Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
6
*Sakura*
En algún momento antes de la mañana, me despertó el constante roce de la pelvis de Sasuke contra mi trasero. Su enorme mano se desliza hacia arriba por mi estómago, apretando mi pecho y luego trazando mi pezón endurecido con la punta de los dedos, de una manera que me hace arquear la espalda presionándome hacia su caricia. Sus dientes raspan mi hombro y se siente salvaje y peligroso.
No espera permiso, pero gimo que es lo mismo.
Entonces esos dedos mágicos se encuentran entre mis piernas, deslizándose y esparciendo la humedad que ya está allí. Toma mi mano y presiona mis dedos sobre mi clítoris, frotando círculos delicadamente. Su voz es ronca por el sueño cuando instruye:
—Sigue haciendo eso.
La calidez de su pecho desaparece de mi espalda y la cama vibra con su movimiento. El sonido de la rasgadura del empaque perfora el aire, de lo contrario silencioso, y luego regresa, su piel caliente presionándose, labios abriéndose camino hasta mi cuello, a la sensible piel detrás de la oreja. Mi aliento se vuelve jadeos rápidos y mis dedos se presionan con más fuerza, el placer aumentando, tensando mi estómago. La respiración jadeante de Sasuke hace cosquillas en mi hombro cuando agarra mi rodilla y levanta mi pierna.
Sí. Esto. Ahora.
Ahora por favor.
No me doy cuenta de que hablé en voz alta hasta que siento su sonrisa.
—Debimos tener el mismo sueño.
Y entonces me llena.
Totalmente.
Perfectamente.
Abriendo mi coño con su dureza, gruesa y pesada. Mi cabeza se inclina hacia atrás, mi barbilla se levanta con un gemido excitado. El aire escapa de sus labios en una corriente silbante y larga mientras empuja lentamente. Siento su polla contra mis dedos y alcanzo más abajo, acariciándolo donde golpea dentro y fuera con un ritmo constante. Jesús, Dios, me encanta cómo se mueve, cómo conoce el ángulo correcto, la velocidad correcta para llevarme directamente al borde del abismo. No tengo que decir una palabra, hacer algo. A menos que quiera, a menos que él me diga.
Su mano aprieta mi pierna con más fuerza y alcanzo la parte trasera de su muslo, la firme curva de su culo, empujándolo en mí más profundo. Haciéndolo gemir. Sasuke succiona el lóbulo de mi oreja, su voz es ronca.
—Maldita sea, Sakura, me encanta follarte así. Ser capaz de ver cada centímetro tuyo. Tan malditamente hermosa.
Se hunde más fuerte, su pelvis golpea fuertemente contra mi culo.
—¿También te encanta? —dice jadeando.
Suelta mi pierna, pero la mantengo elevada, sintiéndose demasiado bien como para dejarla caer. Luego sus dedos pellizcan y tiran de mis pezones, de forma tortuosamente exquisita.
—Muéstrame —gruñe— muéstrame lo bien que se siente. Cuánto te encanta.
Con un gemido devuelvo su empuje, imitando todos sus movimientos. Me inclino hacia adelante hacia la cintura, para hacer palanca, yendo hacia atrás mientras empuja hacia adelante. Más Rápido. Construyéndolo. Más.
—Mierda, eso es, cariño.
Y nos convertimos en una pulsante y retorcida masa de placer. Gemidos y jadeos, extremidades agarrándose y músculos contrayéndose. Mis uñas se clavan en la piel de su pierna cuando me vengo, mi boca abierta contra la sábana fresca de la cama, gritando silenciosamente.
Sasuke me empuja sobre mi estómago, cubriéndome. Tres poderosos empujones más de sus caderas y está gruñendo contra mi espalda de la manera más sexy. Lo siento hincharse dentro de mí —palpitante, duro y caliente— cuando se viene. La sensación, sus sonidos, me dan ganas de empezar todo de nuevo.
Nos quedamos quietos por varios segundos, todo es respiraciones jadeantes y corazones latiendo con fuerza. Incluso antes de que su peso se retire de mi espalda, me hundo, sin esfuerzo caigo en el agotamiento sin sentido que viene después de un esfuerzo gozoso. El movimiento es la última cosa que registro, ser arrastrada a un fuerte abrazo, rodeada de la fragancia picante del post-sexo mezclado con el olor reconfortante de un hombre cálido.
Suspiro, acurrucándome más cerca de su pecho. Y una última reflexión flota a través de mi cerebro antes de que el olvido me lleve:
Podría acostumbrarme a esto.
La luz del sol que entra por la ventana del dormitorio de Sasuke es lo que me despierta, brillante y cálida en mi cara. El olor del café está en el aire y hay un espacio vacío a mi lado. No me incorporo de inmediato, sino que disfruto de un par de minutos de la suavidad de su cama, el olor masculino que todavía se aferra a las sábanas y los recuerdos tentadores que bailan detrás de mis ojos.
Pasar la noche es un nuevo acontecimiento. Una elección espontánea que… probablemente no fue mi decisión más inteligente. Porque, culpable de los cargos, me gustó.
Me gustó todo sobre ello. Sus brazos alrededor de mí, su pecho debajo de mi mejilla, su polla en la noche muy dentro de mí. Mis músculos internos se aprietan con el recuerdo y me estremezco un poco por el bendito dolor, el mejor tipo de dolor. Me pregunto si a Sasuke le gustó tenerme aquí también. Le gusta "tenerme", eso es obvio, pero me pregunto si quiere…
No. Objeción. Fuera de lugar.
Cese y desista.
Todos sabemos lo que pasa cuando jugamos con cerillos, pero no me voy a quemar. Soy como… la mano que pasa a través de la llama de la vela sin quemarse. Soy a prueba de fuego. Porque estoy preparada. Las voces que suenan sospechosamente como mis hermanos hacen eco en mis oídos. Escuchar conversaciones acerca de "amigas" que querían más beneficios de lo que se hallaban dispuestos a dar. Estrategias para desenredarse de los tentáculos necesitados de mujeres que se encariñaron demasiado. Adjetivos para describir aquellas mujeres que comenzaron con "genial", "increíble", "casual" pero cambiaron a "molesta", "pegajosa", "incómoda".
Amistades que nunca se recuperaron. Debido a que los límites fueron violados. Yo no. No necesito ese tipo de distracción. No quiero ese tipo de complicación. Mi carrera está justo donde se supone que debe estar —en la vía rápida— y contra viento y marea, u orgasmos que me hacen olvidar mi número de seguro social, ahí es donde se quedará.
Ahora salto de la cama, con un propósito, y empiezo a vestirme. Hasta que llego a mi blusa. No la vi bien anoche, pero está hecha jirones. Rasgada en los botones, con un agujero lo suficientemente grande para que mi mano —o mi teta— quepa. Luce como una bandera roja que se atrevió a tentar a un toro caliente y tomó el castigo proporcionado por su largo y grueso cuerno.
Lo cual no está demasiado lejos de la realidad, supongo.
Entonces me doy cuenta de la camiseta doblada al final de la cama, colocada al lado de mi ropa. Gris con escritura amarilla brillante: Sunshine, Mississippi.
Considerado.
La recojo y culpablemente presiono el algodón contra mi cara, inhalando profundamente. Huele predominantemente a suavizante, pero hay un dejo detectable de Sasuke escondido en sus hilos.
Sacudo la cabeza. Ojo al premio, Sakura. Y no importa lo que mi clítoris pueda creer, el premio no es el glorioso pene de oro de Sasuke Uchiha.
Recojo mi cabello en una coleta. Meto mi blusa arruinada y mi chaqueta en mi bolso, agradeciendo a los dioses de la moda que las bolsas grandes estén de moda. Luego, me miro una vez más en el espejo de la cómoda de Sasuke. Ojos cansados, cabello que, incluso en una cola de caballo, sobresale como alas en mi cabeza, una camiseta gris que llega a mis caderas con una falda lápiz de tweed que se asoma por debajo de ella.
Es por eso que lo llaman el paseo de la vergüenza. Enderezándome, abro la puerta y paso por el pasillo.
Él se encuentra en la mesa de la cocina, sin camisa, en chándal azul marino, con el cabello negro despeinado irritantemente sexy. Videochatea en su computadora portátil. A juzgar por su taza de café casi vacía, parece que ha estado haciéndolo por un tiempo. Encuentra mis ojos con una sonrisa de bienvenida y apunta a la taza de café en el mostrador. Una oferta silenciosa que acepto con entusiasmo.
Aunque la pantalla está de espaldas a mí, la voz de la joven que emana de los altavoces me dice exactamente con quién habla.
—… y luego Ethan Fortenbury dijo que tenía las manos de hombre.
Sasuke ve la pantalla, con la frente arrugada con consternación.
—¿Manos de hombre? Bueno, eso no fue muy amable de Ethan Fortenbury.
Tal vez es sólo porque sé con quién habla, pero su voz suena más baja, más suave, tranquila y protectora. Podría escucharlo hablar así todo el día. Oigo el crujido de cereales que mastica y entonces ella contesta:
—No, él no es agradable, papá. Me gustaría decirle imbécil, pero mamá dice que es de mala educación, por lo que en lugar de eso le digo "ano de caballo", porque lo es.
Sasuke se ríe. Y Neji entra en la cocina, vestido para el día, con pantalones vaqueros y una camisa azul abotonada. Pasa por detrás de la silla de Sasuke, mirando a la pantalla.
—¡Hola, Neji! —chilla la voz feliz.
Él le da una sonrisa rara.
—Buenos días, Solecito.
Sasuke dice que Neji le dice Solecito a Sarada porque es de ahí… y porque eso es lo que ella es. Neji se me une en el mostrador, sirviéndose una taza de café negro y mirándome de arriba abajo.
—Lindo atuendo.
Le enseño la lengua.
Una rubia de piernas largas sale dando zancadas de la habitación de Neji, en un vestido color marrón claro y zapatos a juego, luciendo mejor de lo que una mujer tiene derecho después de una noche de bebida y sexo. Sexo ruidoso.
Ella apenas mira a Neji mientras se dirige a la puerta.
—Adiós.
Neji aparece igualmente dedicado.
—Nos vemos.
Tomo otro sorbo de mi droga oscura matutina.
—Parece agradable.
Se ríe.
—Se despidió ella misma. Definitivamente agradable en mi libro, incluso podría verla de nuevo.
Con eso, Neji toma su taza de café y se retira de vuelta de donde vino.
—Entonces, ¿qué pasó después con Ethan Fortenbury? —le pregunta Sasuke a su hija.
—¡Oh! Le dije que si no dejaba de molestarme, envolvería mis manos de hombre alrededor de su garganta. No me ha molestado desde entonces.
El estruendo de la risa de Sasuke es bajo, suave y lleno de orgullo.
—Esa es mi niña.
—Tengo que ir a buscar mis zapatillas de deporte para la práctica, papá. Aquí está mamá. ¡Muah! ¡Te amo!
Sasuke sopla un beso a la pantalla.
—También te amo, niña.
Y es posible que mis bragas simplemente se desintegraran. Un dolor para nada desagradable, palpita en mi vientre: un repentino deseo apasionado de procrear con este hombre. Es puramente instintivo, evolutivo y por suerte pienso con mi cerebro, no con mis ovarios. Pero tengo que admitirlo… no es fácil.
Tomo un trago de mi café cuando la voz de los altavoces cambia, más madura pero todavía muy acentuada.
—Buenos días, Sasuke.
—Buenos días, cariño.
—Así que… hay algo… —Hay una pausa que suena nerviosa y luego comienza de nuevo— Algo acerca de lo que he querido hablarte…
Con el pulgar encima de mi hombro, le hago un gesto a Sasuke que voy a coger un taxi a casa. Sostiene un dedo en pausa.
—Ino, ¿podrías esperarme un segundo?
Cierra el portátil.
—No tomes un taxi a casa, Saku, te llevaré.
Le resto importancia haciendo un gesto con la mano.
—No, estás ocupado, no es una gran cosa.
—Es una gran cosa para mí. Espera, termino en dos minutos —Luego se vuelve a Ino— Lo siento. ¿Qué decías?
Ella duda.
—¿Ahora es un mal momento, Sasuke?
—No —la tranquiliza— Ahora está bien, un amigo sólo necesita un viaje a casa. Continúa y dime tus noticias.
Espera. Y juro que la oigo tomar un gran aliento… justo antes de que se acobarde.
—¿Sabes qué? Puede esperar… tienes compañía… Tengo que llevar a Sarada a la práctica.
—¿Estás segura?
—Sí, está bien —insiste— Voy a… um… Te llamaré más tarde. No es nada urgente.
Los ojos de él se oscurecen por la incertidumbre. Pero todavía responde:
—Muy bien. Entonces, que tengas un buen día.
—Igualmente.
Con un par de toques de las teclas se desconecta. Y esa sonrisa devastadora cae sobre mí.
—Buenos días.
Sasuke y yo nunca hemos hecho lo de la "mañana después". No se siente incómodo, simplemente… nuevo. Diferente. Levanto mi taza de café en saludo.
—Buenos días.
—Voy a agarrar una camisa, mis llaves y luego te llevo a tu casa.
Nos detenemos afuera de mi casa y Sasuke deja el auto en marcha, aparentemente no planea entrar. Lo que me parece bien. Quito un mechón de cabello de mi rostro.
—Gracias por el paseo.
Asiente.
—Seguro. Y gracias a ti también, gracias por el paseo —Guiña un ojo— Anoche.
Me echo a reír.
—Idiota.
Mientras salgo del auto y cierro la puerta detrás de mí, dice:
—Oye no lo olvides. Nuestro juego es a las tres. En Michigan, en el Turkey Thickett Field.
Casi todas las empresas tienen un equipo en la Liga de Softball de Abogados Mixto de DC, y el nuestro, este año, tiene una oportunidad para el campeonato. Soy buena en deportes, mis hermanos se aseguraron de que lo fuera, pero también trabajo allí, porque deportes como el golf, tenis y el raquetbol pueden abrir las puertas de una carrera que, de otra manera, podrían estar cerradas. Todo es acerca de establecer contactos.
Con un gesto de la mano, doy un paso hacia atrás.
—Allí estaré.
Mientras Sasuke se aleja, me quedo de pie en la calle, mirando hasta que su auto desaparece de la vista. Una punzada de… algo florece en mi pecho. Y me encuentro olfateando la camiseta. De nuevo.
Nada bueno.
Una carrera, eso es lo que necesito. Para sudar las últimas gotas de alcohol y conseguir que esa fiebre adictiva de endorfinas salga de mi cerebro. Le envío un mensaje de texto a Naruto, quien vive en la cuadra, para ver si quiere unirse a mí. Luego entro en mi casa, me saludan sesenta y ocho kilos de amor negro y caramelo, mi Rottweiler, Sherman.
Como el tanque de guerra.
Mi mamá cargó con un miedo a los perros durante toda su vida, así que no tuvimos ninguno durante la infancia. Pero cuando conseguí mi casa propia, cumplí mi sueño de niñez consiguiendo al perro más grande, y más fuerte que pude. Debido a mis horas tardías, empleo a un paseador de perros que lleva a Sherman por sus carreras muy necesarias tres o cuatro veces en el día, y el quedarme afuera toda la noche no es un problema. Pero es mi bebé y soy su mami, así que a pesar de que sus necesidades físicas han sido cumplidas, sus ojos marrones desgarradoramente adorables se iluminan cuando me ve.
Paso un buen tiempo rascando sus orejas y frotando su panza. Entonces conecto mi teléfono al sistema de altavoces y subo todo el volumen. Porque necesito algo optimista. Algo vigoroso. "Still Standing" del genial Elton John, en repetición. A diferencia del miedo de mi madre por los perros, su gusto por la música se me contagió. Ella escuchó por primera vez "Tiny Dancer" cuando era adolescente en su primer día en los Estados Unidos, y ha amado la música de Elton John desde entonces. Sonaba de fondo mientras crecía, la banda sonora de mi infancia. Voy a verlo en concierto en cualquier oportunidad que tengo.
Para el momento en que el primer coro termina, ya me siento mejor, saltando al ritmo de la música mientras me cambio a un resistente sostén deportivo rosado y unos pantalones negros ajustados para correr. Me estiro en la sala de estar cuando Naruto entra por la puerta abierta, vestido para correr, una camisa azul de Under Armour que pone en relieve las marcadas olas de músculo que forman la parte superior de su cuerpo, pantalones cortos negros y el arco de metal de la pierna ortopédica que usa para correr.
A pesar de que sé sobre el accidente de Naruto y lo que éste le hizo perder, siempre hay un momento de sorpresa cuando veo el duro metal por debajo de su rodilla izquierda. Es difícil imaginar las batallas que debió enfrentar, todos los retos que tuvo que superar, y sin embargo, aun así salió de eso con una personalidad tan impresionante y dinámica.
Me evalúa por un segundo, luego inclina su cabeza, elevando su oído.
—¿"Still Standing" eh? Esta mañana alguien necesita algo de estimulación.
Naruto me conoce bien.
—¿Llegaste tarde… o… no llegaste en absoluto? —dice.
Agarro mis llaves y nos dirigimos hacia la puerta del Parque Memorial, el mejor lugar para correr en la ciudad. Después de la lluvia de anoche, el aire es cálido pero seco, un magnifico día de verano.
—Me quedé en lo de Sasuke —le digo de forma casual.
Sus ojos redondos se abren de par en par.
—¿De verdad?
—Era tarde —explico.
—Ajá.
—Estaba cansada —le digo.
—Mmm…
Luego con exasperación:
—¡Estaba lloviendo!
Asiente, con sus ojos azules juveniles aparentemente sabiéndolo todo.
—Así fue.
Como abogada, es importante saber cómo darle la vuelta a las cosas a un testigo. Cómo mantenerlos alejados de ciertos temas. Así que eso es lo que hago.
—¿Y cómo fue tu "cita"?
Naruto sonríe maliciosamente.
—Un caballero jamás besa y cuenta.
En los días lentos en la oficina, tiene una tendencia de llenar el espacio vacío de sonido con sus historias escandalosas. Las actrices que le hacen sexo oral mientras miles de paparazis se mueven fuera de su coche; la heredera que tenía una cosa con el peligro y cómo la folló mientras se hallaba suspendida de la araña en un castillo del siglo XVI. No todas las historias involucran sexo, solo sus favoritas.
—Aquí no veo a ningún caballero.
Deja escapar una risa.
—Buen punto. Solo digamos que esta mañana ella se fue de mi casa caminando de forma torcida, y dejémoslo así.
Empezamos en el Monumento Washington, a un ritmo de calentamiento, lado a lado pero con cuidado de evitar a los muchos otros corredores, ciclistas y patinadores en el camino. DC es una ciudad joven, activa y al menos en el área en la que vivo, atractiva. Prácticamente puedes ver la rivalidad en el aire, como el smog en Los Ángeles. Todos quieren estar en la cima de su juego, listos para subir o sacar a alguien más de un empujón.
Si la codicia es buena, en DC, el poder es el rey, y todo el mundo se encuentra compitiendo por posición para obtener un pedazo de ese pastel.
Nuestros pasos son constantes, nuestras respiraciones profundas pero continuas.
—¿Qué piensas del vello facial? —pregunta de la nada Naruto.
Miro su rostro liso y juvenilmente hermoso, que lo ha metido en problemas más de una vez, y me encojo de hombros.
—Depende del rostro. ¿Por qué?
Frota su mandíbula.
—Estoy pensando en dejarme crecer la barba. Puede salvarme de meterme con chicas de secundaria.
Me río de su predicamento.
—Creo que te verías bien con barba.
Varios minutos pasan antes de que el Jefferson Memorial se encuentre a la vista. Creo que cuando los monumentos eran planificados, a alguien no le gustaba Thomas Jefferson, porque el suyo se encuentra bastante lejos. Aislado. En términos de visitantes, Jefferson fue soberanamente jodido.
—Entonces… acerca de Sasuke y tú… —continuó Naruto.
Atrapo su expresión por el rabillo del ojo y hace que me detenga en seco.
Preocupación.
Preocupación incómoda y amistosa, como si estuviera reuniendo el valor para decirme algo que en verdad no desea contarme.
—¿Te dijo algo? ¿Acerca de mí?
¿Otra lección aprendida de mis hermanos mayores promiscuos? Los chicos hablan.
—No… no, no ha dicho nada. Solo… ¿te das cuenta que Sasuke es… emocionalmente inaccesible?
—Ésa es una de las cosas que me gusta más de él. ¿Quién tiene tiempo para estar disponible?
Ahora caminamos, lado a lado, recuperando nuestro aliento.
—Pero entiendes que está… ¿comprometido?
—Naruto, por supuesto que lo entiendo, todo el tiempo habla de Ino y de Sarada. Tiene una foto de ellas en su escritorio y un montón en su departamento.
Hay fotos de Sasuke inclinándose cerca de Ino, en una cama de hospital, sosteniendo a un bebé recién nacida en una manta rosada. Sasuke y una pequeña rubia con coletas, de pie junto a una bicicleta rosa brillante después de su primer paseo. Sasuke, Ino y Sarada sentados juntos en una rueda de la fortuna, sonriendo alegremente. Los tres perfectos, como la versión sureña de The Dresden Dolls.
Naruto gesticula con su mano.
—Personalmente, creo que Sasuke y tú estarían muy bien juntos. Y, oye, ni siquiera tendrías que cambiar tu monograma.
Con una risa Sacudo la cabeza.
—Eres el único chico heterosexual que conozco que sabe lo que es un monograma y lo usa en una oración.
—Así es como funciono.
Luego se encoge de hombros.
—Simplemente… no quiero ver que salgas herida Sakura. Sin embargo… puede que suceda involuntariamente.
Naruto es un mujeriego, pero no es una mierda. Ha tenido amantes casuales o novias que se encontraban dispuestas a llevar las cosas al siguiente nivel, cuando él prefirió permanecer en su actual altitud de crucero. Cuando esas relaciones terminaron, y los sentimientos inevitablemente salían heridos, siempre se sentía mal sobre ello, incluso culpable.
Tiro de su manga cariñosamente.
—Aprecio eso, pero todo está bien. Esa es la belleza de los amigos con beneficio, nadie llega a encariñarse.
Naruto responde a mi sonrisa y volvemos a correr.
—En una nota puramente egoísta, apestaría si nuestra unidad en la oficina llega a joderse.
—¿Nuestra unidad?
Me da un codazo.
—Sí, vamos a patear traseros y a ponernos nombres. Somos como Los Vengadores. De cualquier modo los buenos.
—¡Ooh! —jadeo, siguiendo su juego— ¿Puedo ser Thor? Siempre me gustó el martillo.
Acaricia mi cabeza.
—No, tu pobre niña tonta, eres la Viuda Negra, Neji es Hulk, Sasuke el Capitán América.
—¿Y quién eres tú?
El metal de su prótesis suena mientras chasquea sus dedos, sonriendo.
—Soy Iron Man.
Levanto un dedo para sugerir algo.
—Solo una idea, puede que tengas mejor suerte de no meterte con chicas de la secundaria si renuncias a los cómics de superhéroes.
Frunce sus labios, considerándolo.
—Sí, eso no va a suceder.
Con otra sonrisa, admito—: Entonces será el vello facial.
En la mañana del sábado me levanto temprano y hago un gran lote de pão de queijo, rollos brasileños de queso. Trato de prepararlos cada semana, con su hojaldre ligero por fuera, calientes y pegajosos en el medio, son perfectos para el desayuno.
Saco una bandeja caliente con los rollos del horno y la coloco en el mostrador para que se enfríen, cuando alguien toca la puerta. La abro para encontrar a Sasuke, con un nuevo palo de golf sobre de su hombro, y a Neji, de pie delante de mí.
—Hola —los saludo, abriendo más la puerta.
—¿Lista para enseñarme, profesora caliente? —pregunta Sasuke al tiempo que Sherman se levanta en sus patas traseras, tratando de lamer su rostro.
—Lista, dispuesta y disponible. ¿También jugarás golf con nosotros Neji?
—No, solo estoy aquí por las bolas de queso.
Mientras sirvo café para Sasuke y Neji, hay otro golpe en la puerta, esta vez es Naruto.
—Hola.
—Buenos días.
Entra en mi sala de estar, y a pesar de que ya sospecho la respuesta, de todas formas pregunto:
—¿Qué haces aquí tan temprano?
—Es domingo —explica, como si afirmara algo obvio— Bolas de queso.
Y así es como las tradiciones se convierten en tradiciones.
Nos sentamos alrededor de la mesa, terminando de desayunar, cuando Sasuke lanza un rollo en el aire para que Sherman lo atrape.
—Saku tu perro se está poniéndose algo gordo.
Froto la espalda de Sherman y salgo en su defensa.
—¡No es gordo! Es solo… de huesos grandes.
Naruto ladea su cabeza apreciativamente.
—No lo sé, creo que Sasuke tiene un punto. Puede que quieras actualizar su régimen de ejercicios. No quieres que los otros perros en el parque lo molesten, llamándolo Gordito McChub-Chub.
Les frunzo el ceño a los dos.
—Tengo un paseador de perros que viene tres veces al día.
Neji interviene.
—No creo que le estés pagando lo suficiente.
Los hombres son duramente francos. Inclusive malvados. En una sala de audiencias, estos tres tipos son capaces de ser el epítome del tacto y del carisma. Pero entre amigos, son como martillos pesados. Tal vez es porque crecí con hermanos, tal vez su proceso de pensamiento se me contagió, pero hay algo acerca de esa honestidad que es atractiva. Confortablemente simple.
Es esa franqueza cromosómica XY lo que trae el siguiente comentario de Sasuke.
—¿Alguien más notó al imbécil de Amsterdam mirando el trasero de Sakura en el juego de ayer de softball?
—Yo sí —dice Neji, levantando su mano.
—Como si tuviera la cura del cáncer escrito en él —añade Naruto.
Richard Amsterdam es un abogado por contrato del Daily & Essex, otra notable firma con cuyo equipo jugamos ayer, y les ganamos. Se encuentra en sus treinta y tantos años, exitoso, atractivo y tiene una reputación de follar cualquier cosa con pulso.
—Debió gustarle lo que vio —Me levanto, llevando los platos sucios al fregadero— Me invitó a salir después del juego. A cenar y a un espectáculo.
—Ah —Asiente Naruto— A cenar y a un espectáculo, el clásico código de palabras para "alcohol y un orgasmo".
—No me gusta Dick —dice Neji, masticando el último rollo de queso— Cambia de secretarias como yo cambio de condones, no puedes confiar en un tipo con una tasa alta de rotación en esta economía. Algo allí no está bien.
—¿Qué le dijiste? —pregunta Sasuke, frunciéndome el ceño.
—Que estaba demasiado ocupada. Lo cual es así, a pesar de las lecciones de golf.
Sus ojos brillan.
—Oh… bien.
Puedo entender el enfoque directo.
—¿Exactamente por qué eso está bien?
La esquina de su boca se levanta en una tímida sonrisa de medio lado. Me pone cálida y me hace hormiguear en todos los lugares correctos.
—Saku lo puedes hacer mejor.
