombros, supongo en busca de calor. Dejamos la modestia hecha polvo hace tiempo, cerca de la primera vez que jugó a ser jinete sobre mi rostro. Se sienta a la mesa de la cocina mientras saco un cuenco de la nevera y lo coloco en el microondas para calentarlo. Pongo dos platos en la mesa, luego dos vasos de agua fría. Siento toda la atención de Sakura siguiéndome cuando me muevo, disfrutando de la vista.

Cuando el microondas suena, saco el cuenco, y en el proceso me quemo como el demonio mis dedos.

—¡Mierda! —Sacudo la mano, y luego chupo los dedos lesionados.

—Cuidado —advierte en una voz divertida— no quemes ninguna de las partes buenas.

Usando una toalla, llevo el cuenco humeante a la mesa.

—Gracias por tu preocupación.

Reparto dos porciones llenas de macarrones y queso casero. Sakura gime en el primer bocado, y mi polla —ya sin miedo de una lesión— toma nota.

—Esto está tan bueno, Sasuke. ¿Tú lo hiciste?

—No, yo no cocino. Y tampoco Neji por lo general, pero los macarrones con queso de su mamá son la única comida que se aprendió de memoria. No puede pasar una semana sin eso. Se conserva bien en el congelador, lo que es conveniente.

Permanecemos en silencio durante unos minutos, enfocados en la comida. Entonces Sakura reflexiona:

—Hoy fue un buen día.

Veo caer su cabello sobre la piel bronce de su clavícula, el suave y lánguido resplandor en esos ojos esmeralda. Y es agradable, sólo estar aquí. Con ella.

—Seguro lo fue.

Después de que nuestros platos están vacíos, me atrevo:

—¿Puedo hacerte una pregunta?

—Por supuesto.

Quito la manta de su hombro, dejando al descubierto la impresionante curva de su seno derecho, pesado en su plenitud natural. Su respiración se atasca cuando recorro con mi dedo el costado, hacia su caja torácica, sobre la cicatriz irregular de veinte centímetros que desluce su piel de otro modo perfecta.

—¿Cómo sucedió esto?

La primera vez que la noté, no se sintió bien preguntar, no me correspondía. Nuestros primeros encuentros consistían en quitar la ropa del otro lo más rápido posible, mantenerme duro el mayor tiempo posible y acabar tantas veces como era posible; sin correr el riesgo de deshidratación o pérdida del conocimiento. No nos dejaba un montón de tiempo para hablar. Pero ahora... últimamente... Me he encontrado con ganas de saber más además de cómo a Sakura le gusta ser chupada o follada. Y más que las cosas rudimentarias que Naruto o Neji sabrían. Quiero sus fantasías... algunos de sus secretos.

No hay expresión de dolor nublando sus facciones, no se inmuta ante la mención, y por eso estoy eternamente agradecido.

—Accidente aéreo —dice con naturalidad.

—Me estas jodiendo.

—Ciertamente no te estoy jodiendo —imita con una sonrisa— Cuando tenía ocho años, estábamos regresando de visitar a la familia en Río, y el tren de aterrizaje no funciona bien. Tuvimos que aterrizar sobre la panza del avión, con fuerza —Su voz se vuelve ligera, recordando— Fue ruidoso, es lo que más recuerdo. El crujido de metal sobre metal, como un accidente de coche... multiplicado por mil. El apoyabrazos de mi asiento cortó a través de mi piel, rompió dos costillas, pero no dañó nada importante. Tuvimos suerte, referente a como son los accidentes aéreos. No hubo víctimas mortales; todo el mundo se recuperó.

—Maldición —murmuro, no seguro de lo que me esperaba, pero seguro que no era esto.

Me lanza una pequeña sonrisa.

—Mi segundo hermano mayor, Sasori, es el filósofo de la familia, piensa que fue una señal. Un recordatorio de que la vida es corta. Preciada. Y que debe haber grandes cosas para que logremos, porque todos podríamos haber muerto, pero estuvimos a salvo. Por una razón.

Cubro la marca con mi mano, pensando en el dolor que debe haber sufrido, queriendo absorberlo de alguna manera. Pero al mismo tiempo, es una parte de ella, hizo a Sakura la mujer que es hoy. Y no hay ni cosa que cambiaría, porque ella es malditamente increíble. Mi mano se desliza hacia arriba, ahuecando la cálida suavidad de su pecho, sintiendo la vibración de su corazón debajo. El sonido de su respiración —profunda y agitada— me estimula. Su pulso late rápidamente cuando me inclino.

Susurra mi nombre, y no creo que alguna vez haya sonado tan condenadamente dulce.

Antes de que pueda presionar mis labios en el hueco de su garganta, el ruido de las llaves en la puerta nos exalta. Nos enderezamos, como dos adolescentes ante el rayo de la linterna de un policía, y nos apresuramos a mi dormitorio. Cierro la puerta, los dos riendo. Con un bostezo, me echo sobre la cama, tirando de la colcha que queda encima de mí. Sakura me observa por un momento, luego suelta su propia manta y alcanza su ropa.

—Debería irme.

Así es como funciona. Follamos, nos vestimos, nos vamos: ten una buena noche, nos vemos en la oficina.

Echo un vistazo al reloj que muestra las 3 a.m.

—Es tarde —señalo con otro bostezo. Y el golpeteo constante contra el panel de ventana se hace notar— Y está lloviendo. ¿Por qué no te quedas?

No tenemos reglas establecidas, nada a lo que hayamos acordado en voz alta de todos modos. Simplemente nos hemos movido con la corriente, lo que sea que funcione, lo que sea que se sienta bien. Si tenemos reglas, implícitas, hay una buena oportunidad de que quedarse a dormir las rompa. Pero no puedo hacer que me importe una mierda.

Froto el rostro contra la almohada acolchada y abro un ojo. Sakura está allí —bellamente desnuda— sosteniendo el sujetador en una mano. Mirándome. Debatiendo.

Lanzo la colcha, dejando al descubierto el espacio vacío frente a mí.

—Hace frío ahí afuera, calor aquí. No lo pienses demasiado, Saku.

No tiene por qué significar nada. Y Sakura es suave y delicada, tenerla para frotarme contra ella seguro que trae algunos dulces sueños.

Deja caer el sujetador y se arrastra en mi lado. Su espalda presionada a mi pecho, su culo acuna mi polla, dándome nuevas perspectivas sobre los beneficios de abrazarnos.

Mi mano se apoya en su cadera, la otra debajo de la almohada. Después de moverme para ponerme cómodo, Sakura susurra:

—¿Sabías que cuando estás cansado, tu acento es más pronunciado?

Su cabello me hace cosquillas en la nariz, haciéndome olfatearlo.

—¿En serio?

—Sí —dice en voz baja— A mí me gusta.

Justo cuando estoy a punto de quedarme dormido, un golpeteo amortiguado llena la habitación, como un chico baterista inoportuno.

Bang, bang, bang.

Es el sonido de la madera del cabecero contra la pared. Acompañado por una chillona voz femenina.

—¡Sí, sí, sí!

Levanto la cabeza y le grito a la pared.

—¡Oigan! Les importa, algunos de nosotros estamos tratando de dormir aquí.

La voz indiferente de Neji grita de regreso.

—¿A ti te importa? Algunos de nosotros estamos tratando de follar aquí.

El golpeteo reanuda, pero por suerte, no el gemido de afirmación. Sakura suelta risitas cuando tiro la colcha por encima de nuestras cabezas, ahogando un poco del sonido.

—Cristo —me quejo— En serio tengo que conseguirme mi propio lugar.